Por qué he engañado a todas las personas con las que he salido


La infidelidad no es lo que solía ser. Como el sexo premarital o las cirugías estéticas, ser infiel se ha convertido en la norma, una norma lo suficientemente familiar como para ser el tema de cientos de miles de memes. En el Reino Unido, uno de cada cinco adultos admitió haber tenido una aventura, mientras que las mujeres estadounidenses están engañando a sus parejas como nunca antes.

¿Qué está provocando este incremento? Para saber más del tema, pensamos que sería buena idea platicar con alguien en el lado más extremo de la escala: Aniah, funcionaria de 25 años del norte de Londres, quien nunca ha sido fiel a sus parejas desde que su primer novio formal le rompió el corazón a los 16 años.

Tuve mi primer novio formal a los 16 años. Ocurrió en el verano después de obtener mi Certificado General de Educación Secundaria (GCSE) y estaba emocionada de la vida; creí que era una mujer adulta por haber concluido la escuela. Creí que había crecido. Nos conocimos en Choice FM Junior Jam: el concierto donde todos los adolescentes de Londres querían estar. Estuvimos juntos por tres años. Estaba loca, obsesionada, completamente enamorada de este chico. El último año tuvimos muchos altibajos. Yo le dedicada mi tiempo a él, pero todo lo que yo recibía era una mierda. Me ponía apodos, me hacía sentir menos, sentía que valía nada. Dependía de él, y después rompió conmigo.


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Estaba devastada. Sucedió en la semana de exámenes finales, pero me fue bien; entré a la universidad. Entonces comenzó a llamarme de nuevo, me dijo que se había equivocado y que me amaba. Como dije, estuvimos saliendo y rompiendo constantemente. Eso sí, cuando le dije que había sido fiel, lo fui. Cuando cumplí 19 años, escuché el rumor de que él tenía novia, pero él seguía hablándome bonito. Recibí llamadas de una chica que me decía que dejara a su novio en paz, pero siempre que le preguntaba sobre ella, mi exnovio lo negaba. No había pruebas. Rompió conmigo para siempre ese mismo año. Emocionalmente estaba devastada, en especial cuando veía fotos de él con su novia en Facebook. La situación me jodió, no voy a mentir, y por lo mismo tomé la decisión de convertirme en la persona que jodería a los demás.

Me gusta tener el control. Me empodera, especialmente por lo que sucedió en mi primera relación y lo mucho que aprendí. Mi papá es pastor, y por lo mismo mis hermanos y yo crecimos en un hogar estricto. Soy la más grande, lo que significa que no podía hacer nada. En cuanto podía escaparme y mentir para hacer lo que yo quería y no meterme en problemas con mi papás, lo hacía. Soy muy buena mintiendo. Supongo que no es un orgullo decirlo, pero es una grandiosa habilidad que vale la pena tener.

En cuanto a mis relaciones con hombres, mi necesidad por asumir el control es, digamos, una de las principales razones por las que me resulta fácil engañarlos. Me gusta controlar la relación, me gusta estar arriba de las cosas, estar a la cabeza de lo que sucede para poder administrar mis expectativas y emociones. No lo dejo en manos de alguien más, porque la gran mayoría de los hombres no son de fiar. Con el cien por ciento del control puedo terminar las relaciones cuando quiero, y sé que en teoría puedo tener un chico por aquí y otro por allá cuando más me conviene. Todo está bajo mis términos. Nunca volveré a ser la chica obsesionada por un hombre. Jamás.

En cuanto a mis relaciones con hombres, mi necesidad por asumir el control es, digamos, una de las principales razones por las que me resulta fácil engañarlos.

He tenido cuatro relaciones serias. Los novios dos y tres eran buenos chicos. Conocí al segundo en la universidad. Antes de él, me dediqué a hacer de todo y a coger con todos. Viví la mejor parte de mi vida, tuve sexo casual, me dediqué a experimentar. Pero lo conocí y me enamoré, y me asusté. Podía sentir como me enamoraba, y empecé a ver cosas donde no las había. Comencé a enfocarme en la supuesta falta de comunicación: si no respondía mis mensajes de texto en un período determinado de tiempo o no me decía que iba a salir con sus amigos, usaba estos argumentos como excusa para engañarlo infinidad de veces.

Ustedes saben cómo es vivir en la universidad; todos conocen los secretos de todos. Mi ex no creyó los rumores, pero de todos modos rompí con él y salí con uno de los hombres con quien le fui infiel. Eso duró seis meses, pero su universidad estaba en otra ciudad y no podíamos vernos tan seguido. Es mucho más fácil engañar a alguien cuando no vive cerca de ti. No tenía que escaparme o mentir. Ok, tal vez sí una que otra mentira, pero saben a lo que me refiero.

Creo que le tengo un poco de fobia al compromiso. En algún punto de cada una de mis relaciones sentía que de verdad amaba y me importaba mi pareja, pero después entraba en pánico y me arrepentía. Sentía que se me caían las paredes y que perdía control; así es el amor, no se puede controlar. Entonces comienzo a sentirme sola o a sentirme incomprendida. A veces el sexo es una mierda, o tal vez no tengo suficiente. Esta excusa no lo acabo de inventar, debería preguntarle a un terapeuta. Cuando creces apegado a alguien, cuando creces acostumbrada a alguien, sólo esperas que las cosas mejoren en el futuro, pero en realidad no es así.


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Por ejemplo, mi último novio. En los primeros siete meses lo engañé muchísimas veces. Se enteró, pero seguimos juntos tres años más. Decidimos dejarlo en el pasado, apretar el botón de borrón y cuenta nueva, pero nunca pudo hacerlo. Fue tonto de nuestra parte creer que funcionaría. Cada vez que discutíamos me restregaba en la cara el hecho de que lo había engañado y lo engañaba aún más. Tampoco se enteró. Esos tres años fueron un desperdicio de nuestro tiempo.

Me siento mal de que se haya enterado. Eso lo cambió y cambió la relación: se hizo menos afectuoso; otra razón para engañarlo. No soy el tipo de persona que engaña a sus parejas con personas que conoce; es muy bajo. Eso no va. Tengo reglas hasta para engañar. Nada de familiares, amigos, ni colegas. Nada de redes sociales.

Me da pena admitir que he sido infiel o que lo hago con tanta regularidad. Algunas personas creerán que soy una desgraciada, pero si algún día me caso no lo haré más. Soy una persona muy sexual, pero creo que el matrimonio debería amansar a las personas. Hay algo sagrado en los votos, sobre todo si es una ceremonia religiosa. Con esto en mente, un matrimonio abierto es una opción interesante. No la descartaría. ¿Pero escaparme a escondidas de mi esposo? No sería capaz. Engañar a alguien funciona cuando no hay un anillo de por medio.

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