“Sin ley de archivos, dejamos espacios a la corrupción”: presidente del INAI


Francisco Javier Acuña llegó a la Presidencia del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) el pasado 12 de mayo, apenas cinco semanas después de que éste y otros seis organismos realizaron la primera sesión del Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), el nuevo entramado institucional con el que México busca combatir los actos deshonestos.

Como presidente del INAI —cargo para el que fue elegido por una votación de cinco contra dos para el periodo que concluye en 2020—, Acuña ocupará una de las siete sillas en esa mesa, y aunque hace votos para que el SNA sirva para enfrentar uno de los problemas que más molestia provoca entre los mexicanos, también advierte que a este mecanismo todavía le falta una pieza clave para dar resultados: la Ley General de Archivos.

"Si no hay una Ley General de Archivos que funcione de cabo a rabo del Estado mexicano, me refiero desde la administración más simple, más pequeña, modesta en términos institucionales, hasta la más sofisticada y presupuestalmente dotada, seguimos en peligro de dejar flancos abiertos", alerta.

Para Acuña —cuya trayectoria profesional se divide entre la academia y la función pública, en particular en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF)—, la necesidad de que México cuente con una legislación en esta materia radica en que ahí deben establecerse las reglas para que las instituciones generen y resguarden la información sobre todas sus actividades, y en que esa documentación sería esencial para perseguir y castigar posibles prácticas deshonestas de funcionarios y particulares.

En entrevista con Expansión, el comisionado presidente habla del reto que implica empujar esta ley dentro de las cámaras del Congreso, así como de otros desafíos para el país en transparencia y rendición de cuentas.

Lee: Francisco Javier Acuña Llamas es elegido como nuevo presidente del INAI

¿Cuáles son los retos que tiene el INAI actualmente?
El reto inmediato es ser capaces de coadyuvar y de impulsar respetuosamente, en los planos de los estados, que se culmine la armonización de las leyes de datos con la Ley General (de Protección de Datos Personales en Posesión de Sujetos Obligados), apenas aprobada el 26 de enero de este año. El 27 de julio se cumplen los seis meses del periodo de vacatio legis que la misma ley concedió para que todos los estados legislaran sobre la materia, y sobre esto estamos apurados. Sólo Durango ha aprobado ley local. Los demás estados tienen 16 iniciativas.

La Ley General de Archivos es otro de los elementos pendientes. Yo soy identificado por impulsar esa asignatura dentro del colegio. Mis compañeros desde luego me han respaldado, me acompañan. También ahí tenemos mucho que decir, que exigir, para una Ley General de Archivos a la altura de lo que demanda la democracia mexicana, yendo de la mano con las organizaciones de la sociedad civil, que han sido muy críticas del procedimiento que tuvo como consecuencia el nacimiento de la iniciativa de Ley General, que se encuentra detenida (en el Senado) porque espera los consensos parlamentarios.

Desde que el INAI es un órgano autónomo gracias a la reforma constitucional de 2014, ¿ustedes han tenido alguna presión por parte de autoridades para tratar de influir en sus resoluciones?
No, y lo puedo decir con entera seguridad, con categoría (…) De ninguna manera cabe injerencia, ninguno de nosotros ha sido molestado, presionado, insinuado. Creo que nos han respetado nuestra autonomía. Es evidente, las resoluciones lo demuestran. La autonomía ha estado a salvo y creo que se ha demostrado. Para lo de nuestro relevo (en la presidencia del instituto), se hacía una serie de conjeturas y especulaciones, si nos íbamos a romper, a fracturar. No, estamos unidos en lo básico, demostramos que el colegio está unido, tiene convicciones. Somos respetuosos los siete con el sentido de la legalidad.

Con la reforma de 2014 también se sumaron nuevos sujetos obligados que son percibidos como poco transparentes, como los partidos y los sindicatos…
Los partidos y los sindicatos mostraron resistencias antes de ser sujetos obligados, en todos hubo precauciones y dijeron "vamos a darle al asunto el tiempo que lo merezca", ellos fueron demasiado reservados para dar el paso (de transparentar su información). Ya cuando dieron el gran paso se metieron a un círculo en el cual ellos sabían que iban a ser sujetos de exigencia. Eso reveló que se habían vencido las principales barreras, las de la resistencia desde el origen, de entrada. Ya cuando dan el paso, se vencen las resistencias al nivel de hacerse sujetos de ley.

¿Y qué puede hacer el INAI contra esas y otras resistencias a transparentar información?
Primero, animar, alentar y desmontar esa idea de que informar es vulnerabilidad, es una sangría, es una hipoteca que le cae en la espalda a la institución, es gravosa, latosa y molesta. Derribar esos mitos, esas impresiones que están anidadas, ahí permanecen. Todos ahora nos declaramos transparentes. Sí, la foto y la declaración feliz es muy cierta, pero en los hechos comprobamos que todos somos susceptibles a querer guardar información que no debiéramos guardar, a querer postergarla, a no cumplir en tiempo y en forma, eso es una realidad que no se puede evitar.

¿Y qué papel va a jugar el INAI en el Sistema Nacional Anticorrupción?
Lo que el INAI lleva es su voz pero también lleva su energía, porque el INAI preside el Sistema Nacional de Transparencia, que es determinante para que haya acercamiento efectivo a la información pública existente y documentada. Pero el INAI poco puede hacer si no es gozne entre el Sistema Nacional de Transparencia y el Sistema Nacional de Archivos, para que fluya la información que se germina, brota y nace en el día a día de todas las instituciones públicas.

Si el INAI no es un centinela de la transparencia y de la apertura y de la protección de datos personales desde su papel prevalente en el Sistema Nacional de Transparencia y no es un enclave, un gozne con el Archivo General de la Nación (AGN), poco podría llevar para coadyuvar con las otras instancias en el seno del Sistema Nacional Anticorrupción. No puede haber un Sistema Nacional Anticorrupción si no tiene el asidero, una capacidad de aproximación privilegiada, que le permitan el INAI y los institutos locales, para poder detectar la información y fincar a partir de ella las medidas para perseguir y combatir el crimen.

Entonces, seguimos teniendo un gran pendiente en el combate a la corrupción, la Ley General de Archivos.
Claro. Si no hay una Ley General de Archivos que funcione de cabo a rabo del Estado mexicano, me refiero desde la administración más simple, más pequeña, modesta en términos institucionales, hasta la más sofisticada y presupuestalmente dotada, seguimos en peligro de dejar flancos abiertos. La Ley General de Archivos viene a eso, a cerrar un flanco abierto, para que no se vaya a perder, a evaporar la información germinal, naciente, la que está brotando cada día más.

Si no hay registros puntuales, eficaces o metodológicamente uniformes para que puedan ser conocidos, investigados y eventualmente útiles para que puedan ser elementos que puedan despejar responsabilidades o finalmente avalar o afincar responsabilidades, entonces lo otro será una parafernalia, que puede servir para ayudarnos a todos a comprender mejor lo que implica la corrupción, pero no para eficazmente pararla, detenerla y menos perseguirla ni erradicarla en términos de pulverizar la impunidad, que es el otro desafío que hay.

Sin una buena ley de archivos, ¿el fiscal anticorrupción se quedaría sin elementos para actuar?
Si el fiscal no tiene elementos informativos objetivamente veraces e irrefutables, va a navegar sobre brumas, sobre espejismos. Se puede volver un espejismo el Sistema Nacional Anticorrupción si no se le dan los asideros, las tres columnas, las tres bases: Sistema Nacional de Transparencia, Sistema Nacional de Archivos, para que haya una trilogía virtuosa con el Sistema Nacional Anticorrupción.

3 de 3, presupuestos, expectativas…

Cuando los siete actuales comisionados asumieron el cargo, cuatro decidieron no hacer pública su declaración patrimonial y tres sí: Óscar Guerra, Joel Salas y usted. ¿Ahora estaría dispuesto a presentar su declaración 3 de 3?
Sí, claro que sí, tengo una convicción. La ley poco a poco nos ha ido exigiendo más y más, y ahora con la condición de presidir el INAI y ser parte de la mesa con las otras autoridades que encarnamos el Sistema Nacional Anticorrupción, por supuesto.

¿Le pondría fecha?
Todavía no, pero sí estoy dispuesto.

Lee: 4 de los 7 comisionados de transparencia 'guardan' su declaración patrimonial

Antes del relevo en la presidencia del INAI hubo versiones periodísticas que lo señalaban como cercano al PAN. ¿Qué dice al respecto?
Por supuesto que no. Cuando fuimos nombrados en el Senado (en abril de 2014), en aquella ocasión los consensos parlamentarios se dieron de tal manera que los partidos políticos, a través de las bancadas y de las comisiones que participaban y que nos escrutaron, hicieron entre ellos una serie de compromisos, que nunca estuvimos de cierto que haya sido así, y se menciona desde entonces que algunos estuvimos respaldados preferentemente por algunos partidos, unos por el partido en el poder (el PRI) y otros por el PAN y el PRD. Eso es una suposición, una conjetura. Desde luego que fuimos parte de un acuerdo parlamentario (…) pero todos ellos, los senadores, se han portado respetuosos con nosotros.

Hay académicos que advierten que el presupuesto del INAI ha crecido sustancialmente en los últimos años. ¿Está haciendo el instituto lo suficiente para gastarlo de manera transparente y eficiente?
Si el IFAI tenía 60% del presupuesto que luego tuvo el INAI, la pregunta obligada es si el IFAI, que atendía y resolvía los recursos para 250 instituciones, que era el puro Ejecutivo federal, podría hacer lo mismo cuando se desdobló en sus competencias de manera desproporcionada. Porque para el desdoblamiento, que comprendió la Auditoría Superior de la Federación, las dos cámaras del Congreso, el Poder Judicial, para además abarcar los sindicatos, los partidos, el estamento electoral, los órganos constitucionales autónomos, tendrían que habernos aumentado 150% del presupuesto, y no se aumentó 150% del presupuesto. Eso que se hizo fue un esfuerzo nada más para no quedar colapsados desde el primer día con una avalancha de asuntos que estamos atendiendo. Sigue siendo mucho dinero, sí. Siempre cualquier dinero del erario es mucho, pero sí, en la proporción de lo debido, somos la institución que le gana en competencias a todas y la única que es transversal a todo el Estado mexicano.

¿Cuál es el sello que le gustaría dejar en este Pleno que presidirá hasta 2020?
Cercanía, ser instantáneo. No ser evasivo con las preguntas, atender y responder, con mis compañeros de la mano. Cuando llegamos era un momento nacional. Ahora el momento es muy crítico. Se vienen días y años difíciles, de austeridad, pero también de mucho agravio social. La ciudadanía está irritada con los políticos y con los funcionarios públicos, y nosotros debemos comunicar un rostro de cierta humildad institucional para darle a la gente un respaldo, y que sienta que estamos haciendo lo que debemos, ni que somos héroes ni nada, pero sí que somos dignos de su confianza.

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