Hacen de la calle su nuevo hogar: ya son 70 mil las casas dañadas en Oaxaca


Hace ya casi un mes, el pasado 7 de septiembre, la fuerza de la tierra devastó Juchitán, una de las principales ciudades del estado de Oaxaca. Aquel día, sus 90.000 habitantes sintieron un terremoto de magnitud 8.2 sin saber que el desastre no acabarían ahí.

Sólo 16 días después —el 23 de septiembre— una réplica de 6.1 recordó a los oaxaqueños que la tierra no avisa, y fue entonces cuando más decididamente decidieron tomar las calles y montar sus carpas. Nadie quería vivir entre cuatro paredes con la incertidumbre de un derrumbe ante las constantes réplicas.

Con lo que tenían, colocaron en las calles y banquetas sus refugios comunitarios, algunos con lonas y trapos de tela, mientras que otros optaron por instalarse bajo un árbol. Los fogones se volvieron comunitarios y ahí entre los vecinos preparaban la comida para todos.


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Pero desde el domingo pasado las lluvias caen constantemente en esta ciudad, y las calles ahora parecen ríos y arroyos. Hoy los damnificados no sólo viven angustiados por las constantes réplicas sísmicas, que superan los 5.000 movimientos telúricos de mediana intensidad, sino que también la tristeza los invade. No hallan la salida.

En Juchitán, Unión Hidalgo, Ixtaltepec, El Espinal, Ixtepec, Comitancillo, Xadani, San Mateo del Mar, Ixhuatán, Niltepec y muchos pueblos más de esta región del Istmo de Tehuantepec se presentaron daños en un total de 70.477 viviendas, de las cuales 35.084 presentan daño parcial habitable; 21.041 tienen daño parcial no habitable y 14.352 tienen pérdida total, según el recuento del gobierno de Oaxaca. En total han fallecido 79 personas.

Vivienda afectada en Juchitán, Oaxaca. Imagen por Tercero Díaz/Cuatoscuro.com

En las calles de los municipios del Istmo —zona en la que el 80 por ciento de los habitantes están damnificados— se agrupan las familias. Las mujeres hacen la comida y los hombres ponen sus llantas y troncos para evitar que los automóviles transiten, pues la calle es su nuevo punto de reunión.

El agua, las lonas, colchonetas y comida preparada es la mayor urgencia de los habitantes, quienes reclaman a sus autoridades la falta de atención para los nuevos refugios que se han instalado.


Esta es la ruta que debes seguir si perdiste tu casa o está inhabitable.


Dorina Castillejos López montó su refugió en el patio donde por muchos años estuvo construida su casa. Su vivienda, como la muchos de sus vecinos en la séptima sección de Juchitán fue destruida por el terremoto.

Reposa sobre un colchón colocado debajo de unas tablas que su esposo Rufino Márquez Jiménez habilitó como cama para no mojarse con las torrenciales lluvias y desde ahí recibe a sus visitas; como pudo y con la solidaridad de conocidos y vecinos consiguió dos lonas con las cuales se han cubierto del sol y de la lluvia.

Imagen por Diana Manzo/VICE News.

En su pequeño refugio montado debajo de un árbol, Dorina vive con otros nueve integrantes de su familia, entre hijos y nietos. Allí le vienen los recuerdos de la casa que construyó con su marido, de su cocina de adobe y tejavana —de la cual no queda nada— donde solía preparar los guisos tradicionales que vendía casa por casa como fuente de ingreso familiar.

Dorina al perderlo todo, ha vivido en este tiempo de apoyos como comida, despensas y ropa que ha recibido de la sociedad civil, porque de su presidenta municipal Gloria Sánchez López sólo ha recibido un vale por una despensa.

Las constantes réplicas le provocan estrés, y no sabe hasta cuando seguirá la incertidumbre. Salta cada vez que tiembla. Después del 7 de septiembre todo cambió para ella y para las más de 800.000 personas afectados en Juchitán y el Istmo.

Vivir bajo la lluvia y el intenso sol no han sido pretexto para que la mujer zapoteca pierda la fe. Narra que por las noches llora, pero no deja de agradecer que está viva para contarlo.

Imagen por Alonso Gallegos/Cuartoscuro.com.

En la parte norte de la ciudad de Juchitán, en la segunda sección, dos vecinas, Alma Delia Antonio Luis y Zenaida de la Cruz Vásquez también montaron su refugio vecinal. En un pequeño espacio montaron lonas y unas casas de campaña donde descansan cinco familias.

Entre todos cooperan para comprar carne y pollo y con el apoyo de los víveres que les han regalado preparan sus alimentos durante la mañana, tarde y noche, lo que ha fortalecido sus lazos vecinales.

—¿Porqué salieron de sus casas? —preguntamos a Alma Delia.

—”¡Ah! Porque las casas presentan grietas y daños en los muros, es peligroso para la seguridad, por eso tomamos las calles y montamos los refugios. ¡Aquí estamos seguros!


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El miedo y la desesperación las envuelve, además de la falta de ingresos porque no han podido trabajar en la venta de mariscos y antojitos típicos. Tampoco han dormido. El sueño parece algo inalcanzable en estas familias.

Las mujeres piden a sus autoridades el apoyo para reactivar su economía y poder ayudar al ingreso familiar, y mientras ven pasar los días, más se angustian. El apoyo de las autoridades se ha dado a cuenta gotas.

Imagen por Diana Manzo/VICE News.

Los adultos mayores y niños parecen ser el olvido en esta desgracia; para ellos no hay programas especiales y la atención psicológica sólo se ofrece en albergues institucionales, porque no pasan casa por casa y tampoco en los refugios comunitarios.

Las centros escolares de esta zona de Oaxaca también sufrieron afectaciones por el terremoto del 7 de septiembre, son un total de 324 escuelas dañadas y unas 47 se reconstruirán en su totalidad; entre ellas el Centro Escolar Juchitán construido en 1938 y considerado el más antiguo de la ciudad.


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Asimismo el mercado y el Palacio Municipal sufrieron graves afectaciones y serán reconstruidos y rehabilitados por considerarse edificios emblemáticos.

Las vías de comunicación también se afectaron. El puente 1 en Asunción Ixtaltepec, que comunica a las localidades de Juchitán y Ciudad Ixtepec, está totalmente colapsado.

Los apoyos de sociedad civil han llegado de todos lados: desde los migrantes centroamericanos y estudiantes —quienes ayudaron a remover escombros—, hasta médicos, arquitectos y muxes. Pero nada parece suficiente para apabullante cantidad de daños y personas damnificadas.

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