Cinco dolorosas verdades de vivir en América Latina


Latinoamérica es una de las regiones con más contrastes y problemas en todo el planeta. Es por eso que desde hace nueve años estas complejidades del subcontinente se exponen, analizan y discuten en el Foro Urbano Mundial (WUF9, según sus siglas en inglés), convocado por las Naciones Unidas.

Kuala Lumpur, Malasia, fue la sede de dicho encuentro, que se llevó a cabo del 8 al 13 de febrero de este año. Miembros de TECHO—una ONG latinoamericana enfocada en buscar soluciones a la pobreza y la desigualdad social—fueron a ese país del sudeste asiático y llevaron al Foro algunos temas sobre lo que significa habitar en la zona hispanoparlante de América.

Estos fueron algunos de los puntos que se pusieron sobre la mesa:

1. América Latina es la región más urbanizada del mundo

En la actualidad, y de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), más del 80 por ciento de su población vive en ciudades. Asimismo, la urbanización de los países de la región se caracteriza por altos niveles de aglomeración en pocas urbes, principalmente en las capitales nacionales.

Sin embargo, esta concentración se reparte desde megalópolis como Ciudad de México o Sao Paulo, hasta ciudades de escala más reducida como Managua o Montevideo que, a pesar de su menor tamaño, aglomeran a grandes porcentajes de la población de sus respectivos países.

2. También es la región más desigual

Según información de Cepal y OXFAM—una importante ONG que realiza labores humanitarias en 90 países—de mantenerse la tendencia actual, el 1 por ciento más rico de América Latina tendrá más riqueza que el 99 por ciento de la población a principios de la próxima década.


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Esta desigualdad está vinculada a la forma en que cada ciudadano accede a derechos como la educación, la salud, la cultura, la información, entre otros. En esta región, el nivel económico muchas veces está determinado desde el momento en que se nace, y el poder adquisitivo al que se accede indica la calidad de vida que seguramente se tendrá en el futuro.

3. Y la zona más violenta a nivel global

Nueve de las diez ciudades más violentas del mundo se encuentran en América Latina, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal. En muchos países de la región las tasas de homicidios son aún más altas que en países que se encuentran en guerra.

La delincuencia es un problema que ha escalado en toda la región y, aunque se percibe como un problema generalizado, comúnmente la población que vive en situación de pobreza es la más vulnerable.

4. La desconfianza es otra característica recurrente

Abarca desde las instituciones públicas y políticas, pasando por los distintos niveles de gobierno, los partidos políticos y las instituciones estatales—principalmente las fuerzas de seguridad—, hasta llegar también a las empresas privadas, los medios de comunicación y las iglesias.

Asimismo, como lo indican los datos del más reciente informe de Latinobarómetro—un estudio de opinión pública que aplica anualmente alrededor de 20.000 entrevistas en 18 países de América Latina—estos niveles de desconfianza afectan también los niveles de apoyo a la democracia.

5. Los asentamientos populares son una manifestación extrema de la injusticia

En América Latina, de acuerdo con edición 2016 del World Cities Report, aproximadamente uno de cada cuatro habitantes que reside en ciudades vive en asentamientos populares informales. Vivir en estos conglomerados es sinónimo de mala calidad de vivienda, espacio insuficiente para habitar, nulo o escaso acceso a agua, saneamiento y energía.


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Además, los residentes de estos asentamientos son vulnerables a ser desplazados o despojados de sus terrenos debido a que no tienen seguridad de la tenencia del suelo en el que viven. Se enfrentan diariamente a la falta de derechos, la pobreza y la inseguridad de las ciudades en dicha región.

En el año 2015, los países miembros de la Organización de Naciones Unidas acordaron la Agenda 2030 con metas ambiciosas como poner fin a la pobreza y el hambre, garantizar acceso universal a la educación, el agua y la energía, reducir la desigualdad y construir ciudades inclusivas y sostenibles.

Por su parte, la Nueva Agenda Urbana, acordada en el 2016, reconoce que la pobreza que se experimenta en los asentamientos informales es uno de los desafíos más grandes de la humanidad en general y de las ciudades en particular.

Tanto la Agenda 2030, como la Nueva Agenda Urbana, fueron temas centrales de discusión en el Foro Urbano Mundial del que fue parte TECHO. Y es importante decir que, aunque no son jurídicamente vinculantes de los Estados firmantes, sí son compromisos políticos oficiales para todos los que forman parte de la comunidad de las Naciones Unidas.

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