Todas somos Lisa Simpson: 30 años con la niña más lista y más triste de segundo grado


Hace 30 años nació la mujer más inteligente que conoces: Lisa Simpson. El ilustrador y creador de Los Simpson Matt Groening realizó un rápido boceto de Lisa mientras estaba sentado en una sala esperando al productor James L. Brooks. En esos preciosos minutos, estableció las bases del personaje que se convertiría en la conciencia, la tristeza y la esperanza de Norteamérica. Lisa es la niña-Sibila de nuestro tiempo. Ella es todas y cada una de la niñas ambiciosas, fuera de lugar o preocupadas por lo que les rodea. Y todas somos Lisa Simpson.

Lisa y su familia hicieron su debut en un corto para The Tracey Ullman Show el 19 de abril de 1987 y estrenaron su propia serie en Fox dos años más tarde. Inicialmente creada de modo genérico y caracterizada como una “Bart femenina” que imitaba las travesuras de su hermano mayor, Lisa fue doblada y encarnada por Yeardley Smith y finalmente evolucionó y se convirtió en un personaje más complejo. El productor ejecutivo, showrunner y guionista Al Jean contó a Broadly que una vez que los Simpson tuvieron su propia serie, Brooks sugirió que Lisa fuera la “intelectual fuera de lugar dentro de la familia”, un personaje que finalmente se convirtió en la brillante y apasionada persona famosa y adorada en todo el mundo actualmente.

Jean, que tiene dos hijas indica que ha “tenido una pequeña Lisa Simpson en [su] casa durante los últimos 25 años” y que siempre le recuerdan que “una niña de ocho años puede ser extremadamente aguda”.


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Tal y como evidencian las mujeres que me han contado que han bautizado a sus mascotas con el nombre de “Lisa Simpson”, que han escrito extensos posts en sus blogs acerca de ella y que se la han tatuado sobre sus cuerpos, nos vemos reflejadas en Lisa quien, a su vez, es nuestro reflejo. Lisa Simpson y las mujeres que somos como ella mantenemos una relación muy especial: nos hemos moldeado, imitado y conmovido las unas a las otras a lo largo de tres décadas.

En una ciudad donde se disparan “alarmas de pensamiento independiente” cuando una estudiante no quiere diseccionar un animal, Lisa es vegetariana, ecologista, budista, feminista, música, defensora de los derechos LGBT y de la libertad del Tíbet y opositora del apartheid. Con un intelecto destacable, unas tendencias políticas liberales y una gran sed de conocimientos, Lisa se aleja mucho del resto de los Simpson, de los demás niños de su edad y, en realidad, de todo Springfield.

“Lisa siempre está buscando algo que no ve en el mundo”, explica Jean. Mientras la vemos lidiar con los sentimientos de desplazamiento y añoranza en el universo Simpson, Lisa encarna una cualidad intrínsecamente vinculada a la experiencia de ser una niña.

Lisa es vegetariana, ecologista, budista, feminista, música, defensora de los derechos LGBT y de la libertad del Tíbet y opositora del apartheid.

En mis entrevistas con mujeres jóvenes que se ven reflejadas en Lisa, he visto que muchas se sienten sobre todo identificadas con el hecho de que su voz a menudo es ignorada cuando ella siente que es más necesaria. Sin embargo, los espectadores pueden mirar a través del espejo de feria que es el universo de Los Simpson y seguir viendo a Lisa con claridad. Nosotros la oímos cuando piensa que nadie en Springfield la está escuchando.

“Es muy fácil creer algo cuando todos los que te rodean te dicen unánimemente que es cierto”, explica a Broadly la cantante y compositora Mitski. “El papel de Lisa en Los Simpson es el de recordarnos que a veces es en realidad el mundo que te rodea el que es absurdo”.

Montaje por Laura Horstmann

Cuando un episodio de Los Simpson se centra en Lisa, siempre lleva una carga moral o filosófica. “[Sus episodios] siempre tienen una gran relevancia”, remarca Jean. El primer episodio que se centró en ella fue “El blues de la Mona Lisa” en 1990. En él, Lisa lucha contra una persistente y verbalizada tristeza: se despierta triste, está triste mientras se prepara para ir al colegio (“Una simple magdalena no me traerá la felicidad”), triste mientras almuerza (“Todos los días a mediodía suena la campana y nos traen hasta aquí como un rebaño para la hora de la comida y nos sentamos como ganado masticando nuestros sándwiches, esperando lo inevitable”), triste durante la clase de música (“Lloro por la familia sin techo que vive en su coche, por el granjero de Iowa cuyas tierras le han sido arrebatadas por burócratas sin sentimientos, por el minero de carbón del Oeste de Virginia”) e incluso está demasiado triste para jugar al balón.

Cuando Homero intenta animar a Lisa, tira del hilo de una realidad femenina que es incapaz de comprender. Lisa perdona a su padre, pero eclipsa toda la capacidad emocional de este con solo un atisbo de lo que está recorriendo su alma. “¿Qué sentido tiene? ¿Cambiaría algo si yo nunca hubiera existido? ¿Cómo podemos dormir por la noche cuando hay tanto sufrimiento en el mundo?”, pregunta.

Aquella noche, Lisa sigue al músico de blues que ve a través su ventana y descubre que es el saxofonista “Gingivitis” Murphy (más tarde conocido como “Encías Sangrantes”). En Murphy, pensamos que Lisa ha encontrado a un igual o a un mentor. Cuando improvisan juntos, ella termina su blues con la frase, “Soy la niña más triste del cuarto grado”. En lugar de sentir compasión de ella como el público pide, Murphy le suelta un golpe inesperado: “¿Sabes? Tocas bastante bien para ser alguien sin problemas de verdad”.

Lisa nos anima a sentir con más sinceridad, a preocuparnos por los demás y entregarnos a ellos con generosidad y a esperar más de la vida, incluso aunque nada de lo que nos suceda sea como esperábamos.

Aunque Lisa ignora ese comentario, la decepción en esa escena es palpable. Esa decepción que podemos reconocer, derivada de no ser tomada en serio por ser una niña (y por ser de sexo femenino). “Creo que su tristeza deriva del sentimiento de que no puede ver dónde encaja y no siente que vaya a llegar jamás el momento en que finalmente encaje”, dice Jean. “Está ahí para las personas que pueden tener aspiraciones que no se están realizando en su situación actual, pero que tienen la esperanza de que algún día se cumplirán”.

Lisa medita profundamente cada una de sus decisiones y el impacto que tendrán en su futuro. Y a nosotras nos resulta fácil vernos como ella se ve a sí misma, atrapada en el zumbido de la televisión y con la única opción de planificar una trayectoria teórica de sus posibles vidas futuras. Que ya sea capaz de sentir la carga de esas vidas estando en segundo grado nos la hace todavía más cercana.

“Hubo algo increíblemente especial en crecer con este modelo a seguir para todas las maneras en que la vida nos iba a decepcionar y lanzar un reto”, explica a Broadly la artista residente en Brooklyn Emily Oliveira. “Me siento agradecida por haber aprendido a una edad temprana que ser Lisa puede provocar mucha, mucha soledad, pero que la única manera de ser feliz es enfrentarse al mundo con amor profundo y enorme sensibilidad”.


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Lisa nos anima a sentir con más sinceridad, a preocuparnos por los demás y entregarnos a ellos con generosidad y a esperar más de la vida, incluso aunque nada de lo que nos suceda sea como esperábamos. “Verla me hizo querer ser más lista y aprender cosas sobre el blues y sobre El corazón revelador” nos cuenta Victoria Setian, productora de videojuegos en Avalanche Studios y anteriormente en Warner Brothers. “Pero la cosa principal sobre la que reflexiono cuando pienso en Lisa es el capítulo de la pitonisa, cuando se convierte en Presidenta de los Estados Unidos. Aquello realmente me abrió los ojos con respecto a lo que podría deparar el futuro para una niña como yo”.

Si las profecías políticas de Los Simpson son todas tan certeras como la de la presidencia de Trump, Jean dice que el mayor legado que dejará la serie será la Presidenta Lisa Simpson. Yo le digo que la administración actual ya ha inspirado a un montón de mujeres a presentar su candidatura y que la mayoría de nosotras crecimos con Lisa, quien nos enseñó las complejidades de la ambición, la decepción y la resiliencia.

“Quizá el episodio más emotivo que hayamos hecho jamás sea ‘El sustituto de Lisa‘”, me dice Jean cuando le pregunto por su momento favorito de Lisa, el más significativo. En ese capítulo, Lisa conoce a un apasionado y poco ortodoxo profesor sustituto del que se enamora, hasta que él debe marcharse de Springfield para su siguiente sustitución. “Una nota al pie típicamente curiosa es que, cuando lo emitieron, la promoción giró completamente en torno a que Bart se presentaba a delegado de la clase. Ni siquiera en su propia cadena y en su propio episodio Lisa obtiene un respiro”.

Este artículo se publicó originalmente en abril de 2017.

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