La historia del primer capo de la mafia que se convirtió en un soplón


Ralph Natale fue el gánster que, en la década de los sesenta, intervino en una disputa entre los Gambino, una influyente familia de criminales de Nueva York, y una banda de bikers de Filadelfia. Natale trabajaba para el jefe de la mafia de Filadelfia, Angelo “Docile Don” Bruno, asegurándose de que se cumpliera su voluntad, controlando a los sindicatos y acudiendo allí donde su jefe lo necesitara. Ante el primer atisbo de problemas, Bruno mandaba llamar a Natale, a quien había puesto el apodo de Chinaman.

Durante una operación para poner fin a las estafas en diversos casinos de Atlantic City, Natale fue arrestado y condenado a 16 años de prisión por delitos de tráfico de drogas e incendio intencionado. Tras cumplir la condena, ya en la década de 1990, Natale asumió el control de la mafia de Filadelfia y nombró a Joseph “Skinny Joey” Merlino su hombre de confianza. Sin embargo, el reinado de Natale solo duró dos años, tras los cuales fue nuevamente encarcelado por asociación con grupos criminales estando aún en libertad condicional.

En lugar de procurar lo necesario para el capo y su familia durante la condena, Merlino abandonó a Natale y asumió el mando de la organización, según el propio Natale. Dolido por la traición, y ante la perspectiva de cumplir cadena perpetua por una imputación de 1998, Natale decidió colaborar con la justicia en calidad de testigo protegido, pasando a ser el primer capo de La Cosa Nostra en hacer de soplón para las autoridades.

En su próximo libro, Last Don Standing: The Secret Life of Mob Boss Ralph Natale, el veterano reportero de crímenes Larry McShane y el productor Dan Pearson narran la historia de Natale a partir del relato del propio gánster. En sus páginas se aporta también más información sobre el asesinato de Bugsy Siegel, los últimos días de Jimmy Hoffa y los combates de boxeo entre Sonny Liston y Muhammad Ali de los que el FBI sospechaba que estaban amañados. Con el testimonio directo de Natale, el capo criminal convertido en soplón, Last Don es un retrato de la mafia en su apogeo, de una época en la que todo era posible para un criminal con ambiciones si conocía a las personas adecuadas.


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Hace poco tuvimos la oportunidad de hablar con uno de los autores del libro, el curtido reportero de crímenes Larry McShane, sobre la historia de Natale y cómo ésta se enmarca en la crónica de la mafia.

VICE: ¿Cómo entró Natale en contacto con el mundo de la mafia? ¿Es algo que se aprende desde pequeño?
Larry McShane: El padre de Natale era corredor de apuestas ilegal en Filadelfia, pero no fue el clásico caso del hijo que sigue los pasos de su padre. Natale tenía una relación bastante tensa con su progenitor, hasta el punto de que hubo una ocasión en la que Ralph se planteó la posibilidad de matarlo. El verdadero mentor de Ralph era un tipo llamado Felix John DiTullio, propietario de un bar en la zona y célebre asesino mafioso. DiTullio era conocido como “Skinny Razor” (cuchilla delgada) porque esa era su arma preferida. El hombre puso a Ralph bajo su protección, transmitiéndole sus conocimientos sobre la vida y la organización. A menudo los dos pasaban largos ratos en su bar.

Natale cumplió 16 años de prisión entre mediados de los setenta y mediados de los noventa. Obviamente, fue un periodo crucial en esta historia. ¿Por qué acabó en la cárcel y qué hizo durante ese tiempo?
Ralph fue condenado por un delito de incendio provocado. La policía descubrió que había ayudado al propietario de una tienda de muebles a incendiar el local porque no le funcionaba el negocio. Después, mientras estaba en libertad bajo fianza, lo cacharon cerrando un trato de venta de nada menos que 500,000 pastillas de metacualona y diez kilos de cocaína que había organizado uno de sus primos. Ralph pasó por un montón de penitenciarías: Lewisburg y McKean, en Pensilvania; en Florida, en Ray Brook, Nueva York y en Danbury, en Connecticut. El tiempo que pasó entre rejas lo aprovechó para escribir una autobiografía / historia de la mafia de Filadelfia en una serie de cuadernos amarillos. Dejó la carne y se hizo vegetariano. Empezó una rutina de levantamiento de pesas y ejercicios que sigue practicando a día de hoy. El 6 de marzo, precisamente, cumplió 82 años.


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¿Qué hizo para recuperar el control de la mafia de Filadelfia?
Movió hilos para retomar el control de la familia de la ciudad, por aquel entonces muy dividida, de las manos de John Stanfa, uno de los responsables del asesinato de su antiguo jefe, Angelo Bruno. Ralph tenía tantas ganas de acabar con Stanfa como de recuperar el control de Filadelfia. Las muertes empezaron incluso antes de que Ralph saliera de la cárcel. La primera se produjo en mayo de 1990, y continuaron hasta diciembre de 1996. La familia Ciancaglini, por ejemplo, tenía miembros en ambos bandos: Mikey estaba con Ralph, mientras que Joey se unió al grupo de Stanfa. A Mikey lo mataron a balazos y a su hermano una bala perdida lo dejó ciego de un ojo, sordo de un oído y con discapacidad física y mental.

¿Cómo estaban las cosas cuando Natale salió de prisión en los noventa? Tengo entendido que a aquellas alturas la mafia había empezado a deteriorarse.
Cuando Ralph finalmente se hizo con el poder, en 1994, todos sus coetáneos estaban o bien muertos o entre rejas. Su mano derecha en aquel entonces era Joey Merlino, un hombre de 32 años, dos décadas más joven que Natale. Mientras Ralph estuvo en la cárcel, hubo toda una generación de gánsteres que acabaron bajo tierra o en prisión, y el líder de la familia era Nicky Scarfo, cuya nefasta gestión estaba provocando en gran medida la caída en picada de la organización. Gracias a su antigua relación con Bruno, conoció a muchos hombres influyentes, como Carlo Gambino, íntimo amigo de éste. Los mismos contactos le valieron la entrada en la Hermandad Internacional de Camioneros. No era el típico gánster. De hecho, se negaba a someterse a esa especie de rito de iniciación para ser un miembro de pleno derecho de la familia porque le gustaba estar con los hombres de DiTullio y no quería que lo pusieran al servicio de otro capo.

Tengo que preguntarte sobre el asesinato de Bugsy Siegel y los últimos días de Jimmy Hoffa, temas ambos de los que hablasteis con Natale.
Ralphie afirma que el tiro que acabó con la vida de Siegel lo disparó Frankie Carbo, y que el asesinato lo planeó el amigo de la infancia de Bugsy, Meyer Lansky. En cuanto a Hoffa, eran amigos y socios de negocios (Ralph trabajaba para la hermandad de camioneros). Cuando Hoffa salió de la cárcel, se presentó como candidato a la presidencia de la hermandad, pese a que se le había vetado. Fue a Filadelfia para obtener el apoyo de la familia, consciente de que lo necesitaría. Hubo un último y melancólico encuentro en un bar de Jersey, el Rickshaw Inn. Hoffa sabía que era una apuesta arriesgada, y no se equivocaba; Angelo Bruno dijo que no podía ser. “Casi percibí el olor de la tierra de su propia tumba”, recuerda Ralph. Poco después, Hoffa desapareció.


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Parece que lo que hizo que Natale llegara al límite no fue solo una traición, sino una sucesión de ellas, ¿no es así?
La eterna animadversión de Ralph hacia Merino y el resto de la banda de los noventa se remonta a veinte años antes, durante su primera condena. Bruno prometió a Natale cuidar de su mujer y sus cinco hijos mientras éste cumplía su condena con la boca cerrada. Pero cuando Bruno murió, en 1980, la familia de Natale dejó de recibir sobres con dinero. Según él, la culpa era de Phil Testa, alias “Hombre Pollo”, y de Nicky Scarfo; Ralph nunca olvidó semejante traición y solo quería verlos a los dos muertos. Cuando él y Merlino recuperaron el poder en 1994, los dos hicieron un pacto similar: si uno de ellos acababa en prisión, el otro enviaría dinero a su familia.

Volvieron a arrestar a Ralph, y tampoco en esta ocasión su familia vio un centavo. Merlino había roto su promesa. Aquella traición enfureció tanto a Ralph que incluso violó el sacrosanto código de la omertà por el que se rige la mafia y contactó a los federales para confesar. Aquel fue el detonante que provocó que Ralph testificara contra Merlino. No obstante, a Natale le gusta puntualizar que no estuvo en calidad de testigo permanente, y que cuando se cerró el juicio contra Merlino, dejó de prestar ayuda a los federales.

Y ¿qué hay de los rumores que señalan que Natale no era más que un prestanombres para Merlino?
Ralph diría que es totalmente falso… fichó a Merlino en la cárcel y nombró segundo a Joey. Y Joey jodió a Ralph cuando lo volvieron a encerrar.


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¿Crees que el hecho de que Ralph decidiera cantar fue realmente decisivo en la historia de la mafia norteamericana?
A mí me parecía (y me sigue pareciendo) que se le estaba dando más importancia de la que realmente tenía. Por aquel entonces, entre los criminales de Nueva York que habían decidido testificar había hombres muy influyentes, como Sammy Gravano y Al D’Arco. Phil Leonetti, de la banda de Filadelfia, había testificado contra Gigante. El mundo supo de la existencia de Henry Hill por la película Uno de los nuestros, en 1990. Por eso no creo que lo de Natale fuera un acontecimiento tan importante. Además, Merlino salió impune de los dos juicios en los que Natale testificó contra él, mientras que los testimonios de Gravano y D’Arco, concretamente, fueron clave para poder condenar a docenas de criminales.

Sigue a Seth Ferranti en Twitter.

Traducción por Mario Abad.

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