Intenté averiguar por qué la mariguana no es divertida para mí


Este artículo apareció originalmente en VICE Netherlands.

A mi amiga Sara le encanta la hierba. Es una gran persona sin ella, pero cuando la fuma, Sara se convierte en la persona más divertida, relajada, creativa y vivaz que he conocido. Su mente de repente hace conexiones asombrosas y alcanza un nivel de tranquilidad casi poshumano. Otro amigo mío dice que se siente como si te hubieras transformado “en uno de esos perros de plástico con una gran sonrisa a los que se les mueve la cabeza”. No son los únicos; muchos de mis amigos son entusiastas de la mariguana, y es lo único que no puedo compartir con ellos: no importa cuánto lo intente, cuando yo la consumo me siento como una loca paranoica.

Cuando fumo un porro, me vuelvo extremadamente tímida y estresada. Hago un comentario mundano acerca de algo y al instante comienzo a preocuparme por lo tonto que fue. Salgo de la habitación y me preocupo de que el ambiente no sea el mismo cuando regrese. Entro en un estado de paranoia, y aunque sigo siendo capaz de racionalizar la situación: ‘¡Oye, sólo piensas estas cosas porque estás drogada, loca!’, los pensamientos paranoicos no desaparecen. Y si resulta que también estoy ebria, acabo con la cabeza apoyada en el asiento del inodoro, temiendo quedar atrapada en esa posición por el resto de mi vida.

Me molesta infinitamente que la hierba no sea divertida para mí. No sólo mis amigos, sino muchos de mis héroes personales -Rihanna, las chicas de Broad City, Sarah Silverman-, son orgullosos consumidores de hierba. No estoy triste porque sienta que drogarse sea cool, sino porque realmente siento que me estoy perdiendo de una experiencia eufórica. ¿Qué es exactamente lo que me impide estar feliz al consumir mariguana? ¿Lo estoy haciendo mal y podría simplemente aprender a apreciarlo? Necesito respuestas, así que decidí contactar a algunos expertos para arrojar algo de luz sobre mi problema.

Foto por David Meulenbeld

Primero, hablé con Natasha Mason, neuropsicóloga de la Universidad de Maastricht y experta en cómo el tetrahidrocannabidol (THC), el elemento psicoactivo del cannabis que hace que te eleves, afecta la química de tu cerebro. Me dijo que no podría darme una respuesta exacta, ya que el uso de drogas es una experiencia subjetiva y los efectos difieren de persona a persona.

Pero ella me dijo que un estudio de la Universidad de Chicago muestra que una dosis baja de THC en la mariguana puede ayudar a reducir el estrés, mientras que una dosis alta puede provocar sentimientos de miedo, paranoia y malestar. Junto con el THC, el cannabis contiene muchas sustancias diferentes, incluido el cannabidiol (CBD), que contrarresta los efectos psicoactivos de la droga y se sabe que tiene una gama de cualidades medicinales. La mariguana holandesa que usualmente fumo suele ser comparativamente alta en THC y baja en CBD, lo que posiblemente podría estimular mi sensación de paranoia.


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El ambiente en el que fumo también desempeña un papel importante, me dijo Mason. Una investigación llevada a cabo en ratas ha demostrado que un miedo que es estimulado por el THC aumenta cuando las ratas se encuentran en un entorno nuevo o potencialmente estresante. Además, Mason me dijo que las personas que fuman regularmente generalmente experimentan efectos secundarios menos preocupantes, agregando que podría ser que las personas que nunca tuvieron experiencias negativas con la mariguana simplemente es más probable que fumen con regularidad.

Eso está muy bien, pero esto no explica por qué me transformo en este desastre socialmente incómodo y paranoico, mientras mis amigos disfrutan cómodamente el high. Siempre fumamos las mismas cepas, con el mismo porcentaje de THC, en el mismo entorno familiar. Mason cree que mi personalidad es el factor determinante.

“La opinión general es que el THC intensifica los sentimientos de ansiedad, sentimientos que ya están presentes en ti”, me explicó. “Si eres naturalmente muy analítica o un poco agitada y ansiosa, ciertos químicos en tu cerebro, como la serotonina [que controla tu estado de ánimo], la noradrenalina [la hormona que prepara tu cuerpo para la acción física repentina],el GABA [un tranquilizante] y el glutamato [una sustancia que ayuda al cerebro a funcionar normalmente] podrían funcionar de manera diferente en tu cerebro que en los cerebros de las personas más relajadas, y eso podría dar como resultado una respuesta más extrema al THC”.

Floor van Bakkum, una trabajador de prevención en el servicio holandés de educación sobre drogas, el Jellinek, está de acuerdo con Mason. Ella piensa que es casi seguro que yo sea naturalmente ansiosa y tienda a pensar demasiado. “Si te gusta analizar en exceso las cosas y tratar de tener todo bajo control en tu vida cotidiana, probablemente sea más difícil para ti soltar ese control después de fumar un porro”, dijo. “Básicamente, estás bloqueando la parte divertida”.

Cuando le pregunté qué debo hacer para disfrutar del cannabis, me dijo que fume porros que contengan cantidades más altas de CBD. Sin embargo, también me aconsejó que acepte que no siempre se puede tener lo que uno quiere, tal vez la mariguana nunca sea para mí.


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Pero eso no puede ser. ¿No puedo sólo aprender a fumar hierba como aprendí a beber alcohol? Con eso en mente, llamé a Daan Keiman del Instituto Nacional Trimbos para la Salud Mental y la Adicción. Él me aseguró que los efectos que describo son bastante comunes con el consumo de cannabis, y que es muy posible que pueda “aprender a apreciarlo”.

Le pregunté si mis síntomas podrían significar que soy más propensa a experimentar psicosis después de fumar. “Estar en riesgo de experimentar psicosis y tener sentimientos de ansiedad son dos cosas completamente distintas”, me dijo. “Pero debes ser especialmente cuidadosa si alguien en tu familia ha sufrido alguna vez episodios psicóticos”.

Después de quedarme sin expertos con los cuales hablar, finalmente recurrí a mi amiga Anne, quien me tranquilizó. “¿Sabes?, para ti puede parecer que las personas drogadas se están divirtiendo mucho, pero eso no siempre es cierto”, me aseguró. “El hecho de que no disfrutes y no consumas mariguana podría ser una bendición”.

Si ella tiene razón y realmente no me estoy perdiendo de nada, eso haría que la situación fuera mucho más fácil de aceptar. ¿Por qué necesito ser parte de la cultura del cannabis si no es tan divertida como la hacen ver? Con ese pensamiento, por un momento, finalmente me siento tan contenta como un perro de plástico con la cabeza móvil y una gran sonrisa en la cara.

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