Mi vida como Sugar Baby


¿Cierto o falso? Cuando buscas el trabajo perfecto, concéntrate en las cosas que te gusta hacer de forma gratuita.

Respondí “cierto” a esa afirmación durante mi último semestre en Princeton cuando comencé a buscar la carrera perfecta. Todos a mi alrededor estaban planeando mudarse a Hollywood para tratar de actuar o se preparaban para entrevistas agotadoras con bancos de inversión y compañías de consultoría en la ciudad de Nueva York. En una escuela como Princeton, todos hablan en voz alta de sus ambiciones y logros, mientras que las dificultades a las que nos enfrentamos y nuestras inseguridades apenas se susurran, incluso por nosotros mismos. Yo estaba a punto de salir de Princeton, después de haber sido moldeada como la perfecta mujer renacentista de la Ivy League, lista para un empleo remunerado. Al menos, esa era la expectativa. Sin embargo, mi futuro profesional resultó ser menos ortodoxo de lo que yo esperaba.

Mi decisión de empezar a salir con hombres por dinero fue sorprendentemente fácil de tomar. Siempre me habían fascinado las historias de escorts y trabajadoras sexuales y las consideraba espíritus afines en el reino del libertinaje. Comprendí vagamente que el sexo liberaba partes de nosotros que mantenemos ocultas, y vi el sexo como una incursión en la terapia. En vista de que me había graduado en psicología y tenía una reputación como una zorra bastante liberal respecto al sexo, el trabajo sexual parecía una elección obvia.

El “sugar dating” (salir con personas por dinero) no es completamente diferente de cualquier otro tipo de trabajo sexual. Prostituta, escort, stripper, sugar baby; al final los hombres están pagando por una experiencia emocional y física. Las diferencias en los nombres tienen que ver más con la persona que pone esa etiqueta que con la profesión misma. Personalmente, no me gustan los términos “sugar daddy” y “sugar baby”. No me gusta la dinámica que implican. Estos hombres no son mi padre y ciertamente no soy una niña. Prefiero considerarme una “sugar cunt” (vagina) y mis clientes “sugar dicks” (pene).

Cuando tienes una relación continua con alguien, como lo hacen muchas sugar cunts, se desarrollan ciertas dinámicas familiares. Pero en términos de la descripción del empleo, es una de las partes más atractivas del trabajo sexual: conviertes tu trabajo en lo que quieres que sea.


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Al principio, a mis compañeros les divertían mis declaraciones de convertirme en una sugar cunt, probablemente porque no me tomaban en serio, aunque varios de ellos expresaron su preocupación por mi bienestar emocional y físico. Sin embargo, no les dije nada sobre sus planes de carrera, porque ¿quién soy yo para juzgar?

Algunos de mis clientes favoritos tenían los mismos trabajos a los que aspiraban mis compañeros. Por lo general, pertenecen al ámbito de las finanzas o leyes, o son emprendedores. Me siento afortunada de no experimentar su estrés: mantener su estilo de vida, trabajar arduamente, intentar conseguir tiempo para sus vidas reales. Prefiero no saber dónde dormiré mañana por la noche que la tiranía del eslogan de una empresa.

La trayectoria de mi carrera de sugar baby se asemejó bastante al esfuerzo que mis amigos ponían en sus empleos. Después de graduarme, viví con una amiga en mi ciudad natal en Florida. Mientras ella luchaba por saber qué oferta de trabajo tenía más sentido, yo estaba planeando cómo ganar dinero. Mi suerte de principiante fue buena y llamé la atención de tres prospectos cuando me inscribí en Seeking Arrangement, el sitio de sugar dating más famoso, que se jacta de “contar con miles de miembros” y de “la libertad de salir con otra personas bajo tus propios términos”. Salí con dos tipos; un tercero me dejó plantada en un bar.

Mi objetivo al principio era obtener la mayor cantidad de dinero por el menor trabajo posible. Paradójicamente, esto me llevó a trabajar más tiempo por menos dinero. Invertí mucho más tiempo y energía emocional de lo que quería con los primeros hombres que conocí. Un tipo era como un conejo pequeño y rechoncho con pelo arenoso que dirigía una compañía que escribía ensayos para estudiantes universitarios. El peso de su equipaje emocional me agotó. El otro era un abogado casado, perfectamente cortés y dulce, que sólo quería atenciones sexuales luego de que su esposa dejara de brindárselas ella misma. Mis sugar dicks fueron un completo cliché. No me di cuenta de que les iba a dar más que sexo a estos hombres, que realmente no estaban pagando por mi cuerpo, sino por mi atención. Mi validación. Por que la luz en mis ojos reconociera la luz en los suyos.

Fue suficiente para que me ausentara tres años del sugar dating y probara mi suerte en empleos de escritorio o del sector de servicios. Me mudé con un chico que conocí en la escuela y pasé dos años con él en Chicago. Lo dejaba pagar el alquiler y la comida mientras yo trabajaba como bartender y en otro empleos temporales para poder cubrir mi hábito de fumar mota. Es curioso que la relación que podría categorizarse con mayor precisión como sugar dating es una en la que ambas partes estábamos enamoradas. No nos dimos cuenta de que estábamos cambiando la atención por la validación. Yo lo ayudaba a sentirse humano en ciertos aspectos, y él me ayudaba a sentirme humana en otros. La secuela de nuestra ruptura abrió mis ojos a la forma transaccional en que la mayoría de las personas a mi alrededor trataban a sus relaciones. Mi novio y yo habíamos caído en una simbiosis, donde cada uno necesitaba el apoyo del otro, de lo contrario nos hubiéramos derrumbado.

Mi precio era bastante barato, 500 dólares por un encuentro me puso en la situación ideal donde los hombres estaban dispuestos a pagar pero eran demasiado tímidos para ser exigentes.

Al mismo tiempo, cuando adquirí experiencia en ser una sugar cunt, llegué a entender un poco más sobre por qué esta actividad me había parecido tan atractiva en primer lugar: Si lo haces bien, tienes todas las ventajas de dirigir tu propio negocio sin la necesidad de capital inicial o de marketing.

Siempre discutimos sobre dinero en nuestra cita preliminar para “conocernos”. Mi precio era bastante barato, ya que la idea de pedir 1,000 dólares por encuentro me parecía absurdo y porque descubrí que cobrar 500 me puso en la situación ideal: hombres que eran capaces y estaban dispuestos a pagar de inmediato, pero que eran demasiado tímidos o novatos o amables para volverse exigentes. Recibí mensajes de algunos hombres que me prometían miles de dólares por un encuentro, pero sus personalidades generalmente me daban miedo. Mi flujo de ingresos ha sido constante, y mi tarifa no ha cambiado mucho desde que empecé, pero nunca he sido tímida para pedir dinero. Rara vez he tenido que pedirlo una vez que el precio ha sido acordado. Mi experiencia con los sugar dicks es que están tratando de estafarte, lo cual puedes descubrir y evitar de inmediato, o están ansiosos por pagarte de inmediato. Muchos realmente creen que me están haciendo un favor, y tal vez también están convencidos de que esto no es realmente una transacción, sino un intercambio que se da por la atracción y el respeto mutuo. No me importa lo que piensen. Si no pueden ser honestos con ellos mismos sobre las reglas del juego, ese es su problema, aunque muchas veces se convierte en mi problema también porque involucran demasiados sentimientos.

La lista del autor en un sitio web de citas de sugar baby. Imagen cortesía de la autora

Me hacen muchas preguntas sobre el valor básico del negocio. Esta curiosidad muchas veces traiciona el sentido de misterio y encanto que otras personas ven en mi trabajo. La discusión del dinero entre un comprador y un vendedor ocurre entre una sugar cunt y un sugar dick de la misma manera que cualquier freelancer le pone precio a su trabajo. El negocio es negocio, y de esa manera no importa qué tan sexual sea el trabajo. Después de la primera vez que pides dinero, se siente natural.

Al recordar mi época de oro como sugar cunt, creo que sólo quería hacer más fácil mi vida, lo suficiente como para sentir que tenía el control de todas las piezas en movimiento. Si lograba que hasta mis relaciones más cercanas y queridas funcionaran con la misma dinámica de poder que yo veía en la oficina, parecía lógico unificarlas bajo el mismo eje. Estuve en una compañía de marketing durante un año antes de que todo fuera demasiado cómodo como para soportarlo. El calendario monótono que dictaba mi vida me agitó salvajemente, y volví a pensar en la prostitución. Tal vez simplemente no había logrado ser lo suficientemente grande –después de todo el norte de Florida era un pequeño estanque– así que empecé a trabajar en Chicago para clientes potenciales. Esperaba ganar dinero fácil. Sentí que ya tenía algo de experiencia gracias a la vida, a las relaciones, el dinero, y a las citas de sugar cunt. Mi perfil de OKCupid se hizo tan popular, que tuve que desactivar las notificaciones para ahorrar la batería de mi celular. Pensé que estaba a punto de tomar el control de los sugar dicks de Chicago, de poner su mundo de cabeza, y hacer que su dinero entrara directamente en mi bolsa.

Pero no conocí a un solo hombre que me pagara en Chicago. El pozo estaba bastante seco. No sé si la desolación del invierno tuvo algo que ver con la falta de interés, pero mi intuición y los estudios de literatura me dicen que era por arrogantes. En lugar de un sugar dick encantador que me diera lo que quería a cambio de muy poco, terminé temblando en un taxi, preguntándome qué tan cerca había estado de la muerte.

Uno de los hombres a los que conocí era la viva imagen de los peores miedos de mis amigas. Mintió sobre su trabajo, su departamento y su nombre y al mismo tiempo me preguntó cuándo era mi cumpleaños y todos mis antecedentes, para ver si calificaba para salir con él. Me llevó de regreso a su departamento, donde jugamos al padre abusivo y a la hija obediente pero con miedo, me bañó con jabón de bebé y me puso talco en el culo. Me dio una palmada en la boca y me dijo: “Hay mucho amor en el abuso”. Logré ver el título de su manuscrito en proceso, The Baby Doll Murders, mientras me contaba sobre sus planes de comenzar un harén con mujeres de todos los orígenes y signos zodiacales específicos. “Te daré una hermanita con quien jugar”, dijo. “Puedes hacerle todas las cosas que yo te voy a hacer a ti”. Me pidió que me quedara a dormir, pero me negué, y me mandó un mensaje cuando salí de ahí, “Quiero que hagas esto porque me amas, no por dinero”. Le respondí: “Sí, papá”, e ignoré los próximos mensajes que me envió.


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Después de eso, me di por vencida en la escena de las citas con sugar dicks en Chicago. Conocí y empecé a trabajar con un chico en Nueva York como entrenadora de citas, compartiendo mi experiencia de atracción e interacción con los hombres. Eventualmente me mudé a la ciudad para entrar en el negocio con mi pareja, con él que también había empezado a salir. Desafortunadamente, nuestra relación y los nuevos planes para la compañía terminaron abruptamente al mismo tiempo. Con 25 dólares en mi bolsa y toda mi vida en tres maletas, me paré bajo la lluvia al lado de una entrada del metro y me negué a dejar que las lágrimas que ardían en mis ojos escaparan. Necesitaba cada gota de ese fuego para seguir adelante.

El verano que pasé en la ciudad fue una experiencia que me transformó. Intenté seguir con las citas de sugar dicks, pero dudaba mucho para salir con alguien otra vez. Me di cuenta de que no podía confiar en mi instinto para guiarme hacia algo saludable o seguro. Basada en mi pasado, al parecer me atraían las personas que me hacían daño. Sólo conocí a un sugar dick en Nueva York porque era muy cuidadosa. Era un acompañante decente: bastante interesante, cortés, amable y generalmente muy agradable. Canadiense, por supuesto. Nunca he conocido a un canadiense que no me caiga bien. El único problema era que pagaba poco para lo que yo necesitaba y se tardaba en pagar, así que no me costó trabajo decirle adiós cuando finalmente me pagó.

Eran parásitos emocionales, comiéndose mis orgasmos para alimentar su ego.

Ya que Nueva York no era lo que yo esperaba, vi la oportunidad de irme al sur de California y la tomé. Cuando llegué allí, juré que nunca volvería a ser una sugar cunt, pero después de seis meses necesitaba efectivo y un lugar para escribir. Llegué a casa de un amigo en San Francisco y entré en mi perfil de Seeking Arrangement otra vez. Esta vez se sentía diferente. La libertad, la flexibilidad y la naturaleza especulativa de las citas todavía me atraían, y estaba segura de que podía poner el juego a mi favor.

En San Francisco, me he encontrado, más o menos, con el tipo de hombres con los que quiero salir. Esta primavera, mi vida de sugar cunt ha sido más interesante y gratificante que nunca. He conocido a varios que me gustan.

Aunque, por fin logré ser una sugar cunt, no diría que la vida es tan glamurosa como me lo imaginaba. El dinero ha sido bueno, pero las joyas bonitas se vuelven menos atractivas entre más me doy cuenta de que realmente es una bola y una cadena. No me he quedado con ninguno de los hombres con los que he salido, o porque se enamoraron de mi como para seguirme pagando o porque yo sentía que eran parásitos emocionales, comiéndose mis orgasmos para alimentar su ego.

Su desenamoramiento correspondió con mi desinterés en el negocio de las citas. He aprendido que es mucho trabajo, y estoy harta de trabajar para otras personas. Me metí en este negocio para mantenerme fuera de las líneas de trabajo donde me sentía atrapada, encerrada y cansada en una oficina. Nunca quise sentir que mi trabajo me controlaba, sin importar que trabajo era. Siempre va a haber alguien a quien le haga feliz ser tu jefe, si los dejas. Siento que ya es hora de que yo me ponga esos zapatos y ser mi propia jefa.

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