Chivas y sus eternas barras visitantes: Legión 1908 DF y la Insurgencia


Chivas es uno de los equipos con más aficionados y seguidores en México; en todos los estadios donde juega hay personas vestidas de rojo y blanco. La Ciudad de México no es la excepción, y en la capital tiene dos barras con gran poder convocatoria: Legión 1908 DF, y la Insurgencia.

Decidí darme a la tarea de buscar estas barras y a sus integrantes, y por buena suerte mi búsqueda coincidió con el 17 aniversario de la Legión 1908 DF. Después de un par de mensajes conseguí quedar con ellos para asistir a los preparativos de la semana previa al juego contra Pumas. Pero antes de reunirme con los miembros actuales, contacté a uno de sus fundadores: Daniel Hernández, mejor conocido como “Grinch”. Fue militante de 1999 a 2003 y vio cómo empezó todo bajo el nombre de Barra 1908, antes de cambiar a Legión: “Buscamos que en Guadalajara fuera la Legión 1908 en lugar de Barra 1908, y que todos los grupos en aquel entonces que tenían esa forma de apoyar se llamaran Legiones. Ninguno lo adaptó, pero se quedó así”.

El iniciador de todo fue Toño Orrostieta. En un viaje a Guadalajara recibió el apoyo de Adrián Gutiérrez, Othón Santillán y Emanuel, líderes de la Legión 1908 en Guadalajara, quienes respaldaron su idea de generar un grupo fuerte en el centro del país. “Nos dimos a conocer en un partido contra Atlante o Necaxa, cuando se vieron las tiras de Toño que empezaron a delimitar la zona de la barra. El primer viaje de la Legión fue contra Pachuca, y ahí yo caí con el Negro —líder actual de la Insurgencia— que ya estaba dentro del mundo del barrismo. Toño era el líder y poco a poco yo fui llevando la comunicación con la gente y con el club”, continúa Daniel.

Según lo que me contó Grinch, lo que querían era llevar a la gente y que se armara un perradón en las cabeceras con el objetivo de inculcarles poco a poco la forma de alentar, pero sin ser excluyentes. Y es que a la Legión 1908 DF podían —y todavía pueden— entrar mujeres, niños, personas mayores y familias. Uno de los motivos que alejó a Daniel de la barra fue el manejo de algunos líderes, pero lo que realmente lo orilló a retirarse ocurrió en un partido contra San Luis: “Alguien metió a una cámara de televisión, eso fue para mí la gota que derramó el vaso porque ya estabas hablando con gente que no tenía ni idea de lo que era ser barra”.

Tras contarme de su salida de la Legión, Grinch me contó como surgió, de las filas de esta barra, otro de los grupos más representativos de Chivas en la capital: la Barra Insurgencia. “La ruptura de la Legión y la Insurgencia fueron malos entendidos, porque Toño le dejó la barra y se empezaron a notar unos costos un poquito más elevados que le parecieron raros a la banda más radical”.

Antes de terminar la entrevista con Daniel, llegó al lugar de la cita Andrés Zúñiga, mejor conocido como “El Satánico Dr. Kong” o simplemente “Kong”, uno de los radicales que se desprendió de la Legión 1908 DF para fundar la Insurgencia.

Lo primero que me contó fue cómo llegó a la banda: “Mi primer acercamiento se dio por teléfono y messenger. Empecé a contactar a los líderes de aquel tiempo en la Legión 1908 DF y de ahí para el real”. Además de Kong otros 17 barristas de la Legión 1908 DF deciden tomar un camino distinto, pues además del incremento de los precios, el carácter incluyente de la Legión 1908 DF hacía que el grupo no tuviera un toque completo de barra brava. “A veces nos salían barras contrarias queriendo darse un rife y pues muchas veces el que era nuestro líder nos detenía. Y la neta, hermano, a mí me encantan los chingadazos, y ese era el plan de la Insurgencia; el que nos la hacía la pagaba”.

Kong dejó de caer con la barra hace diez años pero de repente va a partidos, aniversarios e incluso todavía lo topan en la calle y lo reconocen, tanto gente de Chivas como de otras barras, con las que le tocó ganar “por patas o madrazos”. Ser barra es algo que sigue trayendo adentro. “Yo tengo tres hijos y esposa, entonces o trabajaba para mantener a mi familia o para seguir subsidiando mis gastos de la barra. Muchas veces quise decidirme por los colores pero mis hijos son más importantes”.

Después de hablar con Grinch y Kong caí a la junta de la Legión 1908 DF gracias al contacto que hice con Adrián Vázquez, alias “Soni”, que me invitó al punto de encuentro donde no sólo se tocarían los temas del próximo partido sino también se echarían unas chelas por el aniversario.

Como con cualquier otra barra que me cita, fui el primero en llegar. Después de 20 minutos Soni apareció al doblar la esquina junto con tres miembros actuales de la barra que me invitaron a jugar poliana, pero la reta era de a 100 pesos y no le quise entrar porque sólo traía un veinte para el regreso.

Una hora después empezó a llegar la banda, entre ellos uno de los líderes actuales, “Zonic”, quien a los quince minutos, después de saludar a la gente de la barra, empezó a dar la junta. Dijo que a pesar de la actualidad del equipo, ellos, como cada visita a la Ciudad de México, los harían sentir como locales.

Como no tenía varo y no le entré a la poliana, Soni me invitó una chela y Zonic se sentó a mi lado para platicar. Me explicó lo que para él significa ser barra brava: “No es nada más como la gente piensa: ir a la cancha, estar en el estadio y alentar. Ser barra brava implica buscar un trabajo y recursos de dónde sacar para los viajes y los boletos. Al final de cuentas es una forma de vida. Regresas a trabajar o a veces en días de trabajo te sales antes para ir a la cancha. Es algo que te vas a llevar a la tumba”.

Una de las cosas que más me llama la atención acerca de las barras de Chivas en la Ciudad de México es su condición de visitante cada ocho días. “Es muy complicado porque la gente no lo entiende, cree que es tan fácil como estar en tu estadio local”, explica Zonic. “Aún cuando el equipo juega de local nosotros tenemos que viajar a ver a Chivas a Guadalajara durante siete u ocho horas. Yo creo que dieciocho años para una barra no es fácil y menos siendo visitantes cada jornada”.

Al salir de mi primera visita al baño ya había un bombo y una trompeta frente a la barra del establecimiento. La música del bar pasó casi toda la noche alternando entre Los Fabulosos Cadillacs, Tijuana No! e Inspector, pero cuando el mazo, el platillo y la trompeta se fusionaron, comenzó a sentirse el ambiente de una barra. La plática pasó a segundo plano y las palmas acompañaron los cánticos mientras intentaba sacar algunas fotos sin derramar la tercera chela.

Un día después del partido me tocó caer con la Insurgencia, quienes tienen la costumbre de hacer un recibimiento en el aeropuerto cada vez que Chivas juega en la Ciudad de México. Por primera vez llegué tarde a una cita, pero no fue culpa mía sino del metro. Desde el transbordo en la línea 9 comencé a divisar algunas playeras rojiblancas entre la multitud. Después de un rato logré llegar a la Terminal 2 del Aeropuerto y los aficionados de Chivas ya se agrupaban desde el andador peatonal.

Las familias esperaban por la puerta donde saldría el equipo y la Barra Insurgencia se ubicaba un poco más al fondo, en un lugar donde extendieron la orquesta y los trapos. Algunos de sus integrantes incluso cargaban con maletas porque acababan de llegar de República Dominicana, donde había jugado Chivas a media semana.

Me acerqué a uno de los integrantes de la barra que vi que estaba organizando el recibimiento. Su nombre, Abraham Zárate, “Panzas”, quien forma parte de la primera línea. A pesar de que hoy en día no están juntos, los miembros de la Insrugencia y la de Legión 1908 DF comparten un par cosas: el amor por sus colores y la dificultad de ser visitantes cada partido.

“Es complicado. La verdad es muy desgastante ser la visita siempre porque tienes que realizar viajes y juntar dinero y ya no es como antes que los viajes te salían en 300 pesos y podías ir y venir sin ningún problema. Ya es un lujo ir a ver un partido”, me dijo Panzas.

Para no interrumpir la organización y retrasar sus preparativos solamente le hice otra pregunta a Abraham acerca de la actualidad de la Barra Insurgencia desde su perspectiva como primera línea: “Los tiempos van cambiando. Van pasando generaciones y te das cuenta que los que ahora están al frente ya traen la escuela de los primeros que iniciaron el movimiento, y uno trata de seguirla”.

Poco antes de la hora en que el equipo debía salir por las puertas automáticas, la afición y la Insurgencia comenzaron a formar un pasillo delimitado por los trapos insignia y solamente la orquesta de la barra estaba dentro, mientras tocaba y animaba a la parcialidad de Chivas esparcida en dos líneas que se extendían 70 metros de largo, casi hasta el camión donde abordarían los jugadores.

Durante casi una hora la sala de llegadas nacionales del aeropuerto se convirtió en una grada más de cualquier estadio donde visita Chivas, hasta que los dirigentes informaron que el equipo todavía no salía por un retraso, mismo que duraría entre una y dos horas.

En ese intervalo, aproveché para acercarme a Yahir, “Greñas”, quien a pesar de presentarse como un integrante más de la Insurgencia es un referente de la barra. Para él, la condición de alentar a un equipo cada torneo como visitante no es un problema a pesar de la distancia. Asegura que es algo que heredó de los fundadores: “Llega a ser difícil, güey, la neta. Con el paso de los años creo que yo le aprendí a mucha gente que empezó en este pedo, a resistir un chingo de cosas. Y creo que es resistencia lo que la gente de la Insurgencia vive”.

No me sorprendió que la gente esperara al equipo un par de horas si son capaces de viajar todas las semanas para verlo. Un nuevo aviso previno para que el pasillo nuevamente se formara para cobijar a jugadores y cuerpo técnico que salieron con la alegría que da sentirse en casa sin importar los kilómetros.

Cuando creí que mi semana platicando con las barras de Chivas en la Ciudad de México había terminado, recibí una invitación por parte de Gio —un integrante de la Legion 1908 DF que conocí durante la primera reunión— para caer el domingo temprano al hotel donde se hospedaba el equipo, que también sería el punto de partido para la Legión 1908 DF, que nuevamente haría acto de presencia para alentar a las Chivas en su salida al estadio.

Desde que nos acercamos al hotel y me paré del asiento para hacerle la parda al camión, alcancé a observar el núcleo de la barra. El primero en recibirme fue Gio. “Nosotros tenemos un defecto. No, no un defecto. Un problema. Amamos un equipo que no está en nuestra ciudad. Soy de la Ciudad de México y mi equipo está en Guadalajara. Somos visitantes siempre, pero a mí no me acongoja eso”.

Pero las cosas ya no son como antes. “Antes había códigos”, afirma Gio. “Estaban las famosas caravanas y las campales. Lo que ahorita hay es ciberbarrismo. El barra brava se convirtió en facebook y tirar mierda en redes sociales. Para mí eso es una decepción porque en esos tiempos te topabas con la gente y decías las cosas de frente. Podías toparte a un dirigente y decirle ‘estoy en tu barrio’ y qué decías, ‘va, vamos a rajarnos un tiro’. Nadie se metía. Y si eran más de cinco, diez o 20 era campal con copal. Como sea, ya fuera a putazos, con piedra, papel o tijera, como sea pero era derecha la flecha. Hasta la policía te respetaba y te daba un cierto tiempo para darte en la madre. Eso ahorita ya no se puede. Se perdieron esos códigos”.

El equipo salió del hotel y subió al autobús mientras los cánticos y los preparativos no cesaban. Siete camiones esperaban en la lateral de Periférico para llevar a la Legión 1908 DF al estadio. Mientras abordaban y pasaban los filtros de seguridad de la policía observé cómo del otro lado los líderes empezaban a doblar los trapos, guardar las banderas, los estandartes y repartir parte del colorido. En ese momento recordé las últimas palabras que me dijo Greñas un día antes: “Siempre habrá un núcleo. Siempre habrá un grupo de 10, 20, 30 cabrones que viven la pasión como se vivía en los primeros años del movimiento, y yo creo que esa gente es la que necesita dejar escuela a muchos de los que van llegando”. Y ese núcleo, en la Ciudad de México, está encabezado y sobrevive en la Legión 1908 DF y la Barra Insurgencia. Dos barras que, a pesar de tener la distancia como principal factor en contra, viajan para seguir a Chivas cada ocho días sin importar que siempre se consideren como visitantes.

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