El horror de la cacería de brujas en la India


Los ataques fueron inesperados y sin sentido, aunque todos tenían una explicación. Una mujer dice que la arrastraron fuera de su casa y la golpearon, porque un búfalo en su aldea dejó de dar leche; otra sufrió el mismo destino porque una adolescente en la aldea la acusó de haberle echado el mal de ojo. Una tercera mujer dice que sus suegros la mantuvieron cautiva durante semanas, negándole comida y contacto con su familia.

Existen incontables historias como éstas en la India rural, donde miles de mujeres han enfrentado la violencia o han sido asesinadas después de ser declaradas “brujas”, según figuras gubernamentales. Las leyes que prohiben la cacería de brujas son relativamente nuevas, y los expertos advierten que muchos casos en zonas rurales no son denunciados a la policía. Aún así, la Oficina Nacional de Registros Criminales reporta que más de 2000 mujeres fueron asesinadas en India después de ser acusadas de brujería entre 2005 y 2015.

Kesi Chadana, una mujer tranquila de cuarenta y tantos años que vive en una pequeña aldea en el estado de Rajasthan, fue acusada de brujería en 2014. Sobrevivió el ataque, pero la dejó permanentemente dañada. “No me mataron, pero tampoco me dejaron con vida”, dice limpiándose las lágrimas.

Una tarde de noviembre, Chadana regresó a su casa en la aldea, justo volviendo del hospital en una ciudad cercana donde pudo presenciar cómo su hija daba a luz. Al momento de llegar, dice, encontró a sus vecinos esperándola cerca de su hogar: habían decidido que era una bruja.


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Cuenta que primero encerraron a su familia en la casa y les quitaron los teléfonos, luego comenzaron a torturarla. Sus vecinos y familiares la golpearon y desnudaron, afirma, y la obligaron a ponerse una guirnalda de zapatos, cargar piedras pesadas sobre su cabeza y pasearse por las aldeas cercanas sobre un burro. Dice que estaban planeando quemarla en una hoguera más tarde, hasta que la policía se enteró de lo que estaba pasando; según informes de la prensa local y trabajadores sociales, más de 30 personas fueron arrestadas y más tarde sentenciadas a prisión por participar en el ataque.

Rajasthan aprobó una ley que prohibía la cacería de brujas en 2015. A pesar de que hay leyes similares nuevas en varios estados, esta práctica, basada en supersticiones, sigue vigente en aldeas de todo el estado. Sólo en los últimos dos años, más de cien mujeres en Rajasthan fueron acusadas de brujería. Hablé con varias de ellas; me contaron que sus vidas cambiaron profundamente desde que fueron señaladas como brujas. Todas afirmaron haber sufrido violencia prolongada durante horas o incluso días. Después de estos calvarios, me contaron, fueron expulsadas de sus comunidades, a veces con pocas esperanzas de remediarlo. Incluso en los casos en que la policía intervino y arrestó a los atacantes, la vida para estas mujeres y sus familias sigue siendo una lucha.

Ramkanya Devi fue acusada de brujería por una niña que era amiga de su nieta. Imagen de Masuma Ahuja.

Noji Regan, una viuda de sesenta y tantos años que vive sola y es propietaria de dos acres de tierra, dice que unos hombres de su aldea la catalogaron como bruja en julio de 2014. Dice que vinieron por ella blandiendo machetes, la arrastraron jalándole el pelo y la golpearon con palos tan gruesos como sus piernas. La razón que le dieron: uno de los búfalos había dejado de dar leche e insistían en que la mujer le había echado el mal de ojo al animal. Luego, los hombres fueron arrestados por llamarla bruja y atacarla, según informes de los medios locales y trabajadores sociales que siguieron el caso, pero las consecuencias de la acusación continúan. Hoy, permanece aislada en la comunidad donde ha vivido toda su vida, sobreviviendo sólo con su propia tierra.

Existen varias razones para que sucedan las cacerías de brujas, según defensores de los derechos femeninos. El caso de Regan es instructivo: ella era particularmente vulnerable por su edad y estado civil. “En la mayoría de los casos, la llamada casta baja son quienes más ataques sufren”, dice Bhanwar Meghwanshi, una activista en Rajasthan que trabaja con mujeres que consideran brujas. “La otra situación son mujeres que están solas, como viudas. Si tienen tierras o casas y la gente envidia su tierra, a veces se las quitan”.

En muchos casos, los bhopas, “charlatanes” locales —doctores brujos o sanadores alternativos de toda clase— también pueden jugar un papel importante. “Lo bhopas tienen un papel instrumental para estigmatizar a una mujer como bruja. El papel de un bhopa es que cualquier persona en la aldea —si una cabra se enferma, una vaca no da leche, un niño está enfermo, hay algún problema familiar, incluso si el esposo y la esposa tienen problemas y quieren divorciarse, en realidad cualquier cosa— acude a preguntarle al bhopa. Le dicen lo que está pasando y le piden consejo”, explica Tara Ahluwalia, activista local que trabaja con las víctimas de la cacería de brujas.

“No me mataron, pero tampoco me dejaron con vida”.

Kishni Kharwad, una mujer tímida, dice que fue acusada de brujería por el bhopa local hace como dos años. A menudo caía víctima de fiebres, cuenta. Cuando ella y su esposo visitaron al bhopa local, les dijo que no era el tipo de enfermedad que los doctores pudieran curar. En cambio, le ofreció soluciones como sacrificar una cabra y les cobró una cuota por su consejo. Kharwad hizo lo que les dijo al pie de la letra, cuenta a Broadly, pero la enfermedad siempre regresaba y por tanto ella regresaban siempre con él en busca de ayuda.


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En la última visita con el bhopa, recuerda, él se presentó a su casa, la declaró una bruja y comenzó a golpearla. Kishni terminó en el hospital y el bhopa que la acusó de brujería fue arrestado, según los reportes. Eventualmente, ella y su esposo se mudaron a una ciudad vecina, en lugar de ser marginados en su aldea natal.

Kavita, una mujer de 22 años cuyo apellido mantendremos anónimo para proteger su identidad, dice que su esposo y suegros la señalaron como bruja hace dos años y medio. “Me casé, y durante un mes me cuidaron como es debido. Y luego no sé qué pasó, pero comenzaron a golpearme”, dice.

Según ella, le dijeron a sus vecinos que era una bruja. Lo que sucedió a continuación fue una experiencia terrible que duró semanas. De acuerdo al testimonio de Kavita, su esposo y su familia la golpearon con un tubo y no le daban comida, obligándola a comer carbón y beber la orina de ellos. Encerraron a Kavita en la casa, dice, y prohibieron a su madre verla. Con el tiempo, sus suegros la expulsaron de la casa.

“A veces, hay mujeres que señalan como brujas que dejan de comer y beber, piensan… No quiero comer o beber, es mejor si sólo quiero morir”, dice Meghwanshi, la activista.

Este fue el caso de Ramkanya Devi, una partera de setenta y tantos años, que vive con su esposo en una casa al final de la calle donde se encuentra la escuela local, vive también con sus hijos, nueras y nietos. Hace casi cinco meses, cuenta, una adolescente que era amiga de su nieta no entró a la escuela y comenzó a llorar gritando que Devi era una bruja que le había echado el mal de ojo. “Yo la ayudé a nacer, ayudé en el nacimiento de todos los niños de esta aldea”, dice. “Los niños que ayudé a traer, ellos que son como mis nietos, ¿cómo pueden llamarme bruja?”

La familia de la chica atacó al esposo de Devi y le dieron un ultimátum al hijo: expulsa a Devi o enciérrala. No querían ver su rostro en la aldea. Durante las próximas tres semanas, los hijos de Devi la encarcelaron en una habitación pequeña y sin ventanas, afirma.

“Pensaba en morir”, dice, “Mis nueras solían darme té y hablaban conmigo, pero dejé de comer poco a poco. Hasta que paré por completo”.


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Ahluwalia, quien ha trabajado en casi 90 casos de cacerías desde 1986, dice que el impacto de la cacería de brujas a menudo se extiende más allá de la violencia física inmediata hasta un aislamiento social a largo plazo. “Si llamas bruja a una mujer… la conviertes en una cadáver vivo, no será más que eso”, dice. “La gente elimina el contacto social contigo. A lo largo del día, las personas te hacen sentir como que no eres un miembro respetado de la sociedad, que eres una bruja. Las mujeres esconderán a sus hijos cuando pases; las mujeres embarazadas cubrirán sus vientres cuando te vean”.

Regan, la viuda acusada de brujería, dice que incluso sus hijos la rechazan. Tiene un hijo adoptivo y una hija que no la visitan; y se lamenta de que su hija tema que sus propios hijos no puedan casarse si sigue en contacto con su madre.

A menudo, este aislamiento social va más allá de la mujer hasta la familia completa. Chadana lo ha sentido en carne propia: a pesar de que muchos hombres en su aldea fueron arrestados y encarcelados por cacería de brujas, sigue sintiendo el impacto de ser señalada como bruja. En su aldea, la cual tiene alrededor de 50 casas, ni una sola persona hablará con ella o con su familia. Dice que no sólo la ven como una bruja, sino como la razón de por qué todos los hombres están escondidos.

El esposo de Ramkanya Devi quien fue golpeado por los hombres de la aldea después de ser estigmatizada como bruja.

“Antes de que esto ocurriera, todos solían venir a mí para firmar documentos, escribir cosas. Ahora, nadie nos habla”, dice su hija Leela, quien va en décimo grado y es la única chica en la aldea con educación preparatoria. El compromiso de uno de los hijos de Chadana fue cancelado, y sus dos hijas fueron expulsadas de las familias de sus esposos, obligadas a cuidar a sus hijos solas. Ahora las dos viven con ellas. Nadie quería estar relacionado con la familia de una bruja, explica.

“A menudo, la gente deja la aldea y se instalan en otro lugar. Y en otras situaciones, las expulsan. Las amenazan: si no dejan la aldea, su madre, esposa, hija, de quien se trate, será quemada. Enfrentarán las consecuencias”, dice Meghwanshi.

Pero Chadana se rehusa a dejar atrás su tierra, el sustento de su familia. Por lo que continúa viviendo en una aldea donde nadie le habla y sus vecinos quieren quemarla.

Aún con miedo de mostrar su rostro en la aldea, mantiene escondida la cara bajo un velo. “No hice nada. No cometí errores”, insiste lamentándose al momento que la voz se quiebra. “¿Qué hice mal? ¿Por qué pasó esto?”

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