Cómo H.R. Giger inventó el monstruo más aterrador de la ciencia ficción


El extracto a continuación de la monografía de Taschen sobre H.R. Giger fue escrita por Andreas J. Hirsch, un fotógrafo y escritor que ha curado múltiples exposiciones de la obra de H.R. Giger. Todas las imágenes cortesía de la editorial Taschen.

En la primavera de 1978, después de cumplir 38 años de edad, el artista suizo H.R. Giger escribió estás líneas en su diario:

18 de mayo de 1978. Estamos en plena acción trabajando para la película. La construcción de la nave espacial está casi lista. Se ve bien. Ya tenemos modelos pequeños del paisaje y de la entrada de la nave. Los que construyen estas cosas no tienen idea de cómo es mi arquitectura. Les dije que consiguieran huesos y construyeran un modelo con plastilina…

En ese entonces, H.R. Giger ya era un pintor famoso cuyas visiones sombrías en un estilo que él llamó biomecánico estaban ampliamente difundidas: en forma de pósters que aparecieron en la década de los 60, en el libro ilustrado Necronomicon de gran formato que él mismo diseñó; y en cubiertas de álbumes como Brain Salad Surgery de Emerson, Lake & Palmer en 1973. Pero el proyecto en el que estaba trabajando lo iba a convertir en una figura de culto en todo el mundo y en el ganador de un Óscar. El director Ridley Scott contrató a Giger para crear el monstruo de la película Alien. Entonces, el artista fue a los estudios de filmación Shepperton cerca de Londres para realizar sus diseños para el mundo de Alien con sus propias manos.

Necronom IV (1976)

Una de las pinturas incluidas en Necronomicon de Giger fue lo que convenció a Scott de pedirle que ayudara en el diseño del monstruo de Alien: Necronom IV (1976), una de las obras principales del artista. En la pintura se ve el torso de un ser con características humanoides. El cráneo es sumamente largo y su rostro se reduce casi únicamente a unos dientes pelados y unos ojos enormes que parecen de insecto. De su cuello salen unas mangueras y su espalda está repleta de extensiones tubulares y una cola de reptil. El órgano sexual masculino es considerablemente largo y se curvea hacia arriba a la altura de la cabeza. La puta se transparenta y deja ver un esqueleto que parece un santo diminuto dentro de un ataúd de vidrio.


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El cuerpo entero parece estar en una tensión que se mantiene con facilidad. Solo los brazos poderosos son los que conservan la forma humana, aunque se pueden ver cables y vías mecánicas bajo la piel traslúcida y su material parece más granito de los tallados en madera medievales que piel. También vale la pena resaltar la posición de las manos en la esquina superior derecha de la imagen: parece sacada de la iconografía de los altares medievales. Los dedos elegantemente delicados contrastan profundamente con el aspecto despiadado de la criatura. Las manos parecen estar en proceso de tomar algo que no podemos ver, como si tratara de manipular mágicamente un objeto lejano.

Naturalmente, la figura abarca el plano completo de la pintura y permite apenas una mirada al fondo orgánico, que está repleto de formas babosas y sin profundidad espacial. Aunque no hay indicios de dónde está la criatura en el tiempo y espacio, es obvio que no viene del mundo como lo conocemos.

Erotomechanics VII (Mia und Judith, first state), 1979.

Para poder convertir esta criatura pintada en un monstruo de película, el artista tuvo que someterla a una transformación compleja. La pintura original le fascinaba tanto a Ridley Scott que hizo que Giger creara una “historia natural” completa basada en el guión de Dan O’Bannon, que al final terminó siendo el monstruo de la película. La letalidad latente de la criatura, que ya era perceptible en la pintura, se convierte en una letalidad aplicada que se representa a través del movimiento dinámico en la película. Entre estas dos etapas estuvo el proceso creativo y artístico de diseñar y producir las figuras necesarias, algo que Giger hizo solo. El resultado del proceso es una mezcla entre fascinación y asco que encontramos en Necronom y —con un terror aún más grande— en Alien. El monstruo de Giger representa un punto decisivo en la ciencia ficción y en las películas de terror, para las que Alien aportó una forma de vida letal nunca antes vista.

NY CITY II (1980)

La infinidad de huellas que ha dejado la obra de Giger en diferentes áreas —pintura, cine, portadas de álbumes, cultura del tatuaje, así como en los géneros de ciencia ficción y fantasía— la convierte en una “piedra Rosetta” porque combina varios “lenguajes” que aún quedan por descifrar. La obra de Giger hoy en día parece un código que todavía no ha terminado de desencriptarse.


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En términos de historia del arte, tenemos un artista cuya obra, aunque se inspira en el surrealismo y el simbolismo, era altamente autónoma y difícil de clasificar. Ya había hecho una contribución significativa al fantástico arte del siglo 20 con su obra antes de Alien. Sus ideas biomecánicas se siguen desarrollando de forma independiente en disciplinas como el arte multimedia y el bioarte, no tanto como una influencia estética sino como una serie de ideas de influyen en un enfoque conceptual.

Cthulhu (Genius) III (1967)

También está la interpretación de que la obra de Giger se centra en la mitología y la sicología, que examina el rol de los miedos individuales y colectivos en su enfoque, el cual es no es meramente figurativo y narrativo sino que también se puede entender en una forma moderna como la creación de una mitología. Una obra tan densamente poblada con arquetipos y seres de un futuro post-humano, que está más allá de las ideas aceptadas de la realidad y que es tan rica en símbolos, formas y temas de tradiciones ocultas, también requiere una lectura que incluya interpretaciones de los campos como la alquimia, la astrología y la magia.

La diversidad de las interpretaciones de los temas arquetípicos mencionados anteriormente, de sueño y trauma, de nacimiento y muerte, significa que uno podría fácilmente llenar una biblioteca entera —una “biblioteca gigeriana”, ficticia por el momento— sobre el dibujante, pintor, escultor, cineasta y diseñador H.R. Giger.

The Spell II (1974)

Andreas J. Hirsch es un fotógrafo, escritor y curador que vive en Viena, Austria, donde ha curado exposiciones de la obra de H.R. Giger, al igual que de Pablo Picasso y de Friedensreich Hundertwasser.

Taschen ha publicado la obra de H.R. Giger desde la década de los 80 y entre sus publicaciones están las ediciones limitadas de ‘Hologramm’ y www.hrgiger.com. El proyecto de su monografía tamaño sumo empezó hace diez años e incluía una colaboración cercana con Giger en la curaduría y el diseño, al igual que nuevas fotografías de las obras principales tomadas en colecciones privadas en todo el mundo. Debido a su muerte repentina en 2014, Giger no pudo ver la impresión y encuadernación final de su obra maestra pero es testimonio de su prolífica producción y extraordinaria visión.

La edición limitada de la monografía de H.R. Giger ya está disponible en preventa en la página de Taschen.

Abajo puedes ver más imágenes del texto.

Biomechanoid 75 (1975)

Gebärmaschine (1967)

Alien III (Front view II), 1978.

Hommage à Böcklin, 1977.

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