Cómo calmar a alguien que está malviajado


“Son las 2:30 de la mañana, lo único que vamos a hacer es ir a comer pizza”. Mi amigo Dan se terminó su porro y me aventó sus llaves. Yo asumí que quería que lo llevara a la pizzería más cercana. Algunos de nosotros nos acabábamos de comer unos brownies hechos con la mejor mota.

Le dije, “wey, no estoy en condiciones”.

“¿Alguien quiere manejar?”, gritó Dan, su voz hizo eco en toda la casa.

Después de un round de piedra, papel o tijera, perdió nuestro amigo Roy*. Yo no lo conocía tan bien como al resto del grupo, pero no importaba. Lo único que importaba era ese pedazo de pizza.

Apenas habíamos avanzado unos kilómetros antes de que las cosas se pusieran feas. Roy estaba esperando en un semáforo para dar vuelta a la izquierda y vio pasar a toda velocidad una patrulla en la dirección contraria. En ese momento Roy se paniqueó y se pasó el alto, empezó manejar como loco hasta que nos derrapamos y quedamos enfrente del patio de una casa. Estábamos en shock, el único ruido que se escuchaba era el de la respiración de Roy porque se estaba hiperventilando en el asiento del conductor. Esa noche aprendimos algo: que Roy se malviaja con la mariguana.

Por supuesto, nos quedó claro que manejar drogado o ir en el coche de alguien que lo está: es peligroso. Pero ese peligroso en cuanto menos te lo esperas se puede convertir en mortal si el que maneja está teniendo un malviaje. Cada quien reacciona diferente a la mariguana, depende de qué tan fuerte es y de si la comes o la fumas. A nadie le pega igual, y no todos tenemos la misma respuesta fisiológica.


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Hay tres factores principales que forman parte del efecto que tiene la droga en ti: la droga por sí sola, la persona que la consume, y el entorno en el que te encuentras, dice Beatriz Carlini, investigadora del Instituto de Abuso de Alcohol y Drogas de la Universidad de Washington. En el caso de la mariguana específicamente, tu reacción es influenciada por todo el perfil cannabinoide de la droga en tu genética, tu estado de salud mental, y tu estado de ánimo. “Consumir mariguana un Domingo por la tarde en un entorno silencioso con tus amigos más cercanos se puede sentir diferente a cuando la usas en una fiesta masiva con extraños”, dice Carlini.

Algunas veces, los malviajes son etiquetados como “sobredosis”, pero ese término puede ser malinterpretado, ya que implica que hay un punto en el que no hay vuelta atrás. De hecho, nunca se han reportado muertes por sobredosis de mariguana, según la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés). Y a pesar de que hay más gente que fuma mariguana regularmente, un reporte de los centros de control y prevención de enfermedades encontró que muy pocos abusamos de su consumo. Sin embargo, incluso si no te afecta físicamente, un malviaje se puede sentir como un ataque de ansiedad que te debilita, por eso es importante saber cómo lidiar con alguien al que le está dando uno.

“Mucha gente se deja llevar por los mitos urbanos que escuchan sobre ayudar a alguien que está malviajado”, dice Clifford Sussman, psiquiatra y profesor de la Universidad George Washington. “No usan perspectivas basadas en evidencias”.

Si tu amigo sólo está un poco asustado, Carlini sugiere que le recuerdes que ese malestar es temporal. “El mejor consejo es que lo calmes”, dice. “Dile que se le va a pasar en un ratito y que todo está bien. Hay que tranquilizarlo”. Pero si alguien está malviajado hasta el punto donde se vuelve agresivo, llévalo a un lugar en donde no se pueda lastimar o lastimarte a ti, dice Sussman. “Busca un lugar donde no haya cuchillos o armas. Mueve los muebles si es necesario. Tienes que intentar quitar todos los peligros posibles y considerar todas las situaciones posibles”, dice. “La mariguana puede ser impredecible”.


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Al principio, me asusté por el tono de alarma de Sussman, después de todo, el efecto más destacado de la mariguana es que te ayuda a relajarte. Sin embargo, a veces los malviajes provocan conductas maniacas en personas susceptibles. Y a pesar de que soy defensor del cannabis, no soy un fumador recreativo debido a las experiencias negativas que he tenido, algunas de las cuales me hicieron perder la coordinación e incluso escuchar cosas que no estaban allí.

En el caso de Roy, los factores de estimulación fueron más: el coche de tres toneladas, las luces de la patrulla, y las sirenas. Roy me dijo después que nunca se había malviajado tanto como esa noche y le creí. Pero lo que no me dijo antes de esa noche, fue que le habían diagnosticado TEPT (trastorno por estrés postraumático) después de que su mamá se murió en un accidente de coche; Roy iba en el coche. Su trauma psicológico, al mezclarlo con drogas psicodélicas, se volvió la receta perfecta para un desastre. Y en ese momento no sabíamos que lo teníamos que llevar a un lugar donde no pudiera lastimarse o lastimar a alguien. Entonces hicimos todo lo contrario a lo que un profesional médico hubiera recomendado. (Para ser justos, sólo teníamos 21 años).

Después de lo que había pasado, Roy no se sentía bien. Su playera estaba toda sudada, y sólo balbuceaba. Consideramos llevarlo al hospital, pero no queríamos exagerar, pero como me dijo Sussman, a veces es necesario.


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“Si tienes que ayudar a alguien que tiene un malviaje, y si crees que la mariguana pudo haber sido mezclada con algún químico, puede ser que la única opción que tengas es llevarlo al hospital”, dice. “En el hospital le pueden checar los signos vitales y se pueden descartar algunos diagnósticos”. Pero como los demás también habíamos consumido y no sentíamos nada raro, asumimos que la mariguana no tenía nada más. Movimos el coche antes de que pasara otra patrulla.

Me acuerdo que durante mis malviajes, el silencio total le ayudaba a mi cuerpo a calmarse y a estar en paz. Entonces, cambiamos de lugar a Roy y reclinamos el asiento para que se acostara. Quitamos la llave del coche y le hablamos a su novia para que nos llevara de regreso a casa.

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