¿Cómo funcionaba el proceso creativo de Leonard Cohen?


Hace alrededor de 1 año, mientras dormía, dejó de respirar uno de los cantautores y poetas más estimulantes de nuestros tiempos. Leonard Cohen, el escritor de oro, un hombre entregado completamente a la palabra, no sólo nos dejó una voz tanto inconfundible como intensamente hermosa, llenó nuestro mundo de canciones colmadas de versos espléndidos, profundos, reales. Su ética laboral es muy distinta a la de muchos y su proceso creativo, el cual desarrolló toda su vida de la misma manera, son los que propiciaron la construcción, tanto de sus obras maestras, como sus obras menos conocidas. Siempre fue devoto de las imágenes, después fue poeta, y luego, se convirtió en cantautor. Desde muy joven, inclusive antes de que existieran los premios, las mujeres y el dinero en su vida, escribía poesía como un loco, y cuando Dylan llegó, Cohen ya tenía varios volúmenes de poesía y dos libros publicados. Allen Ginsberg llegó a admitir que Bob Dylan le voló la cabeza a todos, excepto a Leonard Cohen.

Ahora bien, aunque la creación de imágenes era para Cohen más que una necesidad, en el libro Songwriters on Songwriting, Paul Zollo y Cohen tienen una hermosa conversación sobre la música, la creatividad y la inspiración. Entre líneas, Cohen deja descubrir el creador fervoroso que era, lo mucho que trabajaba cada línea, cada palabra, y la devoción que sentía por hacer canciones realmente preciosas. Para él no era un asunto de sentarse y crear rápidamente un tema, se tardó meses, e inclusive años en crear muchas de sus piezas.

Después de todo, lo único que pueden hacer todos aquellos que admiran profundamente a este ser, es seguir regocijándose en sus canciones, y por qué no, descubrir cómo era el proceso de creación de Leonard Cohen, tan complicado para él como para un ingeniero llevar a cabo una mega-construcción y para un obrero construirla, aunque orgulloso de su forma de trabajar.

El vicio de escribir

Era su única labor, la única forma de descubrirse y la razón por la cual su vida personal siempre estaba al borde del colapso. Los años pasaron y las libretas de notas se fueron acumulando como partículas de un gran organismo, y para encontrar una canción que realmente pudiera penetrar su atención, acabar con su aburrimiento y desinterés en sus propias opiniones y pensamientos, esta debía hablarle con una urgencia prácticamente intuitiva y para llegar a ese punto, tenía que reescribir miles de veces los mismos versos, destapar sus profundidades y realmente sudar.

Nula inspiración

Para Leonard Cohen, la inspiración no existía ni existe y admite que muchos se dejan llevar por ese concepto que bloquea, y aunque para otros escribir es fácil, rápido y las ideas llegan fluidamente, él tenía que darle duro a la pluma para conseguir su sueldo. Sin embargo, eso no representaba un problema para él, ya que se sentía muy cerca de los artesanos y todos aquellos que se ganan el dinero con sus propias manos.

Fronteras

La libertad y la restricción eran términos lejanos a su forma de pensar. “Yo no tengo sentido de restricción, yo tengo sentido de trabajo. Tengo el sentido de ardua labor” le dice Cohen a Zollo. Para el escritor, su trabajo era un proyecto increíble en el que juntaba fuerzas con todas las versiones de sí mismo: Con estupefacientes, ebrio, intoxicado. Todos los Leonards eran bienvenidos a la creación.

Segunda vuelta

Reescribir las veces que fueran necesarias el mismo verso, le permitía tanto cavar más profundo como encontrar el camino correcto de su verdad y su intención. Antes de desechar un verso, debía escribirlo inclusive si no sonaba concordante o sin sentido. El nivel de dificultad para lograr un buen verso o una buena novela, es igual para llegar a un mal verso o una mala novela. Es precisamente la acción de escribir y reescribir lo que le produce emociones, intereses o pensamientos que saldrán a flote. Para reconocer y aceptar una canción, tiene que resonar en la cabeza de Cohen con una verdad palpable e indiscutible, habiendo un equilibrio entre luz y oscuridad, entre verdad y mentiras, algo que quizás solo él puede reconocer en su propio trabajo.

Detalles

Muchos detalles. Es más fácil relacionarnos si hablamos de detalles, no es lo mismo decir “Estoy viendo la TV” que “Estoy viendo un reality show sobre la decadencia humana en una depresiva pantalla de 32 pulgadas”. Cohen creía fielmente en dar detalles, ya que podía compartir de forma personal los datos de una vida cotidiana. Por otro lado, opinaba que no hay que tenerle miedo a lo ya escrito y siempre estaba tentado a eliminar cualquier cosa en cualquier momento y comenzar de nuevo. Reciclar era algo que se le daba muy bien ya que quizás lo que no tuvo sentido antes, lo puede tener en otro momento después de diferentes experiencias.

Amor rutinario

Aunque suene trillado, amaba lo que hacía. Hacer canciones era su empleo, su trabajo, su ética laboral. “Pienso que las canciones son para cortejar, y eso no es un asunto cualquiera” declara el compositor de Suzanne. Se despertaba muy temprano, a las 4:30 a.m. (en la mayoría de los días), a llenar las horas calmas de la mañana con esfuerzos que salían de una mente despejada. Se vestía y se iba a un zendo (centro de meditación) donde mientras muchos buscaban la iluminación, él componía canciones en esas maravillosas horas antes de que la ciudad arrancara, el teléfono comenzara a sonar e iniciaran las complejidades de la rutina.

Cada artista investiga hasta su propio tuétano la forma que más le funciona para crear su obra, y Leonard estuvo muy claro de que la suya era escribir a mano, casi hasta el dolor y en loop infinito, para así lograr llegar a la genuinidad de sus intenciones. Es así como se convirtió en el gran interés de muchísimos y como en sus palabras se siente el trabajo de hormiga que transporta a la superficie sublime de construcción de imágenes. En sus palabras encuentras, y te encuentras dentro una realidad tan bella como poderosa. La belleza está hasta en lo feo y como si fuera poco, sus palabras las sientes tuyas, porque son reales.

Fuentes: Songwriters on Songwriting, Paul Zollo (2003).

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