Comer como un rapero


La parrilla escupe lenguas de fuego hacia el cielo. Las pequeñas flamas salen de una fogata hecha con carbón vegetal. De pronto una ráfaga de viento las golpea y comienzan a moverse de un lado para otro. Parece que llevaran el compas del rap que escapa de una pequeña bocina cercana al asador que ameniza la tertulia. Están listas para poner la carne. No es una simple comida de amigos. Se trata de celebrar con la pandilla, esos a quienes los hermana el gusto por la rima, la ropa urbana, el diseño, la mezcla de beats y el hip hop. Es el aniversario del colectivo Never Die.

En una azotea por el rumbo de La Viga, en la Ciudad de México se lleva a cabo esta fiesta familiar, la culminación de tres días dedicados a la cerveza y a la música. Es el after, del after, del after. Hay que hacerlo. Hace ocho años —o más— no eran nada, apenas unos “vagos” que rapeaban donde podían, o unos provincianos recién desempacados del norte que vendían sus diseños en la calle o a las afueras del metro Insurgentes y soñaban con hacerla en grande. Ahora uno de los lideres del crew, Eptos Uno, ya está en las ligas mayores de la industria musical. Universal Music lo firmó para hacer historia, igual que el nombre de su primer álbum con la transnacional; el otro, Emecenas –Eme, como le llaman sus cercanos—, es un hustle, un empresario. Dirige la marca y la tienda Never Die Gang que viste a buena parte de la banda rapera chilanga, en una de las principales calles del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Antes que toda la pandilla, otro de los raperos que ha refrescado la escena mexicana con su proyecto, Hood-p llega a la casa Double Dee. Lo veo en la cocina preparando unas salsas. Hoy se quitó la ropa holgada, la vestimenta negra y la cadena al cuello. Lo único que usa de su outfit hip hop es su cabello, tan corto y cuadrado en la frente que me recuerda al que usan los emperadores romanos en las películas. Una playera y una bermuda turquesas es lo que viste. Si lo viera caminado así en la calle no sospecharía que es un M.C. pues ni siquiera trae tatuajes, por lo menos uno que sea visible.

Tomatillo y jitomates para la salsa. Todas las fotos son de Irving Cabello.

Dee fríe en una sartén tomatillos, jitomates, cebollas, ajos, chiles serranos y de árbol. Después muele los ingredientes en la licuadora y al final sazona con sal de ajo y sal de mesa. La nombra salsa campechana; su novia le dice “La Campeches”. Ella lo auxilia, le destapa una cerveza, prueba lo que él cocina. “¿Cómo quedó la otra salsa, Ma?”, pregunta el rapero. La chica mete un totopo a un pequeño tazón con una pasta color café. Parece un adobo. En cuanto lo prueba abre los ojos y mueve la cabeza de arriba a abajo. El sabor integrado de la cebolla, el ajo y el chile la ha convencido. “Te quedó muy buena, Pa”.

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