Las consecuencias de los rellenos de labios mal hechos


Cuando me vi en el espejo de la cosmetóloga, lloré. No porque tuviera labios como las Kardashian, eran lágrimas de “¿que me acabo de hacer?” Mi labio superior estaba hinchado y sangrando y era cuatro veces más grande que el de abajo. Lloré porque tenía que subirme al metro viéndome así. Y lloré por la vergüenza que sentía por haberme vuelto otra estadística en este creciente problema de rellenos de labios fallidos.

Esta no fue la primera vez que me “retoqué” los labios. Los míos siempre han sido chicos y poco definidos. Una amiga me recomendó a alguien que había operado los labios de unas chicas de The Only Way Is Essex entonces obviamente fui. Y me gustó. Se veía natural y me hizo sentir mejor sobre mí misma.

Luego el año pasado decidí tratar con una mujer nueva, una recomendada por celebridades como Katie Price y Megan McKenna. Pensé, “si es suficientemente bueno para ellas…” mientras veía la página de Instagram de la compañía. Revisé las reseñas en Facebook. Eran miles y todas tenían cinco estrellas. Llegó el día de mi cita y me encontré con la mujer en un cuarto de terapia rentado en Wimpole Street. Tenía labios como una muñeca Bratz, demasiado grandes para su cara. Después me inyectó con un relleno tan grueso que luego me enteré que ni siquiera era para labios. “Va a bajar la inflamación”, me dijo. Pero yo sabía que no. A la mañana siguiente, mis labios estaban negros y azules, mi piel tan estirada por el relleno —y dura al toque— que honestamente pensé que podrían explotar.

Los labios de la autora después del relleno (Foto por la autora)

No hubo cuidados post-tratamiento. Me dijo que podía pagar para disolverlo si no estaba feliz con el resultado, y cuando le dejé una reseña negativa en Facebook me contestó llamándome una mentirosa. Dejé otro mensaje y me bloqueó. Fue entonces que descubrí que había decenas de mujeres cuyos labios había destrozado.

Una de ellas era Jocelyn. Ella siempre había querido labios más grandes y visitó a nuestra torturadora en una peluquería. “Estaba viendo a las peluqueras mientras esperaba,” se acuerda. “Algunas se habían retocado los labios y se les veían muy mal. pensé, ‘bueno, quizás no los hizo ella…’ y luego me llevaron a un cobertizo que estaba atrás, y pensé, ‘Esto no se ve nada bien…’”


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Pero, convencida por las fotos de antes y después que se suponían que eran parte del trabajo de esta mujer, Jocelyn decidió proseguir. “Cuando sacó la aguja me seguía inyectando,” me explicó. “Y eso creó burbujas en la superficie de mi piel.”

“Ofreció arreglarlo sin costo adicional, entonces volví. Me pinchó los labios con una aguja y empezó a exprimir el relleno,” agrega Jocelyn. “Le dije, ‘¡¿Qué estás haciendo?! Quítate!’ y me fui. Ahora tengo cicatrices de los tres bultos masivos que me produjo”.

Según las cifras publicadas por la Asociación Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS por sus siglas en inglés), más de 27,000 estadounidenses tuvieron aumentos de labios en 2015. Eso es uno cada 20 minutos. Ahora serán muchos, muchos más. Sin embargo, no hay estadísticas para los rellenos de labios en el Reino Unido, ya que es uno de los pocos países que no regula procedimientos no-quirúrgicos —como rellenos y Botox— que usualmente son hechos por doctores, dentistas, y enfermeras. Eso significa que cualquier persona se puede inscribir en un curso de un día para aprender a rellenar labios y empezar a apuñalar las caras de las personas desde su sala, y es completamente legal. Lo que es peor, tampoco hay una edad mínima para hacerse rellenos —aunque algunos establecimientos de mayor reputación insisten en que tengas 18 años o más sin tener permiso de los padres— lo cual significa que una terapeuta con de dudosa moral podría estar inyectando a adolescentes que todavía no tienen edad para tomar, fumar, o tener sexo.

Esos son hechos que la mayoría de la gente que piensa en hacerse el tratamiento no tiene tiene en cuenta. Como Sophia, que quería balancear sus labios, ya que el de abajo era mayor que el de arriba. La engañaron con el mismo tipo de marketing vistoso y aparentemente sin sentido que a Jocelyn y a mí.

“Debería de haberme alarmado cuando me enteré que era una terapeuta de belleza, no una doctora calificada”, recuerda Sophia. “Pero hay pocas guías para el público que busca estos tratamientos, ya que no es ilegal que una cosmetóloga lo administre. Me dejaron con una bolsa de relleno en mi labio superior que inyectaron demasiado cerca de la superficie de los labios y me colgaba un poco”. Lo tuve que disolver.

Corrección de relleno de labios (Foto vía ESHO Clinic)

El hombre que se encarga de limpiar esta devastación es el Dr. Tijion Esho, fundador de ESHO Clinic. Siete días a la semana, Esho arregla de dos a cinco de estos hachazos al día en sus clínicas de Harley Street y Newcastle.

Como una Madre Teresa con una jeringa, me tuvo lástima y disolvió mi relleno sin cobrarme. Es algo que hace seguido bajo la Iniciativa ESHO, un programa de caridad que ofrece correcciones gratuitas a los que las necesitan. “Llegaban muchos casos a mi clínica que me entristecían tanto que pensaba, ‘no le puedo cobrar a esta persona’”, me explicó.

El Dr. Esho cree que la amplia disponibilidad de los procedimientos estéticos no-quirúrgicos es la razón por la cual se volvieron tan populares hoy en día. “Antes, era un tratamiento para los ricos, pero ahora está disponible para todos”, me dijo. “Especialmente con los planes de pago; de la misma forma en que la gente puede ir pagando sus muebles a plazos, también pueden pagar sus tratamientos faciales.”


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También le echa la culpa a la susceptibilidad de los millennials, los cuales, me dijo, están obsesionados con su imagen externa y la que muestran a sus amigos. “Hay una mayor presión por verse de cierta forma,” me dijo. “Si la gente diera un paso atrás y observara cómo la gente se ve fuera de las redes sociales estarían mucho más felices consigo mismos”.

Los hombres no son inmunes a estas presiones tampoco: el Dr. Esho estima que de cada 100 procedimientos, de cinco a diez son realizados por hombres. “Algunos hombres sienten que no tienen labios. Hay una mezcla de hombres gay y hetero y suelen ser los hombres hetero que no le dicen a nadie que se lo hicieron”. Henry, a quién le arreglaron los labios en la primera temporada de Body Fixers de E4 —donde el Dr. Esho es el cirujano cosmético residente— ciertamente habló abiertamente sobre sus rellenos de labio. “Todos mis amigos son desnudistas y todos se lo han hecho”, me dice con entusiasmo. “Un día pensé, ‘A la mierda! Lo voy a hacer’. ¡Hay algo muy sexy en esto!”

Los labios de Henry tras el procedimiento (Foto vía Henry)

Henry admite que se volvió adicto y que iba de cada cuatro a seis semanas y gastaba 250 libras (cerca de 6,500 pesos) cada la vez. Después de muchas sesiones con la misma enfermera, algo salió mal y le creció un absceso. “No podía hablar y no lo podía tocar, entonces fui a un doctor y literalmente explotó, por todas partes.”

Después de 21 semanas de que le prescribieran los antibióticos equivocados y dos operaciones fallidas, visitó al Dr. Esho. “Estaba muy mal”, recuerda Henry. “El Dr. Esho me dijo, “Tenemos que hacer esto ahora o vas a perder tu labio…’” Una vez que le hiz oefecto la anestesia, Esho cortó los labios de Henry con tijeras —sí, tijeras— y le drenó el pus y lo volvió a coser.

“Tengo tanta suerte de verme como me veo ahora porque me podrían amputado el labio superior”, me dijo Henry.

Esa es la cuestión: algo que se supone que es un tratamiento temporal puede desfigurar a alguien de forma permanente cuando es administrado por alguien sin experiencia. Esto incluso ha llegado a niveles epidémicos. Es por eso que el Dr. Esho realiza campañas por la introducción de regulaciones serias.


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Hacia finales de noviembre lanzó una petición gubernamental para hacer ilegal que los menores de 18 años sean tratados con Botox y rellenos dermales, y ese mismo mes le escribió al secretario de salud Jeremy Hunt pidiendo que estos tratamientos se vuelvan artículos de prescripción que sólo los médicos puedan administrar. “Expliqué que un número creciente de casos fallidos están terminando en en las salas de doctores generales que no tienen especialidades en ese tratamiento”, me dijo. “Lo que alguna vez fue un problema del sector privado se ha vuelto un problema para el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, que afecta a quienes pagan impuestos, y por ende el gobierno debería investigarlo”.

La preocupación principal del Dr. Esho no son los contribuyentes, sino que los millennials que están obsesionados con Snapchat y Kylie Kardashian, quienes son los más afectados por esta obscena falta de regulación. Los que están siendo bombardeados con promociones de compañías de cosméticos con una mala reputación en la industria por haber arruinado cientos, o incluso miles de rostros en todo el país.

“Se supone que deberíamos estar educando, protegiendo e informando a esta generación”, concluye Esho. “Si no lo hacemos, se vuelve otra generación perdida que no logramos cuidar”.

@nyferjay

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