Hice (y me hicieron) sexo oral con las famosas Halls negras


La primera vez que supe que las Halls negras funcionaban con fines sexuales fue gracias a un meme de Squirtle —un tipo de pokémon, para los no iniciados en el mundo friki— que decía “vamo a chupa”. En el meme, la poketortuga estaba sosteniendo un empaque de estas pastillas. Tiempo después el Tren del Mame hizo lo que mejor sabe hacer y más memes comenzaron a surgir, popularizando lo que hasta entonces era una leyenda urbana: las Halls de menta extra intensa proporcionaban un efecto placentero al momento del sexo oral.

La cosa fue tan lejos que la misma marca capitalizó esta fama e incluso el 14 de febrero Halls hizo un posteo en sus redes sociales que se volvió viral: en él compartían la famosa pastilla rodeada de un halo de color azul neón y el hasthtag #AtréveteASentirla. El texto que acompañó a la imagen decía: “no todos los 14 de febrero son rosas. Descubre la frescura más intensa y #AtréveteASentirla”. Si la misma marca insinuaba que, en efecto, las pastillas servían para algo más que refrescar la garganta, eso sólo aumentó mi curiosidad de saber qué demonios se sentía.

La primera bronca fue conseguirlas. A pesar de que en su Facebook aseguran que puedes comprarlas en cualquier tiendita, intenté en un Oxxo, en un Walmart, en un Seven Eleven y fracasé monumentalmente. Luego googleé y resulta que había escasez de la famosa pastilla y no sólo eso: incluso supe que se venden ya en algunas sexshops como “intensificadoras” de sexo oral, por supuesto más caras de lo que cuestan en las tienditas. También las busqué por Mercado Libre y —¡tarán!— vi que ahí se pueden conseguir fácilmente desde paquetes individuales, hasta tubos y lotes de bolsas enteras. En esa página, los precios oscilan entre los 50 y los 1,000 pesos, dependiendo de la cantidad y la presentación.

Ya estaba resignado a que me iba a salir más caro el envío que las pastillas —o a que iba terminar haciendo una cooperacha entre mis cuates para pedirlas en grupo— cuando mientras hacía el súper, en la zona de cajas, me topé con ellas. Lo mejor de todo es que estaban a precio normal, no encarecidas e infladas como están en diversas páginas de internet. Ni tardo ni perezoso, me compré varios tubos. Y es que no están ustedes para saberlo, pero yo sufro de sinusitis. Así que si resultaba que para el sexo eran un fiasco, al menos me ayudarían a respirar mejor.

Luego vino la parte de decirle a mi bato que tenía una actividad “lúdica” qué proponerle. Él siempre se presta a mis perversiones —por eso es que adoro tanto a ese cabrón— y algo me decía que esta vez no iba a ser la excepción. Además yo sabía que él también había visto los memes, así que seguro también tenía curiosidad. Lo siguiente fue elegir la sede del experimento: bien podíamos haberlo hecho en mi depa, pero decidimos aventarnos un rico hotelazo.

El secreto está en soplar

Ya en el hotel procedimos a darle rienda suelta a nuestro trabajo de campo. Después de un rato de faje, fue él quien dijo: “ya saca las Halls negras, ¿no?”, así que me dirigí por los empaques y los puse en el buró. Al romper la envoltura y sacar el caramelo, lo primero que vi fue su cara de extrañeza, porque, según me dijo, él pensaba que la pastilla era negra. Y no, las pastillas son transparentes con unas “perlitas” azules de mentol encapsuladas en el caramelo.

Me la llevé a la boca. Después de darnos el primer beso y ya encuerados procedí a hacerle sexo oral. “¿Qué sientes, se siente algo?” le pregunté después de un par de chupadas con la pastilla entre mi lengua y su pene. “Pues sí se siente rico, como que fresco”. Luego recordé lo que había leído en una de mis investigaciones: también se podía “soplar” la zona con el aliento fresco de la pastilla. Él me confirmó que, en efecto, los soplidos se sentían muy bien. Por supuesto yo también quería sentir, así que después de un rato de hacerle sexo oral, procedimos a ponernos en posición de 69. Ahora era su turno de ponerse también una pastilla en la boca y a mí de experimentar la frescura prometida. En efecto: no mames, qué rico. Creo que lo más placentero no estaba en el frotamiento directo del caramelo contra mi pene, sino más bien la parte de soplar aire fresco sobre mi verga. Sentía un contraste delicioso entre su boca tibia y el aliento frío causado por el mentol.

Por supuesto, después de un rato de disfrutar esa nueva experiencia, quise saber cómo se sentiría eso mismo, pero en el culo. Comencé a lamérselo y a soplarlo también y por la manera en la que se contraía sabía que le estaba gustando. No se lo tuve que pedir: en unos momentos él también ya estaba lamiéndome y soplándome el culo con ese aliento frío y WOW.

“¡No manches, acaba de pasar un accidente!”

Seguimos en el 69, alternando entre las lamidas de culo y pene, cuando de repente me dijo alarmado: “¡no manches, acaba de pasar un accidente!”. Lo primero que pensé es que tal vez se me había irritado demasiado la zona de tantas lamidas con algo que a lo mejor tenía un químico extraño. De inmediato me vinieron a la mente algunas cosas que leí, como una nota periodística en la que una chava se ahogó con una pastilla al mamarle la verga su novio y otro video que vi donde decían que no aconsejaban usarlas porque podían causar alguna hipersensibilidad o hasta sangrado.

Tratando de tranquilizarme —todavía en posición de 69— le pregunté que qué había pasado. “¡se te fue por ahí”. Ahora que lo escribo me da un chingo de risa, pero en ese momento de verdad no lo podía creer. Y es que claro, estaba tan excitado que el culo se me dilató entre tantas lamidas y en algún momento el esfínter, al volver a su estado normal, hizo una especie de succión y ¡boom!, literalmente “me comí” la pastilla por el ano.

Primero pensé que a lo mejor el mentado caramelito me podía irritar la zona del recto, pero después pensé que no era para tanto. Además mi chico me dijo que lo que quedaba de la pastilla ya era muy poco, lo que me ayudó a tranquilizarme. Como él es médico, me dijo que era improbable que me pasara algo, que el producto se disolvería fácilmente, si no es que yo lo expulsaba después. Nos reímos un poco y dejamos las mamadas por la paz. Como todavía seguíamos calientes procedimos a coger, alternando los roles sexuales, como buenos versátiles que somos. Cuando a él le tocó cogerme a mí, me dijo: “no lo vas a creer, pero siento fresco el pene”. Y pues claro: la pastilla seguía ahí y cada que él me la metía es como si yo le siguiera soplando el pene con la Halls negra. Digamos que mi culo estaba haciendo la labor que hasta hace un rato había desempeñado mi boca.

¿Conclusiones? 1) Sí, la famosa pastilla sí sirve. La mejor sensación se logra soplando el aliento frío sobre la zona genital o anal de la pareja. 2) Aunque es difícil de encontrar, sí se puede hallar en el súper (yo la compré en La Comer); no es necesario pagar por ella precios inflados y ni esperar engorrosos tiempos de envío. 3) Si deciden usarla es bajo su propia responsabilidad; recuerden que ya una chava murió asfixiada porque se la empujaron hasta el fondo de la garganta con el pene, o en mi caso, se me fue por una zona que no estaba pensada y terminé con horas de frescura anal no planeada. ¡Suerte y felices cogidas!

http://ift.tt/2ufF1w9

Anuncios

Y tu que opinas???

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s