Así viven los ‘niños presos’ en Honduras


Un total de 347 niños viven en las cárceles de Honduras, Guatemala y El Salvador. La Ley permite a las presas estar con ellos hasta los cuatro años —cinco en El Salvador—, pero los menores viven con las restricciones de sus madres encarceladas. La mayoría de los niños comen, juegan y viven de la caridad. Algunos no conocen la calle y otros viven en completo aislamiento. Los sistemas penitenciarios no los consideran presos. En esta primera entrega del proyecto ‘Niños Presos’, se aborda la situación de Honduras.

El nieto de doña Rita, de quince meses, está preso desde que nació. Su mamá lo tuvo en un hospital, pero el mismo día regresó a prisión con el bebé. Una playera rosa con un 18 impreso cuelga encima de la cama que comparte con ella, en una de las habitaciones de la prisión: el recinto materno infantil de la Penitenciaría Nacional Femenina de Honduras.

Debajo de la playera hay fotos del niño y de su hermano de siete años rodeando un corazón rojo de papel. El bebé luce bien, pese a que la policía golpeó a su mamá con un tubo las piernas, la cabeza y la panza cuando él estaba adentro.

El día que detuvieron a Ritza, su mamá, el bebé era un feto de siete meses dentro del útero. Entonces fue bateado con el tubo. Ahora convive en la habitación con otras cinco madres y sus niños. Puede salir del área materno infantil con su madre de cinco de la mañana a cuatro de la tarde, cuando las custodias cierran las puertas, pero pasa en su cuarto la mayor parte de sus horas.

El ocio penitenciario es exactamente esto: su madre no tiene más que hacer y tampoco él.
Es un sábado de julio. El nieto de doña Rita hoy va a salir dos semanas. Los niños que viven con sus mamás encarceladas tienen derecho a salir con su familia.


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Doña Rita dice que no lo saca desde hace dos meses. “Todo lo que es de una ciudad es nuevo para él”. Hoy lo pondrá en la ventana del bus que les lleva a su casa a dos horas de distancia de la prisión. ”Observa bastante… Sí se le nota algo de cambio a él [cuando sale]”.

A las ocho de la mañana, el sol pega en las cabezas de los familiares de las presas que avanzan lentos en una fila para ingresar a la Penitenciaría Femenina de Adaptación Social (PNFAS), en Támara, a cuarenta minutos en carro de Tegucigalpa, en un día de visita. Este es el único centro penal de Honduras exclusivo para mujeres y donde viven niños hasta la edad que la legislación lo permite: cuatro años.

Estos niños nacen con una condena: sus madres están presas en Honduras. Tienen derecho a la alimentación condicionado porque dependen de la buena voluntad de unas pocas organizaciones, que subsisten, a veces, de fondos internacionales.

Históricamente, el Gobierno no ha dado presupuesto para comprar comida, cunas, camas o pañales. Como sus mamás no tienen empleo y no hay una guardería, el único beneficio que tienen los niños que crecen en la Penitenciaría es la compañía permanente de sus madres.

***Este texto es el primer capítulo del proyecto ‘Niños presos’, elaborado por la productora El Intercambio, integrada por Belén Picazo, David Ruiz, Ximena Villagrán, Oliver de Ros y Elsa Cabria. La serie realizada en Honduras, El Salvador y Guatemala, fue financiada por Ford Foundation y Seattle International Foundation, para investigar cómo viven y crecen los niños cuyas madres están encarceladas. Para leer el texto completo y ver la data entra aquí.

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