Chau sex shops, hola boutiques femeninas y feministas


Artículo publicado en VICE Argentina

Hoy podríamos pensar en una nueva carrera, esta vez, por el placer femenino. Así, la revolución sexual iniciada en 1950 con la introducción del anticonceptivo, es continuada hoy por mujeres que lideran la disrupción tech en la multimillonaria (y machista) industria de la pornografía y las sex-techs. ¿Cómo? Diseñando y produciendo tanto a la vanguardia como a la medida de las necesidades de las chicas, desde nuevos espacios y con distintos productos que buscan desactivar prejuicios y repensar la forma en la que se entiende la sexualidad femenina.

Un vistazo a la floreciente industria de las sex-techs

El término “sextech” (tecnología sexual), es un concepto que engloba diferentes desarrollos que apuntan a la posibilidad de proveer placer tanto a hombres como mujeres. Incluye desde apps a dispositivos y juguetes sexuales, sitios web, porno, realidad virtual y hasta robots. No hablamos de distopías sexuales a la Black Mirror, sino de productos muy concretos que se están produciendo en lugares tan disímiles como Japón, EEUU o Europa. Si bien muchos de estos ellos no son totalmente masivos, volviéndose en algunos casos consumos de nicho por ahora, la industria está creciendo y cada vez más voces femeninas salen al cruce de lo que debería hacerse y cómo.


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“El porno en formato realidad virtual está oficialmente en boca de todos, los dating y sex apps son ubicuos, e incluso los londinenses van a tener un sex robot café pronto. Pero otro lado de la sex-tech —una que canaliza el sexo real y el placer femenino— está en discusión”, explica la periodista Teresa Bigelow desde salon.com al hablar de esta florenciente industria valuada en más de 30 mil millones de dólares. Entre algunas de las mujeres haciendo ruido, se encuentra Cindy Gallup, la fundadora y CEO de MakeLoveNotPorn, un sitio con bastante humor dedicado a reconnotar la idea de lo que es la pornografía (y la idea del sexo que muchos jóvenes tienen a raíz de esto), mostrando la diferencia entre el sexo real y en el porno mainstream. Las firmas siguen, los sitios como OMGyes o casualsexproject.com proliferan, y el mensaje subyacente se afianza, “no hay que deshacerse de la industria del porno, hay que hacerla evolucionar”, sentencia Gallup.

Chau sex shop, hola boutiques femeninas y feministas

Pero no es necesario irse afuera para poder comprar en tiendas orientadas a las mujeres y sus necesidades. Francesa Gnecchi, lic. en comunicación y periodismo de sexualidad, es dueña de Erotique Pink, una de las pocas “boutiques femeninas” en Buenos Aires. De familia Italiana y acostumbrada a viajar, rápidamente se dio cuenta de que algo le estaba faltando a esta ciudad. “Afuera las boutiques orientadas a las mujeres son mucho más comunes, pero acá estaba muy retrocedida la industria. De hecho, lo que es industria local de sex toys lo que hay es malo desde la calidad a la estética y muy machista, porque si bien son juguetes que los usamos las mujeres, están diseñados para el gusto estético del hombre; entonces vas a un sex shop común y encontrás esto de la mujer cosificada, el disfraz de mucama, de la colegiala, cosas horribles”, relata al explicar la diferencia entre una boutique femenina y un sex shop tradicional. “Pero todo eso cambió, y ahora se piensan más en la cabeza de la mujer. Hubo una movida importante afuera hace más o menos una década de todo lo que tiene que ver con la estética, y ahora comienza a haber producción de juguetes pensando en que la que los va a comprar hoy es la mujer. Cambiaron los colores, las formas, los estilos y diseños”.

Foto por Laura Marajofky

Su local ubicado en el barrio de Palermo atiende por cita y comercializa tanto toys como lencería, pero con una curaduría muy específica, no sólo seleccionan productos especiales para los gustos de las chicas, sino que por ejemplo hacen talles del uno al cinco para acomodar también a mujeres voluptuosas y más grandes. “Nosotros lo que hacemos en nuestro local es una “curaduría de objetos de placer”. Le decimos así porque elegimos dentro del amplio espectro, todo lo que es femenino y delicado, desde el packaging, a los colores, a la tecnología, a la forma de usarlo. La idea es que todas las mujeres puedan sentirse sensuales y disfrutar de la sexualidad de una manera sana y cómoda. El objetivo es empoderar sexualmente a las mujeres, que nos liberemos, que haya más comunicación. Esto es mucho más que un sex shop, es un lugar de contención”, plantea Gnecchi, quien también desde su sitio ofrece tutoriales de uso, recomienda películas, dicta talleres de sexualidad y tiene un espacio de salud sexual donde atiende consultas de mujeres que padecieron cáncer de mama o de cuello de útero y tienen problemas para disfrutar de una sexualidad plena.

Foto por Laura Marajofky

En la línea de contener otro tipo de cuerpos y necesidades, también existen lugares como Pulpa, una juguetería erótica con enfoque de género que desde su manifiesto se posiciona con objetivos no sólo comerciales sino explícitamente políticos, haciendo eje en cuestiones como el autoconocimiento, la gestión del propio placer y una desarticulación de la mirada actual “cis-hetero-blanca-patriarcal” sobre la sexualidad femenina. Ofrecen Soroterapia individual y grupal para mujeres feministas que desean enriquecer y nutrirse en el área sexo-afectiva, talleres de sexualidad (masturbación, eyaculación) y de salud sexual. Ah y aparte venden toys y dildos que serán la envidia de tus amigas.

¿Porno feminista, alternativo o ético?

Pero Cindy Gallup no está sola en esto de denunciar el doble estándar y la educación puritana que recibimos, que hace que muchos recurran al porno tradicional como principal fuente de información (e inspiración). También aparecen otras mujeres que salen a filmar porno con una mirada que no sólo desarticula los lugares comunes y denigrantes del mainstream, sino que también contempla otro tipo de sensibilidad artística. Entre ellas está Erika Hallqvist, más conocida como Erika Lust, una realizadora independiente de cine para adultos y pionera en lo que hoy se conoce como “porno feminista”.


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Sin embargo, los nombres no son todos extranjeros, y localmente tenemos a una firme representante de la movida, Maria Riot, quizás una de las pocas mujeres haciendo porno desde una perspectiva disidente. “A mí no me gustan las etiquetas porque siento que terminan delimitando: sirven para mostrar que se está haciendo algo distinto pero creo que es más potente apostar a cambiar el significado que tiene hoy la palabra pornografía en sí. Cuando pensamos en porno se nos vienen ciertas imágenes. Quiero que esas imágenes que se nos vienen a la cabeza cambien y que pensemos en un amplio abanico de posibilidades como posibles dentro de la pornografía”, explica Riot, y también hace referencia a la casi nula producción local pese al mito que dice que la primer película porno de la historia se hizo en Argentina. “Acá no ha existido una industria del porno fuerte que se haya consolidado. Uno de sus “referentes” todo el tiempo dice que “murió” o que nunca existió. Yo creo que no murió sino que estamos a punto de crearla, pero hoy en día no hay una escena donde te pueda nombrar un listado de gente creando pornografía. Si uno pone a investigar un poco, se encuentra siempre con los dos mismos nombres, con muchos videos amateur y también un morbo periodístico hasta excesivo por saber del porno argentino o qué pasa atrás de una escena porno, que para mi gusto, es más la expectativa que lo que hay para ver”.

Retrato de Maria Riot

¿Qué es lo intenta desarmar este nuevo porno? Todas esas cosas que muchos crecimos entendiendo como pornografía —y como aquello que debía excitarnos—: hombres y mujeres teniendo sexo casi mecánicamente, orgasmos falsos, disfraces denigrantes, normatividad corporal y sexual, tomas gráficas y para nada climáticas, y desde luego, escasa narrativa en las películas hot.

“La industria del porno está directamente pensada para quienes son históricamente los consumidores de porno, los hombres y si bien eso está modificándose, aún en nuestro país, y mundialmente inclusive, lo mainstream sigue siendo la mujer como consecuencia de una necesidad masculina y no al revés. Aquí la “industria” es casi inexistente, hay dos directores Víctor Maytland y César Jones. Los dos realizan un porno machista, el cual no aceptan como tal, y el público es masculino. Después, dentro del mundillo under del porno argento hay, gracias a Internet, algunas variantes para nosotras; y cuando digo algunas estoy siendo tal vez generosa pues yo conozco a Maria Riot y Cherry Vecchio. Las mujeres consumimos más porno a niveles insospechados y el sistema capitalista que sabemos no es ni lerdo ni perezoso, ya debe estar pensando en cómo hacer dinero con eso. Acá y afuera”, comenta Paula Giménez, columnista de sexualidad en Diario Registrado y La Nación, y conductora de uno de los primeros podcasts de sexo made in Argentina, Pernocte, por posta.fm.

“La pornografía como representación de la sexualidad en general es heteronormativa, heterosexual, estereotipada y bastante machista pero porque así es el mundo en el que vivimos. Lo mismo puedo decir de la industria de la música o del cine pero a diferencia del porno, no se los demoniza ni se los culpa explícitamente por los males de la sociedad. Tiene que haber más inclusión y diversidad de corporalidades e identidades, prácticas sexuales, otras ideas, otras maneras de representar el erotismo que no sea siempre el mismo. Aún estamos pidiéndole al Gobierno que implemente la Ley de Educación Sexual Integral en los colegios, recién hace pocos años estamos hablando de que las mujeres también tenemos derecho a sentir placer”, explica Riot quien también recomienda proyectos de pornografía arty como Four Chambers con Vex Ashley. “Muchas veces nos olvidamos que la pornografía es cine y que por lo tanto es arte”.

Gentileza de Maria Riot

La preferencia por referentes for import como Four Chambers, Chelsea Poe, Courtney Trouble, y Samuel Shanahoy, o la idea de la injusta —y a esta altura clásica— demonización del porno como fuente de todos los males, no son las únicas cosas que Riot y Cherry Vecchio comparten como dos de las mayores referentes del porno alternativo en Arg.

“El problema sigue siendo que hablamos poco de sexo y que sigue siendo un tabú. La gente tiende a atribuirle al porno todas las culpas de que los adolescentes no sepan nada de sexualidad y relaciones personales. Pero a mí me parece mucho peor que no se hable de sexo en las escuelas, en las casas, que los médicos no tengan ni idea de cómo cuidarte si no es una relación de pene/vagina. Me parece excelente que existan esos sitios (OMGyes, MakeLoveNotPorn, etc) y desmitificar el acto sexual. En lo personal, pienso que es importante que exista otro tipo de porno porque a mi, como consumidora de porno que soy y que fui durante la adolescencia, me hubiera encantado tener acceso a él. No creo que el porno mainstream tenga un papel fundamental en la pobre educación sexual que tiene la juventud, al menos no más que el que tiene también el cine mainstream o cualquier otro medio que consumimos sin cuestionarnos. Pero, como todas esas cosas, el porno a veces reproduce conductas tóxicas o abusivas, y eso es lo que se rompe en el porno alternativo que me parece más interesante. El porno es un lugar excelente para educar sobre consentimiento y sexualidad”, arranca Vecchio, quien se muestra siempre pícara y fresca desde su IG como Babe Royalty o su canal de You Tube.


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Sobre la industria local y su sesgo, su posición se acerca a la de sus colegas, pero con la salvedad optimista de que la vacancia deja lugar también para una nueva generación de mujeres empoderadas y de “cámaras a tomar”. “Hay algunos directores (varones) y hay/hubo algunas productoras. El porno como negocio está dominado por los hombres y por lo tanto hecho en su mayoría para su consumo. La ventaja que tenemos en Argentina las personas que estamos haciendo porno que se corre un poco de eso es que al ser la industria tan chica y haber envejecido tan mal, tenemos una oportunidad increíble para tomar el mando. Todxs podemos ayudar a que esto cambie, reflexionando sobre nuestros hábitos de consumo pornográfico, eligiendo ver cosas hechas por directoras y productoras mujeres y pagando por el porno que consumimos. También cambiaría la baja representación que hay de todo tipo de corporalidades: en el porno mainstream rara vez se ven gordas, trans, negras, personas mayores, y cuando se ven es porque son hiperfetichizadas. Obviamente también me molesta que el porno mainstream sea tan heteronormativo. Pero soy realista, estas cosas probablemente no van a cambiar en el porno mainstream, por eso me parece importante hacer porno queer, feminista, disidente y contrahegemónico y apañar a otras personas que hacen lo mismo con difusión y sustento económico”.

Mientras la tecnología avanza proveyendo posibilidades impensadas hace un par de años (robots, realidad virtual porno, vibradores a control remoto), y las chicas se ponen cada vez más a la cabeza en la mesa grande tanto en lo creativo como comercial, en algunos lugares todavía seguimos luchando por cosas básicas como la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral en los colegios (ley que dicho sea de paso, no contempla los cuerpos trans), una cultura con menos mandatos machistas, y sobre todo, un debate más abierto y desprejuiciado sobre sexualidad. “Hablamos de cómo dormimos, comemos y nos ejercitamos en términos de estar sanos y felices, pero el sexo es algo que no traemos a la conversación”, dice Liz Klinger creadora del vibrador inteligente. Quizás ya vaya siendo hora.

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