Pedir perdón todo el tiempo podría ser un síntoma de ansiedad


Desde una edad temprana, se le enseña a la gente que cuando se equivocan, deben disculparse. Pero una cosa es expresar pena por llegar tarde a una fiesta y otra pedir perdón por la ropa que llevas puesta, o por hacer mucho ruido cuando comes, o atravesarte en el camino o disculparte demasiado.

Sin embargo, pedir perdón no siempre es útil y a veces puede ser excesivo. Este comportamiento podría derivarse de la ansiedad o la depresión, aunque la investigación al respecto es escasa. Lo que sí sabemos es que, para algunas personas, el impulso de decir “Lo siento” por cualquier cosita es involuntario y a menudo no tiene que ver con sentir remordimiento.

“Dependiendo de la finalidad del comportamiento y el contexto en el que sucede, podría conceptualizarse como comportamiento de seguridad, un comportamiento de sobreprotección o una estrategia compensatoria”, dice Martin Antony, director del Laboratorio de Investigación y Tratamiento de la Ansiedad en la Universidad Ryerson. “Todos estos son términos usados para describir comportamientos diseñados para proteger a un individuo de emociones adversas o potenciales amenazas”.

Disculparse, una acción que conlleva mucho significado entre los seres humanos, cumple una importante función social. Puede demostrar reconocimiento y valor de las reglas que se rompieron y, según los investigadores de la Universidad de Florida, “minimizar las repercusiones negativas del incidente y reparar la identidad dañada del actor”.


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Pero cuando la ansiedad surge, disculparse puede tener el efecto contrario. “Siempre me preocupo por decir y hacer lo correcto”, dice Kirsten Corley, una escritora que se clasifica a sí misma como apologista compulsiva. “De pronto, cuando reevalúas la situación y te das cuenta de que ‘Oh, podría haberlo dicho de otra forma, podría haber reaccionado de manera diferente’, se dispara el deseo de disculparte, quieres mejorar la situación”.

En una entrada de su blog llamada, “Anxiety Makes Me Want To Apologize For Absolutely Everything” [La Ansiedad Me Hace Querer Disculparme Por Todo], Corley enlista la gran cantidad de cosas que la obligan a pedir perdón: “Pensar demasiado, hablar demasiado, mandar demasiados mensajes, tratar demasiado por todo, preocuparse demasiado, demostrarlo, ser demasiado directa. Disculparse por el hecho de haber pedido perdón”.

Disculparse de manera excesiva también puede ser indicador de problemas más graves. Susan Heitler, psicóloga clínica originaria de Denver y autora de Prescription Without Pills [Receta Sin Pastillas], dice que disculparse demasiado puede ocurrir como consecuencia de una amígdala hiperactiva (la parte del cerebro que regula las emociones), o en relaciones tóxicas está relacionado con el abuso físico y verbal.

“En ese caso, quizá hayan aprendido ese patrón como mecanismo para mantenerse seguros”, dice Heitler. “En una relación abusiva, si ella dice ‘Lo siento mucho, no debí hacer eso’, él obtiene impunidad y una sensación de que lo que hizo está bien, y entonces él olvidará todo el problema. Es un mecanismo de defensa”.

Por otro lado, la gente con desorden de personalidad narcisista rara o ninguna vez se disculpa, explica Heitler. De manera que se debe encontrar un balance, y cuando se realizan correctamente, las disculpas pueden ser muy saludables. Las disculpas bilaterales —cuando ambos miembros de una pareja reconocen su papel en el conflicto— pueden ser señal de una relación altamente funcional.


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“También predice si una relación puede continuar siendo fuerte y positiva a lo largo del tiempo, porque la pareja tiene la habilidad de autocorregirse, aprender y crecer; lidiar con fallas”, aclara Heitler. Mientras que pedir perdón de manera excesiva a veces podría ser un reflejo, pero no un tic en el sentido formal, “a menos de que sea parte de una respuesta derivada del TOC [Trastorno obsesivo compulsivo]”, dice Antony.

Debido a que no es una acción de carácter neurológico, es posible que aquellos afectados con la culpa incontenible puedan corregir este hábito con el tiempo.

“Si es importante para alguien reducir este comportamiento, el tratamiento podría incluir estrategias para volverse más consciente del mismo, prevenirlo y ofrecer a las personas respuestas más flexibles que pueden utilizar”, explica Antony. “Lo más probable es que el tratamiento suceda como parte de un tratamiento más amplio para abordar cualquier problema que provoca las disculpas excesivas”.

También podría ser de ayuda considerar el “efecto reflector”, la sensación psicológica de que los otros están atentos a nuestros errores. En realidad, muchas personas están demasiado preocupadas por sí mismas como para notar o preocuparse por los detalles que tú tiendes a exagerar en tu mente. Poner las cosas en perspectiva puede relajar este reflejo.

Como Corley dice, “Si estás en un momento en el que puedes ser realmente tú mismo, pero la ansiedad ataca y hace que te cuestiones quién eres, toma un paso atrás y repite, ‘No necesito disculparme por esto’”.

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