La guía psicoactiva de México: plantas, hongos y un sapo


En México existe una gran herencia cultural en torno al uso tradicional de distintas plantas y sustancias con propiedades psicoactivas y con la cual los distintos pueblos locales han interactuado desde hace varios siglos, o milenios en algunos casos.

Con este artículo haremos un breve recorrido geográfico y etnobotánico por algunas de las plantas, animales y sustancias más interesantes (en términos puramente psicoactivos) que conviven en nuestro país y que en muchos casos pasan inadvertidas debido a la atención desproporcionada que se le ha dado a las más populares y que han terminado en las listas de fiscalización (o sea, ilegales).

Foto de floripondio, vía.

Floripondio (Brugmansia arbórea/Brugmansia cándida)

Empezaremos por una de las plantas más interesantes, potentes y poderosas, pero que es al mismo tiempo una de las que mayor riesgo conllevan debido a las propiedades delirantes que tienen sus compuestos activos: escopolamina y hiosciamina. El floripondio, también conocido como Cornetas del Diablo por la forma de sus flores, es un árbol pequeño de la familia de las solanáceas que crece en varias zonas del país.

Es fácil identificar floripondios creciendo de manera silvestre en la Ciudad de México y sus alrededores, así como en los estados de Morelos, Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Estado de México, Puebla, Guerrero, Yucatán y Quintana Roo. Sin embargo, no es tan fácil encontrar grupos indígenas locales con prácticas tradicionales vivas en torno a esta planta.

Sus efectos delirantes pueden ser impredecibles y muy potentes, y además pueden salirse de control fácilmente. Lo que se usa comúnmente son las flores, que se pueden preparar en té o comer a mordidas. Las cantidades de alcaloides activos en cada flor varían dependiendo de la época del año y las condiciones del árbol específico, por lo que es importante ir cuidando las dosis en cada sesión si se va a usar de forma experimental. Los efectos pueden ser equiparables a un brote psicótico y duran entre ocho y 12 horas.

Foto de peyote, vía.

Peyote (Lophophora williamsii)

El peyote tiene un rol especial en la historia moderna debido a que la mescalina, su principal compuesto activo, fue la primer sustancia psiquedélica aislada químicamente —en 1896— y utilizada desde ese momento y hasta 1971 (cuando se incluyó en las listas internacionales de fiscalización de sustancias psicoactivas) para la investigación neuro-farmacológica, dando pie a lo que hoy conocemos como psiquiatría.

El uso de este cactus, presente en el desierto y zonas áridas de Nayarit, San Luis Potosí, Chihuahua, Durango, Coahuila, Tamaulipas, y Nuevo León, tiene una larga estela y profunda raíz de uso tradicional y ancestral, por lo que está íntimamente relacionado con la construcción de distintas cosmovisiones a través del continente. Debido a que en México se mantiene la mayor cantidad de peyote en su ecosistema natural, convergen distintos grupos en estos territorios que lo utilizan como los coras, tarahumaras, tepehuanis, wixáricas y varias tribus qué habitan en Estados Unidos como los hopi o lakota.

Recuerda que la mescalina (y por ende el Peyote, aunque sea un poco raro) se encuentra en la lista de fiscalización de sustancias psicoactivas de Naciones Unidas a las que México se adhiere a través de los convenios internacionales y que expande en el código general de salud y el código penal interno, lo que significa que la portación, distribución o uso fuera de los contextos tradicionales y religiosos es ilegal.

Debido a la gran explotación de la población de peyote endémico, es de vital importancia recordar que para cosecharlo sin afectar su reproducción y sustentabilidad hay que cortar de manera horizontal, solo la cabeza, a nivel de piso, sin sacar nunca la raíz y utilizando algo que no sea metal —un hilo, cuchillo de plástico o madera—, siempre cubriendo el corte con tierra para permitir que vuelva a brotar la cabeza del peyote sin afectar su cuerpo (la raíz).

Cuando la cosecha se hace de manera adecuada, incluso se acelera el ritmo de crecimiento y reproducción de toda la población. De cortar una sola cabeza pueden brotar dos o más si se le permite crecer en condiciones apropiadas. Dentro de las tradiciones indígenas y religiosas, el peregrinaje y la recolección de los botones que se van a ingerir como sacramento durante los rituales comunitarios sostiene el conocimiento y los mitos de creación que se han transferido por generaciones. Estos se cimientan en la experiencia compartida de la “empeyotada” y el contacto con “el ojo de dios” y sus múltiples expresiones.

Es importante mencionar que hay otras especies de cactus que se parecen mucho y crecen en los mismos ecosistemas que el peyote, como los del género Ariocarpus, A. fissuratos/A. radices/A. retusus, que también se les conoce como Peyote Cimarrón, Peyote Brujo y Falso Peyote. La principal diferencia es que los “gajos” son triangulares y crecen de manera radial, del centro hacia afuera. Estos contienen distintos alcaloides y compuestos psicoactivos diferentes a la mescalina. No utilices cactus o plantas de origen desconocido que no puedas identificar apropiadamente.

Foto de amapola mexicana, vía.

Amapola Mexicana (Argemone mexicana)

Una de las plantas más exóticas y menos populares de las que hablaremos aquí es la llamada amapola mexicana, de la familia Papaveraceae, que se ha usado para el manejo del dolor desde la herbolaria pragmática al igual que la amapola (Papaver somniferum), pero que es endémica de la región y con un vasto registro de uso medicinal entre distintas tradiciones y culturas mesoamericanas.

Su nombre en Náhuatl es Xicólotl, y también se le conoce como Cardo Santo, Amapolilla y Chicalote. Tiene propiedades similares a su prima la adormidera, como la analgesia y la sedación ligera, pero muchos de los aceites que contiene esta amapola mexicana son purgativos. Además, no contiene altas cantidades de morfina ni codeína, los principales compuestos buscados en la producción de Papaver somniferum.

Se usa la savia anaranjada lechosa que se le puede extraer fácilmente a las cápsulas, muy similar que a la manera en que se cosecha la goma de opio. Sin embargo, también se usan las hojas, ya sea en té o para agregarse a la mezcla de tabaco o hierbas fumables, con lo que supuestamente se obtienen sus cualidades ligeramente narcóticas y relajantes.

Cabe recalcar que esta especie y varias de las de su género son tóxicas para el ganado y otros animales, por lo que sería cauteloso asumir que pueden llegar a ser tóxicas en humanos en dosis no tan grandes. Hay que tener mucho cuidado al medir las dosis con sustancias o preparados de origen vegetal, ya que es muy difícil definir cuánto hay de cada compuesto activo y cómo va a reaccionar tu organismo o el de cualquier otra persona.

Foto vía.

Hoja de dios o hierba de los sueños (Calea zacatechichi)

La palabra zacatechichi es Náhuatl y significa “pasto amargo”. Así se nombra a este arbusto que llega a crecer hasta tres metros de altura y que a pesar de su intenso sabor, se usa para relajar, ayudar a dormir, obtener estados de meditación profunda y propiciar la ensoñación y los sueños lúcidos.

Hoy en día se utiliza en estados como Morelos, Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Veracruz, pero no es clara la extensión de su uso desde épocas prehispánicas, como tampoco es clara su farmacodinamia ni los mecanismos de acción de la compleja mezcla de sustancias activas que contiene. Crece de manera silvestre pero también es fácil de cultivar en incluir en el botiquín casero de jardín. Es bastante resistente y no requiere demasiada atención.

Psilocybe mexicana, vía.

Hongos Psilocibos (Psilocybe mexicana y otras especies)

El reino de los hongos es más antiguo que el animal y el vegetal. Aquellos que contienen psilocibina (4-PO-DMT) están presentes en la mayor parte del mundo, y México no es la excepción. Es interesante saber que el Psylocibe mexicana tiene este nombre porque aquí es donde se identificó por “primera vez” desde la ciencia occidental Europea un hongo que contuviera psilocibina.

Una vez que se aisló el compuesto químico que había que buscar para identificar las especies de “hongos mágicos” se hizo claro que están por todas partes y que hay todo tipo de usos, rituales y tradiciones a su alrededor. Aquí en México se asocia con la cultura mazateca en Oaxaca, aunque también hay registro de uso ritual y ceremonial por parte de los mayas, los aztecas, olmecas, mixtecos, tzeltales, mazahuas, chinantecos, chatinos, mixes, nahuas, otomíes y tarascos, entre varias otras culturas.

Además de la especie Psilocybe mexicana, o “pajaritos”, existen otras dos que son más comunes en el país: Psilocybe caerulescens, también llamados “derrumbes”; y los Psilocybe cubensis, “San Isidros”. Existen otros hongos psilocibos así como otros hongos psicoactivos como la Amanita muscaria (que también crece en la zona central de México), pero que sus efectos no se deben a la psilocibina sino a otros compuestos.

La manera más fácil de reconocer los hongos psilocibos es por el tono azul de la psilocibina al oxidarse con el tacto. Si tomas un hongo, en unos pocos minutos deberían tornarse azules los lugares donde hayas hecho contacto con el tallo o el sombrero. Si tiene psilocibina, se pondrá azul. Recuerda que aunque son pocos, existen hongos tóxicos y algunos letales. No utilices hongos que no puedas identificar apropiadamente y evítate tragedias y accidentes.

Foto de salvia divinorum, vía.

Salvia divinorum

Esta planta es de las más “novedosas” porque sus compuestos activos (Salvinorin-A y Salvinorin-B) fueron descubiertos muy recientemente, en 1982, aquí en México, y tienen propiedades que no se han encontrado en ningún otro lugar en la naturaleza.

La potencia de estos compuestos es comparable con la del LSD, ya que las dosis activas se miden en micras, iniciando alrededor de los 200 microgramos. La familia de compuestos Salvinorin provocan un fuerte estado disociativo que se compara frecuentemente con el del DMT pero en el que hay una mayor confusión, nebulosidad mental y visual y sentimientos de miedo o angustia.

Para cada persona los efectos pueden ser distintos, pero el uso tradicional que se gestó alrededor de la zona geográfica de donde la Salvia divinorum es originaria, la sierra mazateca en Oaxaca, se basa en la absorción sublingual de la planta en distintas maneras, principalmente las hojas y frescas o recientes. Hoy en día se distribuyen extractos de alta concentración y que pasan por un proceso químico para aumentar la cantidad de compuesto activo que se absorbe al fumar el producto herbal.

Con los disociativos en general, y con la Salvia divinorum en particular, es muy fácil perder la coordinación motriz e incluso llegar a tener un “black out”, o pérdida total de la consciencia. Recuerda estar con personas de confianza que te puedan cuidar y trata de que las fumadas no sucedan al mismo tiempo, para que siempre haya alguien que no esté bajo los efectos que pueda reaccionar frente a una emergencia.

Ololouqui, vía.

Ololiuqui (Rivea corymbosa/Turbina corymbosa/Ipomea violácea)

También conocidas como Semillas de la Virgen, Angelito, Bejuco de San Pedro o Hierba María, son enredaderas con flores pequeñas que tienen forma de trompeta. Cada una tiene colores distintos y la manera más fácil de reconocerlas es por las semillas. En la corymbosa las semillas son pequeñas, redondas y parduzcas, mientras que en la violácea son negras y angulosas.

Han sido usadas por distintos grupos como los chinantecos, mazatecos, mixtecos y zapotecos de Oaxaca, pero se extiende de manera natural por toda la zona central y sur del país, Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Morelos, Campeche, Veracruz, Puebla, etcétera.

Se usa para obtener estados de trance, para funciones oraculares, sueños lúcidos y en algunos casos de manea terapéutica y medicinal. Los efectos se deben a una gran cantidad de alcaloides, entre los cuales se encuentra la ergolina (amida de ácido lisérgico o LSA) y otros compuestos similares.

Las semillas se pueden masticar y tragar, moler y hacer una extracción en alcohol o algún otro solvente, hervirse por largo rato como para preparar un té. En cada caso se absorberá de manera distinta la combinación de compuestos activos y los efectos serán menos o más potentes dependiendo del método de ingesta.

Bufo alvarius, vía.

Sapo Bufo (Bufo alvarius)

Vamos a cerrar esta lista por el momento con una sustancia que tiene origen animal y no vegetal o fungi, el veneno de sapo o “sapito”. Esto se refiere a la resina cosechada de las glándulas del sapo del desierto de Sonora, Bufo alvarius.

Este sapo produce, al igual que muchos otros del género Bufo, Bufotenina (5-HO-DMT), compuesto psicoactivo ligeramente tóxico. Pero a diferencia de sus congéneres, el Sapo Toro o Bufo alvarius produce también 5-MeO-DMT como complemento al cocktail psicoactivo que utiliza como mecanismo de defensa.

Para poder “cosechar” al sapo hay que atraparlo, amarrarlo, picarlo con un palo para que se estrese y se asuste. Una vez que se asusta segrega su veneno en grandes cantidades. Este se recoge con una madera y supuestamente se libera y se regresa al sapo a su hábitat sin lastimarlo. En algunos casos la resina, que se pone a secar después de ser recolectada, contiene sangre, lo que indica que su recolección a veces termina lastimando al animalito.

El uso de esta sustancia como “medicina ancestral” ha sido tratado de presentarse al mundo con argumentos huecos, vacíos y que no tienen ningún fundamento. Para su “ceremonia” se utiliza una pipa de cristal o crack y un soplete, tecnología que no estaba fácilmente disponible en las épocas prehispánicas, y que no tiene correspondencia con los registros antropológicos y arqueológicos en Mesoamérica.

Ilustración por Clementina León.

Hay que tener mucho cuidado con el negocio que se está generando en torno a “la medicina de Sapo” y las otras adaptaciones que han estado surgiendo en los últimos años alrededor de lo que llaman “prácticas chamánicas”, “neo-chamanismo” o hasta “retiros espirituales” y “centros de tratamiento con medicina ancestral”. En cada caso el gancho de marketing es distinto, pero toda la operación de estos modelos gira en torno al negocio.

Cuidemos nuestra herencia y nuestras tradiciones. Ayudemos a que las nuevas tradiciones sean construidas desde el respeto, la honestidad, la humildad y la empatía, que no propicien los engaños o la confusión y que se mantengan separados de los intereses económicos individuales y corporativos. Mientras más se diseminen y distribuyan por más lugares y entre más personas estas semillas y este conocimiento, más difícil es que estas tradiciones caigan en manos de corporaciones o desaparezcan.

Es necesario incrementar la atención y el interés de estos recursos y herramientas para lograr un aprovechamiento adecuado de las medicinas y un mejor entendimiento de las prácticas y el trabajo que se han ido desarrollando en nuestro continente desde tiempos inmemorables, pero que se han ido erosionando en los últimos siglos.

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