La tierna historia de los gays que donan esperma a sus amigas lesbianas


Este artículo fue publicado originalmente en octubre de 2017.

Este es un arreglo que en las últimas décadas se ha convertido en cliché: hombres homosexuales que donan esperma a las parejas de lesbianas para que puedan concebir a sus niños biológicamente.

El acuerdo fue consagrado en Queer as Folk, una de las series televisivas queer más influyentes, y ha sido estudiado por un número considerable de investigadores. Algunos de los niños se refieren a ellos como “papás donantes”; otros simplemente los llaman por su nombre. En el amplio espectro de identidades queer, estos hombres son padres en el sentido literal, y sus vidas han sido cambiadas para siempre por sus relaciones con las madres y sus hijos.

¿Cómo es la vida de un hombre gay que ha donado esperma a una pareja de lesbianas? Muchos de ellos no habían siquiera considerado ser padres hasta que les pidieron su esperma; otros imaginaron que algún día lo serían, pero no habían resuelto ni pensado en los detalles. Cada situación es completamente singular, desde si el donante podrá participar en la vida del niño, hasta cómo se protegerían los derechos de cada parte.

Discusiones entre las madres y sus donantes a propósito del apoyo económico o los derechos de custodia, hacen titulares, pero con mayor frecuencia la creación de un retoño biológico, concebido con un amigo gay, lleva a la construcción de relaciones armoniosas, y está a la vanguardia del concepto moderno de familia, volviéndose cada vez más común. Abajo, cinco hombres gay le cuentan a VICE sobre los efectos profundamente individuales, a menudo triunfantes, de ser un donante de esperma de queer a queer.

Mike

Fue alrededor de un año antes de decir que sí. Entonces empecé a cuestionar si no quería tener un familia, si no creía que merecía una. Cuando hablas con gays mayores que sobrevivieron al SIDA, ellos ni siquiera pueden creer que están vivos. La idea de tener un hijo o un legado, era algo que tenía que pensar, si soy honesto.

Encontré una homofobia subrepticia en las clínicas. Por ejemplo, la donación solo podía hacerse entre parejas que fueran sexualmente activas, así que tuvimos que fingir que éramos una pareja sexualmente activa. La clínica además solo tenía porno heterosexual. Así que cuando decidimos hacer la inseminación en casa, bromeé sobre cómo podría por fin ver porno gay.


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Nuestra niña ahora tiene cuatro años. No soy una presencia constante porque viven lejos de la ciudad de Nueva York, donde yo vivo. Pero definitivamente hay una conexión; nos parecemos. Hago un esfuerzo concertado en no decirle “soy tu papá” por ahora; quizá lo haga después, cuando ella entienda lo que está pasando. Por ahora soy solo Mike. Mi amiga me contó que hace poco le dijo a la nena que “yo ayudé un poco”. Lo que puede ser la manera más sencilla de darle la primera prueba.

Constantemente siento culpa por no estar compartiendo suficiente tiempo con ellas, pero siempre estoy trabajando. De hecho escribí sobre mis aventuras a propósito de la donación en un e-book, Spermhood: Diary of a Donor, que también convertí en un show con el que estoy de gira. La manera como me reconforto es diciéndome: “Bueno, cuando sea grande y pueda limpiarse sola la cola, y decirme que tiene hambre, podrá venir conmigo a donde sea”.

Clinton

La hermana de la madre es mi mejor amiga, de hecho fuimos juntos al Bible college. Fue por esa época cuando salí del clóset, ella [la hermana de mi amiga] también estaba reconociéndose como lesbiana. La iglesia en la que nos criamos estaba enseñándole a mi amiga a rechazar a su hermana, y tratando de llevarme a terapias de conversión.

Más o menos doce años después de la universidad me preguntaron si quería ser donante de la hermana de mi amiga y su esposa. No lo dudé un segundo, respondí que por supuesto que quería. Acababa de concluir mi deberes con la fuerza aérea de Hawaii, y un amigo me invitó a San Francisco un par de meses, para la donación.

No estaba seguro si quería tener hijos para mí, pero sabía cuánto amor le podrían dar los familiares de mi amiga, y lo inteligentes que eran. Acordamos mutuamente que yo debería ser parte de sus vidas, lo cual para ellos fue un gran alivio porque piensan que es importante para un niño que conozca a su padre.

Ahora tiene cinco años y ya empezó hacer preguntas. Es muy inteligente. Se lo tratan de explicar con muchas palabras y ella sólo les responde como: “Entonces el tío Clint es mi papá”. Como diciendo: “No hagan un cagadero, damas, estoy resolviendo eso”. Y ellas le responden: “Sí, es tu padre”. Estamos dejando que pase orgánicamente.


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Conocí a mi actual esposo mientras mi amiga estaba embarazada, y le dije: “Oye, hay algo que deberías saber. Han pasado catorce años desde que mi familia y yo nada que ver, pero estoy construyendo mi propia familia”. Fue súper solidario y apoyó toda la situación. Conocimos a mi hija por primera vez a sus tres meses, y simplemente nos enamoramos. El año pasado cuando nos casamos, mi hija fue pajecita y su madre se sentó a mi lado. Somos una familia.

Vivimos en la ciudad de Kansas, y ella vive en San Francisco, así que es difícil. Pero hemos acordado vernos al menos cada dos o tres meses. Siempre cuando se va, hay una parte de mí que queda rota. Pero a donde quiera que vaya, ella sabe que está rodeada de amor. Es en serio la niña más feliz.

Solomon

Nos conocimos en 1999 cuando trabajaba como modelo, ella apareció en una reunión de almuerzo en Los Ángeles. Nos llevamos bien y ella despreocupadamente me dijo: “si alguna vez tengo un hijo, amaría que fuera tuyo”. Le dije, “por supuesto”. Creo que estaba destinado a ser fácil.

Años después en nuestra amistad, se convirtió en un tema de discusión más serio, “Hagámoslo antes de los treinta y cinco” o “antes de que yo tenga treinta y siete”. Siempre he vivido entre las dos costas, así que una semana antes de que regresara a Nueva York, me contó que había estado intentándolo con alguien y no estaba funcionando. El énfasis fue un ultimátum. Nunca pienso dos veces. Hice la donación en el banco de esperma y me mudé a Nueva York. Como al año, todo despegó.

Al principio pensamos que iba a ser un bebe de las dos costas, como si pudiera enviarse por FedEx. Siempre dependió de mí qué tanto quería involucrarme. Pero cuando regresé a Los Ángeles por el baby shower, supe que necesitaba tener un papel activo en la vida de la niña, lo que significaba mudarme de regreso. Terminamos viviendo juntos. Tenemos un agradable lugar de tres cuartos, en donde dos padres solteros crían a su chica juntos. Es algo medio 1960, medio 1860.

Yo soy el producto del sexo casual, y nunca conocí a mi padre más allá de unas breves, y algo explosivas, interacciones. Durante el embarazo, me senté con un viejo amigo, y me dijo: “Tienes dos opciones: eres un tío, o eres un papá. Si eres el tío, te quedas en la costa este y tienes una vida centrada solo en ti, tipo Peter Pan, o te regresas y crías a tu bebé”. Entre más nos acercábamos a la fecha del parto, más me gritaba mi corazón que tenía que hacer parte de la vida del bebé, sin importar qué.

Cuando nació mi hija, todavía vivía con dos personas más, y estaba en la búsqueda de planes de Acción de Gracias, completamente solo. ¿Quién iba a imaginar que esta era la familia que buscaba? no cambiaría nada de esto por nada del mundo.

Samuel

He conocido a las madres por mucho tiempo, una de ellas fue mi roommate después de que saliera del ejército hace como diez años. Fuimos a la escuela de enfermería juntos y terminamos mudándonos a Atlanta, donde ellas fueron probablemente de las primeras mil parejas del mismo sexo en casarse en Georgia. El año pasado, cuando decidieron que querían tener hijos, el donador que tenían originalmente no logró hacerlo por tiempo.

Previamente había ofrecido a manera de broma que si llegaban a querer hijos multirraciales, yo sería sin duda su donante. Nunca me imaginé que fuera a ser real. Pero en un punto, me preguntaron si era en serio y acepté. Lo intentamos por dos meses, y ahora tenemos gemelos.

No puedo imaginar una situación más perfecta. No siento que yo esté preparado para criar un hijo solo, ya que no estoy comprometido con ninguna relación. Pero es lindo darle eso a un par de amigas que sí están preparadas y pueden hacerlo. Sabía que serían increíbles madres. Además, siempre estoy con ellas. Pensé que sería agradable incluir a un miembro más a la pequeña familia que estábamos moldeando.


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El asunto sobre la crianza se ha evocado un par de veces; hubo toda una serie de preguntas para mí, como, “¿cómo se siente el que tus bebés sean criadas por mujeres blancas?”. Respondimos a las preguntas de la mejor manera posible, pero al final del día, no todo el mundo lo entenderá. Muchos de los problemas que la gente cree que tenemos, no son problemas.

Fue impactante para muchas personas, porque somos la primera familia moderna que han visto en esta dinámica. Al final, las niñas crecerán rodeadas de una gran familia y amor. Creo que todo lo demás, incluyendo las preocupaciones de la gente, no importan.

Hal

He donado tres veces y tengo tres hijos: el primero fue en 1974, cuando yo tenia veinticuatro años. Una pareja de lesbianas de mi círculo extendido dijo que querían tener un hijo juntas pero no estaban buscando que coparentáramos, aunque era bienvenido en la familia. Lo pensé por un tiempo; no me apresuré. Funcionó de maravilla. Mi hija ahora tiene cuarenta y dos años, se casó con un hombre y tiene dos hijos.

Al principio de los años 80, otra amiga lesbiana, quien sabía que yo era un papá donante, me preguntó si sabía de algún gay que estuviera interesado en hacer lo mismo. Le dije, “Yo podría, hablémoslo”. “¿¿¿En serio???”, dijo ella, “¿lo harías de nuevo?”. Tuvo una niña, mi hija de en medio. Mi amiga era abogada, así que diseñó un documento que codificaba el mismo acuerdo que hice con la madre de mi primer hijo, por qué no sabíamos qué podía llegar a hacer una corte.

La tercera vez fue un año después, con una amiga muy cercana. Ella esperaba que lo criáramos juntos. Vivíamos en lugares opuestos del país. Estaba feliz de ayudar a mis amigas lesbianas con una pequeña contribución, pero no quería criar a un hijo. Seguía tratando de resolver mi carrera laboral y mis relaciones, y sabía que no estaba en la posición de hacer ese compromiso. Ella dijo que quería continuar de todos modos, y tuvo un hijo que ahora tiene treinta y dos años. No tuvimos doctores involucrados, la inseminación se hizo a solas en casa. Mi primera hija nació antes de la consciencia sobre el VIH, pero con los otros, no había forma de identificarlo, así que solo esperábamos que todo saliera bien. Fueron días aterradores.

Tener vínculos con estos niños y sus familias ha mejorado mi vida inmensurablemente. Mis padres estaban emocionados, porque no tenían nietos. Fue un tipo de sorpresa para todos el hecho de que esto pasara en nuestras vidas, porque nunca pensé en ello. Recuerdo verme como un niño gay que percibía cerrada esa puerta.

Dos de ellos vivían fuera del estado; mi hija de en medio vive en el área de la Bahía, y nos vemos con regularidad. Mi hija mayor vive en el medio oeste, y mi hijo en el este. Hubo emoción en el hecho de tener medios hermanos. En la medida en que crecieron, fue algo único para ellos. Con nosotros, y con todos los niños, era lo más natural del mundo. Su principales referentes eran sus dos madres, pero estaban muy orgullosos de presentarme: “este es mi papá”. Es una resignificación de lo que es ser padre.

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