Conoce a los hombres que tienen un fetiche con los pedos


Hablemos de pedos. Hace un par de semanas, un vuelo de Dubai a Amsterdam se vio obligado a hacer una parada no programada en Viena para expulsar a un hombre mayor que no paraba de expulsar sus gases nocivos. “Asco” probablemente sea alguna de las tres principales reacciones a la flatulencia pública; las otras dos podrían ser “vergüenza” (tanto por el pedo y quienes están a su alrededor) como por “humor” (a todos les causa gracia un pedo).

Sin embargo, el hedor que sigue a un ataque de viento particularmente escandaloso puede no ser compartido por todos: hay quienes tratan la flatulencia anal con respeto y admiración. Un estudio de 2014 de la Universidad de Exeter sugirió que el sulfuro de hidrógeno, un compuesto que se encuentra en los pedos, podría proteger a las células humanas que normalmente son dañadas por enfermedades como el cáncer.

Y para un pequeño número de personas, los pedos no son sólo un subproducto tabú de la digestión humana: es el foco principal de su vida sexual.

El fetichismo del pedo, también conocido como eproctofilia, significa excitarse sexualmente por la flatulencia anal. Como en el caso de muchos otros fetiches, la excitación sexual puede surgir de diferentes situaciones para diferentes miembros de la comunidad de eproctofilia. Algunas personas se excitan cuando se tiran pedos que van dirigidos a sus parejas sexuales, mientras que a otros les excita el hecho de que les tiren pedos encima. La mayoría contamos con los cinco sentidos y estos pueden verse seriamente afectados por un buen pedo. Olores ácidos, inhalaciones profundas, rasguños fuertes: el repertorio de preferencias de cada persona es variado. Sin embargo, la mayoría de los miembros de la comunidad de la eproctofilia están de acuerdo en una cosa: su fetiche no es lo mismo que la coprofilia, y la idea del scat casi siempre les quita la inspiración.

Entonces, ¿cómo desarrollas exactamente un fetiche de pedo? Según la terapeuta sexual y de relaciones Sarah Berry, “los pedos generalmente se consideran divertidos, groseros y vergonzosos. Cualquier experiencia que exacerbe cualquiera de estas reacciones podría dar oportunidad a los pedos como una preferencia sexual”. Esto ciertamente parece reflejarse en las historias de algunos individuos de la comunidad eproctofílica.


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Jason *, un hombre heterosexual de 22 años de Estados Unidos, recuerda sus primeras fantasías de pedos a la edad de seis años, cuando se imaginaba pasar el rato con un Pumba pedorro de El Rey León. Aunque recuerda haber estado obsesionado con la flatulencia, sus padres estaban más tensos. “Recuerdo que no me permitieron usar la palabra ‘pedo’ cuando era pequeño, así que probablemente eso me hizo sentir más el tabú, como si fuera algo prohibido para mí”.

Ric *, un hombre gay de 52 años de Australia, puede no haber tenido la misma paternidad estricta de Jason, pero también rastreó su fetiche hasta la primera infancia. “Cuando era niño, siempre sintió admiración, aunque no la expresaba, por otros muchachos que eran pedorros ‘públicos’, ya que parecían siempre muy desinhibidos, confiados y un poco subversivos”. Ric recuerda que quería ser más valiente.

A medida que creció y comenzó a explorar y darse cuenta de su orientación sexual, la confianza de Ric creció y buscó generar reacciones en otros hombres. “Un día, cuando me sentía un poco hastiado y queriendo sorprenderme, me tiré un pedo frente a otro hombre en el vestuario de la universidad”, dijo Ric. “Entonces comencé a hacerlo de forma regular. A veces, mis pedos realmente recibían una respuesta [positiva]”.

Para Jason y Ric, estas primeras experiencias emocionales los llevaron a la conclusión de que tenían eproctofilia. Ambos hombres pueden recordar tener erecciones inspiradas en pedos o fantasías masturbatorias, que eventualmente llevaron a la flatulencia a ser una ruta primaria de excitación. Sin embargo, Jason, que en su mayoría se siente atraído por los pedos de las mujeres, aún no ha discutido su fetiche cara a cara con nadie y por lo tanto nunca ha tenido un encuentro real. “Estoy en algunos foros en internet y cosas así, así que tengo algunos amigos en línea que están interesados en lo mismo”, explica. Además de estos chats en línea, Jason experimenta principalmente su fetiche a través de videos por internet. “No contienen sexo o desnudez”, me dice. “La mayoría de los que veo son videos solistas donde la modelo está sola, ya sea completamente vestida o con ropa sugestiva, como ropa interior”.

Por otro lado, las experiencias exhibicionistas de Ric en vestuarios de gimnasios y saunas gay pronto se convirtieron en conexiones más maduras. Ric, quien está interesado en compartir gases sólo con otros hombres, pasó la primera mitad de su vida adulta hablando con hombres de ideas afines en foros de eproctofilia gay y grupos de Yahoo, y también viendo y cargando sus propios videos al ahora inexistente maleassrippers.com.

No fue sino hasta los cuarenta años que Ric visitó a un hombre mayor en el extranjero, con el expreso propósito de vivir su fantasía. “Pasamos 24 horas juntos, durante las cuales nos tiramos pedos en varios lugares, por ejemplo, un restaurante, y nos tiramos un pedo en las manos y finalmente nos miramos a los ojos”. Desde ese día deliciosamente desviado, Ric ha tenido varios encuentros en la vida real, pero se limita principalmente a las sesiones de Skype con contactos en el extranjero.


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Fabio *, un hombre casado de 37 años de Brasil, tiene una experiencia completamente diferente. No sólo tiene interacciones regulares cara a cara, sino que también es un heterosexual que se siente atraído exclusivamente por los pedos de los hombres. Una vez más, Fabio recuerda haber estado emocionado por los pedos de sus amigos cuando tenía cinco. Unos años más tarde, estaba pasando el rato en el vecindario de sus primos en São Paulo. “Estábamos viendo televisión y deliberadamente se tiró un pedo en mi cara, tratando de ser chistoso”, dice Fabio. “No sabía que estaba cerca de sus nalgas para apreciarlas, pero su pedo hizo mis sueños realidad”.

A pesar de sus diferentes antecedentes, orientaciones sexuales y experiencias con eproctofilia, cuando pregunto a Jason, Ric y Fabio qué es lo que impulsa su fetiche, tienen una sola respuesta: la intimidad de poder tirarse pedos. Jason lo analiza en términos de cómo compartir un pedo podría subvertir las expectativas de la sociedad: “las chicas no tienden a ser abiertas sobre ese tipo de cosas a menos que se sientan realmente cómodas. Así que supongo que lo veo como un signo de afecto”.

La aceptación social también juega un papel en la eproctofilia de Fabio. Él explica que tiene un interés específico en los pedos de los hombres que están bien vestidos, así como los más guapos e inteligentes que él. Si un hombre hermoso e inteligente accede a tirarse un pedo en la cara, “significa que me quiere y me permite conocerlo profundamente, de una manera que nadie lo hace”, dice Fabio, “porque la gente normalmente no conoce los pedos de alguien”. Me dice que, en su opinión, los pedos humanizan a un individuo. Cuando se siente inferior a un hombre lo pedorrea, esto lo lleva al mismo nivel que Fabio, algo que él encuentra intelectualmente relajante.

La inteligencia y el intelecto son lo primero y más importante en el fetiche de Ric también. Él relata cómo fue inspirado en gran medida por un compañero francés con el que trabajó en los años 90, que fue el primer hombre en verbalizar realmente el placer de tirarse pedos. Ric también describe el placer de poder expresar sus deseos a otros hombres inteligentes que los entienden y los comparten por igual. En cuanto al acto en sí: “Para mí es una intimidad compartida, una forma de liberación y un reconocimiento de los orígenes animales básicos de uno”.

* Los nombres han sido cambiados para proteger el anonimato.

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