Las personas con ‘déficit de atención’ tienen una gran capacidad de concentración


Mary estaba en “la zona”. Llevaba todo el día conectada a internet y no se había dado cuenta de que se había producido un incendio en su casa hasta que llegó un bombero y le dijo que dejara lacomputadora y saliera inmediatamente.

Relájate. Mary no es más que una leyenda urbana, un ejemplo de la capacidad que tienen las personas con trastorno de déficit de atención e hiperactividad para concentrarse en una misma tarea durante horas, hasta el punto de que pierden la noción del tiempo y el espacio. Las personas que sufren TDAH a menudo recuerdan esta historia para aliviar un poco su soledad.

“Todos odiamos las siglas TDAH”, explica Elaine Taylor-Klaus, una de las fundadoras del grupo de asesoramiento ImpactADHD, en Atlanta. Como aparece la palabra “déficit”, mucha gente cree erróneamente que tener TDAH significa que no eres capaz de prestar atención, cuando, de hecho, las personas con este trastorno son capaces de concentrarse más que nosotros en determinadas tareas. Es lo que se llama hiperconcentración.

Kimberly Gordon, psiquiatra del Sheppard Pratt Health System, en Baltimore, explica que el síntoma se traduce en “la concentración extrema en una tarea concreta”. Al igual que Mary en el mito, añade Gordon, “cuando las personas con TDAH se centran en algo, suelen aislarse de todo lo demás que ocurre a su alrededor. Mientras están enfrascados en la tarea en estado de hiperconcentración, sus cerebros envían señales de actividad, placer e implicación”.

Como información adicional, cabe decir que el TDAH se origina a partir de un déficit de producción de dos neurotransmisores: la dopamina y la norepinefrina. Si pensamos en los neurotransmisores como el lubricante que permite a la maquinaria del cerebro funcionar correctamente, la dopamina y la norepinefrina están vinculadas a la capacidad de concentración.


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La estimulación activa la corteza prefrontal y provoca la liberación de dopamina, que facilita la concentración en una tarea. Para obtener los neurotransmisores necesarios, las personas con TDAH nos enfrascamos en actividades estimulantes, como jugar a nuestro juego favorito o leer sobre un tema que nos interese. En algún momento podemos entrar en u estado de concentración tal que nos olvidamos de todo lo que nos rodea.

“Si se aplica correctamente, para mí la hiperconcentración es un don”, señala Taylor-Klaus. “Piensa en los cirujanos, los médicos de urgencias, los actores… Mi hija, que tiene TDAH, es una actriz de gran talento, y creo que se debe a que es capaz de desconectarse del mundo y entregarse de lleno al momento. Presenciarlo es algo asombroso”.

“La hiperconcentración bien gestionada es una fortaleza que puede repercutir muy positivamente en la vida, ya sea en forma de una trayectoria artística de gran éxito, grandes capacidades de programación informática, de pilotaje, ingeniería, cirugía, etc. Las opciones son infinitas, si se gestiona en el marco de un plan de tratamiento”, explica Gordon.

Y la clave está precisamente en ese plan. Cuando no se trata adecuadamente, el TDAH puede causar estragos en la vida de quien lo padece. Es muy poco probable que haya alguien como Mary, incapaz de darse cuenta de que su casa está ardiendo, pero, por ejemplo, los adolescentes que padecen el trastorno tienen un 36 por ciento más de probabilidad de tener un accidente de coche.

Las personas con este trastorno son capaces de concentrarse más que nosotros en determinadas tareas. Es lo que se llama hiperconcentración

En el caso de los adultos, resulta entre dos y cuatro veces mas probable que acaben siendo despedidos, y ambos grupos de edad son más proclives a desarrollar adicción a las drogas o al alcohol. La tasa de divorcios en parejas en las que alguno de sus miembros tenga TDAH es casi el doble de la del resto de matrimonios. Por último, entre el 42 y el 53 por ciento de las familias que viven por debajo del umbral de la pobreza tienen al menos un miembro con TDAH, dato que contrasta con el 33 por ciento en el caso de los hogares con más recursos.

“El TDAH es un trastorno médico que puede influir negativamente en el paciente si no se trata”, explica Gordon, “pero a pesar de todo, nadie debería interpretar esto como una señal de que tienen un problema ni negarse a recibir tratamiento”. Al contrario, lo recomendable es, en primer lugar, tomar conciencia de los síntomas, pedir un diagnóstico y dejar que un profesional determine un tratamiento. “La concienciación es un elemento clave para gestionar el TDAH”, añade Taylor-Klaus. “No se pueden reconocer los síntomas de la hiperconcentración ni canalizarlos si ni siquiera se es consciente de que existe algo así”.

Pero, ¿cómo distinguir hiperconcentración de lo que no lo es? La clave está en la frecuencia. Las personas que no padecen TDAH son capaces de prestar atención de forma regular. “La hiperconcentración, por otra parte, implica un exceso de concentración en una actividad en detrimento del resto y una inversión de energía mayor de la necesaria para obtener resultados productivos”, apunta Gordon. “Las personas con TDAH no siempre pueden elegir en qué concentrarse”.

Ese rasgo de intencionalidad del que habla Gordon constituye la principal diferencia. Las personas sin TDAH que se enfrascan en algún proyecto lo hacen porque así lo han decidido. Nosotros, no. Y esto suele traer consecuencias. Cuando tenía veintitantos años, llegaba a desmayarme en público por haberme olvidado de comer en todo el día. Nadie llegaría a ese punto, por muy adicto al trabajo que sea.


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“Cuando nos sentimos motivados, ya sea por interés o por la novedad de algo, somos capaces de regular la atención bastante bien; la cosa cambia cuando algo nos resulta aburrido o irrelevante”, explica Taylor-Klaus.

En alusión a la otra cara de la moneda de la hiperconcentración, Gordon señala que la falta de atención de las personas con TDAH no necesariamente implica falta de esfuerzo”. Los adultos con TDAH están habituados a que se les critique o se les reproche que no están lo suficientemente motivados y suelen oír cosas como, ‘Sé que eres inteligente, esfuérzate más’ o ‘No puedes pretender hacer siempre lo que te gusta’”. Son el tipo de frases que he oído durante toda mi adolescencia. Y todas las veces que me las han dicho, yo ya estaba poniendo todo de mi parte, pero no era suficiente.

“Lo cierto es que tanto a los niños como a los adultos no se les permite alcanzar todo su potencial ni se les facilitan formas para adaptar la forma en que funciona su cerebro”, añade, “porque la sociedad cree que sólo existe una forma de hacer las cosas. Los padres de niños con TDAH deben ser realistas y creativos”.

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