Esta educadora sexual enseña BDSM a personas discapacitadas


Es imposible que Robin Wilson-Beattie pase desapercibida cuando entra a algún sitio. Lleva el cabello, de medios a puntas, teñido de color morado, los labios perfectamente pintados de rojo y lentes ojo de gato; con este look parece como salida de un catálogo de Sears de la colección punk rock de los 60. Luego está su andadera, cubierta con estampas de flores.

Wilson-Beattie es una educadora de salud sexual y discapacidad, difunde el mensaje de que la gente discapacitada quiere tener sexo y que les gusta lo mismo que a cualquier otro, desde la posición del misionero hasta el BDSM.

“Las personas asumen que la gente discapacitada no tiene interés en el sexo”, dijo Wilson-Beattie a Broadly. “No entiendo esa forma de pensar. Es parte del instinto humano. Ser discapacitado no significa que no quieres comer. O que no respiras. O que no quieres dormir”.

Wilson-Beattie nació sin ninguna discapacidad, pero un defecto de nacimiento extremadamente raro provocó un aneurisma en su espina a principios de sus treintas, trastornando la sensación y función de la parte inferior de su cuerpo. Una semana después de enterarse de que necesitaba cirugía para eliminar el aneurisma, los médicos también le dijeron que estaba embarazada. Wilson-Beattie continuó con el embarazo mientras volvía a aprender todo lo relacionado con su cuerpo inferior, como sentarse, caminar, usar el baño y tener sexo.


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Aunque los doctores pasaron semanas enseñándole las funciones de su vejiga e intestinos, el segmento dedicado al sexo sólo duró 45 minutos. Los pacientes en su centro de rehabilitación estaban separados por género, como las clases de salud de la secundaria, y les mostraron un video de una mujer hablando acerca del sexo después de haber sufrido una herida en la médula espinal.

“El video generó más dudas que respuestas, para mí”, dijo Wilson-Beattie. “Parecía que tu vida sexual había terminado para siempre. Era muy desalentador y funesto sobre la capacidad de expresarte como un ser sexual, al menos en mi opinión. Recuerdo haberme enojado y pensar que era una mierda”.

A pesar de las complicaciones surgidas a raíz de su lesión medular, Wilson-Beattie logró dar a luz a una niña sana. Y si bien no permaneció sexualmente activa durante el embarazo, sí estaba decidida a reconstruir su vida sexual después de que naciera su hija. Sin embargo, pronto descubrió que tendría que hacerlo sola.

“Los médicos son producto de nuestra sociedad”, afirma Wilson-Beattie. “Muchos no tienen en mente a los discapacitados y su educación sexual”.

Tenemos el derecho de tomar decisiones sobre lo que queremos y no queremos hacer. Superar esa actitud quizá es uno de los mayores impedimentos que hay.

Decidió usar su experiencia para llenar el vacío que los médicos dejaron, participando en ponencias sobre sexo y discapacidad, actuando como consultora sobre inclusividad para varias compañías de la industria sexual y enseñando educación sexual a individuos y grupos con discapacidades.

Después de lidiar con los proveedores de asistencia médica, quienes asumieron que no podía tener sexo y constantemente cuestionaban su estilo de vida y a sus parejas, su primera meta fue hacer que las personas sin discapacidades entendieran que las personas discapacitadas no son niños y se puede confiar en que saben qué es lo que necesita su cuerpo. “Tenemos control sobre nuestros cuerpos”, declaró. “Tenemos el derecho de tomar decisiones sobre lo que queremos y no queremos hacer. Superar esa actitud quizá es uno de los mayores impedimentos que hay”.

Robin Wilson-Beattie (centro) en una Staford MedX

Las personas sin discapacidades tampoco comprende del todo cómo los discapacitados tienen sexo, opinó Wilson-Beattie, porque piensan que “sexo” equivale a “pene en vagina”. Sin embargo, el mundo del sexo para los discapacitados es mucho más amplio por necesidad. Algunos no pueden utilizar sus genitales para nada. En lugar de esto, Wilson-Beattie enseña a sus alumnos a ampliar la definición de “sexo” y descubrir sus zonas erógenas.

“Después de haber sufrido mi lesión medular, descubrí que tengo un sitio en mi cuello que es extraordinariamente sensible”, contó Wilson-Beattie. “Puedo tener un orgasmo si me estimulan ese sitio en el cuello. Otras personas me han dicho que pueden disfrutar orgasmos cuando estimulan sus pulgares. La gente con discapacidad estamos acostumbrados a adaptarnos, porque el mundo no está pensado para nosotros”.

Wilson-Beattie, casada por segunda ocasión hace poco, es abierta sobre su matrimonio poliamoroso. Tanto ella como su esposo salen y tienen otras parejas. Ama destruir el mito de que cualquier discapacitado es heterosexual y monógamo. La discapacidad es una “condición humana”, dijo, no afecta a un solo tipo de persona. Existen discapacitados de cada raza, edad, nacionalidad, género, sexualidad y con diversos esquemas de relaciones. Tener una discapacidad no determina hacia quién te sientes atraído, señaló.

Y tampoco determina quién se siente atraído hacia ti. Wilson-Beattie se molesta cuando la gente asume qué tipo o “calidad” de personas puede atraer como pareja romántica o sexual. Profesionales de la salud han hecho comentarios de sorpresa por la cantidad de parejas exitosas que ha tenido, cuando ellos “no pueden conseguir ni una”. Una enfermera incluso le preguntó directamente, “¿Cómo conseguiste alguien así?”


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Ser discapacitada tampoco determina cómo te gusta excitarte, además de las limitaciones físicas que te obligan a hacer adaptaciones. Wilson-Beattie practicó BDSM antes de su lesión, pero lo sigue practicando hoy en día. El BDSM se trata de encontrar caminos para excitarse que incluyen diferentes partes del cuerpo. Para quienes no usan o tienen un uso limitado de sus genitales, Wilson-Beattie dice, el BDSM puede ser una excelente forma de explorar y disfrutar el sexo y la intimidad.

“Una vez recibí a una enfermera practicante cuando estaba impartiendo un taller sobre BDSM y discapacidad. Ella dijo que nunca recomendaría a sus pacientes ‘dejarse llevar por el sadomasoquismo'”, cuenta Wilson-Beattie. “Dijo que debías tener un permiso del doctor para participar. Y yo contesté, ‘Disculpe, señora. Con todo respeto debo contradecirla. Nosotros tenemos control sobre nuestros cuerpos. Tenemos el derecho de tomar decisiones sobre lo que queremos y no queremos hacer’”.

Wilson-Beattie está determinada a desafiar las ideas generalizadas sobre el significado de ser deseada. Ella cree que en aceptar tu cuerpo —para quienes tienen y no tienen discapacidades— está la clave para sentirse sexys. “Nos enseñan que los defectos son feos”, dijo. “Yo tuve que definir cuál era el significado de la belleza para mí. Es un sentimiento. Me siento hermosa. Me tomó tiempo llegar a este punto, pero sentirme hermosa me permite sentirme sexy”.

“Amo mi cuerpo, mis cicatrices y todo”, afirmó con lágrimas en los ojos. “Creo que mis cicatrices son un testimonio de mi fuerza y poder. Tengo cicatrices de guerra que demuestran que estoy aquí y luché por mi vida. Este es el cuerpo que tengo. Es lo que recibí. Y estoy sacando más que lo mejor de él”.

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