Cuando las personas van a bufets se convierten en cavernícolas


El bufet en el que trabajé durante nueve años era excelente. Teníamos todas las secciones estándar para la comida: fría, caliente, ensaladas e inclusive una con hibachi. Pero realmente teníamos fama por nuestra selección de mariscos. Éramos especialistas en camarones gigantes, ostiones, cangrejo rojo de Alaska, sushi y sashimi. Teníamos chefs magníficos y servíamos comida de calidad, pero después de dos años trabajando ahí, a veces ya ni podía ver ese tipo de comida.

Había toda clase de clientes, desde camioneros en busca de una comida casual hasta ejecutivos haciendo reuniones. Regularmente recibíamos personas que celebraban eventos como bodas, cumpleaños, aniversarios y graduaciones. También había otro tipo de reuniones, como las que se hacen después de un funeral.


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Si bien no hay forma de definir a un comensal promedio de buffet, todos y cada uno tienen el mismo objetivo: comer mucho. Eso no necesariamente quiere decir que tengan sobrepeso, sino que su misión es llenarse la boca de comida tanto como sea posible. Todos se convierten en salvajes, se comportan como si no hubiesen comido en una semana.

Cada vez que la descubríamos, sacaba las patas de cangrejo de su bolsa y salía huyendo en su Mercedes a gran velocidad.

Teníamos algunos clientes que iban a comer solos; corredores de maratones que acababan de concluir una gran carrera y atletas que quizá habían terminado una especie de entrenamiento. Era divertido verlos comer, porque realmente lo merecían.

Así mismo, venían muchas chicas que claramente sufrían trastornos alimenticios, específicamente bulimia. Por lo regular venían solas y usaban ropa deportiva. Podía darme cuenta de que eran bulímicas, porque eran bastante delgadas —una delgadez para nada sana— y aún así comían muchísimo, la misma cantidad que un cliente normal a pesar de verse enfermamente delgadas. Y mientras comían, se levantaban constantemente al baño. Literalmente corrían de la mesa al baño y viceversa, como unas siete veces. No había un baño aparte para los empleados, así que a veces cuando los miembros del personal entraban al baño, sabíamos que esas chicas estaban vomitado, porque por debajo del cubículo se veían sus pies hacia la dirección contraria. Y podíamos escuchar los ruidos guturales y todo eso.

Igualmente teníamos una clienta famosa por robarnos comida. Esa mujer manejaba un Mercedes, utilizaba ropa de diseñador y bolsas Louis Vuitton. Su platillo predilecto para robar era el cangrejo rojo de Alaska. La habíamos atrapado robando las patas del cangrejo varias veces. Cada vez que la descubríamos, sacaba el cangrejo de su bolsa y salía huyendo a gran velocidad en su Mercedes.

Las personas son comedores extraordinariamente sucios, sobre todo en un bufet. Simplemente les vale un carajo.

Sin embargo, ella no era la única ladrona. Hay mucha gente que ni vergüenza tiene. Piden una cantidad exorbitante de servilletas o van al baño y roban las toallas de papel. Entonces cubrían sus bolsas con el papel para crear un compartimiento destinado a guardar toda la comida. Gente robando ostiones o mariscos, ¡es asqueroso! ¿Qué chingados piensas hacer con esos ostiones luego de traerlos en la bolsa?

Mucha gente considera que los bufets no son un restaurante normal. En su mente, es una categoría completamente diferente. Piensan que porque tienen la libertad de caminar por el restaurante y merodear, pueden hacer lo que quieran; o porque la comida es de autoservicio, no tienen que dejar propina. Pero deben dejar el 18 o 20 por ciento, porque son comedores extraordinariamente sucios, sobre todo en un bufet. Simplemente les vale un carajo, y por eso los meseros del buffet proporcionan un servicio poco agradecido. Constantemente los atendemos sirviendo bebidas, llevándonos los platos sucios y limpiando los restos ya sean huesos o conchas que usualmente dejan en la mesa.


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El tiempo para comer en un bufet es algo muy discutido por los clientes. Nuestro bufet tenía un límite de dos horas, lo cual es bastante generoso, pues no tienes que esperar a que preparen la comida. Todo está disponible y listo. Dos horas es más que suficiente para comer. A veces había clientes que se quedaban más de dos horas y cuando les informábamos sobre nuestro tiempo límite, gritaban: “¡Sigo comiendo!”. Les gusta la idea de pensar que son banquetes ilimitados.

No es suficiente con que los clientes tengan la opción de comer buena comida hasta reventar, también quieren hacerlo por la menor cantidad de dinero posible. Algunas personas lo intentaban. Llevaban al mesero a un lado y le decían que no comían mucho y querían pagar la mitad del precio normal. O algunos decían tener una cirugía gástrica o algo similar, para argumentar no pagar por el servicio completo. También teníamos un precio para niños determinado por la estatura, siempre y cuando el cliente tuviera menos de 18 años. Algunos adultos, más bajos que la estatura límite, decían ser niños y que debíamos cobrarles el precio menor. Y lo decían muy en serio. Tienes 30 años, ¿realmente estás intentando pasar como adolescente?

La frase “todo lo que puedas comer” definitivamente afecta el cerebro de las personas hasta volverlas locas. Sale el cavernícola intrínseco en nosotros.

Este artículo se publicó en abril de 2016.

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