‘Friends’ creó una generación de idiotas neuróticos y egomaníacos


Hace poco más de dos décadas se estrenó un nuevo sitcom. Titulado originalmente Insomnia Cafe, se suponía que debía captar parte del fervor que ‘Seinfeld’ había generado, algo de ese neurótico humor neoyorquino post Woody Allen sobre las relaciones y la vida cotidiana. Pero la propuesta original que se envió a NBC reveló que sería un tipo muy diferente de show:

“Este show es sobre seis personas en sus veintes que visitan con regularidad esta cafetería. Un café after-hours para personas insomnes. Se trata de sexo, amor, relaciones interpersonales, profesiones… un momento de tu vida en que todo es posible, que es realmente emocionante y aterrador a la vez. Se trata de la búsqueda del amor, el compromiso y la seguridad… y el miedo al amor, el compromiso y la seguridad. Y es sobre la amistad, porque cuando eres joven y soltero y vives en la ciudad, tus amigos son tu familia”.

A diferencia de Seinfeld y de casi todas las comedias anteriores, con su insólita mezcla de padres negligentes, mamás irritantes, sacerdotes borrachos, hijos drogadictos y vecinos pervertidos, Friends se convertiría en la primera sitcom aspiracional. Una comedia en la que el elenco principal eran unos citadinos jóvenes y atractivos, sin problemas de alcoholismo ni enfermedades de transmisión sexual.


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Jugando con nuestros deseos de ser como ese tipo de personas, se volvió un éxito rotundo. En los años siguientes, Friends se convirtió en un fenómeno internacional. El lenguaje neoyorquino de ligue de los personajes entró en el léxico de la cultura popular de los 90 de una manera en que la frase “eat my shorts” [cómete mis calzoncillos] de Bart Simpson nunca pudo. De hecho, ¿acaso podría la extraña sintaxis de los chistes de Chandler estar más sutilmente entretejida en los patrones del habla natural de casi todos los occidentales de entre 20 y 40 años? Todos sabían sobre “The Rachel” [corte de pelo], y Matt LeBlanc estuvo en una gran película sobre un mono que jugaba béisbol. Es ridículo cuánta influencia tuvo esta comedia romántica que duró una década.

Ahora, no me malinterpretes; Friends es un programa decente. Es atractivo, reconfortante y completamente entretenido. No parece creíble que el último episodio se emitió hace una década en este mismo mes. Pero en su segunda vida de aparentemente ineludibles e interminables repeticiones, Friends también ha tenido un impacto negativo en nuestra generación. Nos ha convertido básicamente en idiotas. Aquí les explico por qué:

Los personajes son demasiado adultos
Muy bien, las sitcoms nunca han sido sobre personas cool (a menos que cuentes a Nathan Barley). Sí, la ropa de George Costanza podría haber allanado inadvertidamente el camino para la generación Wavey Garms, pero Seinfeld era sobre Larry David, y Larry David nunca ha sido exactamente un Iggy Pop. Los personajes de Seinfeld eran muy parecidos a los de cualquier otra sitcom, personas que siempre se preocupan demasiado y que realmente no ven cuál es el punto de quedarse despiertos hasta tarde.

La diferencia aquí es que las personas en Seinfeld deben ser disfuncionales y raras, pero en Friends se supone que son unos citadinos jóvenes y sexys. Y sin embargo, hay un episodio donde todos pierden la cabeza por ir a ver a la banda Hootie & the Blowfish. Esto es indicativo de que a los escritores de Friends realmente no les interesaba reflejar la época en el show. En lugar de eso, le dieron a los personajes una perspectiva amigable y adulta de la cultura moderna que simplemente no logra consolidarse. Los personajes viven en Nueva York a mediados de los 90, en el tiempo de The Tunnel, el Club Kids y el grupo Wu-Tang Clan. Sin embargo, estos veinteañeros que trabajan en la moda, la televisión y los restaurantes de moda se limitan culturalmente a la radio de rock, Die Hard, y a hacer algunas bromas acerca de que a Chandler le gustan los musicales. Nunca he conocido a nadie de mi edad tan poco involucrado en el mundo que lo rodea.

Casi nunca salen de fiesta, nunca hablan de las películas de Tarantino, ni de rap, o de Björk. Hasta nuestros padres lo hicieron. Y luego, Phoebe se vuelve loca por conocer a Sting. ¿Por qué? Es difícil decir si se trata de un mal guion o de algún tipo de esfuerzo consciente para hacer que los personajes sean lo más maduros y tibios posible.

Con todo eso en mente, ¿dirías que lo que mató a la cultura juvenil alternativa en masa de los años 90 fue la muerte de Kurt Cobain, el Proyecto de ley de justicia penal y orden publico de Thatcher y/o el Internet? ¿O habrá sido Friends?

Las ridículas condiciones del mercado inmobiliario
Además de Chandler y Ross, los demás amigos no podrían haber ganado más de $15,000 dólares anuales entre todos. Joey era un actor desempleado, Monica una chef de medio tiempo, Rachel una barista de cafetería/aspirante a fashionista, y Phoebe una masajista de medio tiempo, que es 100 por ciento la carrera menos rentable que se pueda imaginar. El hecho de que cualquiera de ellos tuviera vistas panorámicas del horizonte de Manhattan con muebles chic antiguos y sofás de La-Z-Boy es totalmente ridículo.


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La historia cuenta que Mónica heredó el departamento donde vive, lo que en realidad no explica por qué ni ninguna parte del dinero fue para su hermano, Ross. Si realmente desentrañamos la historia de fondo, creo que Joey podría haber estado entre los beneficiarios. De cualquier manera, ¿cómo lograban costear todo eso? Porque son condiciones de vida aspiracionales que no están fundamentadas en el mundo moderno.

El despreocupado estilo de vida que representan en su departamento del piso 15, que terminó por definir las aspiraciones de muchas personas a finales de los 90 y comienzos de los 2000, nunca se hizo realidad para el resto de nosotros. ¿Cómo podría? Todo había sido concebido y ejecutado a 2.800 millas de Manhattan, en los estudios Warner Bros de California, donde el estilo de vida es algo que los tramoyistas pueden mover sobre ruedas de un lado para otro.

Los hombres son patéticos; las mujeres, unas malditas
Friends no pintó las vidas sexuales de sus personajes de manera muy atractiva. Ross y Chandler eran muy a su pesar unos hombres semi célibes frustrados, mientras que Joey parecía creer que sólo podía llevar a las mujeres a la cama valiéndose de mentiras y tretas. Por otro lado, las inagotables dudas y sorpresas de Rachel, Monica y Phoebe con respecto a los respectivos méritos de los músculos de un chico y los galanteos de otro, parecerían haber dado origen a la idea de que las citas distan mucho de ser un proceso natural. ¿Por qué tanta neurosis? Friends fue el programa que convirtió el sexo en burocracia.

Por alguna razón, Match.com y todos los demás sitios de citas ahora consideran necesario discutir la etiqueta de la primera cita públicamente. Muchas jóvenes citadinas pasan su vida bebiendo vino sin parar, y criticando las inadecuadas muestras de “romance” por parte de los chicos que, Dios no lo permita, las llevan en una cita a una pizzería. Muchos jóvenes citadinos se han vuelto cínicos ante la idea del amor, transformándose en un ejército de Joeys que carecen del encanto proveniente de ser un personaje de televisión con un guión redentor y la tonta sonrisa de Matt LeBlanc.

Friends, en su inocente deseo de aumentar su audiencia, nos vendió una idea reductiva de la identidad de género que de alguna manera se ha quedado con nosotros hasta el día de hoy.

Joey Tribbiani fue el primer artista de la seducción del mundo
En lo que respecta a este tema, chicas, ¿alguna de ustedes ha sido abordada alguna vez por un tipo con una camiseta ajustada y un gracioso sombrero en el supermercado, el gimnasio, la cafetería o cualquier otro lugar? La culpa es de Joey Tribbiani. Joey podría haber sido un gran personaje de TV, y tal vez el más “real” del grupo, pero había algo tan verosímil en sus super confiadas rutinas públicas de seducción que inspiró a toda una generación de donjuanes caseros a poner a prueba incluso los límites de la ley de acoso. Aún así, supongo que eso es mejor que ser Chandler.

Dio origen a los cretinos de cafetería
Las bromas sobre las personas que beben tipos de café que llevan nombres graciosos ahora resultan más insulsas que las personas a las que pretenden ridiculizar, y Friends es responsable de estos dos problemas sociales. Está bien: cuando el programa salió al aire por primera vez, las cafeterías debieron parecer lugares sofisticados y glamorosos. A diferencia de los bares o los grasientos merenderos, son lugares tanto para trabajar como para divertirse, un lugar en donde puedes hablar con tus amigos sin que haya hombres gritándole a las pantallas de televisión. Aunque, hora que se puede conseguir un espresso decente en el aeropuerto o en McDonald’s, han perdido algo de ese exotismo.

Sin embargo, los cretinos de cafetería siguen existiendo. Se quedan cada vez más y más tiempo debido al Wi-Fi y la expansión del mercado. Aún suspiran dramáticamente ante los niños que hacen ruido, siguen hablando sobre entrevistas de trabajo, siguen leyendo los mismos libros y siguen sin terminar los mismos guiones terriblemente malos.

Ahora, todo el mundo conoce a unos tediosos “Ross y Rachel”
Éste es verdaderamente el legado más terrible de Friends.

Hubo un tiempo en que los humanos vivían felizmente con las sencillas clasificaciones de “solteros”, “juntos”, “casados” o “divorciados”. A menos que fueras un salvaje o francés. Eso fue hasta que Ross y Rachel llegaron con su charla de “nos estábamos dando un tiempo”, dándole a la gente la libre potestad de participar en todo tipo de ambigüedad romántica.


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Así surgió una generación que interminablemente envía mensajes de texto sobre “hacia dónde van las cosas”, duerme con los mejores amigos del otro sobre la base de que “sólo estaban saliendo” y que, en general, es tan poco comprometida e hiriente como le es posible. No digo que todos tengamos que estar casados y con hijos para los 25 años, y sí, en cierta medida, la ambigüedad romántica puede ser divertida; pero tal vez si nos hubiéramos mantenido fieles a la idea de que un novio es un novio y una novia es una novia, podríamos habernos ahorrado muchos corazones rotos y muchos mensajes de texto.

La actitud de Friends hacia las relaciones no era bohemia ni liberada, era simplemente irritante. No había en juego grandes teorías sobre lo que una relación realmente debería significar; los sucesos fueron solo un síntoma de egoísmo y egomanía. “Darse un tiempo” en realidad nunca significó nada, además del hecho de que una de las dos persona quería terminar la relación y no tenía el valor para admitirlo delante de la otra. La saga de Ross y Rachel legitimó algo que desde un principio debería haber sido considerado como una tontería, dando origen así a una generación de chicos que durante una década hablaron sobre todo tipo de relaciones con argumentos pseudopsicológicos confusos.

Este artículo se publicó originalmente en enero de 2014.

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