Calcinados, acribillados y encobijados: Tijuana a través de la cámara de un fotoperiodista


El primer homicidio del 2017 en Tijuana se reportó a las 9:00 de la mañana. Los automovilistas que transitaban por la Autopista Escénica Tijuana-Ensenada vieron el cuerpo de un hombre, tirado sobre el asfalto, con tres disparos en la cabeza. Era uno de los cuatro homicidios del primero de enero con el que comenzó una lista de cientos de entambados, embolsados, descuartizados, calcinados, acribillados y encobijados que, en conjunto, llegan a una cifra récord histórica de más de 1,600 homicidios en la ciudad este 2017.

Tijuana es una de las tres ciudades del mundo con más homicidios por cada 100 mil habitantes —junto a Caracas, en Venezuela, y Acapulco, también en México—, según lo dicho el 29 de noviembre en esta ciudad por José Antonio Ortega, presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal AC.

“Esta es una guerra de narcomenudistas de bajo perfil. Los muertos los han puesto todos los bandos, todos van perdiendo. Para mí todos son víctimas sin importar el grupo con el que trabajen”, cuenta Margarito Martínez, fotoperiodista con quien platiqué en un restaurante en la ciudad de Tijuana.

Margarito Martínez.

Margarito llega cargando un estuche en el que guarda su cámara y un lente de larga distancia, útil en encuentros deportivos y safaris africanos, aunque él lo usa cuando la policía acordona la escena de algún crimen y lo aleja de su objetivo. Antes de saludarme baja el volumen de un radio escáner que lleva en la mano, el cual le ayuda a interceptar la frecuencia que la policía utiliza para comunicarse en claves que él descifra para estar al tanto de lo que sucede en las calles. “Me llamo Margarito, tengo años 45 años y soy reportero gráfico”.

“Todo empezó con el debilitamiento del Cártel de los Arellano Félix (CAF), cosa que aprovechó el Cártel de Sinaloa para entrar a la plaza con fuerza”, dice sobre la desmesura con que los homicidios dolosos se han presentado durante el año. “Al verse en desventaja el CAF se alió con el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y ahí comenzó el desmadre, el boom. Si trabajabas para un cártel te mataban, pero si te ibas con el otro cártel, también. Muchos de los detenidos en el 2008, que es cuando empezó la pugna por la plaza, están saliendo de la cárcel. Ellos saben dónde están las tienditas de droga, los negocios que se hicieron con dinero ilícito o quiénes son las personas que delinquen y les cobran piso, los extorsionan, los levantan, los secuestran y los matan. Ésta es una guerra entre narcomenudistas. Ahora que ha entrado el CJNG he visto mucha saña en los crímenes. Se puso muy caliente el sur del país —Veracruz y Michoacán— y se vinieron para acá. Es gente que trae otras formas de matar; se dice que en Tijuana andan varios ex Zetas trabajando”.

Una hora antes de nuestro encuentro, Margarito estuvo en un “evento de alto impacto”, como le llama a los homicidios dolosos (intencionales). Registró imágenes de tres jóvenes acribillados frente a una carnicería. El triple homicidio forma parte del catálogo de asesinatos sucedidos durante el año en la colonia Ejido Francisco Villa, en donde, entre otros, se incluye el de una persona baleada y carbonizada sobre la vía pública; un hombre quemado, al que primero ahorcaron con un alambre; dos asesinados a balazos desde un auto en marcha afuera de una ferretería; así como los cuatro cadáveres a quienes anticipadamente torturaron y después envolvieron en bolsas negras para basura y que un grupo de niños, que jugaba en un lote lleno de maleza, descubrió debajo de un colchón que intentaba ocultarlos.

La mayoría de los homicidios de este año han sucedido en la Zona Este. Autoridades de la Subprocuraduría de Investigaciones Especiales, de la Procuraduría General de Justicia de Baja California, han dicho que 90 por ciento de estos homicidios están relacionados con la lucha que células del Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación —aliados con el Cártel de los Arellano Félix— sostienen por los puntos de venta de narcomenudeo. Esto como consecuencia de la infinita cantidad de droga que se estaciona y luego se trafica por esta frontera. El Reporte Nacional de Drogas (2017) de la Administración para el Control de Drogas (DEA) reveló que en el 2016 las autoridades de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos decomisaron en la frontera con Tijuana el 50 por ciento de la cocaína (5,447 kg), heroína (683 kg) y metanfetamina (10,030 kg) que se traficó a su país.

Cuando iba en secundaria, Margarito trabajó en una planta llenando garrafones de agua. Con el dinero que ganó se pagó unos cursos de computación y cuando terminó la escuela se fue, primero a San Diego y luego a San Francisco, en California, donde aprendió inglés. Volvió a Tijuana y se puso a trabajar y a practicar inglés en una tienda de curiosidades mexicanas en la avenida Revolución. Tenía 26 años, estaba casado y con dos hijos.

“Los fotógrafos me quedan muy mal; tú me ayudarás ahora con las fotos”, le dijo su madre un día del 2004. Ella es periodista, es la directora de la revista de política La Lucha de las Féminas desde hace 44 años. A veces le ayudaba a compaginar, engrapar y repartir la revista en los municipios de Baja California, pero nunca había tomado fotos. “Comencé utilizando una camarita Canon de 5.7 megapixeles para fotografiar eventos políticos. Pero en la fotografía policial me inicié un día del 2008”.

Caminaba con su mamá por la zona centro y escucharon balazos, recuerda. En lugar de pedirle que se agachara o escondiera, le dijo: “Vente, es allá, córrele, vamos para que tomes fotos”. La balacera era entre la policía municipal y, ahora lo sabe, una célula de los Arellano Félix dirigidos por Filiberto Parra, La Perra —parte de la célula que dirigía Teodoro García Simental, detenido en 2009 y liberado en junio de 2017, quien se dice que ordenó al Pozolero del Teo desaparecer más de 300 cuerpos humanos—.

Estaban asaltando un camión blindado de valores cuando les cayó la policía. Se dieron de balazos y los pistoleros alcanzaron a huir, pero en la zona de la vía rápida los alcanzaron y la policía mató a uno de los pistoleros. La reacción de los sicarios fue matar con ráfagas de metralla al jefe de la policía municipal del distrito Los Pinos, Margarito Saldaña Rivera, dentro de su casa, a su hermana y a una de sus hijas de 12 años, y herir a su esposa y a dos hijas más. Luego asesinaron a dos subjefes de la policía del distrito La Mesa y a una familia de tres integrantes que confundieron con la de otro subjefe de la policía. “Todo eso me tocó cubrirlo. Así fue como me inicié en la nota roja, ese día me prendí de la policiaca, la adrenalina me explotó y ya no pude desengancharme”.

En este trabajo se necesita tener temple, ser disciplinado y estricto. Margarito asegura que cada evento de alto impacto requiere de una actitud distinta. “A veces llegas y el instinto de supervivencia te dice que no debes levantar la cámara, que mejor la guardes y te retires del lugar”. La discreción es importante, saber cuándo sí y cuándo no tomar fotos. “En el momento en que llega la familia a la escena del crimen de alguno de los asesinados, es muy difícil estar ahí. Me hace entrar en un dilema: ‘¿Sigo trabajando o me retiro del lugar?’, me pregunto. O sea, no me llaman la atención las imágenes de llanto”.

En ocasiones llega temblando a la escena del crimen por la adrenalina y a veces por el miedo. En distintas ocasiones le ha tocado estar a no más de cuatro metros de un cuerpo descuartizado. “Es un aroma a carnicería que se puede palpar, tocar con las manos; vísceras, órganos, sangre. El olor de los cuerpos calcinados es a vil carne quemada, a grasa y ceniza. En el caso de los cuerpos en estado de putrefacción es un olor fétido, igual que como huele un perro muerto. Son olores que se te quedan impregnados en la ropa. Es un poco traumático este trabajo. Hay que tener estómago de acero para no vomitar y no todos están dispuestos a ver escenas de cuerpos convertidos en carbón o partidos en pedazos”.

Todos los días Margarito se levanta a las seis de la mañana para prepararle el desayuno a su hija que está en la secundaria. Después enciende el escáner, revisa sus mensajes de Whatsapp y las llamadas para saber si algo importante se le pasó durante la madrugada o si algo está sucediendo en ese momento. A partir de ahí comienza a moverse por la ciudad.

Regularmente a las 11 de la noche apaga todas sus comunicaciones para poder dormir, porque de otra manera es imposible. Antes trabajaba de las ocho de la noche a las cinco o siete de la mañana. Hacía guardia afuera de la Cruz Roja y esperaba a escuchar por radio algún evento de alto impacto para ir a cubrirlo. Así duró cerca de tres años, pero era muy desgastante y no podía convivir con la familia. Hoy solamente sale cubrir un evento de madrugada si es muy trascendente o extraordinario, cuenta. “¿Qué es extraordinario? Tres o cuatro ejecutados, por menos no acudo. Si es un muertito y es sábado o domingo y tengo que manejar, digamos, unos 50 minutos, no voy”.

“Es correcto suponer que la muerte no tiene horario, ni día”, asegura. “Un sábado de octubre del 2008, como a las seis de la tarde, estaba asando carne junto a mi madre, mis hijos y mis hermanos, cuando me avisaron: ‘Márgaro, policías federales y militares se están agarrando a balazos'”. Los habitantes de una casa en un exclusivo fraccionamiento estaban repeliendo una agresión de la policía. Era El Doctor, Eduardo Arellano Félix, uno de los cabecillas del Cártel de Tijuana, quien sólo estaba acompañado de su hija de 11 años. La balacera duró como 40 minutos, al final lo detuvieron y dejaron entrar a la casa a fotógrafos y periodistas.

Le gusta el futbol americano y el soccer. A veces con los compañeros de la prensa se avienta una cascarita. Para distraerse sale con su familia al cine, a la playa o a un restaurante. Ve telenovelas y la serie de El Chapo. Su película favorita es Ghost, la sombra del amor. “Me gusta por el mensaje que habla de lo bueno y lo malo que hay en un espíritu”.

“Actualmente unos productores de Netflix me acompañan en algunas coberturas porque harán una serie de Tijuana similar a la de El Chapo. En esta nueva serie abordarán el tema del narcotráfico, los hermanos Arellano Félix, el Semanario Zeta y el Grupo Caliente de Jorge Hank Rhon. Me buscan porque les interesa palpar la realidad de la violencia por medio de mi trabajo”, asegura.

Hay imágenes que nunca se van de su cabeza. Piensa en los tres ejecutados calcinándose dentro de una camioneta abandonada en el bulevar 2000. Ese día, después de cubrir ese evento, se fue al fraccionamiento Las Delicias porque a una joven la habían descuartizado. “Otra imagen que también recuerdo mucho es la de tres cuerpos encontrados en el puente peatonal del bulevar Federico Benítez López —nombrado así en honor al jefe de la policía de Tijuana acribillado en 1994—; dos estaban descuartizados adentro de bolsas de plástico y al otro, al que también le habían cortado los brazos y las piernas, lo colgaron, pero se cayó sobre el pavimento y los carros tuvieron que esquivarlo”, platica.

“Tengo pesadillas. Sueño que salgo envuelto en llamas de mi vehículo, gritando y pidiendo auxilio, creo que porque he visto muchos accidentes y ejecutados a los que les prenden fuego dentro del auto. Me tocó ver a una señora prensada dentro de su vehículo incendiándose. No se pudo salvar porque el auto estaba en llamas. Todavía no he soñado que me matan. Para mí la forma más cruel de asesinarte es que te torturen tres días y luego te tiren encobijado, eso también lo he visto”.

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