Esvásticas y calzones usados: Recuerdos de seres amados imposibles de tirar


Todos hemos amado. Por el amor somos capaces de cambiar nuestras más profundas necedades. Y lo mejor es que este amor no tiene que estar ligado incondicionalmente a ningún interés sexual o romántico. Amamos a nuestros amigos y familiares, carrera o equipo de futbol favorito. ¡Incluso hay discos que amamos más que a personas de carne y hueso!

Pero el amor también son rayos de electricidad que inevitablemente tienen su carga negativa. Nos electrocuta de tal manera que puede llegar a dejarnos sin un kilogramo de fuerza, o hacernos aferrar y apegarnos a algún recuerdo material como si nuestra vida humana dependiera de ello.

A veces guardamos los objetos de algunas personas con una fuerza terca, como si en estos recuerdos materiales estuviese depositado el alma de ellas. Sentimos que si los botamos estaremos eliminando de nuestro disco duro absolutamente todos los hermosos momentos que vivimos junto a ellos. Hay una extraña característica en nosotros que hace que no queramos desapegarnos jamás de los recuerdos físicos.

Hoy, 14 de febrero, día del amor y la amistad, le pedimos a algunas personas que nos mostraran objetos que les recuerden a una persona que hayan amado y que les sea imposible tirar.

REVISTA ‘PLAYBOY’ 2004

Mi abuelo era una persona que leía cualquier cosa: la Cosmopolitan, Vanidades, recetarios de cocina, periódicos y la Biblia. Era una persona que podía leer hasta las indicaciones de la parte de atrás de un shampoo. Esto lo mantenía activo, informado y lograba que pudiese hablar sobre cualquier cosa a cualquier hora con nosotros cuando lo visitábamos. Él vivía con mi abuela en su casa, pero cuando ella murió preferimos que se mudara con nosotros para que no se sintiera tan solo. Él murió cuando yo tenía 16 años, mientras estaba de viaje por primera vez con mis amigos. Mi familia prefirió no decirme nada y me avisaron apenas llegué a mi ciudad; fue muy triste. Guardo varias de sus revistas favoritas en mi recámara, y pues esta Playboy es una de mis favoritas. Tengo algunas de ellas guardadas en una caja. —Daniel, 30 años.

CALZÓN

Me gusta guardar la ropa interior de las personas con las que tengo sexo y terminan significando algo para mí. No es que tenga en mi armario chingos de calzones, pero sí con las parejas o novias que realmente llegué a tener una conexión más allá de lo sexual y se convirtió en íntima. Es como si la parte que no enseñan a la gente (la ropa interior) me recordara a los sentimientos de ellos, y generalmente no vamos mostrando nuestros sentimientos en el día a día al mundo.

Este calzón es el más especial porque me recuerda la primera vez que estuve enamorado y a la mujer con la que perdí mi virginidad. Fue mi primera novia, con la que viví la mayor parte de las cosas que se viven cuando se conoce al amor. Ya tengo muchos años sin saber de ella, pero siempre guardará un lugar especial dentro de mí por todo lo que me enseñó. Y bueno, también era muy buena en la cama. Actualmente vive en Europa y no sé mucho sobre ella, pero guardarlo me recuerda a la primera vez que me enamoré como tonto. —Héctor, 29.

LIBRO DE KAFKA

Mi ex novio devoraba libros: podía leerse en un día entero una novela de 120 páginas. Era de esas personas que se metía dentro de un libro y era un viaje del cual no podía escapar hasta que sus ojos vieran que ya no había más páginas. Yo, por el contrario, leo mucho menos de lo que debería. A él no le importaba mucho esto, pero sí que pasaba tiempo hablándome de libros y de cómo habían cambiado su manera de ver las cosas (esto pasaba casi siempre). Pocos libros me obligó a leer, e incluso el único que me regaló fue La metamorfosis de Kafka. Al día de hoy viene siendo uno de mis libros favoritos, y además me recuerda mucho a él, ya que Kafka es su escritor favorito. Además, mi ex usaba en exceso la metáfora de la cucaracha para todo. —Augusto, 29 años.

LLAVERO DEL PRI

La verdad no sé si mi tío era del PRI o no, pero según lo que me contaron mis padres este llavero lo regalaron en la campaña de Madrazo y Fox, y era donde tenía las llaves de su casa. Cuando murió, entre la familia nos repartimos sus pertenencias: gafas para leer, libros, alguna ropa o zapatos y cosas así. En mi casa nos quedamos entre otras cosas con este llavero. Actualmente no sé dónde están las llaves de su casa, creo que las guarda mi mamá, pero ya esto se convirtió en “el llavero del tío” y es algo que siempre está rondando mi casa guardado en distintos lugares. Quizás es una manera de mantenerlo vivo. —Alejandro, 26 años.

RECETARIO DE SUSHI

Estuve en clases de cocina con mi ex novio por casi dos años. Una de nuestras metas era vivir juntos y hacer muchos platos de comida chingones. Este libro lo compramos para salir mejor en los exámenes de comida asiática, ya que a los dos nos encantaba el sushi y la idea era convertirnos en unos expertos. Sin embargo, quizás vernos tan seguido hizo que la relación se fuese a la mierda, y justamente cuando andábamos terminando el curso ya no nos soportábamos. Es irónico porque este libro que alguna vez fue una representación de nuestros sueños, se convirtió en algo parecido a una fotografía de cuando ya no nos aguantábamos más. Ya no lo uso, sus recetas son bien básicas, pero prefiero guardarlo. —Beatriz, 25 años.

VIDEOJUEGO

Mi hermano era mi mejor amigo. Pasábamos la mayor parte de nuestros días jugando videojuegos en nuestra recámara. Era como un ritual sagrado llegar de la escuela y tirarnos al piso a jugar hasta que se nos hiciera bien tarde. Las conversaciones y peleas que teníamos mientras jugábamos Gamecube o Play Station eran geniales, y una buena manera de drenar todos nuestros problemas o preocupaciones. Jugar FIFA para nosotros era lo mejor. Jugábamos con equipos de ligas rarísimas y ganar cada juego era razón para salir gritando por toda la casa. Ya luego fuimos creciendo y cada quién fue tomando su camino. Él se mudó de ciudad y se casó, nuestra relación obviamente no es la misma, pero estoy seguro que si nos volvemos a ver lo primero que haríamos sería sentarnos a jugar FIFA. La mayoría de los videojuegos se perdieron, pero yo sí guardé algunos y este fue uno de mis favoritos. Recuerdo que nos peleábamos para turnarnos a jugarlo. —Manuel, 28.

ESVÁSTICA NAZI

Obviamente mi novio no era nazi, pero recuerdo que un día estábamos caminando por un bazar de antigüedades y vimos esto. A él le llamaba la atención coleccionar memorabilia de guerras y cosas por el estilo. Nos costó 100 o 150 pesos y nos lo llevamos a casa con un poco de pena. Pedimos una bolsa negra para esconder la esvástica. Ese día él pasó la noche en mi casa, y ya luego se le quedaron unos libros y más cosas que habíamos comprado ese día. Pasaron los días y a mí se me olvidó darle todas sus cosas, y bueno, tampoco eran tan importantes la verdad. Ya hoy no andamos juntos y aún siguen en mi casa las cosas que compramos ese día y esta esvástica. Mis padres creo que nunca la han visto y no me han dicho nada. —Samantha, 26.

ESCAPULARIO DE JESÚS Y LA VIRGEN

Mi madre es muy religiosa. Cada vez que salía de mi casa y llegaba me echaba bendiciones y arcángeles encima. No importaba si salía a comer o de fiesta con mis amigos, la cantidad de bendiciones y rezos era la misma. Ya no vivo con ella, y cuando me fui de mi casa lo primero que me dio fue esto. No soy religioso como ella, pero de alguna forma esto me hace sentir protegido por ella y la recuerdo a diario. —Rodrigo, 26.

VINILO DE THE CURE

Mi grupo favorito de toda la vida es The Cure, por varias razones: fue la primera banda que me hizo sentir que todo iba a estar bien, y además, fue el soundtrack con el que conocí a mi ex novio. Nuestra relación fue muy importante, pero lamentablemente hoy no estamos juntos. Con él aprendí muchas cosas sobre la música que antes no entendía, y además, me llevó a conocer bandas y escenas que de otra forma no hubiese conocido. No tengo tocadiscos, pero en un cumpleaños mi ex me regaló Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me, mi disco favorito. Una vez lo soné en el tocadiscos de mi padre, y fue bien melancólico ya que hubiese sido hermoso haberlo escuchado juntos. Nunca pudimos oírlo. —Carolina, 28 años.

HOJA DE THE SHINNING

El año pasado fui a la exposición que hubo en la Cineteca Nacional sobre la obra de Stanley Kubrick. Allí, en la parte de The Shinning, estaban regalando las hojas de la máquina de escribir de Jack Torrance en la famosa escena donde en vez de estar terminando su libro, estaba poseído escribiendo: “All work and no play makes Jack a Dull Boy”. Cuando vi que las estaban regalando pues agarré montón y me las llevé. Enmarqué una, y pensaba regalársela a mi ex para recordar ese momento, ya que a ella también le encanta Kubrick. Antes de regalársela, ella me terminó, así que preferí mejor quedármela. Igual me funciona, porque Kubrick es mi director favorito; pero de la misma manera me recuerda a ella. —Gerardo, 30.

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