Desde ‘el paranoico’ hasta ‘el pálidas’: todos los tipos de pachecos con los que vas a fumar


Los clichés existen porque son ciertos. Ninguno de nosotros escapamos de ellos y probablemente terminamos convirtiéndonos en alguno. Cada vez que nos juntamos a fumar mariguana con nuestros amigos, estos clichés se cumplen también. Es como si ciertas reglas sociales dejaran de existir y nuestra personalidad —al ver presente la mariguana—, toma por completo el control de nuestras acciones y nos comportamos como lo que siempre dijimos que no íbamos a ser.

Siempre terminamos siendo uno de estos, entonces de seguro acá abajo vas a encontrarte a ti mismo. Así que, en esta lista, te dejamos todos los tipos de pachecos con los que vas a fumar en tu vida.

Todas las ilustraciones por Perro Prieto.

El que nunca compra mota

Todos tenemos el clásico amigo que está presente en todas las noches donde fumamos hasta las dos de la madrugada jugando FIFA. Nunca llega con mota y aplica el: “es que casi no fumo” para justificar porque no compra, pero normalmente es el que fuma más y se pone hasta el culo. 

La principal causa de la existencia de este personaje es quizás la buena onda de todos nosotros. Seamos sinceros, ¿le vamos a negar un porro a uno de nuestros amigos? Claro que no. No hay nada mejor que fumar acompañado, me parece que fumar mariguana es una actividad que se hizo para realizarla en compañía. Ahora, todos sabemos quién es este gran amigo —sí, hasta tú, amigo que nunca compra mota, sabes quién eres—, no es difícil de encontrar. 

Es ese güey que nunca tiene mota para fumar, por frito o porque no le interesa pasar el mal rato de contactar a un dealer para poder comprarla. No es que no tenga dinero para comprar, es que simplemente él no entiende la razón por la cual debería hacerlo cuando todos sus amigos siempre están comprando un chingo de mota.

Normalmente es un tipo buena onda y que dice en todas las fiestas cosas como: “No fumo mucho, sólo a veces”, “es que no me gusta andar con mota en la calle por los policías” o alguna mamada parecida. Jamás va moverse o dar dinero para conseguir la mota, pero apenas vea un porrito… te brincará encima.

El monchoso

Uno de los momentos más divertidos de fumar es el munchies. El famoso moncho. Es algo que no puedo controlar y me dan ganas de comer cualquier cosa que tenga en el refri: la nutella con mantequilla de maní es mi muchies favorito.

En el momento en el que fumo y estoy en casa de algún amigo cercano, lo primero que hago es buscar en sus despensas algo que calme las ganas que me dan comer. Es como si estuviera buscando algún tesoro, con la diferencia de que en vez de dinero, lo que encontraré será una inyección de azúcar que calme mi ansiedad.

La cuestión con este tipo de personas, como yo, es que cuando comemos lo hacemos en exceso hasta llegar a un nivel en el que nos terminamos odiando. Quedamos llenos de distintos tipos de comida, echados en un sofá y con ganas de no hacer nada queriéndonos dormir ahí mismo. A veces somos capaces de cancelar planes por la cantidad de comida que metimos en nuestro cuerpo gracias al moncho que nos da al fumar mota. ¿La solución que he encontrado para poder fumar y socializar sin comerme todo lo que vea por delante? Tomar cerveza. Úsenla, funciona.

El pálidas

Quizás esta persona no quiere caer en el abismo cada vez que fuma, pero es algo que no puede evitar. En cuanto fuma se pone paranóico y piensa que todos en el cuarto se darán cuenta que anda hasta el culo o que todos los temas de coyuntura son parte de un gran plan de conspiración para controlar nuestras mentes. 

También es algo a lo que está predispuesto, cada fibra de su cuerpo está pidiéndole al universo caer en una pálida —es como una ley de atracción pacheca—. Este ser humano es el que siempre dice antes de fumar “me va a dar la pálida, mejor hoy no fumo, güey”, pero esto nunca sucede. Termina fumando por presión social y a los 45 minutos está en un sofá retorciéndose y odiando al mundo.

Es como una lucha interna con sus principios: él o ella quieren fumar, pero su cuerpo lastimosamente no soporta la mariguana al igual que el de los demás, e inevitablemente en algún momento se pondrá pálido y empezará a arruinarle la noche a todos. Puedes encontrarlo en un sofá, en el baño vomitando, o en la cama del güey de la casa durmiendo para pasar la pálida.

El elitista

Bueno, esta persona está en todos los círculos sociales de casi cualquier cosa: el güey que sólo toma whiskey 18 años, el que sólo fuma cigarros rojos o el que sólo come tacos de restaurante y odia a muerte los callejeros. Esa persona está en todos los lugares del globo terráqueo en donde haya un grupo de seres humanos consumiendo algo, ya que es su manera de resaltar y sentirse importante. 

Cada vez que estás con esa persona, él o ella estarán esperando su momento de gloria, cuando tú tienes que justificarla antes los demás y decir: “ay, es que Daniela sólo fuma mariguana hidropónica narcofree, odia las demás porque dice que hacen daño al cuerpo y no están cultivadas con el agua suficiente”. En ese preciso momento, se sienten realizados y que su existencia en la tierra ha sido justificada. De eso se alimentan, quizás no comen alimentos reales, creo que hibernan todo el día en un ataúd esperando a que haya algún tipo de reunión en donde llegue el momento en el cual dejarán de ser irrelevantes y saldrá su “elitismo” al aire.

Nadie consigue la mariguana que “ellos fuman”, nadie ha probado una mariguana tan fuerte como la que probaron en un viaje a Europa en el 2008, y nadie, pero absolutamente nadie tiene el teléfono de su dealer. 

El deportista

A ver, personalmente, la mayoría de las veces que fumo mariguana yo no puedo mantener una conversación decente sin decir alguna mamada y reírme como un tonto. Soy de esas personas que no funciona al 100 por ciento bajo los efectos de la mota, entonces a veces creo que la evolución humana me dejó atrás cuando veo que hay personas que fuman mota para hacer deporte.

Increíble, a mis ojos son como Michael Phelps. Quisiera preguntarles, ¿cómo diablos pueden lograrlo? Si ya de por sí están inhalando humo —lo cual hace que tosamos la mayoría de las veces—, el efecto de la mariguana te pone más lento, y hace que te canses más rápido eventualmente. Quizás por esa razón no logré ser futbolista y tuve que dedicarme a escribir en una computadora. Sin sudar, sin fumar mientras escribo, triste vida.

Recuerdo una vez que fumé con todos mis amigos para jugar futbol, y sí, no voy a negar lo increíble que fue la sensación aunque haya terminado sin aire al final del juego. Juro que veía el campo más grande, el juego más lento, y me sentía como Xavi Hernández cada vez que tenía la pelota; veía huecos entre los defensas centrales del otro equipo que jamás hubiese visto sin fumar. ¿Quizás ese fue el secreto del F.C Barcelona de Pep Guardiola? Ahora que lo pienso, tendría mucho sentido.

El maestro

Es el maestro milenario, el Señor Miyagi, es el Jedi de la mota e inició en la mariguana a todos tus amigos y conocidos, aunque el origen de su relación con la mota es un secreto. Nadie tiene la más mínima idea de quién lo puso a fumar a él. Cuando la mariguana no era tan fácil de conseguir, él ya la fumaba todos los días antes de salir de su casa, en esa época pre-internet que nadie recuerda.

Es esa persona a quién acudir cuando tienes alguna duda sobre los orígenes de la mota o quieres saber qué tipo de mariguana tiene tu dealer favorit: tendrá esas y más respuestas. Él sigue comprando mota, pero en su casa tiene par de plantas de mariguana que son su orgullo y muestra a cada persona que pisa su hogar, a sus ojos son sus hijos.

Probablemente tenga par de playeras de Bob Marley, discos de reggae roots, y la mayor cantidad y variedad de sábanas para fumar que te puedas imaginar.

Siempre te recibirá con un porro y nunca lo negará. 

El filósofo

Es el más molesto de todos, al parecer la mariguana destapa algo en su cerebro que hace que se ponga a “filosofar” sobre cualquier aspecto de la vida. Este güey de verdad cree que tiene algún tipo de sabiduría cuando fuma, y empieza a hablarle a cualquier morra sobre lo profundo del cielo, las estrellas y los mensajes ocultos en Inception que nadie entendió excepto él. 

Nunca quieres fumar con él, pero misteriosamente este güey siempre tiene mota. Quizás él sabe lo molesto que se pone cuando está fumado, y muy dentro de él, siente que esa sabiduría lo hace más querido o que en algún momento ligará con alguien gracias a ella. 

Política, deportes, economía, música o libros que nadie ha leído de Rimbaud. Este güey sabe de absolutamente cualquier tema apenas fuma, y se puede poner tan pesado que hay posibilidades que te haga entrar en un mal viaje sólo con escucharlo. Me parece el más peligroso de todos, así que cuidado con él.

El paranoico

Acá hay dos tipos de paranoicos y los voy a nombrar:

El paranoico conspiracional

Uno de mis mejores amigos, cada vez que pone un porro dentro de sus labios y fuma, es como si en su cerebro se reprodujeran en loop todos los documentales de conspiraciones que ha visto en su vida. Ovnis, Paul Mcartney está vivo, que la aprehensión de Duarte es falsa porque al que metieron preso es un doble —esta me la dijeron ayer—, Illuminatis, Donald Trump o ISIS; el güey se las sabe todas. 

Quizás el THC en la mota le activa la creatividad en su cerebro y las ganas de hablar, entonces es algo muy molesto a veces; no te deja disfrutar bien tu nota mirando al cielo como un pendejo o escuchando música. A veces es divertido también, porque entretiene a todo el mundo y se pueden perder veinte minutos hablando mamadas; pero en otras oportunidades cansa y quieres que se calle.

El paranoico sin razón alguna

“¿Escucharon ese ruido?” “¡Tienes los ojos rojísimos!” “¿Seguro que esto tenía sólo mariguana?” “¡Creo que estoy palideando!” Podríamos seguir por mucho tiempo, pero es ese güey que no puede escuchar un ruido “fuera de lo común”, ya que enseguida piensa que llegó la policía para meternos presos a todos por andar fumando mota. Es esa persona con la cual no puedes jugar mientras están pachecos, ya que se cree absolutamente todo lo que le digas, y lo puedes meter en un malviaje con una simple broma.

El ejecutivo

Este tipo de pacheco es mi favorito personal, los admiro y quisiera poder ser como ellos porque me parecen seres superiores. Por mi parte, yo no sirvo para una mierda cuando estoy pacheco. Sólo puedo decir pendejadas, comer, tomar cerveza, o ver una película bien loca. Es como si mi cerebro no funcionara para “cosas serias” en mota, simplemente no tengo ese don y tengo celos de no poder ser así.

Estos güeyes se levantan de su cama en la mañana, fuman un chingo, se bañan, se visten y salen directo al trabajo luego de echarse gotas para los ojos y así no llegar con mal aspecto. Nadie se da cuenta de que están drogados jamás, ya que pueden hacer cualquier tipo de tarea fumados. Están tan acostumbrados a estar así que, más bien, hacer algún tipo de tarea “importante” sin fumar es lo que los haría malviajar. 

Puede ser tu jefe, tu compañero de trabajo que siempre está pegado a la computadora y termina su trabajo primero que tú o hasta el chofer de UBER. Nunca sabes quién puede ser ya que jamás te darás cuenta que están hasta la madre.

Al que nunca le pega

Uno de estos tipos probablemente fue quién te puso a fumar a ti. Tiene fumando desde hace tanto tiempo que ya nadie se acuerda de él “cuando no fumaba”. Toda su vida gira en torno a la mariguana, sabe todos los procesos químicos por los cuales pasa la planta antes de llegar a nuestro cuerpo y es a quién acudes cuando tienes algún tipo de duda sobre la pureza o calidad de lo que acabas de comprar.

Su día se mide en la cantidad de porros que se ha fumado, normalmente son tres o cuatro por día y siempre está fumando. Él fuma la misma cantidad de veces que tú vas al baño a orinar por día. Puede pasar fumando 24 horas y jamás le vas a ver la cara distinta, siempre está igual, nunca se le ve “drogado” mientras tú ya al tercer jalón estás tirado en el sofá.

Gasta la mayor cantidad de su salario en mota y para él no hay cantidad “desperdiciable”; así que ni se te ocurra botar una bacha frente a él ya que es ese tipo de personas que se fuma hasta los dedos. Puede fumar de un bong, porro, fruta, vaporizador, y jamás lo verás sufriendo una pálida; eso es de “bebés” para él.

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