Así ha cambiado el negocio de las drogas tras una década de guerra


En México y en el mundo hemos visto muchos cambios durante los últimos años, que se han reflejado en la tecnología, en la música, en la cultura, y prácticamente en cada aspecto de nuestras vidas. A partir de estos cambios en la sociedad se ha ido modificando la forma en la que percibimos y nos relacionamos con nuestro entorno. Gracias a estos, la información circula cada vez más rápido al tiempo que es más accesible, por lo que se vuelven más evidentes los diferentes modelos de regulación de sustancias, haciendo más notables las deficiencias de algunos paradigmas: normalización de la violencia, enaltecimiento de los líderes de organizaciones criminales, corrupción e impunidad entre la élite política y todo el aparato del Estado.

En nuestro país, estos cambios se expresan también en la diferencia desproporcional entre el peso y el dólar, los precios de la gasolina y el conteo de muertes que se ha mantenido en incremento ininterrumpidamente desde que Felipe Calderón declaró la guerra contra las drogas el 11 de diciembre de 2006. Hoy en día la cifra oficial es de alrededor de 180,000 muertes, pero desde distintas interpretaciones se entiende que estos números parten de mecanismos sesgados que difícilmente muestran la cifra real y que se insinúa varias veces mayor.

Acompañando este proceso de desensibilización han ocurrido distintos cambios en los patrones de consumo de sustancias psicoactivas entre la población a lo largo de todo el país. Además, en años recientes se ha logrado identificar de varias maneras que existe también una metamorfosis con un ritmo mucho más rápido en el contenido, la diversidad y las mezclas presentes en las sustancias psicoactivas dentro del mercado negro mexicano.


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Una primer diferencia que vale la pena recalcar es el hecho de que ahora México es el primer país productor a nivel mundial de metanfetamina y el tercero de heroína, después de Afganistán y Myanmar. Esto ha cambiado significativamente la dinámica interna de producción, las rutas de tránsito y la sofisticación —al igual que los recursos económicos— de las organizaciones criminales vinculadas con el narcotráfico. Sin embargo, esto se debe en parte a la presión sistémica que ha generado la postura bélica del gobierno que la campaña anti-drogas global alimenta y que se ha venido arrastrando y experimentando en carne propia durante esta década.

Mientras más aumenta el riesgo relacionado con la producción y comercialización de cualquier producto, mayor es el valor agregado que este producto adquiere en el mercado clandestino y que existe fuera de cualquier regulación legal o incluso moral. El incremento en la severidad de las penas, el refuerzo de la postura prohibicionista a través de políticas de cero tolerancia y puño de hierro, la creación de la “amenaza de las drogas” a través de las campañas de satanización y desprestigio y el subsiguiente embate frontal a estos grupos —que en muchos casos incluye a las personas que usan drogas como delincuentes equiparables a narcos y sicarios— terminan inflando y fortaleciendo a las redes criminales que se generan alrededor del producto. No importa si este producto es alcohol, heroína o 1P-LSD, los precios aumentan en cuanto se vuelven ilegales y por tanto la redituabilidad del negocio es exponencialmente mayor.

En México, en 2006, todavía estaba mucho más presente y dominante en el mercado la cocaína. Este fenómeno venía del incremento en el volumen de los cargamentos que transitaban a través del territorio nacional provenientes de América del Sur y subiendo siempre hacia el mercado floreciente de Estados Unidos. No había muchas cepas de cannabis con nombres sofisticados o cultivo hidropónico, y el uso de las anfetaminas o el meth estaba muy focalizado en ciertas locaciones y no tenían tanta presencia o peso en el mercado nacional.

El incremento en la producción de heroína proveniente de la costa Oeste de México, principalmente Guerrero y Oaxaca, está también conectada con el incremento del uso de heroína en los Estados Unidos, que se vincula con el aumento de los fármacos opioides de prescripción médica. Esto ha generado una epidemia de sobredosis en EU, así como en la región norte de nuestro país, en las ciudades fronterizas y las zonas de influencia donde la heroína ha estado presente tiempo antes de estos últimos diez años.

La heroína en el mercado negro es bastante más redituable que el cannabis o que otras sustancias ilícitas, y el incremento de la demanda por la dinámica interna de consumo en Estados Unidos aumentó tanto el interés como las inversiones en las zonas geográficas involucradas en la producción y el tráfico de la amapola, el opio y la heroína.

En paralelo a esto se puede apreciar un desplazamiento en los reportes de las agencias de seguridad fronteriza y en los decomisos y arrestos que se han llevado a cabo en la frontera entre México y Estados Unidos. Cuando antes se podía detener a traficantes o incluso dealers o distribuidores con paquetes de unos cuantos kilos de cocaína y una pequeña bolsa de 100 gramos de metanfetamina, ahora la proporción es diametralmente distinta. Hoy se encuentran personas transportando grandes paquetes de “crystal meth” en cantidades exorbitantes, y pequeñas bolsas de cocaína en polvo o en algunos casos crack.

La infraestructura desarrollada por los cárteles en estas zonas cercanas a la frontera —donde su presencia es más dominante— permitió que se profundizaran las interacciones entre ambos lados de la frontera. Esto finalmente llevó al desarrollo de los mega-laboratorios clandestinos de metanfetamina que se establecen en territorio Mexicano debido a la impunidad y la facilidad de sostener un negocio de ese nivel cobijados por las redes de corrupción.

Al poder producir grandes cantidades de metanfetamina a bajo costo y con una proximidad geográfica envidiable, las rutas de cocaína y la actividad criminal a su alrededor fueron lenta y progresivamente mermando y siendo desplazadas por los nuevos focos de producción nacional. Se empezó a exportar heroína del oeste hacia el resto del país y metanfetamina del norte del país al sur de Estados Unidos, así como en una ruta de distribución continua desde el norte de México hacia Centroamérica y América del Sur, llevando esta sustancia a todo el territorio y los distintos países.

Así como un producto más barato puede fácilmente desplazar fuera de circulación (o casi) a otro producto que —como en el caso de la cocaína— involucra costos de importación/exportación y trasiego mayores, podemos ver cómo sucede esto de manera silenciosa e invisible con el boom de las drogas sintéticas, “de diseño” y las nuevas sustancias psicoactivas utilizadas como adulterantes y sustitutos de las sustancias psicoactivas ilegales “clásicas”, como el MDMA, el LSD o la cocaína.

Las nuevas sustancias psicoactivas como la mefedrona, la metilcatinona e incluso la ya familiar (y para nada nueva) metanfetamina se han infiltrado en el mercado haciéndose pasar por MDMA o extasis, en pastillas, polvos, cápsulas y cristales. La mefedrona y la metilcatinona durante un corto periodo de tiempo se pudieron conseguir a bajos costos en mercados semi legales, grises y en su mayoría virtuales. Hoy en día se pueden seguir consiguiendo como cualquier otro producto ilícito a través de las redes del Dark Net.

Al mismo tiempo que estos estimulantes derivados de la catinona presente en el Khat se friccionan en el mercado como distintas opciones para los “polvos blancos” que se distribuyen en fiestas, otros compuestos químicos bastante nuevos y experimentales como el i-25-NBOMe y el DOM/DOC/DOB/DOI empezaron a desplazar el LSD e incluso otras sustancias exóticas como el 2C-B, trayendo consigo mayores riesgos e impactos a la salud así como incertidumbre y malas experiencias a personas que pudieran estar buscando el lado más “psiquedélico” del panorama psicoactivo sintético del país.

Finalmente, no podemos olvidar que todos estos cambios, aunque están relacionados con el mercado y con los modelos económicos y políticos, han acompañado cambios en las construcciones culturales, los espacios de convivencia y tendencias que se expresan de distintas maneras dentro y fuera del país.

Brun González Aguilar forma parte de ReverdeSer Colectivo/INPUD/Youth RISE.

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