Por qué el porno clásico sigue teniendo demanda


Cuando Playboy anunció en octubre de 2015 que no publicaría más fotos de desnudos, los directivos de la compañía insinuaron que aquellos que quedaban de la vieja escuela, consumidores del porno clásico, eran nuevas víctimas de internet.

“Estás a solo un clic de ver todo el porno que puedas imaginar, y gratis”, afirmó Scott Flanders, director general de Playboy Enterprises, sobre la decisión en aquel momento. “El porno clásico está pasado de moda.”

Flanders podría tener razón pero, a pesar de que las innumerables páginas web gratuitas, donde cualquiera puede subir videos sin necesidad de consultarlo con los creadores de contenido, y las páginas porno de pago parecen estar convirtiendo el porno clásico en un anacronismo, sigue habiendo publicaciones de desnudos en algunas gasolineras y tiendas. Si bien Penthouse comunicó recientemente el cese de su tiraje impreso, publicaciones de menos peso como Cheri Magazine y Barely Legal siguen circulando, y los sex shop siguen vendiendo DVDs porno. Pero, ¿quién los compra?

Una estantería cualquiera de una sex shop. Foto por Reuters.

Es evidente que la nostalgia, el acceso limitado a internet, la necesidad de privacidad, y las preferencias de calidad han tenido mucho que ver aquí.

Los consumidores que siguen optando por el porno clásico son, por lo general, más mayores y menos afluentes, declara Mike Stabile, documentalista centrado en la pornografía y que trabaja como director de comunicación para la empresa Free Speech Coalition, dedicada a la industria del porno. Aunque muchos de nosotros utilizamos los smartphones y dispositivos portátiles, el 15 por ciento de los estadounidenses seguía sin usar internet en 2015 debido a la edad de los consumidores u otras dificultades. Otros motivos eran el no tener internet en casa o medios seguros para ver el contenido adulto.


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Este problema será posiblemente mucho más grave para la gente que no puede consumir pornografía con total libertad a causa de sus “nichos” o intereses estigmatizados —como la pornografía gay o el BDSM—, o de vivir en una comunidad intolerante. Para ellos, el porno clásico ofrece un nivel de privacidad que no pueden encontrar en internet.

“Con un DVD porno es siempre mucho más fácil saber si lo tienes escondido o no, mientras que una página web puede aparecerte en cualquier momento después de haberla visitado, por las cookies o el historial del navegador”, explicaba Stabile. “Pasa lo mismo con las revistas, no es complicado esconderlas y, si están escondidas, no es tan fácil llegar a ellas. Yo soy gay y puedo asegurar que si hubiese crecido sin acceso a una computadora propia, sería mucho más reticente a la hora de utilizar internet para ver porno gay”.

Con un reproductor de DVD que te cuesta 20 dólares y un DVD de un dólar, teóricamente, podrías disponer de porno toda la vida

El porno clásico, además, es más rentable a largo plazo, pues el pagar solo una vez por un DVD es mucho más económico que pagar la factura mensual de internet. Con un reproductor de DVD que te cuesta 20 dólares y un DVD de un dólar, teóricamente, podrías disponer de porno toda la vida. Lo mismo sucede con las revistas.

Puede que esta opción no resulte tan atractiva para muchos, pero para otros sí. Algunos prefieren la pornografía clásica por su calidad, decía Stabile. Saben que cuando reproducen un DVD que han comprado, podrán disfrutar de su alta calidad, verlo entero y reproducirlo tantas veces como quieran, a diferencia de un video borroso en alguna página web, que podría desaparecer en cualquier momento.

Según Carol Queen, sexóloga —persona que, científicamente, estudia la sexualidad del ser humano— en la sex shop de San Francisco Good Vibrations, la pornografía clásica y la vintage también ofrecen cierto sentimiento de nostalgia para aquellos que empezaron a consumirlaantes de la aparición de PornHub. Queen contaba que para muchos clientes, las revistas, DVDs y otros materiales físicos crean una conexión tangible con la pornografía con la que la versión digital no puede competir.


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“No se trata sólo de mirar fotos de gente sexy haciendo cosas candentes, ya que también puedes hacerlo como la primera vez que lo descubriste, aunque eso pueda afectar emocionalmente a algunas personas, pues es como escuchar canciones de cuando eras adolescente”, explicaba Queen por correo. “Lo que sea que experimentes ahora no tiene por qué afectar a aquello que descubriste de adolescente o cuando eras mayor”.

Además, Queen decía que el hecho de ir a buscar porno en persona también tiene un toque erótico, es decir, el hecho de ir físicamente a una sex shop, quizás con tu pareja, y encontrar algo en la estantería que te atraiga.

Foto por el usuario de Flick Morten Just

“Conseguir los DVDs también tenía su morbo, pues debías encontrar el correo electrónico correcto o ir a una sex shop, explicaba Queen. “Ese proceso de búsqueda era igualmente excitante”.

A pesar de estas observaciones sobre el porno de la vieja escuela, el uso de los DVDs pornográficos está disminuyendo. El director general de la gran compañía porno Vivid, Steven Hirsch, estimó en 2015 que las ventas de DVDs de su empresa habían disminuido un 80 por ciento desde el 2010. Stabile afirmó haber hablado con diversas fuentes de la industria pornográfica que aseguraban que 2016 sería el último año en el que los DVDs estarían en el mercado.

“Mientras las tiendas sigan comprando DVDs en estas grandes cantidades, las compañías del sector seguirán produciéndolos. No obstante, los pedidos son cada vez más pequeños, así que dichas compañías no tardarán en dejar de realizar sus encargos”, decía él.

Forbes se atrevió a decir que incluso preveía un retorno del porno clásico, similar al renacimiento que se produjo recientemente del vinilo

Esto no son buenas noticias para los actores y modelos del sector, pues el comprar copias físicas de pornografía, ya sea una revista o un DVD, es lo que les asegura el sueldo. Como la gran mayoría de consumidores de porno han pasado a piratear la pornografía, el sector ha sufrido una crisis que ha obligado a que más del 80 por ciento de las empresas dedicadas al porno luchen por permanecer abiertas o cierren totalmente.

Pero siempre habrá un lugar en este mundo para la versión impresa, según Sarah Forbes, antigua directora del Museo del sexo de Nueva York. Forbes se atrevió a decir que incluso preveía un retorno del porno clásico, similar al renacimiento que se produjo recientemente del vinilo entre los coleccionistas de música hardcore y los adictos a la moda urbana.

“Con una revista Playboy de los años setenta puedes transportarte a otra época y a otro lugar en cuanto al sexo y a la sexualidad”, decía ella. “Como directora de un museo de sexo, a todas esas colecciones les tengo reservado un hueco importante en mi corazón. Para mí es importante preservarlas, aunque parezcan arcaicas, pues en no mucho tiempo serán ejemplos de nuestra propia historia”.

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