La lucha por la reivindicación de la justicia y el placer


El año pasado leí Nuestra historia narcótica: pasajes para (re)legalizar las drogas en México y descubrí la obra de Froylán Enciso, un historiador sinaloense con suficientes textos, argumentos, grados académicos y carisma como para convencer al prohibicionista más conservador de dar una oportunidad a la legalización de la mariguana. Cuando los activistas cannábicos queremos exponer las razones para liberar a la planta solemos empezar por las estadísticas a nuestro favor o señalado lo ridículo y violento de la prohibición, pero Froy destaca por abordar el tema desde la perspectiva histórica: contándonos las partes del guión que no nos pasan cuando nos presentan nuestra historia con ciertas sustancias y que resultan fundamentales para entender el estado actual de las cosas.

La primera vez que hablé con Froylán, nos clavamos hablando sobre algunos pasajes muy poco conocidos de la historia de México y las drogas, como el breve periodo en que fueron legales por decreto de Lázaro Cárdenas. En esta ocasión volví a hablar con él, brevemente y por teléfono (mientras se desplazaba por Boston), para tener su perspectiva sobre la mariguana y México en 2017.

VICE: ¿Crees que la sociedad mexicana se ha vuelto más conservadora?
Froylán Enciso: Yo creo que el cambio radical sobre la mariguana en México está en proceso; las posibilidades para tener un marco de regulatorio nuevo se están abriendo gracias al cambio generacional. Los jóvenes en general son más abiertos a experimentar con nuevas formas de relacionarse institucional y personalmente con la mota; lo puedes ver en casi cualquier encuesta sobre el consumo y la regulación de la mariguana en México.

Creo que en términos como de modalidad pública, las posibilidades de la legalización van a avanzar conforme los viejos se vayan haciendo más viejos y los jóvenes que tienen un pensamiento más liberal sobre la mariguana vayamos tomando posiciones de decisión en este país y modificando nuestras leyes.

Drogas como la mota eran consideradas vulgares y eran usadas por los indígenas, los presos y los soldados. Los españoles, los mestizos más blanquitos y la “gente bien” consumían drogas extranjeras, más científicas, como el opio y la heroína. (© 201999 CONACULTA.INAH.SINAFO.FN.MÉXICO)

¿Crees que en ese avance llegará un momento en donde la mariguana pierda su aura revolucionara o rebelde que muchos jóvenes en distintas generaciones sintieron al probar esta nueva experiencia?
No estoy seguro de que la mariguana hoy en día tenga un aura revolucionaria; para un gran sector de la población la mariguana se relaciona con el narco, con la criminalidad, con la violencia pero no con la revolución. En otros momentos quizá la mariguana sí era una planta que consumían los revolucionarios, pero en nuestros días es un aura de ilegalidad.

Para algunos jóvenes tiene un aura de rebeldía con instituciones absurdas como la del prohibicionismo, que en lugar de generar salud y riqueza por medio de plantas como la mariguana, nos tiene en un sistema político y económico que genera muerte, que genera inseguridad y que crea más desigualdades.

¿Los usuarios tenemos alguna responsabilidad en cómo comunicamos nuestro consumo de mariguana? 
Los consumidores responsables que quieren cambiar la política de drogas lo hemos comunicado centrándonos en la reivindicación de nuestro derecho a determinar nuestra propia responsabilidad: en la reivindicación del placer. Pero hemos sido un tanto egoístas o ciegos ante el dolor que el consumo de mariguana también ha provocado sobre todo durante el periodo prohibicionista. Una de las cosas que podríamos mejorar en cuanto a la comunicación de la lucha por la legalización de la mariguana es la solidaridad con las víctimas de la guerra contra las drogas; la solidaridad con los cientos de miles de muertos, con las decenas de miles de desaparecidos, con los quizá millones de mexicanos desplazados por la guerra contra las drogas. Los consumidores “responsables” deberían de ver en los miembros más responsables del movimiento cannábico a gente solidaria no sólo con la reivindicación del placer del consumo o de la búsqueda de salud por el consumo; sino también de la reivindicación de la justicia y la búsqueda de justicia para las víctimas de la guerra contras las drogas.

¿Qué tan unidos están los grupos en favor de la legalización?
La lucha por la reivindicación del placer y la salud sí ha estado separada de la lucha por la justicia para las víctimas. Esto no significa que los “mariguanos conscientes” o la gente en el movimiento cannábico no quiera ser solidaria con los del movimiento de víctimas. Por el otro lado tampoco significa que en el movimiento de víctimas esté juzgando activamente a los mariguanos como los responsables de los asesinatos de sus hijos o de la desaparición de sus familiares. En el movimiento de víctimas están conscientes que los procesos de victimización se deben a cosas que sobrepasan al consumidor, que no son responsabilidad del consumidor de cierta sustancias, sino de un sistema de corrupción y generación de violencia que es mucho más grande, que excede el acto de consumir, que excede la búsqueda del placer y la salud.

A pesar de que sí hace falta solidaridad entre los dos grupos, eso no significa que no sean proclives a la solidaridad; simplemente tenemos que abrir nuestra mente y empezar a hacer cosas e ideas concretas que acerquen al movimiento por la búsqueda de justicia para las víctimas y al movimiento por la política de drogas. Lo que deberíamos estar buscando es poner el placer en la justicia, no sólo reivindicar la justicia a las víctimas desde el dolor como lo han hecho con justa razón muchas personas. O no solamente reivindicar la necesidad de reformar la política de drogas desde lo individual, sino también tener un discurso de justicia social en esa búsqueda.

A principio del siglo 20 nadie entendía bien las nuevas prohibiciones de drogas. La cocaína y la morfina producida por farmacéuticas europeas, como Merck, se conseguían con sencillas autorizaciones médicas. (© 142903 CONACULTA.INAH.SINAFO.FN.MÉXICO)

Internacionalmente, ¿cómo se ve a México en cuanto a política de drogas?
En términos de políticas de drogas, México no está teniendo ningún papel prominente. Se nos ve súper atrasados y se nos ve como víctimas de los carteles y de las amenazas políticas de Trump. No se nos ve como un país que esté proponiendo nuevas ideas o vías para la solución de este problema.

Entonces tenemos una oportunidad más grande, ¿no? ¿dirías que tenemos autoridad o compromiso para hacer el cambio?
México tiene toda la autoridad moral para tomar un liderazgo en la reforma de política de drogas, incluso globalmente. En parte porque México ha sido una de las grandes víctimas de las relaciones de desigualdad creadas por el modelo prohibicionista. México debería aprovechar el papel o la percepción que tiene de ser un país con una cultura muy sólida, que ha resistido a las amenazas de las políticas de Trump o a la violentísima guerra contra las drogas. Deberíamos tomar la iniciativa y legalizar de una vez por todas la mariguana como puerta de entrada para la creación de un movimiento global hacia la reforma de un sistema que tanta violencia ha causado.

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