‘Beach Rats’: cuando el homoerotismo se encuentra con la mirada femenina


El Barrio de Brooklyn, Gerritsen Beach, no está en las páginas de la guía turística GIRLS. Esta zona tradicionalmente obrera no ha sido intervenida por los gentrificadores ni por realizadores audiovisuales. Pero para la directora Eliza Hittman (del barrio Flatbush), está zona se convirtió en la fuente de inspiración de su segundo largometraje: Beach Rats, título tomado del nombre otorgado al área por los chicos que pasan su tiempo en la playa Gerritsen.

En la película ganadora del Sundance, Frankie es un típico Beach Rat [rata de playa]: un chico musculoso, sin norte, que atraviesa una crisis de identidad. El pasa sus fines de semana fumando hierba, jugando handball y tomándose selfies frente al espejo de su sótano. Ante sus amigos pretende ser heterosexual, sosteniendo un romance perfecto con la chica de los fuegos artificiales de Coney Island. Al tiempo, Frankie coquetea en internet con tipos más viejos, con quienes intercambia fotos provocativas y tiene encuentros en los matorrales de la playa.

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El quid del personaje se le ocurrió a Hittman mientras investigaba para hacer el film. Para componer el ánimo visual de su película —que se grabaría en locaciones de Brooklyn y Queens— Hittman extrajo fotos de Facebook. “Estaba pensando en la manera de cómo ellos se representan a sí mismos en internet”, dice sobre las imágenes descubiertas. “Algunos estaban en la playa pasando el rato, otras eran fotos de fiestas, otras fumando. Básicamente trataba de ver el mundo a través de sus ojos”.

Una selfie en particular sobresalió entre las otras. “Era un chico reflejado en un espejo sucio, con un gorra de beisbol puesta que enmascaraba y ensombrecía su cara. Muy sugerente y sexual”, dice. “Parecía a punto de tomarse una foto del pene”.

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Frankie, interpretado por el londinense Harris Dickinson, presume de un cuerpo tonificado que atrae la atención cibernética. Hittman —cuya primera película Felt Like Love, trazó la madurez sexual de una joven adolescente— quiso volcar las expectativas de su segundo film. Quiso crear una historia muy masculina, incluso visualmente. Quedó enganchada con la manera en que esa selfie evocó una tensión entre el erotismo homosexual y la hipermasculinidad. Y esa tensión es la que quiso que encarnara Frankie.

A esto le sumó su propia capa de complejidad: la mirada de una mujer sobre el comportamiento de un hombre.

Este estado de ánimo interseccional resonó con el trabajo del fotógrafo local, Danny Fitzgerald, quien en los años 60 hizo beauty shoots de chicos musculosos, aceitados, miembros de pandillas. Hittman encontró este trabajo de estudio (llamado “Les Demi Dieux” porque Fitzgerald consideró a sus modelos semidioses) accidentalmente mientras buscaba fotografías de la época.

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“Pensé que eran fotografías muy interesantes por la manera en la que miraban el físico masculino, pensé que su proceso era muy interesante”, explica. “Podía invitar a estos chicos pandilleros a su estudio y tomarles unas fotos que exaltaban el lado vulnerable, clásico, escultural, aun siendo chicos callejeros. Para mí era un paralelismo”.

Para montar al combo de amigos híper masculinos de Frankie, Hittman hizo una selección de actores “naturales” (tomados de las calles). Una vez que Dickinson fue elegido para el papel de Frankie, lo puso a interactuar con sus potenciales compañeros en una cancha local de handball, para que descubrieran la mejor dinámica grupal.

El deporte sirve bien a la película: aunque es un pasatiempo gratis y popular de Nueva York, Hittman siente que no ha sido lo suficientemente representado en pantalla. Al no requerir ningún tipo de equipamiento, este deporte se enfoca mucho en el cuerpo. “Está muy determinado por el cuerpo”, dice la directora. “Hay algo casi de ballet cuando se observa a los chicos jugando handball, en la manera en la que se esfuerzan”.

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Beach Rats encuentra su historia en el lenguaje corporal. Frankie tiene una relación-fachada de verano con una chica: cita nocturna en Coney Island, fuegos artificiales incluidos. El proyecto de 1980 de Barbara Crane, Private views, es una influencia clave por la manera en que sus close-ups enfatizan el contacto corporal de los Festivales de verano en Chicago, en donde se captan gestos privados en espacios públicos.

Esto resultó instructivo para las escenas seductoras de Beach Rats, donde Frankie explora su otro lado. “Amo la composición de ellas [las imágenes de Crane]” dice Hittman, “y amo el hecho de que sean momentos donde las personas se conectan a través de sus cuerpos, de maneras que nosotros como audiencia, no se supone deberíamos ver”.

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Beach Rats se estrena el 24 de noviembre.

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