Inyecté bótox en mi escroto para que luciera mejor


Este artículo se publicó originalmente en Tonic, nuestra plataforma dedicada al mundo de la salud.

Scrotox. Si estás pensando que suena como un término compuesto por escroto y bótox, tienes razón. Lo siguiente que podrías pensar es, “¿por qué alguien querría que le inyectaran una neurotoxina en las bolas?” Es lo que estaba reflexionando cuando leí el encabezado de una nota que sugería esta práctica.

El bótox y otras neurotoxinas del mismo tipo se inyectan en el cuerpo para relajar los músculos. Para uso cosmético, están aprobadas por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) para relajar los músculos faciales que utilizamos para sonreír, fruncir el ceño y, en tiempos más recientes, reaccionar a los tuits que el presidente Trump manda desde su inodoro a las 6 AM. Esta parálisis muscular parcial y temporal reduce la aparición de arrugas en la frente y alrededor de los ojos. Dado su aspecto híper-arrugado, era solamente cuestión de tiempo (en conjunción con el capitalismo tardío) antes de que la idea de alisar nuestras bolas se le ocurriera a las mentes emprendedoras. Es correcto: la gente está pagando grandes sumas de dinero por escrotos más suaves.

Un rápido recordatorio para estas personas: “Las arrugas en tu cara no están ahí para protegerte; tu cara se arruga a medida que envejeces”, dice Seth Cohen, urólogo y profesor de urología del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, quien informa que muchos de sus pacientes le han preguntado sobre el tratamiento de Scrotox. “Las arrugas de tu escroto están ahí porque son funcionales, te protegen de las lesiones y ayudan a tus testículos a producir esperma de manera segura”.

En los seres humanos, el escroto alberga a los testículos, los cuales producen el esperma que, una vez que encuentra su camino hacia un óvulo, sirve para crear más seres humanos, porque aparentemente no somos bastantes en este mundo. Cuanto mayor sea la calidad y la cantidad de esperma de un hombre, mayor será la probabilidad de que sus genes sean transmitidos.

Pero las condiciones para fabricar lotes y lotes de esperma sensacional son muy específicas, en particular la temperatura. La temperatura óptima para la producción de esperma es de 35 grados centígrados. Sin embargo, la temperatura central del cuerpo humano es de 37 grados centígrados. Esta inconveniente verdad es la razón por la cual los varones y otros mamíferos terrestres (excepto los rinocerontes, curiosamente) cargan consigo sus posesiones más valiosos en una divertida bolsita hecha aparentemente de piel de codo sobrante que cuelga de manera vulnerable entre las piernas.

La temperatura alrededor de nuestros cuerpos y nuestras gónadas fluctúa todo el tiempo, lo que significa que los testículos se relajan y se contraen constantemente y se mantienen en movimiento para mantenerse en la zona dorada. Podrías pensar en el escroto como una adaptación evolutiva análoga a sacar una pierna afuera de las cobijas cuando te da demasiado calor.


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Pero una temperatura fluctuante no es la única razón para la sujeción escrotal y las contracciones testiculares. Los testículos también se retraen cuando hay peligro cerca —una respuesta de huir o luchar— y justo antes de la eyaculación. Los músculos cremáster y dartos son los que mantienen las nueces donde deben estar, desde una perspectiva biológica-imperativa. “Durante un período de actividad pesada como andar en bicicleta, correr o hacer ejercicio, el escroto se relaja y se contrae todo el tiempo, para proteger a los testículos de algún trauma”, dice Cohen. “Si relajas el escroto [con bótox], la función del músculo cremastérico no funciona, por lo que pondrás a tus testículos en riesgo de una lesión”.

El Scrotox básicamente deshace millones de años de evolución al poner estos músculos en modo de reposo, lo que da a los pacientes un escroto menos arrugado y que cuelga más bajo mientras esté bajo los efectos del bótox, entre tres y cuatro meses en promedio.

A pesar del hecho de que podría estropear la gloriosa función natural de las bolas, “la gente desea los testículos de un bulldog”, explica el cirujano plástico John Mesa poco después de presentarnos en su oficina de Nueva York. “Bolas que son más lisas, sí, pero que también cuelgan más abajo, con un aspecto más grande, con el balanceo y el golpeteo para la excitación sexual del hombre y su pareja”.

Esta última afirmación está respaldada por una amiga mía. “Hay algo que decir sobre las bofetadas en la vagina de unas bolas que se mecen con libertad”, contesta cuando le pregunto acerca de las virtudes de esa fruta colgante. “No es sólo el impacto, que es agradable, sino que también ofrece una sensación en la piel que se pierde con los condones”.

Mesa añade que algunos hombres que tienen el escroto más ceñido experimentan dolor cuando, debido a las bajas temperaturas, sus bolas se elevan y la piel de alrededor se contrae. Para estas personas —y para los tipos con sudoración excesiva— el Scrotox pretende ser una solución a un problema médico.

Transcurrieron veinticinco tensos minutos antes de que la crema me entumeciera por completo, lo que permitió a Mesa comenzar a administrar las inyecciones de diez o más jeringas alineadas sobre una mesa.

Con su acento colombiano agradablemente pronunciado, su traje azul ajustado, su bronceado dorado, su sonrisa burlona y su actitud tranquila, Mesa es el epítome del encanto. De hecho, mientras me muestra fotos de antes y después de uno de sus pacientes, su carisma es lo único que me impide salir por la puerta. A la izquierda: un conjunto perfectamente normal de testículos. A la derecha: un par de bolas que cuelgan perezosamente más cerca del piso que el pene que los precede. Este escroto con bótox se veía exactamente cómo el maestro de la comedia Dave Attell describió la apariencia de sus bolas: como una tienda de campaña que nadie sabe doblar. No era un look que yo deseara.

En este punto, vale la pena mencionar que si bien poseo varias características físicas que me disgustan activamente, mis testículos y escroto no están entre ellas. De hecho, creo que son impresionantes. Es un punto de vista que ha sido confirmado por varias parejas, una de las cuales vuela desde Singapur dos veces al año para acariciarlos durante largos períodos de tiempo.

Puesto con simpleza, son altos, apretados, limpios y cualquier buen ornitólogo que se precie de serlo observaría inmediatamente la semejanza de mi escroto con el pecho inflado de la “fragata magnífica” (Fregata magnificens). Para resaltar mi saco agradablemente rechoncho y bien ajustado, me depilo de forma impecable y le aplico con cuidado aceite de coco diariamente. Pero cuando lo llevé con Mesa para que lo evaluara, no comentó sobre el aspecto de mi escroto sino acerca de lo que estaba pasando dentro de él.

“Tienes una musculatura muy activa”, dijo. “Las pelotas… se están moviendo mucho”.

Siempre he sabido eso de mí mismo. Cuando me desnudo frente a una nueva pareja, en una clase de dibujo o en el doctor, mis pelotas giran, ruedan y se retuercen mientras tratan de esconderse como un par de niños tímidos detrás de las piernas de su madre. Al igual que los niños pequeños, pronto se acostumbran y luego se deleitan con la atención de los demás, pero normalmente tienen que pasar unos segundos antes de que estén listas para socializar.

“¿Esto significa que necesitaré más bótox que la mayoría de la gente?” Pregunto.

“Sí”, dice Mesa con una sonrisa de disculpa. “Creo que sí”.

Entonces le hice una pregunta bastante más seria:

“¿Tener las bolas más abajo y más grandes hará que mi pene parezca más pequeño?”

“Creo que sí, tal vez”, dice. “Pero tendrás bolas que cuelguen más, como las de un…”

“¿Bulldog?” Pregunto.

¡Sí, como las de un bulldog! responde como si eso fuera algún rasgo positivo.


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Mientras Mesa intenta crear una conexión entre las bolas colgantes y los caninos, yo las asocio con los viejos decrépitos que veo en el vestuario del gimnasio. Si bien me he pasado horas deseando tener un pene del tamaño de la berenjena que tan a menudo uso para simbolizarlo, nunca he codiciado un escroto que se parezca a un par de huevos de jade que cayeron por unos calcetines de nylon en una tienda de segunda mano.

Sin embargo, para aquellos que sí lo han hecho, algunos expertos nos recuerdan que la caída es una función normal del escroto, incluso sin las inyecciones tóxicas. “A menos de que tengas sexo en un refrigerador —la temperatura fría hace que los testículos se contraigan en el abdomen para obtener calor—, cuando estás desnudo y en un clima cálido durante la actividad sexual, el escroto debe descender normalmente mientras las temperaturas empiezan a elevarse”. Dice Cohen. “Pero es el 2017. Hacemos cosas divertidas en nombre de la vanidad y en nombre de una actividad sexual placentera”.

De vuelta en la oficina, estoy genuinamente nervioso cuando Mesa empieza a untar mis genitales con lo que me aseguró era una crema anestésica concentrada triple. Me dice que pondrá una cantidad generosa para minimizar mi incomodidad, pero resulta que un escroto anestesiado es muy incómodo. Estoy incómodamente entumecido: un precursor aparentemente apto para las inyecciones que “relajarán” más mis pelotas.

“Recuerda que el bótox es una enzima que paraliza los músculos”, dice Cohen. “Así que hay guías para el lugar donde debes poner el bótox y para la cantidad que puedes colocarte cada tantos meses”. Me advierte que si supero esa cantidad y entra en mi torrente sanguíneo, estoy en riesgo de parálisis e incluso de problemas cardíacos y pulmonares.

Transcurrieron veinticinco tensos minutos antes de que la crema me entumeciera por completo, lo que permitió a Mesa comenzar a administrar las inyecciones de diez o más jeringas alineadas sobre una mesa. Me dice que, como mucho, cada una se sentirá como una picadura de mosquito, lo que me lleva a preguntarme por el tamaño de los mosquitos a los que Mesa está acostumbrado en su natal Medellín.

El malestar se siente un poco más intenso a medida que avanza, y alcanza su cenit cuando mis cojones hiperactivos lo obligan a penetrar con mayor profundidad en los músculos que los rodean. Pierdo la cuenta de cuántas inyecciones me administra, pero después de unos diez minutos ha concluido. El bótox tarda varios días en surtir efecto, así que dejo su oficina con mis bolas entumecidas, ligeramente magulladas, pero en el mismo sitio en el que estaban cuando llegué.


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Cinco días después, el primer cambio que noto es la textura. La piel se siente un poco diferente. No es más suave, sino más parecida al papel. La suavidad llegó unos días más tarde, cuando miré mis bolas después de levantarme de la cama y me di cuenta de que lucían como lo harían después de una larga sesión en un jacuzzi a 40 grados centígrados. Durante los próximos días mis nueces se aflojaron aún más hasta que colgaron a la misma altura que la punta de mi pene. Mi escroto era más suave. Se parecía menos a un cerebro, lo suficientemente apretado como para rallar una zanahoria, y más a un par de piedras de río, redondas y lisas, meciéndose en un pañuelo de seda.

Afortunadamente, mis bolas colgantes no hicieron que mi pene se viera más pequeño como temía. De hecho, su posición más relajada permitía que mi pene colgara hacia abajo en lugar de ser empujado hacia fuera en un ángulo. Una de mis parejas regulares comentó favorablemente cuánto más grande lucía mi pene. Además de colgar más abajo en un escroto más espacioso, me dijo que era más satisfactorio manejar mis ciruelas, ya que parecían unas bolas baoding —las esferas chinas con campanas que se usan para aliviar el estrés— y que disfrutaba la sensación de pasarlas por su mano. Debo decir que yo también lo disfruté.

A pesar de considerar a mi tratamiento de Scrotox como una broma y lamentarlo antes, durante y después del procedimiento, tengo que decir que me encantan mis bolas más audaces, más grandes, y más libres y sueltas. Me gusta cómo se ven y se sienten, y la nueva dimensión que le dan a una relación sexual. Cuando pase el efecto del bótox y mis bolas comiencen a ceñirse una vez más, tal vez incluso decida visitar a Mesa una vez más… aunque probablemente no deba salir con nadie esa noche.

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