La importancia de la delegación norcoreana en los Juegos de invierno de Corea del Sur


En su discurso de Nuevo Año, el líder norcoreano Kim Jong-un mandó varios mensajes para su pueblo y los habitantes del planeta. El discurso, traducido al inglés, abarcó más de 5 mil palabras. La primera parte se trata de los mismos asuntos: bombas nucleares y la necesidad de acrecentar su economía. Entonces cambió el tono.

“Este año es muy significativo para el norte y el sur, ya que en el norte la gente celebrará el aniversario 70 de la fundación de la República, y en el sur se celebrarán los Juegos Olímpicos de invierno”, dijo Kim Jong-un.

Se refirió a ambas Coreas como “la nación”, singular, y deseó sinceramente que los Juegos Olímpicos “sean un éxito”.

La acción es destacable, no sólo en el contexto del resto del discurso o de las tensiones recientes en la península coreana, sino también porque es un gigantesco alejamiento de la forma en que Corea del Norte respondió a Corea del Sur cuando organizó los Olímpicos hace 30 años.

Los Olímpicos de verano se disputaron en Seúl en 1988. Fue una ocasión trascendental para el país, política y psicológicamente. Corea del Sur había tenido su reciente elección democrática en 1987, y los Olímpicos era una forma de demostrarle a la comunidad internacional su nueva identidad como una economía moderna y una potencia emergente. En ese entonces como en la actualidad, los Olímpicos provocan el orgullo del ciudadano promedio en Corea del Sur. Hace un par de años, el programa de televisión surcoreano Reply 1988, telenovela que se desarrolla en el contexto de los Juegos de Seúl, rompió el récord de audiencia en la historia de la televisión coreana, récord que hasta el día de hoy sigue intacto.

También se suscitaron avances significativos en la política para los Olímpicos de 1988. Los dos eventos de verano previos, Moscú 1980 y Los Ángeles 1984, funcionaron como campos de batalla de la Guerra Fría: Estados Unidos lideró un boicot de 66 países, el cual provocó el mismo efecto de parte de la URSS para los Olímpicos en Los Ángeles. El éxito de este evento pavimentó el camino para que Corea del Sur normalizara su relación con China y los soviéticos, quienes hasta ese entonces eran enemigos regionales e ideológicos. Sólo Corea del Norte y Cuba terminaron boicoteando los Juegos de Seúl.

Cartel de los Olímpicos de Seúl vía creative commons/Flickr, usuario Ben Southerland

En un principio, Corea del Norte quería organizar los Juegos de Seúl en conjunto, pero tenían en mente algo totalmente diferente al resto del mundo. Exigieron que Pionyang, la capital de Corean del Norte, se dividiera los eventos con Corea del Sur, además de organizar la ceremonia de inauguración y clausura. Cuando rechazaron esta idea, Corea del Norte contestó con la explosión de un avión comercial que mató a 115 ciudadanos surcoreanos en 1987, explícitamente para perturbar los Juegos Olímpicos.

Desde luego, Kim Jong-un no recuerda nada de esto: tenía apenas cuatro años durante los Juegos de Seúl en 1988. Park Ui-sung, ciudadano de 29 años que desertó del norte y que ahora vive en Seúl, tampoco recuerda nada de esto, y no sólo por su edad. Le habían dicho que los Olímpicos del 88 se disputarían en Tokio.

“El gobierno nos dijo que Corea del Sur es muy pobre”, explica Park, quien ahora es colaborador de la columna “Ask a North Korean” en el sitio Nknews.org. “Un país pobre no podía albergar un evento de esta magnitud. La gente no podía creerlo incluso si la gente escuchaba hablar del tema”.

La parte insidiosa de este tipo de propaganda es su facilidad para creerla, en parte porque fue verdad durante un tiempo. Luego del “final” de la Guerra de Corea en 1953 —no se firmó ningún tratado, y técnicamente ambas naciones seguían en guerra— el pelea se libró en forma de concurso de desarrollo. Durante 20 años, el norte ganó fácilmente. Tenía una mejor economía y ejército, y el gobierno proveía comida, refugio y vestido para todos en el país. Como dato histórico lleno de ironía, los ciudadanos chinos huían de su país para vivir más cómodos en Corea del Norte.

Sin embargo, para la década de los 80, hubo un cambio en la dinámica. Corea del Sur se industrializó rápidamente y comenzó a recibir una cuantiosa inversión extranjera. No sólo alcanzó a Corea del Norte, también la superó por mucho. Pero el ciudadano norcoreano promedio no tenía forma de saberlo.

Sin otro tipo de información externa disponible, no había razón para que Park no confiara que los Olímpicos de 1988 sucederían en Tokio. Después de todo, Japón ocupó toda la península coreana de 1905-1945, y era ampliamente conocida como una potencia internacional sólida. Tokio fue un suplente creíble para los Olímpicos de aquel año.

Pero a pesar de los mejores esfuerzos del gobierno, Corea del Norte no permaneció tan hermética. La información comenzó a filtrarse a la nación recluida. Para Park todo empezó en la preparatoria.

“Empecé a recibir señales del sistema de transmisiones coreano” —la red nacional de televisión y radio de Corea del Sur— “y la vi durante seis meses. Me di cuenta que tenía que irme y encontrar la verdad”.

Además de los programas surcoreanos, las sutiles pistas de otros lugares corroboraron poco a poco lo que él veía.

“En una telenovela china mostraban el arroz surcoreano y el empaque era de primera calidad. Todo esto me hizo pensar que si no me iba me quedaría estancado para siempre”.

Park se inscribió a la universidad, en parte para evitar el servicio militar obligatoria (los universitarios norcoreanos sólo tienen que cumplir tres años de servicio; todos los demás 10). En la universidad se encontró un mapa militar que mostraba el 88 Olympic Expressway, un carretera de ocho carriles que atraviesa el centro de Seúl, construida en anticipación a los Olímpicos del 88.

“Busqué los Juegos Olímpicos de 1988 en la lista olímpica. No pude encontrarlos. Estaba interesado en los deportes, y me dediqué a buscar periódicos y revistas. Me dijeron que los Olímpicos se habían disputado en Tokio, pero lo dudé”.

Sabía que Seúl había albergado los Olímpicos. Una sensación de sorpresa se apoderó de él. No fue traición; las sospechas que tenía de su país las había confirmado hace tiempo. Tampoco fue ira o envidia. Se sintió orgulloso.

“No fue un shock cultural que Corea del Sur albergara los Olímpicos. Fue muy positivo saber que mis compatriotas coreanos habían organizado un evento internacional de esta magnitud”.

Podría resultar extraño, pero la razón yace en la palabra específica que utilizó: 동족의 나라, dongjok-iu nara, que se traduce a “país con la misma sangre”. Esto habla del poderoso nacionalismo étnico que existe en las dos Coreas. En el mismo discurso de Año Nuevo, Kim Jong-un habló de este sentimiento. “Ya que somos compatriotas con la misma sangre que los surcoreanos, nos es natural compartir su alegría por el prometedor evento y tenderles una mano”, dijo.

Aunque históricamente al gobierno norcoreano nunca le ha agradado el éxito de su vecino, los desertores con los que platiqué dijeron que muchos norcoreanos opinan lo contrario, sobre todo ahora que la información externa fluye con más libertad en el país.

“En un sentido político no es bueno para el gobierno porque el país rival está progresando mientras ellos siguen estancados”, dijo Park. “Pero los ciudadanos, a pesar de que se trata de Corea del Sur, se sienten orgullosos de que los coreanos se apoderen de la escena internacional”.

Lo cual nos lleva de regreso a los Juegos de Pyeongchang, a menos de un mes de la inauguración. De acuerdo con Park, los Juegos de invierno no son tan importantes como los de verano para los norcoreanos —algo que los fans de los deportes no pueden entender— pero sienten el mismo orgullo. Park quiere ver participar a atletas norcoreanos, y sospecha que la mayoría de los vecinos del norte también. El martes, los funcionarios de ambas naciones se reunieron por primera vez en dos años para discutir los detalles de la delegación norcoreana que participará en el evento. Algunos lo ven como una oportunidad diplomática, otros como una forma de apaciguar las recientes sanciones de Corea del Norte. Para Park son temas políticos, pero hay preocupaciones mayores.

“Quiero que Corea del Norte participe en los Olímpicos. Es una oportunidad para mejorar la relación entre el norte y el sur. Las sanciones contra de Corea del Norte también son en contra de mis padres y hermanos”.

Una ves concluida la reunión del martes, los funcionarios de las dos Coreas confirmaron que el norte mandará atletas y grupos de animación a los Olímpicos de Pyeongchang. Lo cual nos deja con la pregunta más importante para los fans del deporte: ¿a quién le irá si el norte se enfrenta con el sur?

“Apoyaría en su mayoría al equipo de Corea del Norte. Pero podría cambiar de parecer dependiendo de la situación”, dijo con una sonrisa. “A veces me gusta irle a los equipos más débiles”.

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