La historia cultural de la Diva


Soy una chica trabajadora. No exploto a la gente y no me gustan esas personas. En definitiva no soy una diva”, dijo Dolly Parton una vez a un reportero.

La palabra ‘diva’ evoca de inmediato un tipo de mujer en particular, y casi siempre se usa de forma peyorativa. Dolly, a menudo mencionada como la diva de la música country por excelencia, se resiste a la etiqueta por la razón más lógica: una reputación negativa. Ser una diva es ser una perra malcriada; el talento es sobrepasado por el egoísmo y la capacidad de crear dramas.

Originalmente, ser una diva significaba ser una cantante de ópera y su etimilogía viene de una palabra en latín que significa ‘diosa’. La primer mujer en ser conocida como ‘diva’ fue la actriz italiana del cine mudo Lyda Borelli, una hermosa chica esbelta cuya belleza y figura fueron copiadas por las adolescentes italianas de 1910.

El significado de la etiqueta llegó a ser: una celebridad femenina del escenario o la pantalla —a veces actrices pero en su mayoría cantantes— con cierto temperamento. Ser una diva tiene la connotación de una especie de arrogancia femenina. Como sucede con la palabra ‘puta’, no existe un término masculino correspondiente.

Quizá Parton no haya notado que su comportamiento es como de diva —y muy rara vez lo es—, pero eso poco importa para la forma en que el mundo la considera. No importa que haya sido una chica muy pobre en el Tennessee rural o que haya formado parte de la cultura pop desde hace cinco décadas, sino sólo que es una rubia oxigenada caricaturesca con cierto ingenio para las bromas.


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El trabajo duro y una infancia humilde no impiden que las mujeres sean etiquetadas como divas. Como Parton, podrías crear tu imperio desde la nada y terminar con un parque temático en honor a ti; o como Barbra Streisand, ser una judía de la clase trabajadora del Bronx y convertirte en una de las artistas mejor pagadas de todos los tiempos. Pero si eres una diva, esos orígenes humildes pronto quedan en el olvido. Por lo general, Rihanna —una inmigrante de Barbados cuyo padre era drogadicto— no se aprecia a través del prisma masculino de cómo pasó de ser pobre a rica.

Beyonce intentó reclamar el término cuando cantó estas palabras: “diva is a female version of a hustler” [la diva es una versión femenina del embaucador] en el álbum de 2008 I Am… Sasha Fierce. El editor de la revista FACT, Al Horner, considera que éste es un punto de inflexión para la percepción de la diva. “No es un momento de autocrítica, sino autocelebración”, dice. “Resume el cambio de corriente de forma adecuada”.

A menudo es cuestión más de percepción y no tanto de la realidad, y así cuando consideramos los perfiles de mujeres como Streisand o Rihanna, se trata menos de cómo se comportan que el personaje relacionado con ellas. ¿En verdad Babs clonó a su perro dos veces? ¿Rih pide una pista de baile privada en todos los lugares que visita? ¿Mariah Carey escuchó “Fantasy” mientras daba a luz a sus hijos, para que pudieran nacer escuchando el sonido de su voz? O sea, puede ser. Recopilamos historias de todo tipo, autorretratos tamaño mural, papel de baño color durazno y demandas pidiendo diez o más gatos. Es divertido ver a mujeres que trabajaron por alcanzar poder y dinero comportarse de manera tonta y petulante.

Barbara Streisand vía usuario de Flickr Jonathan Tommy; Maria Carey de David Shankbone vía Wikimedia Commons

“Para los fans de alguien como Mariah Carey, ser una diva es gran parte de su mitología; algo que debe celebrarse”, señala Horner. “En un mundo del entretenimiento dominado por los hombres, tienes a una mujer interracial de descendencia afrovenezolana e irlandesa que pidió cosas dementes, porque su talento es tan grande que podía hacerlo. Creo que para muchos fans, esto fue una manifestación de fuerza; fue un rechazo a mantenerse callada y apropiarse de su lugar, o sólo sonreír y ser bonita”.

Hay registros de mujeres famosas que fueron etiquetadas como divas a través de los años, incluyendo a cantantes potentes como Aretha Franklin y Patti Lupone. Las divas de los 70 se extendieron en varios géneros musicales: Donna Summer, Cher, Grace Jones y Parton. En general Streisand es considerada como una de las ultradivas de la segunda mitad del siglo XX, con su estilo para cantar y su tendencia a pedir que siempre le tomen fotografías desde su “mejor ángulo”. Madonna tampoco tuvo miedo de mostrar su gran personalidad y vestuario que combinara. Vale la pena mencionar una famosa cita, “Siempre pensé que debían tratarme como una estrella!”. Sólo se necesita mirar muy por encima el documental detrás de escenarios Madonna: Truth or Dare para ver que se toma esa idea muy en serio.

En el lenguaje actual, tal vez la palabra “extremo” sería de alguna manera la descripción de la estética de la diva. Falsas pestañas gigantes, estolas de piel rosadas, turbantes con caftanes color mandarina, crop tops con diamantes de imitación incrustados; uno pensaría que acabo de enumerar una serie de atuendos para Drag Race. Pero estos son los accesorios de mujeres como Streisand, Madonna, Beyonce y Parton


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“Es bueno haber nacido niña, o hubiera sido una drag queen”, dijo Parton una vez. Tiene un punto: a menudo la diva es tan ultrafemenina que inspira parodias o hacer drag. Streisand fue famosa por su traje con estampado de leopardo y sus uñas larguísimas; Parton por su ropa deslumbrante y variedad de pelucas rubias. Zsa Zsa Gabor, la estrella de medio tiempo y glamourosa de tiempo completo del Hollywood de mediados de siglo, exageró su perfil utilizando telas ondulantes que ocupaban mucho espacio y estaban salpicadas con una cantidad de diamantes excesiva. Como la escritora de Telegraph Bethan Holt la describió, Zsa Zsa habría sido “un regalo para la era de Instagram“.

El evidente espíritu valemadrista de Rihanna, llevando un vestido de Adam Selman con incrustaciones de Swarovski de 2014, adornado con una calavera retro, personifica el espíritu de la diva. Pero su ridícula tendencia chic a abandonar eventos y llevarse las copas de vino quizá es la prueba definitiva de que es una diva, especialmente porque puede pagar toda la cristalería.

“La cultura pop dejó de reconocer el término como desprecio hacia las mujeres y comenzó a reconocerlo como un término politizado”.

Reclamar la palabra “diva” podría ser complicado, dado que muchos lo toman como una forma abreviada de perra malcriada. El público parece odiar a una celebridad que no es amable, especialmente cuando esa celebridad es una mujer poderosa. Pero, ¿no hay algo radical en la negativa de la diva a ser cortés, de buen gusto o uno de los innumerables adjetivos amables?

Si el significado original de diva es ‘diosa’, hay un rastro de verdad ahí: estas mujeres no son como nosotros, meros mortales.

“Creo que en algún punto, la cultura pop dejó de reconocer el término como un desaire para las mujeres y comenzó a reconocerlo como un término politizado”, señala Horner. Las rabietas, lo excesivo y las bañeras de oro sólido, nos encantan las divas porque inventan sus propias reglas. Nadie les dice que no.

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