Es hora de hablar de cómo afectan las adicciones a la mujer


En su nuevo libro, Woman of Substances, Jenny Valentish confiesa haber consumido prácticamente todas las drogas ilegales que existen. Su adicción, que se prolongaría durante décadas, empezó el día que, de adolescente, se llevó a hurtadillas una botella de licor del gabinete de su padre. Aquella travesura pronto se convirtió en un hábito que Valentish practicaba todas las tardes al salir del colegio hasta emborracharse.

Durante el tiempo que pasó trabajando como periodista musical y relaciones públicas, Valentish estaba constantemente bajo los efectos de alguna sustancia y solía empezar el día con un café y una raya de speed. Tras lograr desintoxicarse en 2009, ha dedicado los últimos siete años a investigar los aspectos neurocientíficos de su adicción. El resultado, más que un clásico libro de memorias sobre adicciones en clave de redención, es una mezcla de anécdotas personales y un exhaustivo trabajo de investigación sobre los efectos de la dependencia del alcohol y las drogas en la mujer.

Este tema no estaba muy presente en la conciencia pública sobre salud hasta hace poco. En su informe anual de 2016, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de las Naciones Unidas señaló la necesidad de desarrollar “políticas y programas de estupefacientes que tengan en cuenta las cuestiones de género, mejorar el acceso a la sanidad para las mujeres co adicciones y aumentar la inversión en prevención y tratamiento de adicciones entre las mujeres”.

Solía empezar el día con un café y una raya de speed

Asimismo, el informe aporta estadísticas que revelan que el índice de consumo en mujeres adictas al cannabis, la heroína o la cocaína aumenta más rápido que en los hombres, y añade que las mujeres también son más propensas que los hombres a desarrollar trastornos derivados del consumo excesivo. Si bien las mujeres constituyen una tercera parte de la población mundial consumidora de estupefacientes, solo representan una quinta parte del total de personas beneficiarias de tratamientos de adicciones.


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Por último, el informe destaca el hecho de que, en comparación con los hombres, existen más posibilidades de que a las mujeres se les receten narcóticos o fármacos para la ansiedad, lo que supone, por tanto, un mayor riesgo de que desarrollen adicción a dichos medicamentos.

“Es como antes de que empezáramos a pensar en la posibilidad de que hubiera mujeres en los line-ups de los festivales”, explica Valentish. “No se suele cuestionar la norma. Yo misma nunca me había planteado la posibilidad de que estas cuestiones afectaran de forma distinta a las mujeres en lo que se refiere a tratamientos y adicciones. Cuanto más indagaba y hablaba con otras personas, más me sorprendía de lo poco que se ha investigado específicamente sobre la mujer y sus experiencias. En este tipo de estudios, los hombres son la norma, pero no lo son en términos de población”.

A través de sus entrevistas con expertos en el estudio del consumo de alcohol y drogas y del recuerdo de sus propias experiencias consumiendo, automedicándose y perjudicando su salud con estas sustancias y finalmente buscando ayuda para tratar su adicción, Valentish hizo descubrimientos sorprendentes pero de algún modo previsibles. Uno de ellos es la enorme vulnerabilidad de las mujeres que prueban las drogas por primera vez.

“No se suele cuestionar la norma. Yo misma nunca me había planteado la posibilidad de que estas cuestiones afectaran de forma distinta a las mujeres en lo que se refiere a tratamientos y adicciones”

Valentish recuerda que, de adolescente, solía sentirse atraída y fascinada por hombres de más edad, que la introdujeron en el supuestamente glamuroso mundo de las drogas. Al parecer, este patrón de desarrollo de adicciones a partir del adoctrinamiento de chicas jóvenes por parte de hombres maduros es extraordinariamente habitual.

Los expertos le confirmaron que alrededor de un tercio de las mujeres que se inyectan alguna sustancia empezaron a consumir a instancias de sus compañeros sexuales, y que con frecuencia las mujeres consumen alcohol o drogas para reforzar su concepto de igualdad y ponerse a la par con los hombres. Las mujeres, además, son más propensas a desarrollar hábitos de consumo más autodestructivos en un intento por recrear una sensación de autonomía que de otro modo les sería difícil alcanzar.

A esto hay que sumarle la mayor inclinación de las mujeres al consumo de drogas o alcohol como mecanismo para lidiar con determinados problemas sociales. Los hombres, en cambio, suelen consumir estas sustancias por diversión y como refuerzo positivo. La lista de factores es muy larga.

Al parecer, este patrón de desarrollo de adicciones a partir del adoctrinamiento de chicas jóvenes por parte de hombres maduros es extraordinariamente habitual

Pero lo que más sorprendió a Valentish fue la faceta científica de todo esto. Su libro empieza con un estudio sobre la impulsividad, un factor clave en las adicciones. “La impulsividad es un rasgo que se suele atribuir al hombre”, señala Valentish.

Esa es la razón por la que, en el imaginario colectivo, la figura del clásico alcohólico o drogadicto suele estar representada por un hombre y que nos ha llevado a pasar por alto un hecho que podría ser clave para el tratamiento de la drogadicción en mujeres. Es mucho más probable que las chicas con un carácter más impulsivo acaben enganchadas a alguna sustancia adictiva. Pero como solemos obviar que la impulsividad también puede ser un rasgo presente en las chicas jóvenes, ese riesgo no se detecta hasta que es demasiado tarde.


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“Es un ejemplo más de la posición de vulnerabilidad en la que se encuentran las mujeres en lo referente al consumo abusivo de sustancias”, añade Valentish. “Como adolescente, no era capaz de entender por qué no podía controlar mis impulsos”.

Durante sus indagaciones, Valentish también descubrió que el consumo excesivo de alcohol y estupefacientes afecta de forma distinta tanto al cerebro como al cuerpo de mujeres y hombres. Los adolescentes que beben alcohol sufren déficit de atención, mientras que las chicas experimentan una merma de su cognición espacial.

Con frecuencia las mujeres consumen alcohol o drogas para reforzar su concepto de igualdad y ponerse a la par con los hombres. Las mujeres, además, son más propensas a desarrollar hábitos de consumo más autodestructivos en un intento por recrear una sensación de autonomía

Valentish afirma que las mujeres propensas a desarrollar adicciones también son más susceptibles de sufrir otros trastornos que afectan a las funciones corporales, como la anorexia nerviosa, la bulimia y la tendencia al suicidio o a autolesionarse.

Asimismo, señala que los traumas infantiles, sobre todo las violaciones o los abusos sexuales, son factores que podrían propiciar el consumo adictivo posteriormente, y pone como ejemplo dos violaciones de las que ella misma fue víctima y que asegura contribuyeron a su problema con las drogas y el alcohol.

Valentish cree que más alarmante que estos datos resulta el hecho de que su descubrimiento no haya favorecido la aparición de nuevas aproximaciones médicas a las adicciones de la mujer y sus tratamientos. “No quisiera generalizar, pero con mucha frecuencia a las mujeres que buscan tratamiento se las despacha recetándoles fármacos. Pero si no atacas el problema subyacente, es como poner un curita a un tumor, ¿no?”.

Las mujeres requieren un enfoque distinto al de los hombres, y éste raramente se da. “Requiere un examen y una investigación exhaustivos por parte del médico. Alguien puede ir al médico y decirle que necesita que le receten Xanax porque sufre ataques de pánico, pero seguramente no le dirá que sufre esos ataques de pánico porque consume cocaína o cristal”, señala Valentish.

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Botellas de vino y latas de cerveza en el monumento conmemorativo de Amy Winehouse. Imagen vía usuario de Flickr John W. Schulze

La publicación de unas memorias sobre la adicción en las mujeres no estaba exenta de riesgos, y Valentish lo sabía. Muchas mujeres célebres que sufrían adicciones estuvieron rodeadas por un halo trágico y glamuroso a la vez. Amy Winehouse se menciona en más de una ocasión en el libro de Valentish.

En efecto, resulta más sencillo ver a la mujer como víctima del alcoholismo o la drogadicción que reconocer simplemente que nos gusta la fiesta tanto como a los hombres. ¿Cómo escribir un libro que contemple esto, así como el hecho de que, a diferencia de los hombres, las mujeres consumen estas sustancias como mecanismo de supervivencia?


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“Es un tema complicado”, señala Valentish. “Creo que una persona puede reunir ambas facetas. Puedes tomar drogas por diversión y como forma de automedicarte, del mismo modo que consumes distintos tipos de sustancias de forma diferente. A veces las consumes por placer, pero otras lo haces para sentirte ‘normal’ o una versión mejorada de ti misma. No es una dicotomía tan exagerada como crees.

La línea que divide el daño autoinfligido de la automedicación es muy delgada. Pueden parecer conceptos opuestos, pero no lo son. Muchas veces las mujeres nos medicamos porque no sentimos que estamos a la altura”.

“Muchas veces las mujeres nos medicamos porque no sentimos que estamos a la altura”

Woman of Substances resonará en aquellas lectoras que nunca se habían planteado el papel que ha jugado el patriarcado en sus hábitos de consumo de alcohol y drogas. Sin embargo, no son ellas el público principal al que el libro va dirigido.

“Yo espero, sobre todo, que influya en los jóvenes investigadores”, asegura Valentish. “Que les obligue a preguntarse si están siendo lo suficientemente inclusivos. Porque, como ocurre con cualquier investigación sobre la mujer, hay que tener en cuenta su cuerpo, en qué momento del ciclo está, qué edad tiene. Y este tipo de investigaciones se suele terminar por falta de financiación… Espero reabrir el debate en torno a este tema”.

Ya puedes comprar Woman of Substances: A Journey Into Addiction and Treatment , por Black Inc Books.

Sigue a Katherine Gillespie en Twitter.

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