¿Cómo conseguimos el futuro que queremos?


El mes pasado durante el Discurso del Estado de la Unión, Donald Trump propuso una inversión de 1.5 billones de dólares en infraestructura que supuestamente se destinará a restaurar puentes, carreteras y a mejorar los sistemas de telecomunicación en todo el país. Aunque todavía no sabemos los detalles de ese acuerdo, el debate político sobre una nueva era de gasto sustentable en infraestructura se ha enfocado principalmente en quién lo pagará, no en lo que realmente construiremos.

“El debate entre demócratas y republicanos se centra en torno a: ‘¿Esto lo pagará el gobierno federal o los gobiernos locales y estatales? ¿Favorecerá la privatización o mantendrá la infraestructura como pública?’ Ese es todo el debate”, me dijo Jeremy Rifkin, un teórico social y económico que asesoró oficialmente a la Unión Europea y a China, en una entrevista telefónica. “Lo que se está perdiendo es que Trump está comprometiendo un billón y medio de dólares con una infraestructura anticuada diseñada para el siglo XX”.

Rifkin da clases en el programa de educación ejecutiva en Wharton School of Business en la Universidad de Pensilvania y es autor de una serie de libros que argumentan que Estados Unidos y gran parte del mundo han agotado las posibilidades económicas y las eficiencias de nuestra infraestructura y sistemas económicos existentes. Y, al hacerlo, nos dirigimos con rapidez a un precipicio ambiental y entramos en una crisis y un posible evento de extinción en masa. En The Third Industrial Revolution (La tercera revolución industrial), un libro y una nueva película publicada por VICE, Rifkin sostiene que la inversión en tecnologías emergentes debe combinarse con la aceptación social y política para transformar radicalmente la economía global y evitar el cambio climático.

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Lo esencial del argumento de Rifkin es que el internet (y pronto, la infraestructura de comunicaciones 5G) nos ha dado una infraestructura de comunicaciones de costo marginal casi nulo: distribuir una copia de un artículo de noticias, canción o programa de televisión no es tan diferente a distribuir mil millones de copias de cada uno, pero nuestras infraestructuras de transporte y energía no se han puesto al día. Él nos describe tres formas de internet (Internet de comunicaciones, Internet de energía e Internet de transporte) que perturbarán o descentralizarán esencialmente todas las industrias de la Tierra y transformarán las economías nacionales que han dependido de combustibles fósiles ineficientes y costosos.

“La convergencia de estos tipos de internet nos permitirá unirnos a costos fijos y marginales muy bajos y tratar directamente con la vida económica y social”, dijo. “Y evitará las corporaciones globales integradas verticalmente del siglo XX”.

Rifkin ha trabajado con la Región Metropolitana de Rotterdam, los Hauge, el Gran Ducado de Luxemburgo y los máximos representantes de Francia para elaborar hojas de ruta sofisticadas de 500 páginas que describen los tipos de tecnologías y los cambios políticos, sociales y económicos que se necesitarán para implementar su plan. Estos planes hablan de la convergencia de tecnologías e ideales que hemos cubierto aquí en Motherboard, y exploran las posibilidades de lo que se podría hacer si la tecnología naciente pudiera superar algunos de las dificultades iniciales que hemos visto conforme se van implementando.

“La lucha política de los millennials, sus hijos y nietos se enfocará en cómo abordar estos problemas”

Por ejemplo, hemos empezado a ver que algunos individuos, gobiernos locales y pequeños grupos de personas comienzan a crear sus propias redes eléctricas basadas en energía solar y eólica. Si esas microrredes son de propiedad local y se usan para alimentar autos eléctricos sin conductor que funcionan con una red de viajes compartidos localmente conectados a un sistema de contrato inteligente basado en blockchain, tendríamos un sistema económico que al final no costará nada operarlo una vez que la infraestructura subyacente esté en su lugar. Al mismo tiempo, las compañías eléctricas tradicionales, las compañías de reparto, los automóviles personales y los sistemas bancarios se están viendo afectados y el poder político y económico se devolverá a las comunidades locales y regionales.

“Nada es más político que pasar del poder centralizado que maneja el mundo y la política que lo acompaña, al poder distribuido y la energía limpia que después se puede compartir”, dijo Rifkin. “Eso es extremadamente político. Hay muchos [proyectos iniciales] pero lo que ha faltado es una visión general o una narrativa para armarlo”.

Hemos visto que todas estas tecnologías funcionan como investigaciones y proyectos piloto y experimentos en algún nivel en algunas partes del mundo, pero Rifkin propone invertir todo en la infraestructura y los avances tecnológicos necesarios para lograrlo lo más rápido posible.

“No hay revolución porque todos son proyectos piloto en silos que no han escalado”, dijo Rifkin. “Lo que no hemos hecho es comenzar el proceso de diseñar la infraestructura de transformación en la que todo esto debe integrarse”.

En The Third Industrial Revolution, Rifkin nos pregunta qué pasaría si estas tecnologías funcionaran; dice que si no lo hicieran, o si no las explotáramos por completo, nuestra dependencia actual en la energía sucia nos mataría más pronto que tarde.

Siendo alguien que ha visto casi todas las tecnologías en sus etapas tempranas, es emocionante ver a alguien que las una en una narrativa cohesionada y una visión que puede cambiar al mundo.

Pero también he visto el dolor de crecer y los primeros problemas asociados con muchas de estas tecnologías: la interconectividad entre las cosas ha sido un desastre creciente, millones de monitores y sistemas de seguridad son burlados y cooptados en un conjunto de robots para atacar la infraestructura del internet, una nueva era de consumismo asociada con ciclos de actualización para aparatos de larga duración como refrigeradores y lavadoras, dispositivos inteligentes fabricados por compañías que quizá sigan o no en el negocio en los próximos años, llevándose consigo esos mismos dispositivos.

El blockchain o cadena de bloques es muy prometedor, pero las criptomonedas son volátiles, su extracción actualmente es extremadamente mala para el medio ambiente, y están aún más centralizadas que las divisas que procuran reemplazar (y, por cierto, la tecnología blockchain promete crear, por ejemplo, ropa que nos espía).

Los vehículos compartidos o aquellos sin conductor hasta ahora habían sido industrias dominadas por compañías muy poderosas de Silicon Valley que han reescrito o ignorado unilateralmente las regulaciones diseñadas para proteger a los humanos, y compañías como Uber, Google y Lyft amenazan con monopolizar industrias que han sido la columna vertebral de nuestra economía y una importante fuente de empleos durante décadas.

Nuestra infraestructura de telecomunicaciones no sólo no es competitiva, sino que también existe en un entorno regulatorio en el cual los proveedores establecidos acaban con la neutralidad de las redes de las que dependerá la mayor parte de esta tecnología. Facebook, Google, Twitter y Apple monopolizan cada vez más la forma en que consumimos información, utilizan algoritmos para clasificarnos en existencias paralelas y planos de verdad, trabajando constantemente para obtener un mayor control sobre sus plataformas y ecosistemas.

“Lo que sucede es que los conductores empiezan a pensar: ‘¿Para qué necesitamos Uber o Lyft?’”

Entonces, para que el plan de Rifkin funcione, tenemos que superar todos o la mayoría de estos dolores de crecimiento y problemas políticos, sociales y económicos arraigados. Rifkin dice que pasa mucho tiempo pensando en estos problemas y dice que sabe que tendremos que superarlos: “No soy utópico”, dijo. “Sólo estoy cautelosamente esperanzado. No creo que estemos condenados, pero tampoco creo en las utopías y estoy bastante preocupado”.

“¿Cómo nos aseguramos de que nadie quede fuera cuando todos están conectados? ¿Cómo asegurar que los gobiernos no roben la infraestructura de esta tercera revolución industrial para sus fines políticos o las compañías de Internet no se apropien de esto y capturen todos nuestros datos privados para construir monopolios? ¿Cómo protegemos la seguridad de los datos cuando vemos que el malware quebranta el sistema todos los días?, dijo Rifkin. “¿Cómo aseguramos las plataformas públicas que no están monopolizadas por Google, Facebook y Twitter?”

“Me parece que es ingenuo pensar que los Googles, los Facebooks, los Alibabas serán de las pocas plataformas que controlen el mundo”.

Ciertamente, hay muchos puntos brillantes que apuntan a un futuro donde podemos superar estos problemas; vale la pena ver lo que está empezando a suceder con la infraestructura de viajes compartidos e Internet, en la que se están produciendo muchas revoluciones locales más pequeñas. Las comunidades locales están iniciando sus propios Ubers y sus propios ISP.

“Uber dijo que pondremos un sitio web genial, luego haremos que todos los propietarios de automóviles del mundo trabajen para nosotros”, dijo. “Usaron una plataforma distribuida, abierta y transparente a un costo de muy bajo a cero para establecer una compañía gigante integrada, global y financiada por Goldman Sachs y Google. Lo que sucede es que los conductores empiezan a pensar: ‘¿Para qué necesitamos Uber o Lyft?’. Verán que las cooperativas de viaje compartido surgen entre los conductores, las crean a nivel regional, obtendrán préstamos bancarios por hacerlo y los ingresos permanecen dentro de la comunidad y región”.

Resolver la inequidad tecnológica no es un problema de Rifkin, es nuestro. En los últimos años, ha sido fácil ver la tecnología como una fuerza que ha empeorado el mundo. Pero estas tecnologías al menos nos brindan una salida plausible de la crisis ambiental en la que nos encontramos. La pregunta es si podemos hacer que la tecnología funcione para nosotros en lugar de contra nosotros, y si podemos reunir la voluntad política para crear una sistema más progresivo y equitativo.

“Me parece que es ingenuo pensar que los Googles, los Facebooks, los Alibabas serán de las pocas plataformas que controlen el mundo; veo esas compañías y no puedo creer que los millennials permitan que exista una plataforma de logística, otra para la comunicación y otra para el entretenimiento. Sabemos que hay alternativas”, dijo Rifkin. “Me parece que la lucha política de los millennials, sus hijos y nietos será cómo afrontar estos problemas”.

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