Asfixiar durante el sexo sin consentimiento es agresión sexual


Así que lo diré, simple y llanamente: no quiero tu semen en mi cara. No lo quiero en mis tetas ni en ningún otra parte de mi cuerpo. Cuando se trata de sexo, no disfruto que me humillen. No aprecio el lenguaje sucio y denigrante que me pone en un posición distinta a la tuya, y definitivamente no aprecio el placer que ciertos hombres sienten al saber que su pene lesionó mi cérvix uterino. Estoy harta de sentirme presionada a sucumbir ante este tipo de dinámica sexual. También es frustrante y estoy harta de sentir que cuando hablo sobre ello, me estoy etiquetando a mí misma como una “aburrida”.

Si algo he aprendido en los años que he sido sexualmente activa, es que el sexo rudo, dominado por hombres —del tipo que suele verse en la pornografía convencional—, ha penetrado profundamente en la cultura sexual. Hay estudios que demuestran que el consumo de pornografía se corresponde con un comportamiento sexual agresivo en la vida real. Mis experiencias parecen confirmarlo: a lo largo del inicio de mis 20, me encontré con un chico tras otro que pensaba que estaba bien asfixiarme, nalguearme, jalarme el pelo y/o taladrarme con su pene sin ningún interés real en si yo disfrutaba o no su desorientada convulsión. Tal vez lo último se debió a que en estos días los penes cada vez se convierten más en insensibles pesadillas deformadas por el porno, pero eso no es una excusa; todo esto me lo han hecho personas que no solicitaron primero mi consentimiento. Nunca me preguntaron si me sentía cómoda o si disfrutaba este tipo de sexo. Mis parejas estaban demasiado ensimismadas como para pensar en mis sentimientos o desconocían que el sexo no es lo que ven en el porno, e hicieron la terrible suposición de que su comportamiento era exactamente lo que les “gusta” a las mujeres.

Durante varios años, sentí una presión tácita para cumplir con ese tipo de deseos, sexuales o de otro tipo. Me resultó tan difícil que hubiera compromiso y afecto por parte de los hombres en mi vida que evité expresar cómo me sentía realmente, por temor a perder la relación que teníamos. Estaba convencida de que si lo hacía, me abandonarían inmediatamente por una mujer que no fuera tan “quisquillosa” ni “demandante”. La peor parte era que esos miedos a menudo resultaban estar bien fundados. Los hombres han ignorado mis quejas y me han abandonado cuando decidí confrontarlos, validando por completo la idea de que una mujer que dice lo que piensa es una mujer solitaria. Por supuesto, finalmente aprendí a superar todo eso y a que no me importa. Ahora sé que los hombres de verdad y maduros no actúan de esa manera; pero es algo que me tomó años comprender. Me llevó demasiado tiempo, francamente, y ocurrió sólo después de haber besado demasiados sapos (quienes luego movieron mi cabeza por la fuerzahacia sus penes).


Referencias: Sin apologías: desnudos casuales muestran la sexualidad femenina


Demasiados hombres heterosexuales hacen del sexo algo que se trata sólo de ellos mismos. Es hora de terminar con eso de una vez por todas y dejarlo absolutamente claro: los actos sexuales realizados sin el consentimiento afirmativo de tu pareja son una forma de agresión sexual.

Pienso en el tipo que rodeó con fuerza mi garganta con su mano haciéndome difícil respirar simplemente porque era algo que a él le gustaba. ¿En qué universo eso estaba bien? Le llevó demasiado tiempo cumplir mi petición de soltarme. Y todavía salí en tres citas más con él.

Recuerdo cuando tenía 22 años, cuando el hombre más mayor del que creí haberme enamorado me forzó a agacharme y me golpeó sin escuchar cuando dije que esa posición me dolía demasiado. Eso, de hecho, sólo lo excitó más. Mi silencio posterior aparentemente fue una especie de permiso para dejarlo terminar, pero yo sentí que no tenía otra opción.

Pienso en las docenas y docenas de veces que me han sucedido cosas así, ocasiones en las que he terminado con hematomas no deseados o partes del cuerpo adoloridas. Incluso si no me lastimaron físicamente, esos actos a menudo me han dejado con una sensación abrumadora de temor. E inclusive si el sexo no era abiertamente rudo, seguía sintiéndome humillada y degradada cuando los hombres hacían cosas que ahora se consideran de alguna manera como normales: ocasiones en que eyacularon sobre mí, me nalguearon y me humillaron verbalmente.


Referencia: [NSFW] Ilustraciones que encarnan una sexualidad diabólica


El inicio de mis 20 fue un período plagado de confusión y decepción, y casi siempre que tuve sexo, recuerdo haber pensado para mis adentros: ¿No se supone que esto debe ser divertido? ¿No se supone que el sexo debe terminar en sonrisas y euforia? Mierda, por lo menos, ¿no se supone que debemos acurrucarnos juntos después?

Dicho todo esto, obviamente no hay nada intrínsecamente malo en el sexo rudo o la sumisión sexual, y no quiero avergonzar o hacer sentir mal a quienes les gustan estas prácticas. ¡La sumisión puede ser genial! Conozco a muchas mujeres que disfrutan la sumisión sexual de maneras poderosas y empoderadoras. Pero las mujeres nunca deben ser obligadas a ser sumisas. Los hombres no deben asumir que su rol “predeterminado” en el sexo es ser dominantes. Y no deberían hacer sentir a las mujeres que su atractivo sexual se arruina cuando no son sumisas. Cuando nuestro discurso cultural moderno califica al sexo excitante como el tipo de sexo en que una chica se asfixia con un pene, es evidente que existe un gran problema.

Si ese es el caso, entonces sí, soy inmensamente aburrida. Soy tan aburrida como mi preferencia por una vida sexual en que no sea objeto de la violencia y se respeten los límites físicos. Y no es que sea una mala amante, al menos en mi humilde opinión. De hecho, entre más fui tomada en cuenta en el sexo, más me relajé y, ya sabes, pude coger mucho mejor. Si crees que no me gusta el sexo después de leer esto, estás muy, muy equivocado y probablemente eres uno de los tipos que arruinó mis 20. El hecho es que soy una de las personas más lujuriosas que conozco, y realmente me encanta el sexo, es decir, cuando se hace bien.


Referencia: La primera vez que me pagaron por sexo


Ahora soy un poco mayor, y este tipo de cosas suceden con mucho menos frecuencia que antes. Los hombres que he conocido más recientemente lo han hecho mejor. De alguna manera, me di cuenta de que el que no me importe “decepcionarlos” en la cama es algo maravilloso (aunque a veces puede ser muy, muy difícil). Para las mujeres que todavía no llegan a esa conclusión, sepan que está bien y, lo que es más importante, que no deben tener miedo a decir que no cuando no les guste algo que un chico hace durante el sexo. Hablen y exijan el mejor sexo posible, incluso si no se alinea con el aterrador nicho de Pornhub. Al final del día, esto no se trata de sus orgasmos: se trata de su voluntad.

Y para los hombres que acaban de notar que estoy hablando de ustedes, sean responsables de la manera en la cogen. No hagan sentir a las mujeres vergonzosamente ineptas porque no queremos asfixiarnos con su pene. Y no se pongan a la defensiva tampoco. Sean empáticos. Sean realistas. Y sean más inteligentes.

http://ift.tt/2EBzKF2

Anuncios

Y tu que opinas???

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s