Los Giants de Nueva York están más muertos que nunca


Todo lo bueno se acaba tarde o temprano.

Lo mismo sucede con las cosas ligeramente por encima del promedio que no hicieron mucho en los últimos 14 años con excepción de haberse metido en problemas y pisar mierda en el momento perfecto —dos veces— contra el equipo más odiado y exitoso de esos 14 años.

Es momento de despedirse de los Giants de Nueva York como los conocemos: el equipo más mierda y afortunado del siglo en la NFL, los hermosos idiotas que le hicieron el favor al mundo cuando derrotaron a los Patriots de Nueva Inglaterra en dos Super Bowls, y que después hicieron nada de sus vidas.

La temporada 2017 ya estaba en la basura, pero ver a los Giants ser dominados por un equipo de San Francisco sin victorias —con problemas hasta para derrotar equipos de élite de preparatoria— fue el punto más bajo que pudieron tocar en años. Vimos a Eli Manning recibir una lección de un mariscal de campo que podría, o no, ser el avatar de un hombre cuarentón que juega videojuegos en Santa Clara, a Janoris Jenkins con el entusiasmo de un adolescente que va de paseo con sus papás, y a Jonathan Casillas intentar alcanzar inútilmente a Garrett Celek.

Todo fue inevitable; no sólo el partido, sino toda la temporada. Un año después de que los Giants llegaron a postemporada gracias a su defensa y con una línea ofensiva no mejor que cinco troncos, el gerente general del equipo, Jerry Reese, no hizo un carajo para corregir un solo defecto. Prefirió seleccionar a un ala cerrada, despilfarrar dinero en un receptor abierto productivo pero viejo y, supuestamente, gastar el resto de la plata en gel para Ben McAdoo. Reese tuvo una casa en ruinas frente a sus narices y dijo, “Aplíquenle una nueva capa de pintura azul y esperemos que los cimientos no se vengan abajo la próxima temporada”.


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Y ahora todo lo que queda son siete semanas más para ver a Jenkins hacer su mejor imitación de Willy Wonka —”Deténte, no lo hagas, regresa“— en lugar de derribar a sus rivales, y a Eli fallar pases para sus receptores de quinta y sexta categoría sin marcaje. La gente dirá que es el final de una magnífica era para los Giants y que es momento de una reestructuración, pero sólo la última parte de la oración es verdad

Te lo dice un hombre que no se ha perdido un sólo partido de Eli como titular en más de una década: Manning es un mariscal de campo bueno que tuvo dos rachas de postemporada increíbles y nada más. La razón por la que se dice que podría entrar al Salón de la Fama es porque dichas rachas fueron las más improbables y memorables de las últimas dos décadas en la NFL.

Como fan de los Giants, siempre guardaré en mi corazón lo que Eli le hizo a los Patriots en dos Super Bowls. Las dos últimas series ofensivas y la cara del tramposo de Tom Brady mientras veía cómo era derrotado dos veces… Fue todo. Si los Giants hubiesen derrotado a los Dolphins y Chiefs en lugar de los Pats, ¿a alguien le habría importando? Me duele aceptarlo, pero la gente recuerda los dos campeonatos de los Giants por el oponente que derrotaron, contra todo pronóstico, más que por el equipo ganador en sí. Esto no los hace menos campeones, pero te obliga a ligar para siempre el hecho que Eli nació y murió ante Nueva Inglaterra.

¿Tienen idea cuántos mariscales de campo tuvieron, al menos, 60 juegos como titulares entre 2004 y 2017 con un mejor índice de pases que Eli? ¡24! Entre ellos se encuentran nombres como David Garrard, Ryan Tannehill, y Chad Pennington… Eli está en el lugar 32 de porcentajes de intercepciones. No nombraré a todos los que forman parte de esa lista, pero tengan en cuenta que en dicha categoría está un tal Hasselbeck.

No hay nada malo con apreciar lo que Eli hizo en el momento y lugar precisos, pero tampoco hay que idealizar su trabajo. La carrera de Eli fue como la cinta Watchmen: hubo uno que otro momento memorable que la gente sigue mencionando en la actualidad, pero en general no estuvo tan buena y, definitivamente, duró más de lo que debió durar.

No hay nada malo con apreciar lo que Eli hizo en el momento y lugar precisos, pero tampoco hay que idealizar su trabajo.

Los Giants ganaron un Super Bowl en dos de los 14 años de Eli. ¿Sabes en cuántas ocasiones más hubo una victoria de postemporada durante la Era Eli? ¡Cero! Es decir, dos años de campeonatos y 12 años de absoluta miseria. Los Giants son la versión del bateador de poder que lo da todo o nada. Es más, olvidemos las victorias de postemporada. Los Giants sólo han llegado cuatro veces más a playoffs con Eli, sin contar las dos temporadas de campeonato. Básicamente, los Giants son los Lions de Detroit con una maldición ligeramente menos afectiva.

Es momento de tirar todo y despedir a todos. Sí, a todos, incluso Odell Beckham Jr.

Beckham es un ángel que no merece estar atrapado en un equipo en reconstrucción en los próximos cinco años, mientras que Davis Webb, Josh Rosen y Sam Darnold recapacitan si cuentan o no con el talento suficiente. O peor aún, ¿qué tal si los Giants deciden tener a Eli un año más lanzando balones muertos a sus receptores? Como sea, Beckham debería ser puesto en libertad lo más pronto posible, porque lo quiero mucho como para verlo arruinado por una pobre decisión de la directiva. El destino de Beckham no debería ser “A.J. Green en una situación más desesperada”.

Lo más frustrante de los últimos 14 años es que la mayoría se vivieron sin un jugador dinámico en el ataque. Beckham se convirtió en ese jugador en las últimas temporadas, pero los medios nacionales y locales hicieron todo lo posible para culparlo de los defectos de una franquicia que siempre tuvo más problemas de lo que creyó. El pobre hombre se puso a llorar en la banca después de una derrota, y la gente se molestó. Se fue de paseo en un yate privado y lo culparon por haber perdido seis días después ante un equipo mucho más talentoso como lo fue Green Bay.


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Los insultos que Beckham ha tenido que aguantar simplemente por ser el jugador más talentoso en la historia de los Giants, y la estúpida narrativa de que cualquier receptor abierto con una personalidad llamativa es un problema que debería terminar su carrera como jugador de los Patriots atrapando pases de campeonato de manos de Tom Brady, es una verdadera estupidez.

Hay una diferencia entre un fan y un espectador objetivo cuando se analizan los últimos 14 años de los Giants. Como fanático, no cambiaría por nada lo que ganaron, sobre todo porque sus dos campañas exitosas fueron tan embriagadoras que hicieron que los siguientes 12 años y la derrota contra los 49ers fueran tolerables. Pero como espectador objetivo, el equipo ha ganado 109 partidos y perdido 99 con Eli al mando, pero los hechos son tolerables, una vez más, por el par de hazañas logradas.

Para cuando leas esto, quizás McAdoo y/o Reese hayan perdido sus trabajos. La gente se preguntará qué fue lo que salió mal (no es tan complicado) y cuestionará el lugar de Eli en el altar de grandes mariscales de campo (no está entre los grandes).

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