¿Qué precauciones toman las mujeres cuando salen solas por la noche?


Artículo publicado en VICE Argentina

Todas las mujeres que conozco, absolutamente todas, han vivido en algún momento de su vida, un acoso callejero, han sentido miedo, han acelerado el paso o se les ha cortado la respiración por unos segundos, simplemente para evitar un mal momento.

Cruzar de vereda, caminar con las llaves en la mano, avisar al llegar, desconfiar de la persona que camina a tu lado, del hombre que se para cerca, que te lleva a tu casa o incluso te atiende en un bar. Momentos que tomamos como habituales y asimilamos como si fuesen normales. Pero no lo son.

Dependiendo del país donde una viva las precauciones que tomamos varían. En Argentina, hace tiempo que dejó de existir una distinción entre barrios y horarios, entonces nos limitamos a aceptar que nuestras costumbres y hábitos conscientes no van a dejar de existir. Consejos y comentarios que se expanden como plaga a la hora de hablar con una amiga sobre lo que se debe y no se debe hacer en una situación incómoda, estando de noche, sola, yendo o volviendo de cualquier lugar.

Cecilia, Flores, 20 años

Todavía vivo en la casa donde nací, es decir, conozco perfectamente el barrio, siempre vi como policías se daban la vuelta cuando pasaba algo, transas, drogas, travas, pibes, acá hay de todo y hay zonas de Flores por las que no camino.

Vivo con precaución. Si salgo de noche no vuelvo caminando sola. Lo cierto es que si me pasa algo no sabría como defenderme, aunque siempre estoy a punto de anotarme a algún curso de defensa personal.

Me asaltaron cuatro veces con pistolas, me robaron celulares, plata, cosas que no son importantes. Cuando me subo a un taxi mis amigas me piden: que les mande foto de los datos del conductor y avisar cuando llego a mi casa. Mi novio vive a 20 cuadras, un paseo de unos minutos que podría hacer caminando, pero prefiero no hacerlo. Ya no tengo idea de cuanta plata gasto en taxi innecesariamente. Ya dejé de contar las cosas que me dicen por la calle. Mi costumbre principal es llevarme un buzo para taparme, no me gusta que me miren y a veces me siento muy observada.


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Daniela, Lanús, 32 años

Trabajo en Capital, generalmente vuelvo a mi casa entre las 5 y 8 pm. regreso en subte, tren o colectivo dependiendo de como este el día. Si ceno en Capital o salgo esa noche vuelvo a mi casa en taxi porque no me da seguridad llegar a la estación y caminar esas cinco cuadras de estando sola.

Trato de no estar distraída por la calle y no sacar mucho el celular. Evito las calles oscuras y encerrarme en lugares donde hay amontonamiento de hombres, no me gusta pasar delante de ninguna construcción. Elijo evitar ciertas situaciones para no pasarla mal o sentirme incómoda. Evito bajarme sola del colectivo, a veces prefiero pasarme unas paradas y bajarme donde hay más gente, no me gusta bajarme y encontrarme con la nada misma.

Tengo dos caminos alternativos, uno que hago de día y otro que hago de noche porque está más iluminado, sin embargo me siento más cómoda caminando por mi barrio que por Capital Federal. Después de todo esto, siempre aviso a mis amigos si llegué bien.

Jorgelina, La plata, 31 años

Vivo con mi novio, y el intenta acompañarme siempre. Solemos volver en bici o caminando. Cuando estoy sola camino con miedo, todas las semanas termino de reunirme a las 10 u 11 pm y la verdad es que odio molestar a mis compañeros para que me lleven a mi casa.

Evito los taxis, una vez tuve una mala experiencia, me subí a uno donde tenía las ventanas tapadas con telas, como si fuesen media sombra, pero era de noche. El que lo manejaba era un pibe, yo no quería juzgar por el aspecto pero tenía una mala sensación, estuve todo el viaje simulando hablar por teléfono con alguien, sin embargo no lo soporté y me bajé antes.

Por momentos siento que mi barrio es tranquilo porque no hay nadie, luego pienso que esa idea de que no haya nadie me da miedo.


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Sofía, Parque patricios, 28 años

A la hora de despedirnos con mis amigas tenemos siempre la misma dinámica: nos avisamos cuando llegamos cada una a su casa. Vivo en Parque Patricios y los colectivos paran del lado opuesto a mi casa, lo que me lleva a tener que cruzar el parque entero de noche, y no me gusta hacerlo. A partir de la 1 am todo muere en esa zona.

Antes tomaba taxis, pero ya no me dan confianza, una vez en una conversación, un tipo me preguntó por qué mi pareja me dejaba salir sola de noche, y esa pregunta, en un auto ajeno, con un desconocido, no me generó nada de seguridad. Decidí dejar de tomar taxis y empecé a usar Uber, pero hace poco me pasó que por fuera de la aplicación dos conductores me mandaron mensajes de tipo: me encantaste o sos muy linda. Hice la denuncia y sé que fueron bloqueados o algo así, no se como funciona, pero se supone que los suspenden. Hoy volví a la bici, y me parece el medio más seguro, de todas maneras antes de llegar a casa saco las llaves y voy con las llaves en la mano, básicamente porque siento que es un arma de defensa.


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Clara, Palermo, 27 años

Yo no soy de caminar con miedo, creo que el temor está en el aire y nos meten en la cabeza que tenemos que tener cuidado permanentemente. Creo que existe un constructo social que se basa en generar mecanismos de contención, de parte de tu familia y amigos. La verdad es que no siento que ese miedo se haya apoderado de mi. Personalmente tomo una actitud en particular cuando camino por la calle, camino con la idea de que puedo con todo, no se si trasmito algo o no, no se si algo me podría pasar, seguramente si, y estoy dispuesta a enfrentarlo. Creo que yo, como mujer, no tengo que salir al mundo a defenderme de monstruosidades, creo que la imaginación de mucha gente hizo que todo se agrande. Las mujeres estamos más expuestas, observamos más y nos acostumbramos a tener ese tercer ojo.

Hace un tiempo, cuando tenía otra actitud, no estaba pasando por un buen momento y caminaba más distraída. Me paso lo siguiente: entro al subte y noto que está plagado de gente, todo pegados, era imposible moverse, noto algo en mi cuerpo, un hombre estaba fregando su pene y masturbándose con mi pierna. En cuanto se despeja un poco la zona el hombre se pone un bolso de gimnasio tapándose y se sienta en frente mío. No dejó de mirarme durante todo el viaje, sonriendo, como si su mensaje hubiese sido: Yo se que te gustó. En ese momento no tenía las herramientas que tengo ahora, sentía que no estaba acompañada socialmente, ahora quiero suponer que si.

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