“Me pagan por ser bonita”: Algunas personas nos cuentan las cosas más raras que han hecho por dinero


El dinero, papel moneda, cash, lana, plata, feria, es una de las pocas cosas (o la única) que tiene el poder de convencer a cualquier persona de hacer algo. Pienso que todos tenemos nuestro precio, y es cuestión de que nos oferten el número adecuado para realizar algo que dijimos que “nunca íbamos a hacer”. Siempre queremos más dinero, es una constante que jamás desaparece. Lo peor es que mientras más lana estemos produciendo, pues más queremos. El dinero atrae más dinero y gastos. Es un ciclo de nunca acabar, jamás estaremos felices con el dinero que hacemos mensualmente y siempre vamos a querer “algo más”. Siempre.

He tenido chambas extras un poco raras en mi vida: poner música en desfiles de modelos —ajá, imagínense cuántas canciones de The Strokes sonaron en esas pasarelas a petición—, entrenador sub 14 de un equipo de futbol, y mi favorita: cuidador de perros.

Tener dinero extra es algo seductor y más cuando es una chamba relativamente fácil o de un par de horas. Para saber a qué niveles está dispuesta a llegar la raza humana por un poco más de dinero en sus cuentas, platicamos con algunas personas para saber las cosas más raras que han hecho por dinero.

Pintura de Anna Ancher

Laura, 24 años, periodista que trabajó tejiendo suéteres durante un mes

Mi mamá lleva mucho tiempo como costurera, es una de las más buscadas de la ciudad y normalmente tiene que escoger entre sus pedidos para ver cuáles son los que sí les da tiempo hacer. Un día me dijo que una de sus ayudantes tenía un espacio para tejer unos suéteres de sus familiares y que pagaba excesivamente bien. Yo tenía pensado viajar en vacaciones con mis amigos, y para eso obviamente necesitaba dinero. Cuando acepté, me envió una caja llena de suéteres de lana, como de abuelita. Le pregunté y me lo confirmó, absolutamente todos eran de abuelas y tías, así que en resumen: pasé un mes entero tejiéndolos para poder irme a la playa en paz.

María, 23 años, licenciada que gana dinero por comer en restaurantes

Estoy estudiando en el DF y la ciudad terminó siendo más cara de lo que pensé. Lo primero que se me ocurrió fue buscar alguna agencia de modelos para ver si lograba alguna lana extra que me ayudara. Entré a una y ahí me presentaron una aplicación en la que subes fotos para crear un perfil y hacer reservaciones en ciertos restaurantes inscritos en la app. Los restaurantes que están inscritos buscan personas que sirvan de “imagen” para sus eventos y cosas por el estilo. La mayoría de las veces que reservas, te contacta el encargado —si le gustó tu perfil—, para que vayas a comer y tomar gratis, con la condición de estar ahí por varias horas.

Aplicación para reservar cenas

No todos los restaurantes pagan, a veces puedes reservar sólo para ir a comer gratis, pero los que pagan lo hacen bien: desde 800 a 2000 pesos además de la comida y el alcohol. Básicamente me pagan por ser bonita.

Ronald, 28 años, contador público que fue chofer del abuelo de su mejor amigo

El abuelo de mi mejor amigo, es como si fuese uno más de nosotros. Incluso siempre he estado seguro de que sabe que fumamos mota en el cuarto y cosas así. Él vive en el piso de abajo. Mi amigo lo llevaba a todos lugares, incluso lo llevó a un viaje que tuvimos en Buenos Aires, la verdad todo muy chido. Lastimosamente, mi amigo se tuvo que mudar del país y quedó su abuelo solo y ya no salía tanto de su casa. Un día me llamó preocupado porque el abuelo se estaba deprimiendo, ya que no podía salir solo a la calle, y me propuso pagarme diariamente por sacar a pasear al abuelo y llevarlo a hacer sus diligencias. Ser su chofer y acompañante. La verdad es que no tenía chamba en ese momento y estaba urgido de dinero, así que acepté sin dudarlo. Lo llevé a la alberca, al centro comercial, a comer, a tomar café y cosas así. Por momentos pensaba que estaba viviendo una película y el abuelo de mi amigo era una especie de Robert De Niro.

Daniel, 26 años, ingeniero en sistemas que presentó exámenes de matemáticas de un amigo durante un trimestre

Siempre he sido muy bueno en matemáticas, la verdad se me dan muy fácil y nunca me costó en la escuela. Uno de mis amigos reprobó estadística más de cuatro veces y ya no sabía qué hacer. Inscribió la materia con distintos profesores y hasta contrató maestros particulares, pero aún así no logró aprobarla. Estudió Comunicación Social y debido a esa materia no podía avanzar de año. En su desesperación, me ofreció por Facebook casi el doble de lo que ganaba en mi chamba al mes por asistir a esa clase —con un profesor que no lo conocía— y presentar sus exámenes. La verdad fueron los tres meses que hice más dinero en mi vida y de la manera más fácil, ya que esa asignatura me encanta. Lo podría volver a hacer si alguien más me busca.

Carlos, 29 años, abogado que fue fotógrafo de iglesias durante fin de semana

Recuerdo que caminaba cerca de mi departamento cuando vi un letrero que decía “se busca fotógrafo de fin de semana para la Iglesia San Isidro”. Pensé que era una broma, pero llamé por mera curiosidad para ver qué tanto ofrecían. Me atendieron el teléfono en chinga y me dijeron que fuera a “una entrevista” en la iglesia un par de horas más tarde. Asistí, hablé con el cura del lugar y me dijo que necesitaba “fotos profesionales” para la remodelación de los espacios de la iglesia. Fui sábado y domingo, hice fotos de todo el lugar, del cura dando la misa y de la gente que asistió los dos días. La verdad me pagaron muy bien, además de que no tenía otro mejor plan ese fin de semana.

Manuel, 18 años, estudiante de ingeniería que recogió pelotas de un equipo de futbol de primera división durante cuatro partidos

Siempre me ha gustado mucho el futbol, ha estado en mi vida desde que tengo uso de razón. Lo practiqué desde pequeño pero nunca tuve algún chance real de llegar a profesional. Me fui por ingeniería civil, pero mi interés por el futbol nunca disminuyó. El hermano de uno de mis amigos es central titular en el equipo de mi ciudad, y pues un día me sugirió que debería ser recoge pelotas, ya que era la manera más fácil de estar cerca de los jugadores y de “influir” en el juego sin estar en el equipo. Hablamos con su hermano y a los días me presentó al encargado. La verdad es que yo lo hubiera hecho gratis, pero igual me pagaron y me dejaron presenciar los entrenamientos del equipo. Es quizás lo más cerca que puede estar un mortal de la cancha, y lo más chido (si te toca cerca de los bancos de suplentes) es que escuchas absolutamente todo lo que dice el entrenador a su equipo. Te sientes parte del juego.

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