Testimonios y dibujos de consumidoras de crystal meth


Melissa se carcajea. “¿Quieres?”, me pregunta al sacar una bolsa de frituras que trae fajada en la cintura, como si fuera una pistola. “¿O quieres un dulce?”, vuelve a indagar. Prefiero un dulce y de su brasier extrae tres caramelos de fresa. “Cuando estoy en la desintoxicación de ice no puedo parar de comer, es la ansiedad”, comenta antes de mirar al cielo y soltar una risotada.

Estamos en el segundo piso de La Llave 2 AC, uno de los 168 centros especializados en el tratamiento de adicciones que operan bajo el control de la Secretaría de Salud en Baja California. En esta entidad operan los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, responsables de inundar de metanfetamina a Estados Unidos. Datos de la Administración para el Control de Drogas (DEA) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP), arrojan que entre 2014 y 2016, en el vecino estado de California aumentaron 73 por ciento los decomisos de metanfetamina, al tiempo que se realizaron las mayores incautaciones de la misma (1758 kilos), en contraste con el resto de los estados fronterizos norteamericanos. Haciendo eco de lo anterior, en el portal de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) se informa que la metanfetamina fue la droga que más creció durante el presente sexenio presidencial: de 185 kilos confiscados en 2012, se pasó a 61,827 kilos entre 2015 y septiembre de 2017.

Éstas son las experiencias de ocho mujeres usuarias de metanfetamina (confeccionada con efedrina, ácido de acumulador automotriz, gas refrigerante, veneno para ratas y sosa cáustica), conocida popularmente en las calles como ice, hielo o cristal, sustancia que, explican: “Te da para arriba, te crispa los nervios y te acelera tanto el corazón que dan ganas de escupirlo”.

“Es una pesadilla que tuve hace poco. Es una niña llorando sobre una tumba, me imagino que es como si me dijera: ‘Es lo que te espera si te sigues drogando’. Muy dentro de mí es como una hija llorándome”.

María Guadalupe, 25 años

El ice te explota todos los sentidos, los traes a flor de piel, ¿has probado alguna droga?, ¿la mota? ¡Ah pos’ haz de cuenta que es lo contrario! Esta droga te da para arriba. Si cae una pluma al piso la escuchas intensamente. Lo comparo con muchos días sin dormir y ya no poder hablar bien y que te empiece a tronar la mente y que veas cosas donde no están y todo ese desmadre.

Comencé a drogarme por placer, pero después se me hizo una forma de vida y ya no pude salir de ella. Agarré el vicio a los 19 años, siendo madre de dos hijos. Recuerdo cómo empecé a consumir: estaba con mis primos tomando cerveza y me dijeron “no te vayas a drogar”, y fue lo que hice, fumar del foco. Primero sentí que se me quitaba lo ebria y pensé que era todo el efecto, hasta que ya habían pasado tres días sin salir del cuarto en donde estábamos. Andaba toda paniqueada (asustada), toda ondeada.

En mis inicios fumaba cristal cada 15 días porque, la verdad, me encantó. Me sentía como una adicta, pero sociable. Ese año trabajaba como cajera en un mercado y la mitad de mi sueldo iba para mi vicio y la otra para mi familia. Al principio uno fuma con el pretexto de que da energía para trabajar y pensando que la puedes controlar, pero lo piensas sólo un tiempo, porque jamás tendrás a la droga agarrada de la mano, ella te tiene agarrada del cuello.

Después, cuando el vicio era más grande, encontré un yongo (casa abandonada para consumir drogas) a unas calles y me iba para allá. Luego ya mejor le cocinaba a mis hijos y me metía a fumar al baño de la casa. Ellos comían y yo me ponía a estar alucinando en la sala del cantón (casa).

Desde que fumo mi cuerpo cambió totalmente. Antes era gordita y con los años me hice muy vieja, adelgacé hasta fondiar (tocar fondo), hasta ser casi talla cero. Antes de drogarme ya hacía cosas vergonzosas: me prostituía. Te digo que tengo dos hijos y de vez en cuando para sacar una feria hacía mi talón (prostitución), pero sin droga. Imagínate que estamos tú y yo y de repente me dices: “Washa morra, ¿qué ondas?, vámonos por ahí?”

En veces dicen que la droga te lleva a lo peor, y sí es cierto.

“Mi dibujo significa que cuando mi novio y yo queremos consumir ice salimos a la calle. La casa es el lugar en donde quiero vivir con mi novio cuando los dos estemos limpios de droga y seamos unas personas normales. Ya no quiero sufrir”.

Liliana, 21 años

Comencé a consumir cristal un día que me fui de pinta de la secundaria. Tenía 15 años. Una amiga y yo nos fuimos a casa de sus amigos y todos estaban fumando en el baño y me preguntaron si quería. Primero dije que no, pero me dio curiosidad y fumé en una lancha (papel aluminio doblado en forma de rectángulo en donde se coloca el ice y se calienta para inhalar su humo). No volví a mi casa en tres días. Mis papás me regañaron mucho y me castigaron. Desde ahí agarré de fumar durante un año y mejor me metieron a un centro de rehabilitación. Cuando salí del centro solamente fumaba mariguana, pero a los meses me enganché del hielo.

Para poder comprar droga, mi novio le roba la herramienta de trabajo a su papá o el pusher (vendedor de droga) le decía qué necesitaba y él robaba para cambiarle cosas por unas dosis. Yo también robo cosas de la calle: ventanas, cercos, mangueras, hasta una escoba. Uno roba lo que sea para conseguir para una dosis. Una vez me metí a mi casa a robarle a mi hermano enfermo sus pastillas Clonazepam y su bicicleta. En ese entonces ya todos sabían que era yo quien robaba, y me corrían de la casa, pero después regresaba.

El ice me adelgazó mucho, quedé como un palo. Me dejó muchas cicatrices en las manos porque me quemo con el encendedor cuando prendo el foco o la lancha. En la cara, como ves, tengo marcas de que me pellizco porque, cuando estoy muy pegada (drogada), me da ansiedad y me enciclo (obsesiono) frente al espejo y me pellizco todos los granitos durante muchas horas.

Cuando fumo ice me gusta salir a la calle a rayar, a grafitear o a hacer murales en mis cuadernos. A veces me agarro limpiando la casa porque te da mucha energía: barro, lavo trastes y limpio el baño. Si fumo mucho siento que me persiguen porque me da paranoia, o si estoy dormida, despierto gritando, me cuenta mi papá. Me pasa también que se me aparece la Santa Muerte y me asusta. Como yo y mi esposo a veces vivimos en la calle, nos quedamos a dormir en casas abandonadas y nos da miedo, pero le dejamos regalitos a la Santa Muerte para que nos proteja y bendiga, pero nos asusta y se nos aparece. Sale peor la cosa.

“Soy yo con drogas y sin drogas. Sin consumir ice estoy gorda, ansiosa y de mal carácter. Con ice estoy flaca, demacrada y ojerosa”.

Shakira, 15 años

Comencé a fumar cristal hace 11 meses, cuando tenía 14 años. Iba llegando de la playa y fui a la casa de mi mejor amiga y vi que fumaba algo y le pregunté qué era y me contestó que no le pusiera atención. “Estás muy pendeja si sigues chingando”, me dijo. Yo quiero, yo quiero, ándale dame; le insistí tanto que me puso la pipa de vidrio en la boca, prendió el encendedor y me dijo cómo fumar. Muy arreglada me puse (drogada) y me embiché (desnudé) y bailamos. Esa noche no dormí, no comí y los ojos los tenía súper abiertos y el corazón a todo lo que daba. Pasaron dos meses y no fumé más hasta que un día acompañé a una amiga a la casa de su amigo y ahí fumé por segunda vez; me llenaron la pipa tres veces a mí sola; no hallaba qué hacer, sentía que el corazón lo iba a escupir y estaba bien paniqueda (asustada) volteando para todos lados: “¿Quién llegó, se escuchó la puerta, es un carro lo que se oye?”, preguntaba nomás oía un ruidito. Mi amiga la Maritza, con la que fumé la primera vez, me habló y me mandó un UBER para que me fuera a su casa. En el camino le conté al chofer todo lo que había fumado y me dijo: “Nombre, andas muy mal mija”.

Llegué con mi amiga y no pude dormir, sentía un hueco en la panza que me jalaba hacia adentro porque no había comido en tres días, pero trataba de comer y no podía pasar el alimento. De esa vez duré tres meses otra vez sin volver a fumar, hasta que cumplí 15 años y me escapé de mi casa. Cinco amigas y yo nos fuimos a vivir a la casa que un amigo nos prestó, pero como era casa de su abuela, cuando regreso la viejita nos tuvimos que ir. Entonces una amiga y yo nos fuimos a la casa de otro amigo y ahí fue donde valí verga, porque la casa era como un yongo, todo el día todos los días había gente fumando ice.

Como siempre había gente fumando me invitaban. Comencé diciendo: “Nomás una fumada”, después tres fumadas, cuatro fumadas y era toda la noche sin dormir, y no paraba, no paraba, no paraba y así me iba todas las noches y todos los días, nunca sabía qué hora era porque las cortinas siempre estaban cerradas. Lo más que duré sin dormir fue una semana y media; haz de cuenta que fumé un lunes y volví a dormir hasta el miércoles de la otra semana. ¡Las ojeras como mapache, te demacras bien macizo! Con los meses pasé de ser talla 7 a ser talla cero.

Esa semana y media no dormí, ni comí, puro fumar ice y tomar agua. Fumaba y me quedaba sentada viendo para todos lados, me comía las uñas, me pellizcaba los brazos, me agarraba el cabello y los arrancaba y comencé a quedarme pelona; me engranaba (obsesionaba) en el espejo, miraba mi cara horas y horas y mis compas me preguntaban qué estaba haciendo y me quedaba con esa onda, pensado qué estaba haciendo. Y los morros decían: “Te vas a quedar trepada (en la locura)” y eso me asustaba y lloraba y me asomaba por la ventana esperando a que viniera una ambulancia por mí. Entonces alguien decía: “Mándenla para su casa, pinche broncón con esta morra, ya se quedó trepada, en una de esas se nos va a morir”, y les contestaba: “Ah, sí culeros”. “No que muy trepada, pues”, me contestaban.

Hace poco pasó algo chistoso, nos metimos a robar a la cafetería de una secundaria porque según nosotros estaban de vacaciones. No encontramos nada de dinero, pero nos robamos dulces, papitas, refrescos y cuando vamos saliendo cargando las cosas van llegando los alumnos, parecíamos walking dead.

Llegué hace tres días a este anexo. Era de mañana, no había llegado a mi casa en una semana y mi mamá me vio en una esquina peleándome con mi amiga la Maritza; ella andaba muy rebotada con pingas (pastillas depresoras del sistema nervioso) y me dijo: “¿Quieres que te meta un vergazo?” “A ver, métemelo”, le contesté, y me pegó un putazo en la cara y nos empezamos a pelear y mi mamá me dio la ayuda y me trajo a encerrar.

“Esta es mi casa en donde vivía cuando no consumía drogas. El árbol es una metáfora de cómo se quebró mi hogar cuando comencé a consumir drogas”.

Jessica, 23 años
Cuando trabajaba en la Dominos Pizza cambiaba una pizza por cuatro gramos de hielo; llegaba el dealer al mostrador y las cosas cambiaban de mano. Empecé en las drogas estando muy chiquita. A los 12 años fumaba mota y luego ya no me gustó y me metía pingas. Luego cocaína como a los 16, y sí me gusta la cocaína, pero la dejé porque consumía demasiado y se me venía la sangre por la nariz porque agarraba de estarme metiendo todo el fin de semana, de viernes a lunes. La heroína tampoco me gustó porque me pone muy relajada, como que no me importa nada y a mí lo que me gusta es traer la adrenalina a todo lo que da. Mejor fumar hielo, me hace sentir la Mujer Maravilla, siento que las puedo de todas todas; de por sí ando muy hiperactiva todo el día, ahora imagínate con hielo; quiero mover el mover todo el mundo y la tierra yo sola.
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Esto de fumar hielo le dio una vuelta completa a mi vida. Esta es la segunda vez que estoy en un centro de rehabilitación este año. Pero quiero cambiar, antes no me importaba porque estaba sola, pero ahora que ya tengo dos hijos es diferente la situación, quiero esforzarme para que ellos no sigan mi camino. Uno no se puede ir del anexo cuando quiera. Si quiero irme simplemente no me dejan salir, porque estoy por una petición familiar de mi mamá; pero así fuera petición de mi tía, mi hermano, mi abuelo, tampoco me podría largar; hasta que vengan ellos y autoricen mi salida aquí me quedo.

La verdad, por una parte, me quiero quedar aquí y por otra no. Es que tengo muchos años en la adicción y sé que en cuanto salga voy a ir directamente a la conecta a levantar un ocho (3.5 gramos) de hielo; es la verdad, saldré a conectar todo lo que no me he fumado en estos tres meses dos semanas encerrada. Hay que aceptar la realidad con sinceridad.

Para comprar hielo el bato con el que vivía y yo nos dedicábamos a cometer asaltos en los OXXOS. A veces me tocaba quedarme en el carro para arrancar en cuanto saliera o a veces me tocaba meterme y ponerle el fierro o el cuchillo a la persona o llegar y pegarle para robarle todo y cosas así, depende de lo que se me antojara hacer. En el momento, mientras estaba drogada, no tenía remordimiento, hasta que se me bajaba el avión me preguntaba: “¿Cómo me atreví a ponerle un cuchillo en la garganta a la señora del OXXO?” No puedo creer que una droga que no tiene pies ni manos, me puede controlar.

“Con drogas me siento bien, me siento viva, feliz, libre, divertida y todo eso; pero es un vida de falsedad, como si lo que viviera fuera algo artificial”.

América, 20 años
Antes pensaba: “Cuando venga el tsunami, la pinche ola gigante que se lleva todo, voy a tener preparada una erre (jeringa) y me voy a inyectar ice con heroína”, pinches mamadas que me da por pensar.

Mi consumo de sustancias empezó con inhalantes en la secundaria. Después fumaba marihuana y me metía heroína por la nariz o la usaba para bañar toques de mota. A los 14 años probé la cocaína, pero el precio es elevado y me cambié al ice; estos dos últimos años, a veces, me inyecto ice con heroína.

He estado en 13 anexos desde los 14 años; este 2017 me internaron cuatro veces. No me dejan mis papás estar en la calle porque soy muy desmadrosa. Apenas salgo del anexo no pasa más de una semana para que ande hasta el queque (muy drogada). El deseo de no consumir siempre está ahí, pero nomás salgo y se me olvida toda la literatura del programa de recuperación; un libro de adicciones que explica tu vida; porque la vida de todas nosotras es la misma película, pero con diferente actriz.

La droga te hace perderte en el momento, el ice es extasis, todo lo que quieres es sentir adrenalina, crisparte los nervios. Yo no puedo decir que me drogué porque tuviera problemas emocionales o en mi familia, ¿sabes por qué me drogué la primera vez?, porque me encajé un clavo en el pie y no quería sentir dolor.

Uno genera su malilla por estar pensando en consumir. La droga me hizo humilde, me complementa. Cuando estaba en la secundaria me corrieron porque le pegué a la viejita que cuidaba la puerta; andaba malilla (síndrome de abstinencia) de ice y me quería salir para fumar; de eso sí me arrepiento, pero era muy impulsiva. En esos años le pegaba mucho a mis papás, a mis hermanos, a i hermana la quise agredir con un cuchillo, incluso cuando mi mamá estaba embarazada la llegué a golpear. Me ponía como el exorsista. Era más culera con mi familia que con la otra gente.

El hielo te deja menso. Me he pegado varios pasones (sobredosis) y he estado al borde de la muerte. Te da un pinche calenturón, taquicardia. Comienzas a temblar y sudar y sientes que se te aplasta el pecho y no puedes respirar. Vivía con un bato que me encerraba cuando se salía a la calle, era dealer y tenía otra familia. En ese entonces no dormía, no comía y no sé por qué, pero me daba miedo defecar. El bato se salía de la casa y me ponía candado para que según él no anduviera de vaga; me dejaba unos Chocorroles y una lechica con chocomilk, era todo lo que comía todos los días, pero sólo eso.

Siempre he sido muy desobligada. Sólo he trabajado dos veces en mi vida, una vendiendo Bone Ice a los 12 años, que fue cuando conocí a los cholos que son con los que ahora me drogo, y otra de sexoservidora en un hotel; después en la calle me prostituía hasta por cien pesos. Quiero cambiar porque no quiero que este bebé que estoy esperando vea cómo soy con las drogas.

Cuando la droga se te hace una necesidad física es horrible. El síndrome de abstinencia dura como dos años para que ya no tengas esa obsesión y compulsión por consumir más, esperando un resultado diferente tanto en tu cuerpo como en tu vida, pero nunca vuelve a ser igual, siempre es peor, y como no consigues lo que quieres te llega la frustración y la impotencia de ti mismo, porque no cosigues lo que quieres.

Este año estuve en un estado crítico; me tuvieron que llevar a una institución psiquiátrica porque ya estaba mental (con daño órganico en el cerebro), pensaba que mi papá era el diablo y Dios al mismo tiempo.

“Estos son mis hijos. Ahí se ve cómo eran cuando yo no consumía drogas y cómo están ahora, enojados. El fin de semana pasado vino a verme mi hijo de 14 años y lloró porque me extraña, dice que le hago falta”.

Maricela, 40 años
Hace diez años cuando se murieron mis papás comencé a consumir ice. Mi mamá murió de neumonía y a las doce horas mi papá murió de tristeza. Me dedico al hogar. Mis hermanos fueron los que me dieron a probar ice. He estado en cuatro centros de rehabilitación y nomás como nueve meses limpia. Fumo ice porque me da mucha tristeza, a veces mi esposo no me habla, siento que está con otra mujer y me siento gorda y me siento menos.

Antes no me gustaba dormir porque tenía miedo de engordar si me quedaba dormida o de que mi esposo se fuera con otra mujer y lo buscara y no lo encontrara. Había ocasiones en que el sueño me estaba venciendo, porque llevaba varios días sin dormir, pero de repente veía que por atrás de la cortina iba pasando una mujer de minifalda cargando unos tacones en la mano y me paraba en chinga a asomarme por detrás de la cortina y no había nadie. Luego apagaba todas las luces de la casa y prendía la luz de mi celular y me iba cuarto por cuarto buscando a la tipa que había pasado por detrás de la cortina; llegué a buscarla por adentro de los hoyos de las paredes o por las rejas de los ductos de la refrigeración, porque juraba que la tipa se había fugado por ahí; a veces pensaba que eran muchas mujeres adentro de la casa. Los psicólogos le llaman celotipia a sentir un putero de celos. Cuando mi esposo también consumía ice, llegaba a la casa y me metía los dedos en la vagina para olérselos y saber si había esta con otro hombres; él también sentía un putero de celos.

Cuando comencé a drogarme primero lo vi como un juego, sólo lo hacía de vez en cuando. No ando en la calle drogándome, mi consumo es dentro del hogar, soy adicta de tocador, como decimos. Mando a alguien a que me compre ice. Mi esposo me trajo aquí al anexo, él tiene 10 años limpio de ice. Desde que comencé he adelgazado unos 15 kilos. La estancia sugerida en un centro de rehabilitación es de 90 días. Mi esposo paga dos mil pesos al mes que se abonan en cada visita semanal que hace.

“Yo soy una adicta ingobernable. En este dibujo hablo de que andaba muy loca. Estaba en mi casa y me caí porque me puse unos patines que me quedaban muy grandes y ni sé patinar. A un lado está la mesa con mi foco con ice y mi Tonayán. Y luego me pinté de verde porque al otro día estaba como monstruo por el dolor que no me dejaba levantarme; me fracturé la cadera, todo por querer verme chingona frente a mi morrillo. En el dibujo azul estoy lavando los trastes en casa de una amiga porque el ice me da mucha energía y me gusta sentirme útil”.

Melissa, 40 años
Sin querer hacerme la chistosa, porque mi historia está curada, graciosa, pero yo era muy güevona, flojísima para limpiar y hacer el quehacer en mi casa; ya en ese entonces tenía 19 años y tres hijos y se me juntaba un chingo de ropa sucia y trastes y un desmadre. Un día un amigo que en paz descanse, me dijo: “Qué onda Melissa, ¿quieres una línea para alivianarte?” Y me di una raya de ice color rosa, como el Pepto Bismol. ¡Y nombre, a la verga!, casi andaba matando moscas a pedradas arriba del techo de mi casa, me alivianó muy chingón; lave la ropa, puse mi casa al tiro de limpia; sin pasarme de lanza, sin gorderearme (abusar), nomás me di dos rayas esa vez. Así me la llevé varios años, tranquila, nomás me metía unas rayas porque después salí embarazada otras siete veces más y como cada año estaba embarazada no podía meterme de lleno a las drogas.

Como a los 20 años trabajé de mesera y de fichera en un bar y también me echaba mis líneas de ice. Ahí en el bar conocí a mi primer esposo, era camionero de la ruta negro con blanco y a los dos años me separé y me involucré con otro bato que también era chofer de la misma ruta y esos batos andaban en greña (muy metidos en la adicción) fumando en foco y en lancha. Un día mi segundo esposo me dijo: “Te voy a enseñar a fumar ice en foco para que no te andes chateando (inhalando por la nariz), te va a gustar más”, y sí, me prendí del foco muy cabrón.

A los 21 años que mi niña más grande iba a entrar a la primaria salí embarazada, y como el papá no se iba a hacer responsable agarré a mis tres hijos y crucé a Estados Unidos de ilegal, caminando por el desierto y allá parí, en el mero norte de California en donde viví 12 años; allá nacieron mis otros sietes hijos; de los 10 que tengo seis son de papás distintos.

En California seguí metiéndome ice, un chingo porque siempre estaba muy contenta. Una vez duré un mes sin dormir, usaba cero de pantalón; en aquellos años tenía un novio que me daba mucho dinero. Nunca me pasó nada, estaba joven, comía pura comida gringa y estaba sana, nada se me complicaba. Pero por más que fumes ice llega un momento en que te truena la máquina del cerebro, se te pudre.

Tengo muchos problemas con los hombres. Esta es la segunda vez que estoy en un centro de rehabilitación, la primera vez llegué sola, pero esta vez me trajo mi mamá. Para mí los únicos importantes en mi vida son Dios, el presidente y el gobernador, porque ellos si dan la cara, son a los únicos a los que les debo respeto; a los mafiosos no, ni me conocen ni los conozco. Mi hija más grande anda fumando ice ahorita.

“En el primer dibujo estoy en cualquiera de mis etapas de mi adicción al ice fumado en foco. Mi mente es una prisionera, mi corazón está muerto, no siento empatía, ni cuando mi mamá me lloró y suplicó que dejara las drogas. En el segundo dibujo es ahora que ya estoy un poco feliz porque tengo un mes sin fumar ice”.

Mónica, 30 años
Yo empecé a consumir ice porque me dijeron: “¿Quieres fumar mota?”, y yo contesté que sí porque estábamos puros amigos. Con el tiempo he aprendido que a los amigos no los conoces en una noche de fogata, en navidad, en una borrachera; y luego dicen que los amigos no existen, que los cuentas con los dedos de la mano, y yo no puedo con toda esa información, ¿me explico?, no tengo tiempo para saber cuál es la verdad. Pero bueno.

Por más que fumes ice llega un momento en que ya no puedes mantenerte despierta, el cerebro o te truena o se desconecta, por más que le metas sustancias es como una planta a la que le dejas la llave abierta, ¿qué pasa?, se enlama; el cuerpo se cansa y ya no puede, pero hay ocasiones en que el cerebro no escucha al cuerpo. Cuando pasan unos nueve días sin dormir el cerebro se apaga para cargar energías y oxigenarse, porque inician las alucinaciones visuales: yo he visto muertos, sombras, animales, figuras; el cerebro te juega una broma y escuchas que alguien te habla y no hay nadie; es cuando te quedas arriba (loco).

Uno hace de todo por conseguir droga, por ejemplo me arrepiento mucho de haber vendido dos sacos de cemento a mi mamá. Un día a mí y a mi amigo nos prestó el carro y ahí estaban los sacos. Fuimos a la conecta de droga como a dos calles y le dijimos al bato: “Danos una madre de ice y quédate con estos sacos”. Cuando llegamos a la casa mi mamá se enojó porque con eso pondría el piso de la cochera, pero le dijimos que al abuelito de un amigo se los regalamos porque tenía que tapar un hoyo. O sea, le dije algo que era justificable, algo que me hizo ver bien, así somos los adictos.

El chiste siempre es hacer una feria porque me quiero estar drogando todo el día porque no me gusta que llegue la malilla (síndrome de abstinencia). Prostituirme con una persona que no es por completo para nada de mi agrado es lo más asqueroso y atroz que he hecho, pero lo hago porque nomás estoy pensando en la droga o en el dinero que necesito para comprar ice. Cuando me he prostituido con hombres que me hacen cosas inimaginables solo puedo cerrar los ojos y dejar de pensar en lo que estoy haciendo para que mi mente se vaya a otro mundo buscando la manera de bloquear por completo lo que está pasando. Eso sí es una humillación, hacer algo por una fumada de ice.

Todas las que estamos aquí ―15 internas― llegamos porque alguien nos trajo. El día que me trajeron yo pensaba meterme un mes a un centro de rehabilitación y fui a la casa de mi mama que vive a dos calles de la mía, a dejarle a mi hijo, pero cuando dejé a mi hijo y salí de la casa mi mamá salió a despedirme y vi que miraba mucho a un carro estacionado a unas casas, luego levantó el brazo y vi que se me echaban encima como cinco hombres y supe lo que estaba pasando; eran los “caza fantasmas” así les decimos a los batos encargados, en los centros de rehabilitación en los anexos, de ir a recoger adictos a sus casas. Si la familia piensa que no tienes remedio les hablan a ellos y te traen a la fuerza a encerrar y no puedes hacer nada. Tiré patadas cuando me subieron a la camioneta, a un bato le puse una patada en el hocico y lo estrellé contra la ventana. Ahora ya puro comer y dormir, comer y dormir, así es la desintoxicación de ice.

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