La orgía que salvó mi matrimonio


Fue criada en una familia cristiana tradicional: iba a la iglesia todos los domingos, y todo ese tipo de cosas. Mis padres, en apariencia, tenían la más perfecta relación monógama, aunque a medida que fui creciendo me di cuenta de que no todo era tan perfecto como parecía.

Pensé, debe haber otra forma. Pero era una joven de veintitantos (ahora tengo 38), y en aquel entonces no existía el lenguaje adecuado para preguntar ese tipo de cosas sin que me juzgaran duramente. En años más recientes, descubrí que hay otras personas como yo, y que hay oportunidades, y eventos donde las personas pueden reunirse y discutir estas cosas y desarrollar relaciones íntimas.


Llevaba siete años con mi esposo, y sólo había tenido dos relaciones serias antes de eso, ambas de alrededor de cuatro años. Nunca engañé a mis novios, pero me sentía en conflicto y comprometida por la monogamia. Me acercaba a las personas y tenía esos sentimientos de querer llevar las cosas un poco más lejos, pero no podía y terminaba sintiéndome realmente frustrada. Cuando rompí con mi exnovio, fue porque sabía que esos sentimientos de querer llevar las cosas mucho más lejos con otras personas ya eran abrumadores.

Cuando conocí a mi esposo Thomas, él era mucho más liberado en términos de sexualidad que cualquier otra persona que hubiera conocido. Se rehusó a ser encasillado con respecto a cualquier cosa; siempre estaba abierto a probar cosas nuevas. Me hizo sentir segura, así que empecé a contarle sobre los pensamientos y sentimientos que había tenido en mis otras relaciones. Hablamos sinceramente sobre abrir nuestra relación, y luego, unos dos años después, lo hicimos.

Habíamos escuchado sobre las fiestas sexuales, donde las personas van a tener relaciones sexuales de mutuo acuerdo. Cambias de pareja o encuentras pareja para la noche. La que elegimos se llamaba Killing Kittens, y hasta el día de hoy ha sido la mejor fiesta en la que hemos estado.

La fiesta se celebró en un club en el sótano llamado Sauna Club en Soho, y tenías que ir vestido de gala y usar máscara. Al llegar, ponías tus cosas en el vestidor y luego empezabas a platicar y beber Prosecco con todo el mundo.

Recuerdo que cuando mi esposo entró al bar —es un hombre muy alto y atractivo—, un grupo de mujeres literalmente se puso de pie cual suricatas y comenzó a seguirlo. Normalmente, en un bar eso no sucedería: cuando te gusta alguien que es pareja de otra persona, te retiras. Pero ellas simplemente lo miraron fijamente y luego me miraron fijamente, y realmente me sentí como un conejo cegado por las luces de un auto, porque nunca me había confrontado con un deseo tan agresivo por parte de otras personas.

Normalmente, en la escena del sexo grupal las mujeres son muy atractivas, pero los hombres son menos apuestos, por lo que había mucho interés en Thomas. Estas dos chicas, que eran estudiantes y muy jóvenes, se acercaron a nosotros y comenzamos a platicar. Después de un rato, una de las chicas saltó sobre Thomas y comenzó a besarlo, y la otra comenzó a besarme. Luego pasamos al jacuzzi, todos nos besábamos, y de reojo noté a una hermosa chica asiática que saltaba y agitaba los brazos. Hicimos contacto visual y ella dijo: “¿Puedo unirme?”. Thomas y yo dijimos: “¡Claro!”.


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Fue muy agradable, bastante lento y sensual. Realmente no estaba enfocada en el sexo en ese momento, simplemente estaba disfrutando de lo que era una experiencia bastante femenina. Decidimos entrar a una de las cabinas y, de hecho, terminamos eligiendo una que tenía una mirilla en el exterior; no lo sabíamos en ese momento. Por lo que después había mucha gente afuera, mirándonos.

Cuando entramos a la cabina, intercambiamos a las chicas, y la chica asiática se fue también con Thomas, entonces todo se volvió más sexual. Creo que todos estábamos desnudos para este punto. Era algo muy relajado: no me sentía presionada ni incómoda. Las chicas y yo nos practicamos sexo oral mutuamente, y Thomas tuvo sexo con ellas. Después de un rato, ellas se fueron y luego una pareja —un hombre y una mujer— llamaron a la puerta y preguntaron si podían entrar.

Thomas se inclinó y me preguntó, “¿te sentirías cómoda al tener sexo con ese hombre?”. Y yo acepté, el chico y yo tuvimos sexo seguro, usamos condón; pero me di cuenta de algo acerca de mí: necesito tener algún tipo de interacción social con alguien antes de poder disfrutar una experiencia sexual a su lado.

Empecé a tener relaciones sexuales con el chico, pero unos dos minutos después empecé a sentirme totalmente ajena a la experiencia. Normalmente preferiría el sexo con hombres que con mujeres, pero había disfrutado más el sexo con las chicas porque nos habíamos tomado un tiempo para conocernos. Mientras que con el chico, fue sexo desde el inicio. Recuerdo que estaba teniendo sexo conmigo por detrás y solo pensé, mh, no. Le dije: “no quiero hacer esto”, y él lo aceptó por completo, se detuvo de inmediato. Dejé a Thomas ahí teniendo sexo oral con la otra mujer y me fui a la ducha con las chicas y estuvimos riendo juntas hasta que salió Thomas.


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Tuvimos una experiencia incómoda hacia el final de la fiesta. Había una pareja, ambos eran bastante atractivos, pero nos quedó claro que ella no estaba muy comprometida con el concepto. ¿Sabes? Como cuando alguien deja muy claro, a partir de su lenguaje corporal, que no quieren pasar cierto punto. Bueno, yo la estaba besando, y ella estaba haciendo eso, y su pareja había empezado a jugar consigo mismo en anticipación a que algo sucediera entre nosotros. Pero estaba claro que la mujer no estaba interesada en absoluto. En un momento intenté besarla y ella como que se encogía. Me hizo sentir terrible. Así que sólo nos disculpamos y nos fuimos de ahí. Fuimos a desayunar, me comí un desayuno completo. ¡Estaba hambrienta! Había sido mucho trabajo: estuvimos ahí cuatro horas, y tuve sexo con al menos seis personas.

Suena muy egocéntrico, pero realmente no me enfoqué mucho en lo que Thomas hizo en la fiesta, sólo me importaba mi experiencia. Fue raro. Desde esa fiesta, cada vez que he visto a Thomas con otras chicas realmente lo disfruto, lo cual no esperaba. Es excitante. Lo he compartido con otras mujeres, y eso me ha excitado. Es una situación generosa, en la que todos se comparten con todos. Incluso cuando nos aventuramos en el poliamor como tal, y Thomas se enamoró de otras personas —tuvo dos novias—, eso me causó una sensación de calidez, lo cual me sorprendió.

Al salir de la fiesta, nos sentimos muy liberados. Fue mucho mejor de lo que esperábamos. Esperábamos muchas cosas y ninguna de ellas sucedió. Superó por mucho nuestras expectativas. Mi fantasía era estar con más de un chico, pero resultó que estaba realmente interesada en las chicas. Hay muchas más cosas que se pueden hacer con las mujeres: tocarse unas a otras, pasar la mano por la espalda de alguien, entre su cabello. Todo eso parece fluir con facilidad con las mujeres, mientras que con los chicos es más como: ahora hay que usar un condón y coger y dedicarnos a eso.

Thomas y yo, nos acercamos más con esta experiencia, era algo compartido que ninguno de nosotros había hecho con nadie más. Diría que después de que abrimos nuestra relación, los primeros seis meses fueron increíbles. Acabábamos de tener un bebé y estaba casada con alguien que podía amarme y darme la estructura y solidaridad que siempre quise tener en casa, y aún así permitirme buscar tener relaciones íntimas con otras personas. Era como si de verdad se pudiera tener todo en la vida, como cuando algo es demasiado bueno para ser verdad. Tener sexo grupal profundizó muchísimo mi relación con mi esposo.

Después de eso, fuimos a otras dos fiestas sexuales, pero no fueron tan buenas como la primera. Decidimos que queríamos algo un poco más significativo en nuestras interacciones sexuales, por lo que decidimos abrir nuestro matrimonio y construir relaciones también con otras personas. Nos adentramos en lo que las personas básicamente llaman poliamor.

El período transcurrido entre la primera vez que discutimos abrir nuestra relación y que decidimos realmente acudir a esa fiesta, fue de alrededor de dos años. Creo que me llevó esa cantidad de tiempo crear una relación fuerte en la cual poder hacer eso de abrir nuestra relación, sin afectar nuestro hogar ni nuestra vida familiar.


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Con Thomas, porque me siento increíblemente segura a su lado, nunca he sentido amenaza alguna. Sin embargo, ha habido algunos períodos difíciles en nuestra relación, en que hemos desarrollado apego hacia otras perosonas. Con mi novio de un año, a quien amo mucho, me he sentido celosa. Empezó a salir con otras personas, porque quería establecerse y tener su propio matrimonio, y sabía que finalmente lo perdería; nunca me había sentido tan celosa en mi vida.

Cuando buscas abrir tu relación a nuevas experiencias, el primer paso es el más difícil: pasar de la monogamia a la poligamia es difícil. Romper esas reglas y avanzar a un espacio completamente nuevo es difícil, y no es algo que suceda con facilidad.

Si quieres experimentar con sexo grupal, te diría que conozcas gente en la plataforma que estés usando y que salgan en situaciones sociales. Tarde o temprano, las conexiones comenzarán a formarse orgánicamente, y luego, cuando el sexo ocurra, no se sentirá raro ni precipitado, no será como un intercambio frío y clínico. Organiza tus propias fiestas o vayan a un hotel si tiene el presupuesto entre ustedes. Una ventaja de organizar tu propia fiesta es que puedes armar la lista de invitados, aunque debes asegurarte de tener el aspecto del sexo seguro cubierto, en los clubes normalmente ellos te proporcionan los preservativos.

No juzgaría a nadie que sea monógamo, pero me resulta bastante difícil pensar en sólo poder tener sexo con una sola persona, por el resto de mi vida. No poder acercarme a otras personas me pondría muy triste, porque evoluciono y cambio mucho con la influencia de la gente con la que me involucro. La única razón por la que hago esto con Thomas es porque me hace sentir segura. Thomas nunca deja de serme leal. Siempre me conforta. Nuestra unidad familiar es muy sólida. Sé que él siempre la honrará.

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