Kimbra nos contó sus pretensiones visuales y musicales para el futuro


Detrás de uno de los escenarios de Day for Night, platicamos con la artista neozelandesa, Kimbra, para conocer un poco más sobre el trasfondo artístico de una multifacética instrumentista que, entre lo eléctrico y lo acústico, está generando un nuevo eco en la escena musical femenina.

Después de dar giras por todo el mundo presentando su segundo álbum de estudio, Golden Echo, la artista se encuentra en miras de dar a conocer una nueva faceta más versátil y rítmicamente elevada para Primal Heart, su tercer álbum que saldrá el próximo 19 de enero del 2018.

Le preguntamos sobre su práctica de las artes visuales, la trayectoria desde sus comienzos, qué emociones busca evocar en los espectadores y cómo encuentra la escena actual para mujeres que, como ella, han probado con su trabajo que no necesitan de nadie ni nada para lograr tomar un papel relevante en la creación.

Lee la entrevista completa, abajo:

VICE ¿Te acuerdas del primer concierto que diste?

Kimbra: Era muy joven, muy, muy joven, ¿sabes?, la primera vez que interpreté canciones que yo escribí tenía alrededor de catorce, en una competencia de bandas de la escuela. Se llamaba Rock Quest. Se inscribieron muchas bandas pero yo estaba sola.. Fue genial porque llegué a la final del país. Y era la única niña cantando mis propias canciones, quedé en segundo. Eso fue muy importante para mí. También cantaba el himno nacional en Nueva Zelanda a veces.

Alguien me pidió que cantara el himno nacional para los All Blacks, ¿conocen los All Blacks? ¿El equipo de rugby?

Sí. ¿Y te gustó?

Me dio mucho miedo, eran unas 27,000 personas y yo tenía doce años. Fue una buena manera de quitarme los nervios.

¿Cómo mantienes vivo tu proceso creativo?

Me mudo de países mucho. Me fuí de Nueva Zelanda a Australia cuando tenía diecisiete, cuando me fuí a Los Ángeles tenía unos veintidós, y luego Nueva York.

Ahora estoy en Nueva York, y creo que cada vez que te mudas, un álbum nuevo se llena de inspiraciones, me siento como una niña de nuevo. Usando juguetes nuevos, jugando con un entorno nuevo. Creo mucho en mantener viva a la niña, la que traigo dentro que sólo juega. Eso es los que me hace continuar.

¿Eres curiosa?

Muy curiosa. Este mundo es fascinante, y si has estado en Nueva York sabes que es una ciudad, umm, muy curiosa. Por eso quiero ir a México también, porque hay tanto que me fascina.

¿Cual es la emoción más común en la música de Kimbra?

Diría que es, hmm, esta es una respuesta interesante pero, tipo, anhelo. ¿Sabes a qué me refiero? No anhelo sexual ni – bueno tal vez sí anhelo sexual – pero más cómo con curiosidad, ¿sabes?

Me da curiosidad lo que la gente siente y tal vez hasta busco a Dios, un algo que nos conecte a todos, un anhelo por algo más grande que mi ser, creo que eso está en toda mi música. Un anhelo por amor verdadero, tipo un amor de verdad, un anhelo por respuestas, anhelo por una razón para el dolor, me gusta la música que habla a eso, porque es difícil. Es confusa la experiencia humana. A veces los artistas expresan eso, esa confusión.

¿Qué tipos de sonidos quieres explorar en el futuro?

Esa es una buena pregunta. Pues acabo de terminar el tercer álbum, y ya estoy pensando en el cuarto. Creo que este será más mid-tempo, todo es muy conmovedor e íntimo. Estoy emocionada, después quiero un álbum con un bpm alto, optimista, he estado pasando tiempo en Etiopía conviviendo con ritmos africanos y creo que la música dance es muy fascinante.

¿Cúal es tu tipo de música favorita?

Me gusta mucho el metal, por ejemplo, mi mánager toca en Dillinger Escape Plan que son una banda de metal muy grande, y me gusta mucho la música que es rápida y agresiva. Además me encanta, o sea, se me hace muy inspirador cómo Steve Rash. Es uno de mis compositores favoritos. Su música es muy rápida y repetitiva y luego mete sonidos nuevos, me gusta esa música. También me gusta Cornelius de Japón. Deberían de escucharlos y Frank Ocean. Su álbum más reciente es uno de mis lanzamientos favoritos; es más lento. Pero también tiene su manera de… no sé… como el anhelo que decía, la curiosidad.

¿Te gustan las artes visuales, como la escultura y la pintura?

Yo pinto, aunque sólo acuarelas. No son muy buenos, pero trato.

Instalación de Felice D’Estienne D’Orves en Day for Night 2017, foto por Charles Reagan Hackleman.

¿Nos regalas una de tus pinturas?

Creo que tengo una en mi bolsa. Pero no, no son muy buenas, solo estoy intentando cosas nuevas. Visualmente, me interesa más el diseño. Creo que es muy divertido jugar con la ropa en el escenario. Es una manera de expresar la música. Me gustan también muchos artistas visuales que salen de Nueva York. El que hizo los visuales para el show hoy ¿vieron el set? es Phillip Sterns, él hizo todos los visuales que estaban atrás entonces creo que es muy divertido integrar mi amor por el arte con la música.

¿Qué pintores clásicos o modernos te gustan?

Caravaggio. A todas partes que voy en Nueva York busco a Caravaggio donde puedo. Hay un poco en el MET, en Nueva York. Él era muy diferente a todo el arte religioso. Mostraba a Cristo en situaciones muy sucias. Mostraba la vida real, sin los ángeles en el cielo. Mostraba a David y Goliath y con la cabeza sangrando, me encanta.

¿Cúal es la parte más difícil de presentarse en vivo?

Balancear todos los electrónicos, hago muchas cosas en el escenario. Los efectos vocales, la batería, y también manipulo las percusiones, a veces es estresante porque sólo quiero cantar, pero también quiero controlar la música. Creo que es importante poder improvisar en vivo, ¿sabes? No quiero sólo tocar y cantar. Quiero poder decir, “Ah, bueno, es este tipo de audiencia hoy, chance lo toco con un bpm más rápido. Creo que es importante poder interactuar con la música en vivo. Es estresante, es difícil, porque a veces me equivoco y las cosas salen mal pero tienes que estar lista. Ese es el juego.

¿Cuál es la importancia de la tecnología en tu música?

La ironía de la tecnología es que te metes tanto que luego te cansas de ella y la quieres tirar. La guitarra fue mi primer instrumento, así escribí la mayoría del primer álbum y creo que me gustaría volver a eso. Me encanta la guitarra pero me gustan los beats y los electrónicos.

Siempre puedes crecer, ve cuantos músicos han podido –Bob Dylan, él nunca ha pisado en lo electrónico y tiene todo o hasta Prince, con toda su habilidad de producción igual podía sólo agarrar una puta guitarra y darle duro. Así sabes que son músicos de verdad, cuando no necesitan toda esa mierda.

Kimbra en Wellington Square, 2011. Fotografía vía Wikimedia Commons.

¿Cúal es la peor parte de la escena musical siendo mujer?

Creo que ya está cambiando, de cierta forma. Lo que cambiaría sería ese respeto mútuo en el sentido de igualdad. Creo que eso ha estado pasando porque estamos teniendo estas conversaciones y nos estamos dando cuenta de ello – yo creo mucho en probar eso con mi trabajo. No quiero hablarlo todo el tiempo porque sólo quiero hacer lo que hago. Y creo que es triste cuando sientes que eres la única mujer en una industria dominada por los hombres, ya no quiero eso. Quiero que sea bueno porque es bueno. Y quiero demostrar eso con lo que hago. La cosa que más me incomoda es la falta de igualdad desde un punto de vista técnico, pero creo que está cambiando. ¡Estamos platicando sobre eso! Hace treinta años ni me hubieras preguntado, ¿sabes? Se está abriendo, y la gente está hablando, la gente está respetando. Es buenísimo, estámos por el camino correcto.

¿Has tenido algún episodio difícil en tu carrera que quieras resaltar y cómo lo sobrepasaste?

Sí, fue muy difícil después de mi segundo álbum, Golden Echo, porque me iba a ir de gira con Janelle Monae. Trabajó mucho con Outkast hace tiempo, es una cantante americana muy buena. Bueno, se canceló nuestra gira porque ella se enfermó. Entonces empecé a hacer mucha música improvisada. Iba a un club que me quedaba cerca y me subía al escenario con Thundercat, y Miguel, y muchas personas al mismo tiempo, y escribíamos música ahí. Porque me quería sobreponer a ese miedo de, pues no se que era, tuve un poco de crisis de identidad.

Saqué un álbum y lo quería tocar pero no podía porque se había cancelado la gira. Entonces quería salir y tocar música, pero lo hice de una forma completamente diferente: improvisando con mis amigos, y siento que esa era una manera de sobreponerme a esa estagnación creativa. Porque sentía que quería crear pero no podía. Entonces fui a este bar e hice música con gente, lo puse en Twitter y aparecían filas de 200 personas, estaban agotados los lugares todas las noches. Y sólo lo hice cuatro veces en un mes pero te lo juro me reveló algo, me ayudó mucho con mi confianza. Me di cuenta que la música está aquí adentro, y cuando te subes al escenario con gente de confianza, sale. Eso me inspiró mucho con el siguiente álbum.

Si quieres seguirle los pasos a Kimbra, síguela en Instagram y en YouTube.

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