Olvídate de Barb: que se joda Nancy


Este artículo apareció originalmente en VICE UK.

ADVERTENCIA: este artículo contiene spoilers.

Invariablemente, lo peor de las secuelas —el segundo álbum, la segunda temporada, la primera de una serie de secuelas en las que creías que el asesino había muerto, pero luego su hermano gemelo empieza a imitar sus asesinatos— es que arruinarán el original para ti. El pedestal sobre el que colocaste tu objeto favorito se hará pedazos con huecos en la trama, actores de reemplazo, baladas asquerosas y un mal desarrollo de personaje. Las cosas que una vez amaste, terminarás odiándolas. Es el efecto de las segundas partes. Es Nancy en la segunda temporada de Stranger Things.

Honestamente, que se joda Nancy.

Después de nueve horas de resaca pegada a mi sofá este fin de semana, cubierta de migas de galleta, puedo decir con certeza: Odio a Nancy Wheeler. Nancy Wheeler es simplemente horrible. Nancy Wheeler es tan horrible que cuando deja Hawkins por días, el pueblo donde los niños desaparecen y terminan en un vórtice aterrador lleno de criaturas infernales, no le importa ni siquiera a su madre y a su padre. Cuando Dustin va a la casa de la familia Wheeler, el Sr. Wheeler simplemente se encoge de hombros y dice: “Nuestros hijos ya no viven aquí”. Tal vez son padres transigentes, pero aún así: no les importa. Para ellos Nancy no tiene la menor relevancia.


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Odiar a Nancy parece algo subversivo. Hasta me siento un poco mal. No se supone que realmente debas odiarla; es lo que parece decirme esa sensación de incomodidad. Realmente no se supone que debas odiarla porque Nancy Wheeler es una chica ruda. Está empoderada. Ella mata monstruos; se corta el pelo; duerme con quien quiere, cuando quiere; bebe; se enfrenta al gobierno. Se supone que debe agradarnos.

Dicho esto, en sólo dos cortas temporadas, Stranger Things ha establecido la reputación de subvertir nuestras expectativas de los tropos de las películas de los años 80 (Steve Harrington es un buen ejemplo), así que tal vez tenga sentido que Nancy Wheeler, nuestro ángel de la Indiana rural, no se convirtiera en una heroína a la que quisiéramos seguir. Es por eso que, cuando finalmente se involucra con el sombrío Jonathan —¿quién, en la vida real, en 2017, usaría al 100 por ciento Old Skool Vans, escucharía a Joy Division, leería a Bukowski públicamente y te seguiría sigilosamente porque no le haces caso?—, da la sensación de ser algo falso. ¡Este era el amor que esperabas! ¡Así es como se supone que debía ser! ¿Por qué no lo disfrutas? Porque Nancy es un asco. Y porque, para llegar a ese punto, tuvimos que ver la destrucción del improbable chico bueno, Steve Harrington.

Steve es un buen hombre. No siempre fue un buen hombre. Pero ahora Steve es un hombre bueno y amable que sacrificó su tiempo para ayudar a los niños de Hawkins a vencer al mal. Ni siquiera lo hizo para impresionarte, Nancy. Ni siquiera estabas ahí para verlo. Lo hizo porque le importa. Steve se merece algo mejor que tú, una mujer que se ríe de sus ensayos para ingresar a la universidad y que le grita en los baños de las casas en las fiestas. Y sí, por supuesto que tienes derecho a tomar tus propias decisiones sobre con quién te acuestas. Pero, ¿sabes qué?, Steve nunca tomó fotos de ti teniendo sexo con otra persona.

Es cierto, Nancy tiene algunos momentos de amabilidad. Todavía hay un atisbo de esperanza para ella. El momento en el que encuentra al angustiado Dustin llorando porque ha sido rechazado por otras chicas en el baile de invierno, antes de que ella baile con él, es un verdadero drama. Pero no estamos llorando porque finalmente le da un respiro a Dustin la chica que cruelmente le cerró la puerta en la cara en la primera temporada. Estamos llorando porque ¿quién es Dustin —con su peinado tipo Farrah Fawcett, sus ojos amables y tristes y su naturaleza poco afortunada con la mujeres— si no un Steve Harrington más pequeño y más joven, a quien ahora adoramos universalmente?

Es fácil desestimar la crueldad de Nancy porque a) realmente no ama a Steve; b) tiene una historia con Jonathan; c) tiene derecho a decidir sobre su propia vida amorosa y sexual, es una mujer adulta, Dios, tan sólo déjala respirar. Pero mira: Nancy no es la salvadora feminista de Stranger Things sólo porque abandonó a Steve (esa es Eleven, obviamente, o tal vez Joyce, o Max, o Erica, o Kali, o literalmente cualquier otra mujer en el programa). Incluso cuando intenta hacer una buena obra, como bailar con Dustin, no puede evitar hacer algo detestable.


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“Las chicas a esa edad son estúpidas”, dice, ignorando felizmente a) su propia misoginia latente; b) la indiferente estupidez con la que se deshizo de Steve; y c) el hecho de que ese complejo de superioridad y esa actitud de “no soy como otras chicas” es justo lo que mató a su estúpida e igualmente detestable amiga Barb hace apenas un año. Se supone que debemos poner los ojos en blanco cuando otros personajes, como Rob Lowe, llaman a Nancy “princesa”, ignorando así su naturaleza oculta y que es una asesina de monstruos; pero Nancy es en verdad una princesa. Pensó que era demasiado buena para Barb. Pensó que era demasiado buena para Jonathan, Steve y Dustin. Cree que es mejor que otras chicas. Y no lo es. Es demostrablemente peor.

No digo que no guardo esperanzas para la tercera temporada. Aún puede ser que el personaje de Nancy tenga un desarrollo. Éste es, brevemente, el arco dramático que preveo:

La primera escena empieza en un exterior oscuro y salpicado de cenizas: el Upside Down. Silencio. Luego, a lo lejos, un grito espeluznante. Nancy Wheeler aparece corriendo a toda velocidad en escena, tratando desesperadamente de escapar del Upside Down. Grita pidiendo ayuda. Nadie viene en su auxilio. Nancy está condenada a flotar en el Upside Down para siempre, enfrentando la insensibilidad de su comportamiento de los años anteriores, su único acompañante, el cadáver en descomposición de su desagradable amiga Barb. Al otro lado, la vida continúa de forma normal. Steve Harrington —ahora jefe de policía a sus sólo 21 años, debido a que Hopper se retira para criar a Eleven, Will y Jonathan con su nueva esposa, Joyce Byers— sonríe mientras sale del trabajo, con su cabello agitándose suavemente con la brisa. Es libre.

Honestamente, que se joda Nancy.

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