Dentro del mundo del porno de mujeres gigantes


Por años, el gigante del streaming Pornhub ha construido con éxito su marca mediante la extracción de datos de usuario para obtener informes sobre tendencias extrañas. El sitio nos ha enseñado que, al parecer, a los irlandeses realmente les gusta el sexo en público, Donald Trump aparentemente llevó a un breve repunte en el interés por las lluvias doradas, y Rhode Island es supuestamente el estado que más ama a las MILF de todo Estados Unidos. Pero uno de sus hallazgos más extraños quedó enterrado en un informe publicado en enero de 2016 sobre las búsquedas porno de ese año. ¿Cuál fue la categoría que experimentó la mayor tasa de crecimiento en 2015, con un aumento del 1,091 por ciento? El porno de mujeres gigantes, en el que (generalmente) las mujeres se filman en ángulos extraños, en sets miniaturas, o frente a una pantalla verde de manera que parecen alzarse sobre el mundo. A veces también trituran, comen, o juegan con hombres, edificios, u otros accesorios diminutos.

“Las búsquedas de fetiches… fluctúan con bastante regularidad en volumen”, dijo Laurie Betito, directora del Centro de Bienestar Sexual de Pornhub. Este repunte, dijo, “podría tener algo que ver con ciertos géneros cinematográficos como Godzilla y King Kong”, los cuales tuvieron reboots en años recientes. Alternativamente, Betito especuló que podría ser la extensión de un mayor interés en la dominación. O podría no significar nada en absoluto.

Estas cifras dan la impresión de un fetiche que va en aumento. Pero este aparente interés es algo engañoso. Según los fetichistas que llevan bastante tiempo interesados en el porno de mujeres gigantes, el mercado de este nicho es pequeño, pero muy dedicado. Los cambios en las búsquedas y la conciencia popular parecen representar un cambio de dónde y cómo esta comunidad consume el fetiche. Después de todo, el género está hecho para un público increíblemente específico, que probablemente no explotaría de la noche a la mañana como sugieren las cifras de Pornhub.


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Sobre eso: El contenido relacionado con las mujeres gigantes sirve principalmente al fetiche de la macrofilia, en el cual los hombres (generalmente) se excitan con mujeres (generalmente) gigantes. El fetiche a veces va de la mano con la microfilia: el gusto por la gente diminuta, por ejemplo la víctima de un accidente con un “rayo encogedor” en una fantasía de gigantes. Algunos miembros de esta comunidad fetichista dicen que los hombres a quienes les gustan las mujeres gigantes quieren escapar de las exigencias del poder y el control a través de una dominación física abrumadora. Por el contrario, este fetiche puede atraer a las mujeres que se excitan al alzarse sobre los hombres mediante la afirmación de un poder que sienten que no pueden tener en la vida normal.

Otros adjudican su gusto a los encuentros casuales en los años de formación sexual con películas como El ataque de la mujer de 50 pies o Querida, encogí a los niños, en los que uno encuentra algo sexual y luego inconscientemente asocia las disparidades de tamaño con la excitación. De cualquier manera, como sugirió Betito, el fetiche claramente implica dominación y sumisión, y muchas veces se cruza con otros fetiches como la vorarefilia (gigantes que comen gente pequeña) o aplastar a otras personas (gigantes que pisan gente pequeña o mujeres de tamaño normal que pisan criaturas pequeñas). “Los pies son los más popular; aplastar algo con los pies en particular”, me dijo recientemente Giantess Roma, que ha estado consumiendo porno de gigantes desde el principio de la década del 2000 y ha entrado en la producción de videos desde hace un año. “Aplastar con el trasero, con los senos, el ‘vore, y el ‘gentle’, un género donde nadie sale lastimado, son subcategorías comunes del porno de gigantes”.

Aunque casi todos los fetichistas tienen sus propias preferencias por escenarios o dinámicas únicos con respecto al contenido del porno de gigantes, tienden a restarle prioridad a algo que puede parecer extraño para el consumidor porno promedio: la desnudez. Roma y otros productores e intérpretes — Media Impact Studios, Optic Dreams, Giantess Katelyn casi nunca se desnudan completamente en una escena, ni aparecen teniendo sexo en el contenido que producen; algunos incluso permanecen completamente vestidos. El fetiche es tan fuerte que la excitación suele desencadenarse sólo por el tamaño, al punto que los hombres predominantemente gay pueden excitarse con mujeres gigantes y hombres predominantemente hetero por hombres gigantes, señaló el Dr. Mark Griffiths, uno de los pocos académicos que ha estudiado el tema.

“Aplastar con el trasero, con los senos, el ‘vore’, y el ‘gentle’, un género donde nadie sale lastimado, son subcategorías comunes del porno de gigantes”. — Giantess Roma

A lo largo de los años, los fetichistas saciaban sus deseos con juegos de rol, a veces con personas altas, o mediante la recolección y venta de cómics y clips de películas de mujeres de gran tamaño en situaciones atractivas. A mediados de los años noventa, cuando los fetichistas empezaron a encontrarse en internet y a jugar con las primeras herramientas del software de edición de fotos y video, empezaron a producir contenido hecho a la medida y a publicarlo en los foros de discusión. Fue alrededor de 1996 —cuando un hombre llamado Gary Pranzo hizo su primera escena— que despegó la historia cinematográfica del género.

La comunidad nunca fue demasiado grande. Pranzo, que se ha convertido en uno de los mayores distribuidores minoristas y en una de las mayores autoridades sobre este fetiche, señala que hay alrededor de un millón de seguidores. Él se dio cuenta pronto, a través de visitas frecuentes a los foros de discusión y por su creciente participación en la comunidad en general, que había varios deseos reprimidos que no recibían atención. A principios de la década del 2000, la pornografía de gigantes era tan lucrativa que la escena estaba repleta de artistas y cineastas, algunos de ellos fetichistas y otros productores generales que se aprovecharon de un mercado prometedor, y utilizaron herramientas de edición cada vez más avanzadas, construyeron sets cada vez más extravagantes, y utilizaron trucos más imaginativos para desarrollar lo que Roma y otros consideraban un contenido convincente. En 2006, Pranzo había comprado su propio estudio para satisfacer la demanda, que, según él y Roma, alcanzó su apogeo en algún punto del 2010.

Entonces la piratería asestó un duro golpe. Como en todos los demás sectores del porno, los fetichistas comenzaron a tomar clips de mujeres gigantes de sitios de paga, y empezaron a subirlos a los sitios de streaming como Pornhub, donde podían compartirlos fácilmente y acceder a ellos de forma gratuita. Pranzo y compañía intentaron proceder por la vía legal, pero debido a que la comunidad era pequeña, para cuando retiraban un video de los sitios de streaming, casi todos los interesados ya lo habían visto y no quedaba nadie dispuesto a pagar.


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Como resultado, el contenido del porno de mujeres gigantes y las decenas de productores de fetiches que abastecían a los interesados fueron relegados al creciente modelo de videos personalizados: reciben dinero para producir una película adaptada a los deseos híper específicos de un individuo y luego ganan unos cuantos dólares en ventas posteriores antes de que el clip sea inevitablemente pirateado. Los conocedores como Roma se quejan de que la calidad de los videos ha bajado, ya que los pedidos personalizados rara vez pagan bien y los productores no ganan lo suficiente para crear efectos convincentes. Sin embargo, el flujo de nuevo contenido permanece constante.

Es fácil interpretar los reportes de tendencias de Pornhub como evidencia de que el flujo confiable de videos de mujeres gigantes en su plataforma ha aumentado la exposición popular y el interés en el fetiche. Y observadores como Astro Domina, una modelo fetichista que hace dos o tres videos de gigantes por encargo al mes, sostienen que la demanda de este tipo de contenido ha ido creciendo en los últimos años. Pero los que ya llevan mucho tiempo en esta industria como Pranzo y Roma juran que la comunidad fetichista no está creciendo. Y es difícil pensar que las personas que no son fetichistas entren a Pornhub para ver sus habituales videos hardcore y cambien sus hábitos después de toparse una noche con una escena de una mujer gigante vestida que pisotea a pequeñas personas de plástico.

Los conocedores como Roma se quejan de que la calidad de los videos ha bajado, ya que los pedidos personalizados rara vez pagan bien y los productores no ganan lo suficiente para crear efectos convincentes.

En cambio, Pranzo sugirió que el aumento aparente en las búsquedas de este fetiche podrían reflejar la migración de una comunidad de consumidores de porno de gigantes a sitios como Pornhub. Del mismo modo, el aumento en las ventas de Domina podrían ser sólo miembros de la comunidad que ahora buscan videos hechos a la medida que sean rentables y que provengan de productores de fetiches generales en lugar de comprar videos a los antiguos y grandes productores del porno de mujeres gigantes.

Si se entiende de esa manera, la historia de este tipo de porno es un sólido estudio de caso sobre cómo los informes de tendencias de búsqueda en internet podrían no decirnos tanto sobre el cambio de las preferencias sociales como las noticias construidas a su alrededor podrían hacernos pensar. A veces, sólo reflejan trastornos turbulentos en un mercado que cambia rápidamente, y el éxodo de las bases de fans de un rincón de internet a otro. Es algo difícil de entender. Aún así, las cifras son un testamento de una verdad larga y estable: los fetichistas del porno de mujeres gigantes podrían ser pequeños, pero tienen un apetito increíblemente masivo.

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