Blink Team a la comunidad LGBT+: “no están solos y es cool ser gamer”


En un balcón de la Ciudad de México ondea una bandera con los colores del arcoíris. Al tocar el timbre, responde un miau. “Es mi gatita bizca”, explica Ophelia Pastrana al abrir, “se llama Matu”.

La sala del departamento de Ophelia es también su oficina. Está repleta de figurillas de Mario Bros y otros personajes de videojuegos. En la misma sala, Ophelia graba videos y hace transmisiones por internet. A eso se dedica.

Al centro de la sala, como monumento, hay un televisor y una consola. Ambos encendidos. Alrededor, cuatro jóvenes sentadas. Son el grupo Blink. Todas son gamers y parte de la comunidad LGBTTTIQA. Practican todos los días en línea.

Todas las fotos por Carlos Álvarez Montero.

Blink comenzó a principios del 2017. Se coordinan por WhatsApp, “estoy en el juego, cáiganle”, y todas se conectan. Casi todas trabajan desde casa. Los mensajes aparecen como a las 8 o 9 de la noche y juegan hasta las 3 o 4 de la madrugada.

Como equipo les gusta Overwatch. El objetivo es hacer puntos, estrategia, como un deporte. Involucra un objetivo y que cada uno adopte un rol, un personaje: unos disparan, otros cuidan y van cambiando. Se puede jugar en equipo o con los que se conecten en línea desde otros lugares. El puntaje se va acumulando.

Los jugadores que no tienen equipo y esperan a otros que se conectan pueden sorprenderse con las actitudes que encuentran. Es ahí donde el machismo y la discriminación se reflejan tajantemente. “No es el juego, son los jugadores y la cultura”, asegura Ophelia.

Cuando las chicas se conectan, muchos abandonan el juego o las insultan. De cada diez jugadores, una es mujer. El acoso sucede a través del envío de fotos, insultos, piropos, por audios, con gritos. “¡Puto! ¡Pon atención!” Y con eso se pierde la concentración. Es ruido y acoso a la vez. Pero no se puede poner mute, pues es indispensable, para el juego, poder hablar con los otros participantes.

“Blink quiere romper con eso”, continúa Ophelia, “que no haya miedo, que al final ganen los mejores, sin importar a qué genero pertenezcan”. Los torneos y la cultura de los videojuegos cada día crecen más. Los torneos reúnen a miles de espectadores y se transmiten como partidos de futbol por todo el mundo.

Como equipo, Blink buscan fomentar que la gente quiera decir que es mujer y LGBTTTIQA. Un esfuerzo de visibilidad que exhibe a la diversidad. Aunque son competitivos, más que romper madres, la idea es exponer gente diversa, cambiar comportamientos y actitudes.

Blink existe para recordarle a la comunidad LGBTI que no están solos y que también es cool ser gamer.

José Juan Mota

A mi papá le gustaban los videojuegos desde antes de que yo naciera. En mi casa teníamos el Atari 2600. Por cuestiones de seguridad en México, mis papás preferían que mejor estuviera en casa, así vigilaban qué hacía, pues podía exponerme a peligros.

Aunque no vivo de los videojuegos, sí desarrollo software. Mi vida siempre ha sido estar con las computadoras. Mis papás sabían que ahí había dinero, no sólo es perder el tiempo.

De pequeño me marcó uno de los juegos de las Tortugas Ninja. Mi papá jugaba con nosotros. El Nintendo fue mi mayor acercamiento a los videojuegos. Fui creciendo y agarrando mis propios gustos.

No sólo se trata de jugar, es sobre causar experiencias. Por eso los gamers superan los 20 años, sobre todo entre profesionales, pues cada quién tiene sus actividades laborales y nos gusta estar en contacto directo, reunirnos y jugar.

La ventaja que dan los juegos en línea es que no importa en qué parte te ubiques puedes tener trato con otros jugadores todos los días. Al final todas nuestras amistades giran en este entorno geek.

Tengo 25 años y soy aliado de la comunidad LGBTI. Creo que no hay que tener miedo a transgredir. ¿Qué es lo peor que te puede pasar al maquillarte, pintarte las uñas, transgredir? Te vas a encontrar contigo mismo, con que eres feliz o notarás que algo te falta.

Hay que probar, no pasa nada. Y la ropa es ropa, nosotros le dimos el género. Yo soy heterosexual, creo que falta información, difusión y hablar. Los videojuegos han reforzado mi amistad con la comunidad.

@backmota

Andrea Odessa

La relación entre los videojuegos y mi exploración de género es muy estrecha. Cuando empecé a jugar me sorprendí a mí misma siempre escogiendo personajes femeninos. Me identificaba plenamente con las heroínas, con los personajes femeninos, sobre todo en los juego de rol, pues asumes el personaje y su vida, como en Final Fantasy.

Esos juegos te ofrecen un gran espectro de personajes desde el típico héroe súper-machón-rescata-damas, hasta la heroína independiente y fuerte. Ellas me gustaban por sus capacidades.

Los juegos de rol van de la mano con la comunidad por los roles. Acompañas a un personaje a través de diferentes aventuras pero tú eres el personaje. Sabes de su vida, su mente. Así descubrí mi sexualidad. Tenía 12 años.

Me tomó mucho tiempo la transición. Cuando estaba online hablando de mis gustos siempre salía el güey que me rechazaba por machista y que no entiende por qué eres vieja en el juego. Yo pensaba “chale, no quiero perder a mis amigos”. Lo iba ocultando en mi vida. Pero me clavé tanto que eso se volvió mi mundo.

Durante la prepa me la pasaba jugando por eso mismo, porque afuera no podía ser quién era y en el juego era quien quería. Como en Matrix, que te presentan la analogía de las dos píldoras, ¿quieres despertar a la realidad? o ¿quieres seguir en tu sueño? En este caso, la realidad para mí, era mi sueño.

Lo que yo manifestaba hacia los demás, físicamente, en la vida real, no era yo. Yo era quién era en los videojuegos. Son fenómenos que te orillan a eso y de eso se trata nuestra iniciativa, porque hay muchas personas que se refugian en los videojuegos para sacar su verdadero ser.

@riboflavinachan

Ake Rubio

Me llamo Ake, pues es dónde nacen las cañas, algo así, lo adopté porque es de mis primeros recuerdos de infancia, por una zona arqueológico que visité y aunque en su momento no identificaba lo trans, supe que era algo andrógino.

Susana es mi primer nombre. Soy de Cancún y desde los 12 años entendí que algo no cuadraba, no me sentía bien interactuando con hombres a pesar de que me gustan los videojuegos. Mi hermana es bien aguerrida, pero nada fuera de lo común. Ella se identifica como chica cisgénero, heterosexual.

Desde pequeña me encantaba su ropa y jugar con ella. Me proyectaba. Era mi mejor amiga, pero mi mamá, súper alineada, me decía: “tú debes ser el hombre de la casa, macho”, y me alejaba de mi hermana y me ponía a hacer otro tipo de actividades.

Yo no entendía que había otras chicas como yo, que buscaban faldas y vestidos. A los 20 comencé a meterme más a internet por los videojuegos. Ahí descubrí un mundo increíble. Llegó el momento en que me refugié tanto en los videojuegos que dejé de estudiar, era mi escape y por internet platicaba con miles de personas.

Mi mamá me metía a muchas actividades de alto rendimiento: futbol, atletismo, ciclismo. Eso me hizo muy competitiva. Me gustaba. Luego me detectaron un problema cardiaco y era riesgoso seguir con esos deportes. Fue el mejor motivo para dejar de hacer esas actividades.

Fue como un rayo divino y dije “gracias”. Pero me quedó la espinita competitiva. Con los videojuegos no tenía que esforzarme físicamente y podía ganar. También podía hacer dinero.

Así conocí el negocio de los videojuegos y me metí a torneos. Primero tenía miedo, sentía que me iban a atacar. Lo veía en las mujeres, como las atacaban: “¡No deberías estar aquí!” “¡tú lugar es la cocina!” Pero era tan divertido jugar y competir y demostrarles que les había ganado que tenía que salir.

Un día fue tanta la presión que estallé y salí del clóset. Sentí mucho miedo, muchísimo, pero fue bien bonito ver el apoyo de tanta gente que me dijo “no importa tu género, tú eres Ake, te gusta mucho esto, los videojuegos y convivir con esas personas, no importa, eres una persona bien chida”.

Nunca había sentido tanto apoyo. En mi casa me llegaron a correr. Después pude hacer las paces con mi mamá. Ophelia me presentó a Mota, a Andrea, que me apoyaron y abrazaron. Fue muy liberador. Fue el momento en el que me di cuenta que no importaba y que la gente debería hacer lo que más le guste.

Al mismo tiempo el mundo de los videojuegos crecía, había más facilidad para jugar online y dinero. Los torneos llenaban estadios. Decidí dedicarme a eso y romper otro tabú. “¿Cómo rayos te puedes dedicar a los videojuegos?”, preguntó mi mamá. “Eso es una pérdida de tiempo”. Pero era porque no sabía que sí era entretenimiento y uno súper profesional.

Mis torneos eran tan buenos que la gente me decía que no importaba qué genero fuera. Me comenzaron a llover ofertas, sedes disponibles. Hoy a eso me dedico. He ganado torneos, hay que invertirle muchísimas horas. Un equipo profesional debe entrenar 8 horas, y mínimo necesitas otras 4 para crecer individualmente.

He perdido la cuenta de cuántos torneos he organizado en toda la Ciudad de México, de forma online y presencial. Creo que más de 50. Uno de mis máximos logros fue que me contrató una de las ligas internacionales más importantes para hacer sede en México, campeonatos internacionales.

Después, fue tan bueno mi trabajo que me empezaron a llamar y a mandar a diferentes lugares. También me especialicé en hacerme comentarista de videojuegos, como los de futbol, narro partidas. Hoy organizo torneos desde cero, consigo patrocinadores, sedes, juegos, jugadores, logística, planeación y cuando son las transmisiones las narro.

Vivo de conocer bien los videojuegos. Los llamamos e-sports, cada día es una palabra más popular. Cuando ignoré a mi familia y a los que me rechazaban descubrí que hay un montón de gente que te apoya y que puedes unir lo que te apasiona con un estilo de vida.

@ake_rubio

Lunna Annee

Alicia en el país de las maravillas es uno de mis libros favoritos. Me identificaba con Alicia, leerlo me explotaba la mente. Tengo dos hermanos, me llevan diez años. Siempre fui la súper chiquita. Además de los libros me gustaban los videojuegos.

Soy lesbiana. Mis hermanos mayores fueron mi influencia en los videojuegos. Ellos llevaron a la casa el Q-game, el Nintendo 64 y a sus amigos a jugar. Los veía muy divertidos pero como era chiquita y niña no me dejaban jugar porque iba a perder. Pero sabía que no. Saliendo de la primaria me ponía a jugar para ganarles. Así nació mi espíritu competitivo. Si perdía ni modo, pero quería demostrarles que les iba a ganar.

Cuando tenía como 12, jugaba todo el día Guitar Hero, mi mamá decía que se me iban a caer los dedos. Un día mi hermano llegó con sus amigos y nos dimos un versus. Le puso en difícil “por equivocación” y de todos modos le partí hasta lo que no se imaginó. Desde ahí no quiso volver a jugar videojuegos conmigo.

La consola que más jugué fue Q-Game. Jugaba con Luigi porque siempre el mayor jugaba con Mario. Me gustaba, llamaba más mi atención que Mario. En Luigi’s Mansion tenía que salvar a Mario. Me encantaba.

Siempre he sido muy competitiva. Me gusta ser la bomba humana, jugar de todo: carreras, peleas, disparos. Aventarme a todo lo que me llame la atención.

@captainlunna

Ophelia Pastrana

Vivo con Matu, mi gato, mi peludo. Todas las decoraciones de mi sala son de gamer. También me gusta coleccionar lo que hacen mis amigos. Tengo 34 años. Soy física y estudié una maestría en econometría. Soy colombiana, llegué a México hace 8 años.

Tampoco pasé mucho tiempo en el clóset. Fueron meses. Yo nunca supe. Hay muchas chicas que lo supieron desde siempre, que se ponían los tacones de su mamá. Yo tuve un disgusto con mi cuerpo que lo lidiaba con hacer mucho ejercicio. Porque me enseñaron que la salud es belleza.

Fui un hombre casado. Tenía 25 cuando me gradué de la maestría en Australia. Llegué a México porque aquí hay oportunidades laborales bien bonitas. Para los sudamericanos, México es la meca.

Llevé cuentas de redes sociales para empresas muy grandes. Era el niño colombiano empresario exitoso. Compré mi departamento en Santa Fe, a los 26 logré una vida de “niño bien”. Nunca puse en cuestión nada. Ya hablaba con mi esposa, colombiana, de tener hijos.

Un día, por azares de la vida, terminé usando un vestido, entre chistes, me vi al espejo y dije “güey, pareces un vato en vestido”. Que es lo que era, pero el salto de creatividad fue: “te estás quejando como si fueras una vieja que está descontenta con ella misma porque parece un vato en vestido”.

Ahí me cayó el veinte, “¡claro! es que el pedo con mi cuerpo que tanto odio es porque no soy vieja”. Fue como un suspiro a la oreja de una voz divina que me dijo “puedes ser mujer”.

Seis meses después ya había salido del closet. Ya les había dicho en el trabajo, a mis amigos, comencé mi armonización. Me acabé divorciando. Fue una negociación ruda para ver qué onda, perdí mucho dinero, intereses, amigos y un sentido general de la vida.

Hubo un momento en el que saliendo del closet me quedé sin casa, sin trabajo, sin saber cómo me llamo, si era hombre o mujer. Arranqué desde cero, literal. Tenía 28 años. Yo ya tenía una presencia pública por hacer otras cosas como mis emprendimientos y mi agencia.

Me puse Ophelia por Hamlet. Pasé por un intento de suicidio. Ophelia es la loca que se suicida al final. Luego tuve un tiempo de dudar si quería la transición, ser o no ser mujer.

El primer día que dije “me llamo Ophelia” fue raro, es como fake it till you make it. Fingir hasta fungir. Luego caminaba y me decían “Ophelia” y yo seguía caminando. Es impostar tu nombre hasta que te olvidas del otro.

Los videojuegos no son mi mundo nativo, los he jugado desde hace mucho pero hay gente que me dice, “claro a ti te gustan los videojuegos porque te criaron como hombre”. “No mames”, les respondo.

Nunca he entendido la lógica de, “mi hijo sale del clóset y lo corro de la casa”. Entre chicos gays se discriminan, que si por ser “pasiva”. Sigue siendo el odio a lo femenino.

Mi papá, en su momento no lo tomó bien, no lo aceptaba. Desaparecí, pasamos seis meses sin hablar. Ahora, mi padre que es heterosexual, colecciona ropa para hacer la bandera LGBT. Y con el tiempo me confesó que no creía que yo saliera adelante.

La representación es muy importante, tanto para padres como para gente LGBTI. Hay que ponernos en público, demostrar lo que es ser una persona trans. Pues seguro hay muchas chicas que nos ven y se dan cuenta que se puede ser competitivo en un mundo altamente machista. Queremos crear referentes. No sólo Ophelia, sino que seamos cada vez más referentes de lo LGBTI en México

@OphCourse

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