Las brujas robaban penes y los conservaban como mascotas en la Edad Media


Este artículo se publicó originalmente en septiembre de 2016 .

Desde tiempos inmemoriales, los hombres han sentido un temor irracional hacia las posibles amenazas contra sus penes. Mucho antes de que existiera la angustia de castración había algo mucho más siniestro: el mito de las brujas ladronas de penes que conservaban los culebreantes miembros amputados como mascotas.

La descripción más conocida de esta práctica se encuentra en el Maellus Maleficarum, un manual para cazar brujas escrito por Heinrich Kramer en el siglo XV. Los historiadores normalmente lo consideran un texto grotesco y misógino que, aun así, provocó innumerables asesinatos de mujeres acusadas de brujería. En The Salem Witch Trials Reader (Interpretación de los juicios por brujería en Salem), Frances Hill lo describe como “uno de los libros más terroríficos y repugnantes jamás escritos”. El Malleus está plagado de angustias obvias en torno al deseo sexual femenino; tal y como explica la experta en folclore Moira Smith en su ensayo Robo de penes en el Malleus Maleficarum, “Muchos de los crímenes atribuidos a las brujas estaban relacionados con la sexualidad: cópula con demonios íncubos, práctica de abortos, capacidad para provocar esterilidad y partos de mortinatos y también para impedir las relaciones sexuales entre maridos y mujeres”.


Relacionados: Breve historia del sexo con demonios


En la Edad Media se creía que las brujas poseían la capacidad de dañar los penes de varias formas distintas, siendo la más siniestra la de hacer que el órgano sexual se desvaneciera completamente. Según Smith, el Malleus Maleficarum detalla concretamente tres estudios de casos prácticos en los que se decía que varias brujas habían privado a los hombres de sus penes por medio de la magia. Los dos primeros simplemente narran cómo los genitales de los hombres quedaban ocultos mediante determinada ilusión mágica. Las brujas “pueden despojar a los hombres de su miembro masculino”, escribe Heinrich Kramer, “pero no separándolo del cuerpo humano, sino ocultándolo con ciertas artes”.

El tercer caso menciona el fenómeno de que las brujas conservaban los penes amputados como mascotas y los alimentaban con avena y otros cereales:

¿Qué podemos pensar acerca de esas brujas que de algún modo arrebatan gran número de miembros —veinte o treinta— y los encierran en un nido de aves o algún tipo de caja, donde se mueven como si estuvieran vivos, comiendo avena u otro tipo de alimentos? Muchos han sido testigos de este fenómeno y es un tema del que se habla con asiduidad. Se dice que todo es obra del diablo y fruto de la ilusión, porque los sentidos de quienes ven los penes se ven engañados del modo que hemos explicado.

Kramer continúa y describe la búsqueda de un hombre para restablecer su miembro perdido. Según su relato, el pobre tipo castrado “recurrió a determinada bruja” que le indicó que “trepara a un árbol en concreto, donde había un nido que contenía muchos miembros, y le permitió que se llevara el que más le gustara” (lamentablemente más tarde sufrió un revés por haber intentado coger uno especialmente grande que “pertenecía al párroco de una iglesia”).

La vegetación portadora de gónadas no era poco común en la Edad Media. En un artículo publicado en 2010 en el Journal of Sexual Medicine (Diario de medicina sexual), el historiador Johan J. Mattelaer afirma: “Entre finales del siglo XIII y principios del XVI, el árbol de los falos era un fenómeno común”. Según su investigación, los árboles de penes florecieron por toda Europa: un manuscrito francés del siglo XIV contiene dos imágenes de monjas recolectando penes de los árboles y guardándolos bajo sus ropas; un grabado en madera de principios del siglo XV que actualmente se conserva en un museo de Alemania representa a una mujer recogiendo penes mientras su amante examina un árbol de vulvas; y un blasón decorativo encontrado en Holanda “muestra a una pareja haciendo el amor bajo un árbol de falos, posiblemente mientras son observados por un voyeur“.

Mural de un árbol de falos descubierto en la Toscana. Foto vía Wikipedia.

En 2000, varios arqueólogos descubrieron un ejemplar bastante impresionante de árbol de penes: un inmenso mural del siglo XII, ubicado en la Toscana. En él se puede observar un árbol cubierto de órganos sexuales masculinos (“¡De hecho es un árbol de falos! Indica Mattelaer jovialmente), todos ellos “desproporcionadamente grandes y… claramente en estado de excitación”. Junto a las raíces de tan noble planta se encuentran ocho mujeres, dos de ellas parecen estar peleando por un pene y otra trata de arrancar uno de una rama con ayuda de un palo. Junto a ellas hay otra mujer que parece no estar implicada en la escena, pero que si se observa con mayor detenimiento, tal y como indica Mattelaer, “tiene uno de los frutos del árbol asomándole por debajo”. George Ferzoco, director del Centro de estudios de la Toscana, ha indicado que el mural constituye “la más temprana representación artística de mujeres actuando como brujas”, citando el folclore antiguo de la Toscana que sostiene que las brujas mantenían penes cautivos en nidos.


Relacionados: Brujas contemporáneas retratadas en esta serie de fotografías eróticas


En el Malleus Maleficarum, Kramer escribe: “Toda brujería procede de la lujuria carnal, que en las mujeres es insaciable”. En su más pura esencia, el árbol de penes —y su vinculación a las infinitamente lascivas brujas— suscita una pregunta obligada: si los falos crecieran en los árboles, ¿alguien necesitaría a los hombres?

http://ift.tt/2zmw2AA

Anuncios

Y tu que opinas???

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s