Por qué el país más seguro del mundo produce tantos terroristas del Estado Islámico


Dos mujeres fueron apuñaladas mortalmente en Turku el viernes 18 de agosto en lo que las autoridades consideran el primer atentado terrorista que sucede en Finlandia. Las víctimas, de 66 y 31 años, fallecieron, mientras que otras ocho resultaron heridas por Abderrahman Mechkah, un chico de 18 años originario de Marruecos y principal sospechoso, quien, según cuentan las víctimas, gritó, “Allahu akbar” mientras perseguía a varias mujeres durante la matanza, antes de sufrir un impacto de bala en la pierna por parte de la policía.

Las autoridades no han confirmado si realmente gritó “Allahu Akbar”, si bien están tratando el incidente como ataque terrorista, del cual las mujeres parecían ser el principal objetivo.

Por lo visto, Mechkah inmigró a Finlandia el año pasado en busca de asilo y estuvo viviendo en un primer momento en un centro de menores, pero luego se trasladó al centro de acogida de Pansio, el más importante de la ciudad. Otros cuatro marroquíes fueron arrestados en las afueras de la ciudad durante un registro de propiedades, y se ha expedido una orden de captura internacional de un sexto sospechoso. Las investigaciones de la policía siguen en curso.

Este suceso ha provocado cierta conmoción e incredulidad sobre el hecho de que el terror islamista haya llegado al país, reconocido a principios de este año como el más seguro del mundo. Pero Finlandia ha ignorado el problema islamista durante muchos años, y desde 2013, el Estado Islámico ha estado planificando ataques contra el país al que muchos de sus mejores combatientes extranjeros consideraban su hogar.

El último y más significativo estudio sobre los combatientes extranjeros en Siria reveló que, a nivel mundial, en este rincón tan tranquilo de Europa se encuentra el mayor porcentaje de musulmanes per cápita que se une al Estado Islámico. No obstante, desde los servicios de inteligencia finlandeses (SUPO) insisten en que esta cifra de personas radicalizadas sigue siendo baja y refleja la homogeneidad del país: unos 80 adultos y unas cuantas docenas de niños.

Lo que sorprende es el éxito que estos individuos han tenido en la organización, y que la cifra supera al 1 por mil, lo que significa que un 0.166 por ciento de toda la población se unió al Estado Islámico.

Finlandia ha ignorado el problema islamista durante muchos años, y desde 2013, el Estado Islámico ha estado planificando ataques contra el país al que muchos de sus mejores combatientes extranjeros consideraban su hogar

Desde el pasado junio, SUPO asegura haber estado siguiendo a 350 islamistas potenciales, considerados “personas de interés”. La cifra ha incrementado un 80 por ciento desde 2012. A principios de este año, la policía de Turku recibió una pista que decía que Mechkah “parecía haberse radicalizado”, y la pasaron a SUPO, aunque Mechkah no formaba parte de los 350 a los que se estaba rastreando.

La portavoz de SUPO, Verna Leinonen, me explicaba en junio que cabía remarcar que las autoridades se tomaban el asunto de la amenaza islamista muy seriamente, pero se negó a dar ejemplos de qué medidas estaban tomando. “Aquellos que han ido (a Siria) poseen 19 orígenes étnicos distintos. No todos tienen el mismo perfil y tampoco hay ninguna explicación de por qué deciden ir”, aseguraba Leinonen.

Juha Saarinen, investigador especializado en terrorismo en la universidad pública King’s College London, ha estado recopilando información sobre el flujo de combatientes procedentes de su país natal desde 2013, y ha descubierto ciertos grupos distintivos cuya representación resulta excesivamente alta, entre ellos individuos que se han convertido al islam recientemente, nativos somalíes, e individuos procedentes de comunidades somalíes.

“Finlandia no ha tenido ningún antecedente con las actividades yihadistas, sino que ha sido algo que ha evolucionado con el conflicto sirio; la constante actividad de Estado Islámico en estos últimos años también ha influido significativamente”, explicaba. Examinando cuidadosamente información de dominio público, Saarinen detectó a más de 25 fineses que salieron de su país para combatir.


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“El yihadismo en Finlandia ha crecido durante los últimos cinco años. Cada vez la gente se muestra más activa en el fomento de la ideología y de los actos por parte de los distintos grupos yihadistas”, decía Saarinen.

“Desafortunadamente, varias de esas personas ha venido a Finlandia como refugiadas o en busca de asilo en los pasados dos o tres años. Esto ha influido negativamente en nuestra percepción de la amenaza terrorista, que ha aumentado tres veces en tres años”.

El inglés se enseña desde los siete años en la escuela, lo que ha llevado a varios expertos a atribuir el auge del Estado Islámico a los numerosos canales de propaganda online en inglés.

Abdullah Al-Finlandi es un finés que se consideraba totalmente ateo, pero que a los 17 años se convirtió al islam y pasó a ser un defensor de al-Qaeda, “en prácticamente seis meses”. Antes de esto, en 2013, intentó viajar a Siria.

“Yo trabajaba para el Estado Islámico antes de que se generalizara, antes del califato”, me explicaba entre risas. “Ya sabes, mucha gente empieza a interesarse por el grupo después de haber conseguido grandes territorios. Algunos de nosotros recordamos cuando sólo controlaban pequeñas áreas del país. Es gracioso, yo siempre le digo a la gente que era uno de los más modernos del Estado Islámico”.

“En verdad no existe ninguna ley que prohíba el terrorismo en Finlandia, así que yo simplemente lo llamo ‘libertad de expresión'” — Abdullah Al-Finlandi

Aunque Jabhat al-Nusra fue inicialmente defensor de los miembros de al-Qaeda en Siria, su ascenso dentro de Estado Islámico fue rápido. Él llevaba la que llegó a ser su mayor cuenta de Twitter, @Muhajid4Life, toda en inglés, desde su casa en el sur de Finlandia.

Al-Finlandi sigue con el nombre que utilizaba cuando estaba en Estado Islámico, pero su acento inglés hace que parezca de Oriente Próximo, lo cual él atribuye a que habla en árabe y en inglés con sus amigos. Durante nuestras entrevistas, salta al árabe con frecuencia y utiliza la palabra funny (gracioso) para describir cosas que no lo son.

“En verdad no existe ninguna ley que prohíba el terrorismo en Finlandia, así que yo simplemente lo llamo ‘libertad de expresión’. Supongo que pensarán que fue inteligente por mi parte, ¿verdad?”, alardeaba él. “Es gracioso porque yo colaboraba ya con Estado Islámico, pero no estaba incumpliendo la ley, así que no podían arrestarme”.

En diciembre del año pasado, los legisladores fineses aprobaron una ley que prohibía salir del país para participar en la guerra de Siria. Desde entonces, no se ha arrestado a nadie, pero el fiscal Tom Laitinen explicaba que “las posibilidades de procesar a sospechosos son mayores ahora, este es el momento”.

La gran mayoría de los que viajaron para luchar junto al Estado Islámico lo hicieron entre 2013 y 2015, pero, según Latinien, no habrá más enjuiciamientos con carácter retroactivo a menos que exista una clara evidencia de que el individuo haya sido responsable de un crimen de guerra o de un atentado terrorista estando allí. En las ocasiones excepcionales en las que exista una ley que permita procesar a los yihadistas, los tribunales fineses no podrán ofrecer ningún elemento disuasivo.


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En el primer juicio por atentado terrorista del país, en 2013, se identificó a tres hombres, responsables de llevar la financiación y el reclutamiento para al-Shabaab. “Fueron imputados y se les liberó, tras haber cumplido simplemente la condena de prisión preventiva”, explica Saarinen.

Al-Finlandi, que ahora tiene veintitantos y trabaja en un supermercado, se pone filosófico al hablar de cuando estuvo en el Estado Islámico. Cuando se convirtió, empezó a buscar “la forma más pura del islam, el salafismo”, dice, “pero cometí el error de introducirme en el yihadismo”. Él cree que le atrajo la propaganda online de al-Qaeda –incluso por la revista Inspire–, pero admite que también influyeron mucho elementos ajenos a internet, como las amistades que hizo y las redes sociales de las que era miembro.

“Los combatientes fineses del Estado Islámico lo hacen mucho mejor que otros países europeos gracias al servicio militar, obligatorio para todo el mundo” — Abdullah Al-Finlandi

“Cuando anunciaron el califato, nos quedamos en shock. Aunque no acababa de entender lo que sucedía, no pude estar más contento”, confiesa. “De la gente que conocí, la mayoría de ellos están muertos o siguen todavía en Siria. Es gracioso porque muchos reconocieron que yo los inspiré para ir, y de esos algunos acabaron muertos, pero así es la vida”.

Nos explica que muchos de sus antiguos compañeros esperaron a acabar el servicio militar obligatorio en Finlandia para estar preparados.

“Los combatientes fineses del Estado Islámico lo hacen mucho mejor que otros países europeos gracias al servicio militar, obligatorio para todo el mundo, a menos que tengan una razón de peso para estar exentos […] Algunos de los que tenían que hacerlo, lo empezaron antes de manera voluntaria, y luego volvieron a ir. No estoy seguro de si los que hicieron el servicio militar conmigo siguen vivos, pues dejé el ejército en 2015, pero creo que la mayoría sigue con vida. Es un tema de experiencia en combate, y lo que contribuye a mejorar el instinto de supervivencia y las capacidades y el sentido común, también contribuye a esto”.

El primer terrorista suicida del Estado Islámico en Finlandia, Abu Hurairah Finlandi, era un suboficial en la armada finesa, es decir, tenía un año de experiencia en combate y había hecho el servicio militar. Otro combatiente, también antiguo amigo de al-Finlandi, se cansó del servicio militar, lo dejó, y se fue directo a Siria a unirse a Estado Islámico.

Entreno de francotiradores en Finlandia. Foto del autor

Los finlandeses siempre han sido famosos por sus capacidades militares, y en el servicio militar lo que se enseña generalmente es el manejo de armas, el disparo a larga distancia y desde escondites, y “dependiendo de tu papel, si eres un combatiente médico, aprendes algunas tácticas para crear municiones, cómo manejar explosivos y cómo utilizarlos para fabricar bombas”.

A los francotiradores finlandeses en particular se les ha conocido siempre por sus habilidades y, además, el país es el tercero del mundo con la tasa más elevada de posesión de armas. El ejército finlandés fue el responsable de ayudar a entrenar a los Peshmerga en su lucha contra Estado Islámico.

“Lo que he descubierto en mi investigación es que hay muchos finlandeses que han ido al servicio militar y luego se han quedado”, explicaba Saarinen. “Lo que sucede es que algunos de ellos hicieron el servicio militar para adquirir una serie de conocimientos que podrían potenciar cuando se unieran a un grupo que actúe en una zona de conflicto”.

Para Abdullah Al-Finlandi, que ahora se considera salafista “de los de verdad”, el fin de su viaje con el Estado Islámico no tuvo nada que ver con su compromiso con SUPO ni con las autoridades. Él abandonó Estado Islámico cuando Twitter cerró su cuenta por publicar las primeras imágenes del asesinato en el que decapitaban al periodista estadounidense James Foley.


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“Cuando el Estado Islámico empezó a meterse con los periodistas, al principio no me afectó tanto porque lo justificaban diciendo que estaban matando espías […]Para mí tampoco era un problema en aquel entonces ver una decapitación. Al poco de publicar las fotos, me citaron como la fuente principal de información por haber difundido capturas de pantalla del asesinato. Conseguí miles de seguidores. Es surrealista porque ahora solo tengo unos pocos en mi cuenta en comparación con los de antes.

Al-Finlandi ha pasado el último año en lo que él describe como un período de reflexión personal, en lugar de someterse a un programa de desradicalización, pese a que, desde 2016, en Finlandia existe uno dirigido por la ONG Radinet. Cuando le preguntamos en junio cómo se sentiría si parte de la propaganda de Estado Islámico que difundió inspirara a alguien a cometer un atentado, acabó poniéndose serio.

“No puedo fustigarme y pensar, ‘Oh, lo que he hecho es horrible’, porque soy totalmente responsable de ello. Al fin y al cabo, lo hecho, hecho está”.

“Siendo totalmente sincero, creo que lo importante de un atentado es el cuándo, no el si. Las autoridades finesas son poco estrictas y están muy relajadas. Creen que no hay una amenaza real, pero están muy equivocados, pues no tienen en cuenta a los lobos solitarios. Y deberían tener mucho cuidado con esto porque realmente es muy fácil que pase; no hace falta un grupo organizado.

“Las autoridades deberían ser muy, muy, muy precavidas, porque puede suceder de un momento a otro. Ya sabes, un chaleco con explosivos no es tan difícil de fabricar. Yo espero que no vuelva a suceder, pues sería muy mala suerte, pero nunca se sabe”.

Las conversaciones de Al-Finlandi con SUPO le han dejado claro que no entrará a la cárcel porque no ha incumplido ninguna ley.

@LaraWhyte

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